¡VUELTOS HACIA EL
SEÑOR!
MONSEÑOR KLAUS GAMBER
CONCLUSIÓN Esperamos
haber claramente establecido que antes de Martín Lutero, en parte alguna
se encuentra la idea del sacerdote vuelto hacia la asamblea durante la
celebración de la Santa Misa, ni tampoco a favor de esta manera de ver se
puede invocar ningún descubrimiento arqueológico.
El término específico versus
populum (hacia el pueblo) aparece por primera vez en el Ritus
servandus in celebratione Missae (Rito a observar en la celebración
de la misa) del Missale Romanum redactado
en 1570 por el Papa San Pío V a petición del Concilio de Trento. En la
sección V, 3, específicamente se trata el caso en que "el altar
esté orientado al este [no hacia el ábside sino] hacia el pueblo" (altare sit ad orientem versus populum), lo que se aplica a algunas
antiguas iglesias de Roma.
Pero el acento se pone aquí en ad
Orientem (lo que voluntariamente se omite), mientras que el versus populum no es más que una añadidura en vistas a la
indicación que sigue inmediatamente, a saber que al Dominus vobiscum el celebrante no tiene que volverse hacia el pueblo
al que tiene que saludar diciendo Dominus
vobiscum. Esta posición del sacerdote "detrás del altar"
en algunas basílicas romanas hizo nacer, como hemos visto en las
Jugendbewegung de los años veinte, la errónea concepción según la cual
en Roma se había conservado así una costumbre de la primitiva iglesia.
Lo mismo que en la Iglesia de Occidente, jamás se usó en las Iglesias de
Oriente la celebración versus
populum, donde por añadidura el término correspondiente no existe.
Es de notar que, durante la concelebración, habitual entre los ortodoxos,
el celebrante principal da siempre la espalda a la asamblea, aunque los
sacerdotes concelebrantes se colocan detrás de él.
No se puede sin embargo callar que hubo -y aun hoy existe- en las Iglesias
de Oriente también tentativas esporádicas de celebrar la liturgia cara
al pueblo o al menos de colocar el altar delante del iconostasio. En 1921,
el patriarca Tikhon de Moscú se apercibió claramente de los riesgos que,
para la correcta celebración del culto divino, traerían las novedades
preconizadas y practicadas por algunos sacerdotes, consecuencia de la
Revolución Rusa, por lo que hizo una llamada a todos los obispos del
país: "Todo esto se está haciendo so pretexto de adaptar la
liturgia a las exigencias de los nuevos tiempos, de aportar al culto
divino la animación necesaria para incitar a los fieles a ir a la
iglesia. No, no bendecimos ninguna de estas violaciones, ni ninguna de
estas arbitrarias acciones individuales durante la celebración
litúrgica, puesto que no lo podemos
hacer. La divina belleza de nuestra liturgia, tal como se ha fijado en
los libros rituales, las rúbricas y las prescripciones, debe permanecer
intangible en la Iglesia Ortodoxa Rusa, porque
éste es el don supremo más sagrado".
La posterior evolución dio la razón al patriarca. Gracias al hecho de
haber fielmente guardado y cultivado su liturgia tradicional hoy en día
la Iglesia Ortodoxa rusa permanece viva y próspera.
Lo que es decisivo para la colocación del sacerdote en el altar, como
hemos insistido, es el carácter sacrificial de la misa. El sacrificador se
vuelve hacia aquél a quien se ofrece el sacrificio, por eso se coloca
ante el altar ad dominum, hacia
el Señor.
Además, si se quiere resaltar el carácter de cena de la celebración
eucarística, el simple hecho de celebrar versus
populum no sería suficiente para dar este carácter tan aparente como
se le imagina y que tan a menudo se desea. Pues sólo el "presidente
de la cena" se coloca en la mesa. El resto de los "participantes
a la cena" se colocan en la nave, como en una "sala de
espectáculo", sin relación directa con la "mesa de la
cena". Esta es la razón por la que, en los pequeños grupos, hoy se
tiende a colocar a los asistentes rodeando el altar; lo que, en adelante,
traerá como consecuencia borrar completamente el carácter sacrificial de
la misa. No se hará justicia a este sacrificio, sino es haciendo lo que
siempre se ha hecho, volvernos con el sacerdote "hacia el
Señor", por consiguiente, todos en la misma dirección.
Según la concepción católica, la misa es algo más que una comunidad
reunida para celebrar una cena en memoria de Jesús de Nazareth. Lo
importante no es la constitución de una comunidad, ni lo que ella vive -aunque
esto no deba subestimarse (cf. Cor. 10,17)- sino sobre todo el culto que se
rinde a Dios. No es el hombre sino Dios quien debe ser siempre el punto de referencia. De aquí que desde los orígenes todos se orientaban hacia Él y no un cara a cara entre sacerdote y asamblea. Es necesario sacar la consecuencia y reconocer francamente que la celebración versus populum es un error. Porque ella es en definitiva una orientación hacia el hombre y no hacia Dios. |

[1]
PG (Migne, Patrología Griega) 63, 111.
[2]
La plegaria, 31, n° 5; traducción
de A. G. HAMMAN (DDB, 1977), pág. 120.
[3]
Biblioteca de la Kirchenváter, pág. 64.
[4] "Scivias ",11, visión 6
[5]
Mons. DUCHESNE, "Orígenes del
culto cristiano", 3a edición, págs. 485 y 488.
[6] PG 61, 313
[7] 1,2 "Del altar", n°
5.
[8] PG 79. 577-580.
[9] Cf. K. GAMBER, "Das Patriarchat
Aquileja und bairische Kirche" (El patriarcado de Aquielea y la
Iglesia Bávara), págs. 25 a 55.
[10] 11, 57, 2‑58, 6
(Paderborn, 1906) edición de Funk.
[11]
PG 62,29.
[12]
"Racional", 1, 3 n° 35.
[13]
Cf. sobre este tema el artículo de K. GAMBER en el periódico "Das
Münster ", 1985.
[14]
"Das Konzil der Buchhalter" (El
Concilio de los contables), pág. 200.
[15]
Cf. K. GAMBER, "Ecclesia Reginensis
", págs. 49 a 66.
[16]
CE "Entretiens sur la foi
", Fayard, 1975, pág. 158.
[17]
PL (Migne, Patrología Griega) 34, 1277.
[181
Capítulo 57, 14; edición de Funk, pág. 165.
[19]
Capítulo 12, 2; edición de Funk, pág. 494.
[20]
1, libro 4, capítulo 5, edición de E. Tardieu & A. Cousin hijos, pág.
173.
[21]
Cf. E. C. CONTÉ CORTI "Vida,
muerte y resurrección de Herculano y Pompeya ", págs.
16
a 18.
[22]
Ep. 32, 13. (PL 61, 337).
[23]
Cf. K. GAMBER, "Liturgie und
Kirchenbau" (Liturgia y construcción de iglesias) págs. 16 a 18.
[24] PG 62, 204.
[25] Cf. K. GAMBER, "Liturgie und Kirchenbau" (Liturgia y construcción de iglesias) págs. 132 a 136.
[26]
PG 94, 1136.
[27]
Cf. K. GAMBER, "sancta sanctorum
", págs. 31 a 34.
[28] Cf. BEISSEL,"Geschichte der Evangelienbücher",pág. 258.
[29] Cf. K. GAMBER, "EcclesiaReginensis", págs. 176 a 183.
[30]
PL 115, 677.
[31] Cf. K. GAMBER, "Ecclesia Reginensis ", págs. 184 a 198.
[32] "De eccl. off " 11, 8 (PL 83,789)