¡VUELTOS HACIA EL
SEÑOR!
MONSEÑOR KLAUS GAMBER
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SÉPTIMA PREGUNTA Hay sin embargo estudios, como el muy conocido del profesor Otto Nussbaum, en los cuales se ha demostrado científicamente, que desde los tiempos más remotos, hubo celebraciones cara al pueblo, y que estas celebraciones eran hasta más antiguas.
En
su estudio de gran amplitud Der
Standort des Liturgen am christlichen Altar (El Lugar del celebrante en el
altar cristiano), publicado en 1965, Nussbaum escribe: "Cuando
aparecieron los edificios dedicados al culto propiamente dicho, no había
ninguna regla estricta que fijara de qué lado del altar debía colocarse el
celebrante. Podía situarse bien delante del altar o detrás" (P.408). El
piensa que la celebración cara al pueblo fue la preferida hasta el siglo VI.
No obstante Nussbaum no distingue suficientemente entre las iglesias que
tienen el ábside al este con las que lo tienen al oeste, y por consiguiente
la entrada al este. Son casi exclusivamente las basílicas del siglo IV las
que presentan esta última orientación, y especialmente aquellas que fueron
construidas por el emperador Constantino y Elena, su madre, como por ejemplo
la iglesia de San Pedro de Roma.
Pero desde el comienzo del siglo V, San Paulino de Nola indica que lo habitual
(usitatior) es el ábside al este
[22]. De hecho, hay basílicas que tienen su entrada al este, sobre todo en
Roma y en Africa del Norte, mientras que en Oriente son relativamente raras
(en Tiro y en Antioquía).
La entrada hacia el Oriente (basílicas constantinianas) imitaban la disposición
del Templo de Jerusalén (Cf. Ez. 8,16) así como algunos templos de la antigüedad,
cuyas puertas abiertas dejaban penetrar la luz del sol naciente, que hacía
resplandecer en el interior la estatua del dios.
En las basílicas cristianas que tenían su entrada al este, el celebrante
estaba obligado, normalmente, a colocarse delante de la cara
"posterior" del altar a fin de estar vuelto hacia el Oriente en el
momento de la ofrenda del Santo Sacrificio, mientras que, en las iglesias que
tenían el ábside al este, se colocaba "delante" del altar (ante
apare) dando por consiguiente la espalda a la asamblea.
Del hecho de que en algunas de estas últimas basílicas hubiera sitio detrás
del altar para el celebrante, a veces se ha deducido que éste se colocaba en
ese lugar y que por consiguiente estaba vuelto hacia el pueblo, sobre todo
cuando existía además en el fondo del ábside un banco para los sacerdotes,
con un sitial para el obispo.
Ahora bien, esta es una conclusión manifiestamente errónea -que
Nussbaum, por otra parte, ha adoptado-, como se puede demostrar de
manera irrefutable con la ayuda de los resultados de las excavaciones arqueológicas
[23]. ¿Si no por qué se habrían construido estas iglesias exactamente en
dirección del Este? OCTAVA
PREGUNTA
Cuando
el sacerdote se colocaba "detrás" del altar en las iglesias, que
tienen su ábside en dirección al occidente, como San Pedro de Roma, ¿no tenía
lugar una celebración "cara al pueblo"?
¡No!
En efecto, durante la plegaria eucarística (canon
misae), no sólo el celebrante
Originariamente los fieles, separadas las mujeres de los hombres, permanecían
no en la nave central, sino en las naves laterales Esta
afirmación, que corre el riesgo de sorprender al lector no avisado, sin
embargo está totalmente fundada. A título de ejemplo reproducimos un croquis
de la iglesia de San Clemente de Roma. El espacio central ante el altar estaba
ocupado por la schola cantorum (recinto reservado a los chantres o cantores),
los fieles se colocaban en las naves laterales. Esta disposición está
atestiguada por numerosos documentos. Notemos sin embargo, una hipótesis
diferente debida al profesor Cyrile Vogel, que en el caso de una basílica, en
la que los fieles estuvieran de hecho en la nave central, piensa que "en
Roma, hacia la mitad del siglo V, la conversio ad orientem (volverse hacia el
oriente) implicaba una aversio a mensa (dar la espalda al altar), no era o dejó de ser costumbre entre los fieles". ("La Orientación hacia el
este del celebrante y de los fieles, durante la celebración eucarística"
publicado en L'Orient syrien, vol. IX, 1964, pág. 29); que en las
grandes basílicas podían ser hasta seis (las de San Juan de Letrán y San
Pedro de Roma sólo tienen cuatro). La colocación en las naves laterales
corresponde a la costumbre de sentarse a lo largo de los muros laterales en
las iglesias pequeñas de la cristiandad primitiva. Esta costumbre pervive aún
en las iglesias de Oriente; la nave o el espacio central bajo la cúpula queda
libre para las funciones del culto. Los fieles de más edad se situaban en los
asientos (stasidien) a lo largo de
los muros de la Iglesia; y en las naves laterales, el resto de los asistentes
al oficio, de pie. En Oriente, la posición de pie y no de rodillas, como
antes entre nosotros, es la actitud corporal más conveniente a la participación
litúrgica, actitud que además exige una gran disciplina física, sobre todo
durante los largos oficios religiosos.
Como lo muestran ciertas excavaciones y las representaciones en las basílicas
constantinianas y norteafricanas el altar estaba cerca del centro de la nave.
Se le rodeaba por los cuatro costados con una verja y, por regla general, se
le cubría con un baldaquino que se han encontrado en ellas, (Según
el diccionario de arqueología y liturgia cristiana, de Dom Cabrol y Dom
Leclercq, IV, 2, p. entre col. 2232-2233, artículo
iglesia. El altar
está en medio de la nave).
En
la iglesia constantiniana de San Pedro de Roma el altar no se encontraba
encima de la tumba del Apóstol, en contra de lo que se pudiera creer, sino un
poco más al centro de la nave. Sobre el lugar en que estaba enterrado el Príncipe
de los Apóstoles, había una "memoria" sin altar, un baldaquino
sostenido por columnas, como lo muestra la antiquísima representación del
cofrecillo de marfil de Pola. La suposición con frecuencia aducida que habría
habido en otro tiempo un altar mayor amovible allí por donde entraban y salían
los peregrinos que visitaban la tumba del Apóstol no ha podido ser probada.
Puesto que en las basílicas, que tenían su ábside en dirección al
Occidente y el altar en medio de la nave, los fieles, como hemos visto, se
colocaban en las naves laterales (entre las columnas de las cuales colgaban
tapices, que se abrían durante la misa), no volvían la espalda al altar.
Cosa en todo caso impensable, por el respeto que se tenía a la santidad del
altar. Sin embargo, podían volverse sin dificultad hacia el Oriente (en
dirección a la entrada) con una ligera rotación del cuerpo.
Aún en el caso inverosímil de que, durante la plegaria eucarística, los
fieles no hubiesen mirando hacia la entrada sino hacia el altar, no hubiese
existido sin embargo un cara a cara con el sacerdote, pues el altar, como
hemos dicho, estaba en la antigüedad oculto por las cortinas, durante este
período de la misma.
A partir de la edad media, el altar de estas basílicas fue desplazado hacia
el ábside. En la iglesia de San Pedro esto se hizo, como se sabe hacia el
600, bajo el Papa San Gregorio el Grande, quien al mismo tiempo emprendió
importantes modificaciones en el coro e instaló una cripta circular, con
objeto de que los peregrinos pudiesen llegar libremente a la tumba del Apóstol,
sin tener que penetrar en el presbiterio. Más adelante, poco a poco, el pueblo se colocó en la nave central. En una época (imposible hoy de determinar) cuando en las basílicas constantinianas, los asistentes dejaron de volverse hacia Oriente, para permanecer vueltos hacia el altar, se llegó a una especie de celebración "cara al pueblo". |
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