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Vida y Obra de

Simón Bolívar (Resumida)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INDICE

 

 

Himno Nacional de la República Bolívariana de Venezuela

Introducción

Simón Bolívar

Bolívar el Guerrero

Conclusión[1]

 

 

 


Himno Nacional de la República Bolívariana de Venezuela

Letra: Vicente Salias

Música: Juan José Landaeta

 

Coro

Gloria al bravo pueblo

que el yugo lanzó

la ley respetando

la virtud y honor

 

I

¡Abajo cadenas!

Gritaba el Señor

y el pobre en su choza

libertad pidió.

A este santo nombre

tembló de pavor

el vil egoísmo

que otra vez triunfó

 

II

Gritemos con brío:

¡Muera la opresión!

Compatriotas fieles,

la fuerza es la unión;

y desde el Empíreo

el Supremo Autor,

un sublime aliento

al pueblo infundió

 

III

Unida con lazos

que el cielo formó

la América toda

existe en nación

y si el despotismo

levanta la voz

seguid el ejemplo

que Caracas dio.


 

 

Introducción

 

La Familia del libertador de Venezuela, era originaria de España: exactamente, de Vizcaya. Simón de Bolívar, "El viejo", que vivía en el siglo XVI, decidió un día establecerse en Venezuela, donde sus descen­dientes consiguieron labrarse fortuna y honores, de tal modo que a fines del siglo XVIII los Bolívar eran considerados como una de las principales familias de Caracas.

En el seno de aquella Importante familia, constituida por el coronel Don Juan Vicente Bolívar y su esposa, doña Concepción  Palacios se produce un feliz acontecimiento. El  día 24 de julio del año 1783 nace un hijo. Es un varón. Al recibir las aguas bautismales, se le impone el nombre de, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad. A aquel niño le estaba reservado un histórico decisivo destino: el de libertar a su patria.

 
Simón Bolívar

La vida de Simón Bolívar – apenas 47 años y medio, de julio de 1783 a diciembre de 1830 – está enmarcada en una época de rápidos, profundos y duraderos cambios en el devenir histórico del Mundo Occidental.

 

Nace en Caracas, capital entonces de la Capitanía General de Venezuela, el 24 de julio de 1783, año en que Inglaterra, la mayor potencia naval e imperial del momento, reconoce la Independencia de sus excolonos norteamericanos. Estos, después de haber conquistado su libertad con las armas en la mano conducidos por Jorge Washington, han formado la primera República del Nuevo Mundo, bajo el sistema federal de gobierno.

 

En uno u otro de esos dos sentidos, como colonia que se independiza y como república democrática burguesa, o en ambos, los Estados Unidos pueden ser un ejemplo y un modelo para los pueblos de una y otra ribera del Atlántico, como la Francia de Luis XVI; o como la Capitanía General de Venezuela en cuya capital nace Simón Bolívar en 1783. Precisamente entonces, un venezolano de 33 años, Francisco de Miranda, tras romper definitivamente con la Monarquía española; inicia por los Estados Unidos los largos años de peregrinaje y de promoción de la Independencia de Iberoamérica que le ganarán el título de Precursor.

 

Continúa floreciendo la escuela de Música de Caracas, fundada por un pariente de Bolívar, el "Padre Sojo". El espíritu de la Ilustración penetra en Venezuela, a veces directamente desde la Metrópoli, donde lo promueven algunos de los grandes Ministros de Carlos III, y otras veces desde los centros intelectuales del nuevo pensamiento: París, Londres, Edinburgo, Amsterdam, Filadelfia. Su epítome es la gran Enciclopedia de Diderot y D'Alembert, cuya lectura es prohibida en España en 1784.

 

La Revolución Francesa, que estalla en París cuando Bolívar cuenta seis años, inicia un largo período de turbulencia político-social que casi sin interrupción se prolongará, con las guerras napoleónicas, hasta 1815. Es una larga secuencia de crisis, que afecta profundamente a Europa y al continente americano,. En Europa central, Prusia afirma su predominio entre las provincias, principados y ciudades libres germánicos, mientras decae el poderío de Austria, tras la disolución del Sacro Imperio Romano Germánico. España, con la ayuda de Inglaterra, logra expulsar de su territorio a los franceses, pero pierde sus colonias en el ámbito continental americano tras larga y sangrienta lucha.

 

El "imperio informal", de carácter diplomático, financiero y comercial se ejercerá sobre las naciones del Nuevo Mundo Iberoamericano. La esclavitud se vuelve menos rentable, excepto en algunas regiones, como Brasil, Cuba, y el Sur de las Estados Unidos. Y sin embargo, a partir de 1815-20 las modas francesas - ¿no fue creada en París el "chapeau Bolívar"? – y  la literatura romántica conquistan el mundo, así como el Código Napaleón, quintaesencia del espíritu burgués sistematizado. Inglaterra exporta tejidos, locomotoras...

 

 La prensa diaria o hebdomadaria difunde las nuevas ideas por el mundo.

En el continente americano, los Estados Unidos salen de la crisis mundial fortalecidos y más seguros de su destino. Los Estados Unidos, aunque poseían mucha menor poderío industrial y financiero que la Gran Bretaña, se perfilaban ya como un agresivo rival en la disputa por los nuevos mercados del Sur. Si su potencial expansión inquietaba ya a algunos dirigentes hispanoamericanos –Bolívar entre ellos – sus instituciones democráticas y federales, y su condición de República excolonial les ganaban las simpatías de otros. En 1823, la declaración del Presidente James Monroe, conocida como "Doctrina Monroe", sentó las bases de la política internacional de los Estados Unidos respecto a las potencias colonialistas de Europa y a las nuevas Naciones del continente. Desde 1804, los Estados Unidos ya no eran la única Nación soberana del Nuevo Mundo. Las crisis de la Revolución Francesa habían conmovido a las posesiones antillanas de Francia. En una de ellas, la mayor y más poblada, "Saint Domingue" ( que comprendía la mitad occidental de la antigua "Isla Española" ), los mulatos y negros, muchos de ellos esclavos, habían enarbolado el estandarte de los Derechos del Hombre proclamados en París, e iniciado alrededor de 1791 una sangrienta rebelión contra los dominadores franceses; ésta culminó el 1º de enero de 1804 con la declaración formal de la Independencia del nuevo Estado, que adoptó el nombre aborigen de Haití. Entre los dirigentes de la Revolución se destacaron Toussaint Louverture (quien murió en 1803 en una mazmorra de Francia ), Dessalines, Christophe y Petión. Años después, el antiguo Regente, convertido ya en el rey Juan VI de Portugal, regresó a Lisboa, mientras su hijo el Príncipe Don Pedro quedaba al frente de los destinos del Brasil, unido todavía dinásticamente a la metrópoli. En 1822, el Brasil rompió esos lazos y proclamó su Independencia, bajo el cetro del mismo Príncipe, elevado a Emperador constitucional. De este modo, la Independencia brasileña se alcanzó sin lucha, y se mantuvieron las instituciones monárquicas (o imperiales), así como la unidad territorial del vasto dominio exportugués del Nuevo Mundo.

Contrariamente a lo sucedido en el Brasil, la Independencia de los Virreinatos, Audiencias y Capitanías Generales que España poseía en América tuvo que lograrse a través de larga y sangrienta contienda, que can frecuencia – dentro  del imperio básico de conquistar la soberanía nacional – adoptó características de guerra social. Con la consolidación definitiva de la Independencia de Hispanoamérica, se cierra un ciclo en la Historia Universal. En este hemisferio, donde en 1775 no existía ni una sola nación soberana, en 1825, medio siglo después, ondeaban al viento numerosas banderas de países independientes, saludadas por himnos en inglés, francés, español y portugués. se había llevado a cabo con éxito el primer gran proceso de descolonización a escala continental. Abarca desde el Moscú que arde bajo la mirada de Napoleón hasta la ciudad de Washington incendiada por las tropas británicas. Desde el Madrid del 2 de Mayo hasta la Caracas del 19 de Abril. Desde el Castillo francés de Valencey, donde está preso Fernando VII, hasta el Palacio fluminense donde Pedro I del Brasil estrena la corona imperial. Desde la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos hasta el grito de Dolores del cura Hidalgo. Desde La Guaira donde conspiran Gual y España hasta la llamada de Maipú donde vencen San Martín y O'Higgins. Desde el Código Napoleón hasta la Constitución Boliviana. Del Congreso de Viena al Congreso de Panamá. Desde la bandera que Miranda iza en los arenales de la Vela de Coro hasta los decretos conservacionistas que Bolívar firma en Chuquisaca. Es un período de algo más de medio siglo, desde los años 1770 hasta la década del 1820. En él está enmarcada la vida de Simón Bolívar, el niño mantuano que ve la primera luz en la Caracas de 1783 y se convierte luego en el Libertador que clama por la unión, al extinguirse – su  vida, en la Santa Marta de 1830. Tal es la perspectiva temporal, espacial y conceptual en la que hay que situar, para entenderla cabalmente, la vida de Simón Bolívar.

Si tomamos como punto de partida y de regreso su Caracas natal, tres fueron esos viajes: El primero le condujo a España vía México y La Habana, de enero de 1799 a julio de 1802; hizo también un corto paseo por Francia. El segundo duró desde octubre de 1803 hasta mediados de 1807. Durante el mismo estuvo brevemente en España, vivió sobre todo en Francia. y visitó Italia, Bélgica, Holanda y la ciudad hanseática de Hamburgo; al regreso, se detuvo en los Estados Unidos y allí permaneció algún tiempo. En enero de 1799, el joven subteniente Simón Bolívar pudo cumplir su anhelo de viajar a España. El y su amigo Esteban Escobar se embarcaron en La Guaira, el día 19, en el navío San Ildefonso, de la Armada española. El 2 de febrero llegó el buque al puerto mexicano de Veracruz. Como el segundo puerto donde debía tocar, La Habana, estaba bloqueada por una escuadra inglesa, el San Ildefonso prolongó su estadía en Veracruz, circunstancia que aprovechó Bolívar para visitar Ciudad de México. Allí permaneció ocho días, alojado en casa del Oidor don Guillermo de Aguirre y Viana, sobrino del Obispo de Caracas. En el puerto de Santoña, costa septentrional de la Península, desembarcó Bolívar en mayo de 1799 y desde allí siguió en diligencia a Madrid, donde lo esperaban sus tíos Pedro y Esteban. En Compañía de Esteban – amigo  del favorito Manuel Mallo- Simón acudió a Aranjuez, donde se hallaba la Corte, y frecuentó la sociedad madrileña. Acaso deba situarse hacia esta época de su vida aquel entusiasmo de Bolívar por "las historias de Grecia y Roma" y el ejemplo de la revolución de los Estados Unidos que inflamaron su mente juvenil y depositaron en ella las simientes de la idea de emancipar a su Patria.

Cuando Bolívar le conoció en Madrid, era un anciano de noble porte, poseedor de "profundos conocimientos en las ciencias morales y políticas". En su casa residió Bolívar varios meses, luego que sus tíos se vieron obligados a abandonar la capital a causa de una oscura intriga cortesana relacionada con la rivalidad entre Mallo y Godoy. El Marqués de Ustáriz era, en septiembre de 1800, el "único tutor" que Simón tenía en Madrid.

Las matemáticas, el francés o la historia no llenaban todo su tiempo. Además de asistir al teatro, al cual era aficionado, Simón frecuentó tertulias y salones, especialmente en el círculo de los criollos establecidos en España. Así conoció a una joven madrileña: María Teresa Rodríguez de Toro Alaiza. Su padre dictaminó que Bolívar era todavía muy joven, y le dio largas al asunto, yéndose con su familia a temperar a Bilbao.

 

 

Poco tiempo gozó Bolívar en Bilbao de la presencia de María Teresa , que ya era su novia, pues la familia, que estaba de luto, volvió pronto a Madrid. Simón permaneció en Bilbao. Simón, que tenía varios amigos franceses, peruanos y españoles, se describía a sí mismo, con romántica afectación, como "el pobre chico Bolívar de Bilbao, tan modesto, tan estudioso, tan económico". Bolívar, precozmente maduro por la orfandad, concentró en Teresa los sentimientos de su corazón. Antes decidió hacer un breve viaje a Francia. El 16 de febrero, Bolívar recibió en aquella ciudad un pasaporte firmado allí mismo por el Embajador de España, José Nicolás de Azara, quien le autorizaba a regresar a Bilbao.

Lo hizo vía París y Burdeos. El Rey Carlos IV le concedió al subteniente Simón dé Bolívar licencia para contraer matrimonio. Terminaba, así, su primer viaje. Se fue adolescente y soltero, y regresó casado. Había visto grandes ciudades, como México, Madrid y París.

Había aprendido muchas cosas en los libros, y también de la experiencia que tanto enseña. Pudo comparar la sociedad española con la francesa post-revolucionaria, y sacar de ello sus conclusiones. Era un hombre bastante distinto al de 1799, el que en julio de 1802, desde eI buque, le señalaba a lo lejos, en la costa, el perfil inconfundible del Avila a su joven esposa.

María Teresa murió en Caracas en enero de 1803. Para calmar su dolor, Bolívar decidió viajar de nuevo. Después de una breve permanencia en Madrid, viajó a Francia con su amigo Fernando Rodríguez de Toro. Se detuvieron en Bilbao. A principios de mayo de 1804 ya estaban en París. Era la primavera. Poco a poco, su influjo dionisíaco fue penetrando el alma del joven viudo. En casa de su amiga y amante, Bolívar pudo tratar al príncipe Eugenio de Beauharnais; al general Oudinot; al funcionario, experiodista (y además, agente secreto de la policía) Pedro de Lagarde, entre otros personajes al uso. La Francia de Napoleón era el más dinámico y brillante escenario político, intelectual, militar y galante de la época; y París era la quintaesencia de todo esto.

Bolívar había reanudado su relación con algunos antiguos amigos de los días bilbaínos. Además de ellos y de, Fernando Toro, formaban el círculo de íntimos de Bolívar los ecuatorianos Carlos Montúfar y Vicente Rocafuerte. Sobre todo tuvo la grandísima alegría de abrazar de nuevo a su antiguo maestro caraqueño Simón Rodríguez, que desde 1802 se hallaba en París.

El joven solía recibir en su residencia a alegres grupos de hispanoamericanos, españoles y franceses, para conversar. En una de esas ocasiones, posiblemente en 1804, pues Napoleón era todavía Primer Cónsul pero ya había manifestado claramente su propósito de convertirse en Emperador, algunos altos funcionarios civiles y militares franceses allí presentes hicieron grandes elogios de Napoleón, lo que suscitó la vehemente reacción de Bolívar. Bolívar, como su amiga peruana, reconocía los talentos militares del Corso, pero su ambición de poder le parecía funesta para Francia y el mundo. En París, Bolívar trató al sabio Alejandro de Humboldt, gran conocedor de la América Española, con quien habló sobre "la Independencia y libertad del Nuevo Continente", así como con Amado Bonpland. Entonces pudo estudiar –conpletando así el conocimiento de los clásicos españoles y de la historia, que había adquirido en Madrid – autores como "Locke, Condillac, Buffon, D'Alembert, Helvetius, Montesquieu, Mably, Filangieri, Lalande, Rausseau, Voltaire, Rollin, Vertot y todos los clásicos de la antigüedad, así filósofos, historiadares, oradores y poetas, y todos los clásicos modernas de España, Francia, Italia, y gran parte de los ingleses". La cultura francesa, dejó una huella profunda en el espíritu de Bolívar, sin borrar por ello su originalidad.

En Europa, Simón Rodríguez desempeñó al lado de Bolívar, más que el papel de un maestro, el de un fina y sagaz compañero para el estimulante juego del intelecto. Luego de haber permanecida casi un año en París, Bolívar emprendió viaje a Italia, acompañado por Simón Rodríguez y Fernando Toro. Después atravesaron la Saboya, haciendo cartas jornadas a pie, único medio, según Rodríguez, de que Bolívar recuperase la salud; quebrantada por efecto de la vida muy intensa que había llevado en París. En ésta última ciudad permanecieron varios meses. Aquel día, nació el Libertador. El reencuentro de Simón Rodríguez y Simón Bolívar en Europa tuvo un feliz resultado.

El año largo que juntos pasaron, primero en París, y luego durante el viaje a Italia, fue un período de intensa y fecunda actividad intelectual, pues para Bolívar, de mente tan inquieta y poderosa, la compañía de Rodríguez resultaba un acicate inapreciable. Y en ese proceso de maduración, cuyas raíces profundas se hunden en el genio de Bolívar, tomó parte notable, como estimulante e inteligente compañero de lecturas y discusiones, un tanto a la manera socrática, el maestro Simón Rodríguez. Por algo el Libertador, en 1823, le llamaba "El Sócrates de Caracas".

El juramento de Roma puede ser visto como un hermoso gesto romántico, pero fue mucho más qué esto, pues Bolívar transformó en hechos sus palabras años más tarde. Tras una corta visita a Nápoles, donde al parecer subió hasta el cráter del Vesubio con Humboldt, Bolívar regresó a París a fines de 1805. Por ese tiempo se afilió a la Masonería, en una Logia del rito escocés de los 33 grados, recientemente reinstaurado en Francia.

Durante el año de 1806 el "oficial español don Simón Bolívar" (según constaba en los registros de la Logia "San Alejandro de Escocia") fue rápidamente ascendido a los grados de Compañero y Maestro. Cuando llegaron a Europa las noticias del primer intento de desembarco frustrado de Miranda en Ocumare de la Costa, Bolívar decidió que era tiempo de regresar. Rodríguez ya no estaba con eI, y Fanny, la dulce amante, andaba por Italia. Bolívar arregló sus asuntos, le pidió dinero prestado a su amigo Alejandro Dehollain, e hizo un corto viaje a Sorez, en el sur de Francia, a fin de pagar la pensión de dos sobrinos que allí estudiaban. Eran los días de noviembre de 1806 en que Napoleón decretaba contra Inglaterra el bloqueo continental, mientras los buques de guerra británicos, dueños del mar a consecuencia de la victoria naval decisiva de Trafalgar, ganada el año anterior, entrababan la navegación de los buques mercantes franceses y españoles, dificultando las comunicaciones de estas metrópolis con sus colonias de América y del Caribe.

Bolívar, que había decidido visitar los Estados Unidos en su viaje de regreso, se embarcó en Hamburgo en un barco norteamericano ( por consiguiente, neutral ) que se dirigía a la Carolina del Sur. EI mal tiempo hizo muy desagradable la navegación para Bolívar, quien además estuvo enfermo, con calenturas. Años más tarde –según  el diplomático norteamericano Beaufort T. Watts – Bolívar expresó: "Durante mi corta visita a los Estados Unidos, por primera vez en mi vida vi la libertad racional". Escasísimos son los testimonios directos sobre este único viaje de Bolívar a la República del Norte.

Posiblementé no le sorprendió mucho el género de vida que llevaban los aristocráticos hacendados del sur, adonde llegó primero, tan parecido; en el fondo – economía  agrícola basada en la mano de obra esclava – al de los "mantuanos" venezolanos. Esta era la "libertad racional" que Bolívar vio en pleno funcionamiento; no exenta de trabas y fallas, par supuesto, pero funcionando al fin.

No cabe duda de que al joven criollo, que podía comparar ya a los Estados Unidos no sólo con su Venezuela natal y con México, sino con las Cortes de Madrid y de París; así como con la Roma de los Papas, hubieran de impresionarle los logros alcanzados por la más antigua República del Nuevo Mundo. La Independencia parecía ser la condición indispensable del progreso económico y social.

Hacia abril o mayo de 1807, Bolívar se embarcó de nuevo con destino a La Guaira. En junio, ya estaba en Caracas. Había salido como un joven viudo con el corazón entristecido, y regresaba maduro, experimentado, seguro de sí, y con una visión amplia y precisa de la Europa y los Estados Unidos de su tiempo. El 19 de abril de 1810 se inicia en Caracas el movimiento hacia la Independencia. Bolívar, ascendido a Coronel, es comisionado por la nueva Junta de Gobierno ( cuya denominación oficial es "Suprema Junta Conservadora de los Derechos de Su Majestad don Fernando VII" ) para ir a Londres Con Luis López Méndez y Andrés Bello.

De inmediato van a Londres, donde su compatriota Francisco de Miranda, Precursor de la Independencia, les ofrece su valiosísima experiencia y su franco y entusiasta apoyo. Se entienden en francés. Bolívar, bien secundado por sus compañeros, defiende fogosamente la posición de Venezuela. Pero el Gabinete británico guarda una prudente reserva. Sin desalentar a los venezolanos, tampoco quiere enajenarse la buena voluntad de los españoles que, aliados ahora con Inglaterra, combaten contra Napoleón en la Península. Al mismo tiempo que desempeña su misión diplomática y que protesta por la prensa contra el bloqueo de los puertos venezolanos decretado el 30 de julio por el Consejo de Regencia de España, Bolívar observa el sistema político inglés, por el cual habrá de sentir siempre una razonada admiración. Las entrevistas con Lord Wellesley llegan a un punto muerto a mediados de septiembre.

Convencido de que nada más puede hacerse de momento, Bolívar decide volver a Venezuela. Sale de Londres el 16 de septiembre y el 21 se embarca en Southampton en la corbeta de guerra inglesa Sapphire, que zarpa el 23. Miranda, con quien Bolívar ha hecho buena amistad, no tardará en seguirle. Entre otros objetos útiles, Bolívar y José Tovar, su compañero de viaje, traen una imprenta. El día 7 Bolívar está en Caracas, y presenta su informe a la Junta.

Fue éste su tercero y último viaje a Europa. En diciembre de 1810 cuando regresaba de Inglaterra, Bolívar nada podía saber de todo esto. La naturaleza americana sustituía a la cortesana Europa.

El hombre que pronunciaba el Discurso de Angostura, que encabezaba la carga de caballería en Ibarra, que planificaba la estrategia de Carabobo, que redactaba la Constitución boliviana o que reformaba la Universidad de Caracas no era un bárbaro chafarote, sino alguien que tenía una visión más clara de España, Francia, Italia, Estados Unidos o Inglaterra que muchos de los nacionales de esos países en aquella época.


Bolívar el Guerrero

El triunfo de la revolución libertadora de Venezuela y buena parte de Hispanoamérica es el fruto de brillantes acciones de guerra, libradas por un ejército eficiente conducido por el general en jefe Simón Bolívar. Este, al comprender que la suerte de la gran empresa descansaba en el empleo de la fuerza armada, se dio a la construcción de tan importante instrumento bélico, es decir, su organización, adiestramiento y disciplina; lo cual no fue tarea fácil pues, a la ignorancia del pueblo se unió la pobreza dei país: De allí los fracasos iniciales. Para vencer las grandes dificultades que se le presentaron, Bolívar desarrolló ingente actividad, y al mismo tiempo trabajó en provecho de su propia superación personal, pues los escasos dieciocho meses como cadete en el batallón de Milicias de Blancos Voluntarios de los Valles de Aragua (enero 1797 – julio 1798) no le habían proporcionado los conoci­mientos militares suficientes para la formación del guerrero que hoy conocemos. Su escuela, pues, fueron los campos de batalla y la lectura.

Valencia es el escenario de su primera experiencia de combate. En 1811, bajo las inmediatas órdenes del general Francisco de Miranda, tomó parte en la reducción de aquella importante plaza en la cual se había enarbolado la bandera de la insurrección, con el desconocimiento de la decisión solemne del Congreso de Venezuela, producida el 5 de julio.

Puerto Cabello verá su segunda actuación, de ingrata recordación por cierto: Por mandato del General Miranda desempeña el cargo de comandante de aquella ciudad portuaria cuando, por obra de la rebelión del Real Felipe, la plaza fuerte pasó a manas de los realistas, en momentos cuando la República sufría los embates de Monteverde... “suerte infausta del Cástillo de Puerto Cabello, que destruyó mi patria y me quitó el honor"..., dirá Bolívar en 1814 a Juan Jurado (O'Leary, Memorias, XXIX, p. 29).

A raíz de la capitulación de San Mateo (25 de julio de 1812) se trasladó a Cartagena de Indias, donde el Gobierno que presidía Manuel Rodríguez Torices le confió la pequeña guarnición de Barranca, sobre el río Magdalena, y desde allí, con los pocos hombres que mandaba, y guiado principalmente por la audacia y el valor, tomó por asalto la villa fortificada de Tenerife, situada a unos 35 kilómetros aguas arriba de Barranca (23 de diciembre de 1812). Luego tomó los puestos de Plato, Zambrano, Mompox, Guamal, Panco, Chiriguaná y Tamalameque. El 8 de enero de 1813 llegaba triunfante a Ocaña, después de quince días, durante los cuales se abria el Magdalena a la libre navegación, se reconquistó toda la parte enemiga, cayeron en .manos de los patriotas cien prisioneros, cuantioso material de guerra y cinco buques. Estas acciones podemos considerarlas como golpes de mano, vistas sus características: preponderancia del factor sorpresa, empleo de reducidos efectivas, decisión y agresividad en alto grado.

De Ocaña pasó Bolívar a Cúcuta, .ciudad seriamente amenazada por fuerzas realistas mandadas por el coronel Ramón Correa. Una rápida ofensiva y un plan bien estructurado conjuraron el peligro con la derrota de Correa el 28 de febrero de ese mismo año. Cúcuta es la primera batalla campal librada por el general Bolívar. Ella cierra el primer ciclo del guerrero en Nueva Granada y abre las puertas de Venezuela para la ejecución de la campaña de 1813, conocida como Admirable, y ejecutada con el apoyo de Nueva Granada. Con esta campaña, Bolívar libertó cuatro provincias y conquistó merecido sitial entre los guerreros más distinguidos. Es su primera operación estratégica, en la cual observamos máximo empleo de la sorpresa, rapidez en los movimientos y búsqueda de la batalla. Entre los combates librados sobresale el de Taguanes (31 de julio de 1813) por su novedad táctica: el empleo de soldados de infantería, transportados en la grupa de la caballería, para combinar el poder de fuego de un arma (infantería) con la movilidad de la otra (caballería).

Conquistada Caracas, sobrevino la reacción realista, la cual no pudo ser neutralizada porque aún estaban presentes los factores negativos citados antes; no obstante Bolívar ha de distinguirse por su gran actividad y por algunos triunfos de orden táctica, entre los que sobresalen las batallas de Araure (5 de diciembre de 1813) y Carabobo (28 de mayo de 1814) y la defensa de San Mateo (febrero – marzo  1814). Las acciones de La Puerta (15 de junio), Aragua de Barcelona (17 de agosto) y Urica (5 de diciembre de 1814), perdidas por los patriotas, pusieron la República nuevamente en poder del régimen español. Bolívar tuvo que emigrar a Nueva Granada y después a las Antillas. Con ayuda de Alejandro Petión volvió a Venezuela con hombres y armas, y después de algunas operaciones en el Oriente, pasó a Guayana , donde el éxito coronó sus esfuerzos: la importante Provincia fue conquistada. Este acontecimiento brindó a Bolívar grandes facilidades para sus operaciones futuras. Desde allí salió el ejército patriota dispuesto a libertar a Caracas y a Venezuela; es lo que se conoce como la Campaña del Centro (1818), que terminó sin que se hubiesen alcanzado los objetivos propuestos, aun cuando se hizo un gran despliegue de fuerzas y se obtuvieron triunfos de significación: batalla de Calabozo contra el general Pablo Morillo (12 de febrero de 1818) y conquista de San Fernando de Apuré (8 de marzo de 1818). La siguiente operación será en el Apure, también contra el general Morillo, durante los primeros meses de 1819. El repliegue de las tropas realistas a Calabozo, donde tomarían cuarteles de invierno, pues la estación lluviosa estaba próxima a comenzar, permitió a Bolívar la ejecución de la campaña libertadora de Nueva Granada, empresa que había sido preparada cuidadosamente y mantenida en secreto. "Hace mucho tiempo que estoy meditando esta empresa y espero que sorprenderá a todos porque nadie está preparado para oponérsele", escribió Bolívar al Vicepresidente Zea, el 26 de mayo de 1819 desde Mantecal (O'Leary, Memorias, XVI, p. 371).

 

El 27 de mayo comenzó la operación, cuando de Mantecal salió el Ejército Libertador rumbo a Nueva Granada. Después de una marcha a través de los llanos de Casanare, inundados por las lluvias, Bolívar tomó el camino del páramo de Pisba y al cabo de cuatro penosas jornadas, irrumpió en el territorio que defendía la Tercera División realista, mandada por el coronel José María Barreiro. El triunfo en la batalla de Boyacá (7 de agosto de 1819) fue la culminación de aquella campaña que dio libertad a Nueva Granada y colocó a Bolívar en el sitial de los grandes guerreros de la historia. Tan brillante operación estratégica dio un gran prestigio a las armas libertadoras, aumentó considerablemente su poder combativo y alejó las dudas y el pesimismo que reinaban en algunas sectores, al tiempo que daba un rudo golpe a la causa de España en América. Gracias a estos elementos, Bolívar planeó y ejecutó la campaña que remató con éxito en la sabana de Carabobo (24 de junio de 1821), donde se dieron cita las columnas conducidas desde los más remotos rincones de Venezuela, en magnífico estado de organización, adiestramiento, disciplina y equipamiento. Can ellas abatió el aguerrido ejército que le opuso el Mariscal de Campo Miguel de La Torre y Pando. Así Venezuela aseguró su independencia.

 

Bolívar y sus legiones victoriosas no pueden tomar merecido descanso porque los pueblos irredentos del Sur reclaman su presencia. Hacia Quito dirige Bolívar sus pasos, donde opera el general Antonio José de Sucre, bajo directivas emitidas por Bolívar; allí unirán sus fuerzas estos dos grandes hombres; pero antes de que se produzca tan anhelada reunión, el Libertador debe probar una vez más el temple de su espada, cuando, en cruento combate hubo de enfrentarse al coronel Basilio García, quien le cerraba el paso en las alturas de Cariaco, en la Provincia de Pastó. La batalla de Bomboná (7 de ábril de 1822) despejó el camino hacia Quito, donde el pueblo festeja el triunfo de Sucre en la batalla de Pichincha (24 de mayo de 1822), con lo cual aquellas hermosas comarcas Comenzaron a respirar libertad.

La noticia del feliz desenlace de la revolucïón  conducida por Bolívar en la gran República de Colombia,  fue recibida con alegria por todos los pueblos de Hispanoamérica, particularmente por aquellos que aun pugnaban por su independencia. El Perú pidió la intervención del Ejército Libertador, para decidir de una vez por todas el asunto de su soberanía. Corrió Bolívar al llamado de los hermanos del Sur, y al cabo de sólo quïnce meses, el otrora opulento Imperio del Sol ingresó al conjunto de naciones libres: Una campaña fue suficiente para el gran cometido. Las batalla de Junín (6 de agosto 1824) y .Ayacucho ( 9 de diciembre de 1824) destruyeron el ejército que se ufanaba de muchos años de triunfo en el Perú. Con la, acción combinada de los ejércitos de Colombia la grande y Perú, organizados y conducidos por Bolívar,... "el mundo de Colón dejó dé ser: español", según expresión del propio Libertador.

En la obra militar de Simón Bolívar observamos el cumplimiento de todos los aspectos y tareas del arte de la guerra: estados mayores ( fue su creador en Venezuela, el 24 de septiembre de 1817); Organización, adiestramiento, disciplina y equipamiento de unidades y grandes unidades; maniobras, diversiones y  ardides de guerra o añagazas; operaciones de engaño y guerra psicológica; inteligencia y contrainteligencia; asuntos del personal; su empleo y administración. De la caballería hizo el arma de la decisión por excelencia. En la infantería introdujo grandes mejoras, particularmente en lo referente a organización, como lo atestiguan sus brigadas, las cuales fueron la base para. la constitución de las divisiones. De la artillería se ocupó en menor grado, aun cuando introdujo la brigada y reglamentó su instrucción.

Las quince campañas que llevó a cabo dan fe de su condición de estratega de amplia visión y de conceptos claros; de su conocimiento sobre las combinaciones y acciones para la conducción de sus fuerzas hasta el campo de batalla en buenas condiciones operativas; de la búsqueda afanosa de la batalla como culminación de la ofensiva, por la que se mostró siempre muy adicto; del valor que concedió a la claridad de los planes, e igualmente a la flexibilidad de los mismos. Sus cuarenta y una acciones, entre batallas, combates y sitios, nos hablan del táctico audaz; gran conocedor del empleo de las armas (infantería, caballería y artillería), particularmente de la caballería, con la cual, por lo general decidía la victoria y explotaba el éxito.

La disciplina; la ley y el orden fueron para Bolívar materia de gran preocupación; las numerosas referencias que hablan de ello, nos indican lo mucho que le atormentaba la idea de verse de comandante de una partida de forajidos en vez de un ejército de operaciones. Con frecuencia encontramos en sus escritos el anuncio de severos castigos y penas a los infractores.

Pero como gran jefe militar que era, el Libertador apeló con mayor frecuencia, junto a las indispensables medidas coercitivas, a los estímulos más elevados del deber, el honor y el patriotismo, dando para ello el ejemplo. Así pudo conducir a la victoria final a las fuerzas de la República, desde las bocas del Orinoco hasta la sierra peruana.

A mediados de 1829 Bolívar sufre una grave enfermedad y rechaza el proyecto para establecer la monarquía en Colombia el 22 de noviembre de ese año. El 20 de enero del año siguiente, de nuevo en Bogotá, dirige su último mensaje al Congreso, donde para el 27 de abril de 1830 renuncia definitivamente a la presidencia de la República. Luego emprende el viaje hacia Cartagena el 8 de mayo. La noticia de la Muerte de Sucre, la cual recibe en Cartagena le afecta profundamente; el 10 de diciembre dirige a sus compatriotas americanos su última proclama y muere en la hacienda de San Pedro Alejandrino, cerca de Santa Marta el 17 de diciembre de 1830, a la una de la tarde.

En 1842, sus cenizas son solemnemente conducidas a Caracas. Hoy reposan en el Panteón Nacional.


Conclusión

 

El Libertador Simón Bolívar es un hombre de historia, un hombre de época, que cambió el rumbo de los acontecimientos en una parte del mundo, modificando con sus ideas y obras la concepción de libertad social, política y económica de un continente “la América hispana”... Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.

 

Trabajo donado por:

Br. Eduardo Zambrano

E-Mail: eduarjose19@hotmail.com

 

 

 



[1] ... “MORAL Y LUCES SON NUESTRAS PRIMERAS NECESIDADES”...  Simón Bolívar

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