La Iglesia y el
Liberalismo
Revista "ROMA", Nº 63-64
| PÍO XI ENCÍCLICA "QUAS PRIMAS"
(11-12-1925)
I. EL CULTO DE JESUCRISTO REY 1. Existe el culto a Cristo como Rey El culto de Cristo Rey en sentido figurado: se debe a Cristo por sus perfecciones humanas y por su dominio sobre los hombres Ha sido costumbre muy general y antigua llamar Rey a Jesucristo, en sentido metafórico, a causa del supremo grado de excelencia que posee y que le encumbra entre todas las cosas creadas. Así se dice que reina en las inteligencias de los hombres, no tanto por el sublime y altísimo grado de su ciencia, cuanto porque El es la Verdad y porque los hombres necesitan beber de El y recibir obedientemente la verdad. Se dice también que reina en las voluntades de los hombres, no sólo porque en El la voluntad humana está entera y perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino también porque con sus mociones e inspiraciones influye en nuestra libre voluntad y la enciende en nobilísimos propósitos. Finalmente, se dice con verdad que Cristo reina en los corazones de los hombres, porque con su supereminente caridad[1] y con su mansedumbre y benignidad, se hace amar por las almas de manera que jamás nadie -entre todos los nacidos- ha sido ni será nunca tan amado como Cristo Jesús. 5. Es Rey también en el sentido literal, como hombre por la unión hipostática
Mas,
entrando ahora de lleno en el asunto, es evidente que también en sentido
propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la
potestad de Rey; pues sólo en cuanto hombre se dice de El que recibió
del Padre la potestad, el honor y el reino 2. Los testimonios del culto de su realeza a) en la Escritura La Realeza de Cristo en el Antiguo Testamento
¿Y no leemos, de hecho,
con frecuencia en las Sagradas Escrituras que Cristo es Rey? Él es
llamado el Príncipe que ha de nacer de la estirpe de Jacob A este
testimonio se añaden otros, aun más copiosos, de los Profetas, y
principalmente el conocidísimo de Isaías: Nos ha nacido un Párvulo y
se nos ha dado un Hijo, el cual lleva sobre sus hombros el principado; y
tendrá por nombre el Admirable, el Consejero, Dios, el Fuerte, el Padre
del siglo venidero, el Príncipe de Paz. Su imperio será amplificado, y
la paz no tendrá fin; se sentará sobre el solio de David, y poseerá su
reino para afianzarlo y consolidarlo haciendo reinar la equidad y la
justicia desde ahora y para siempre La Realeza de Cristo en el Nuevo Testamento
Por otra parte, esta misma
doctrina sobre Cristo Rey, que hemos entresacado de los libros del Antiguo
Testamento, tan lejos está de faltar en los del Nuevo que, por lo
contrario, se halla magnífica y luminosamente confirmada. En este punto,
y pasando por alto el mensaje del Arcángel, por el cual fue advertida la
Virgen que daría a luz un niño a quien Dios había de dar el trono de
David su Padre y que reinaría eternamente en la casa de Jacob, sin que su
reino tuviera jamás fin b) en la liturgia De esta doctrina común a los Sagrados Libros, se siguió necesariamente que la Iglesia, reino de Cristo sobre la tierra, destinada a extenderse a todos los hombres y a todas las naciones, celebrase y glorificase con multiplicadas muestras de veneración, durante el ciclo anual de la Liturgia, a su Autor y Fundador como a Soberano Señor y Rey de los Reyes. Y así como en la antigua salmodia y en los antiguos Sacramentarios usó de estos títulos honoríficos que con maravillosa variedad de palabras expresan el mismo concepto, así también los emplea actualmente en los diarios actos de oración y culto a la Divina Majestad y en el Santo Sacrificio de la Misa. En esta perpetua alabanza a Cristo Rey descúbrese fácilmente la armonía tan hermosa entre nuestro rito y el rito oriental, de modo que se ha manifestado también en este caso que la ley de la oración constituye la ley de la creencia. 3. La fundamentación dogmática del culto a Cristo Rey Cristo es Rey por su naturaleza: la unión hipostática
Para mostrar ahora en qué
consiste el fundamento de esta dignidad y de este poder de Jesucristo, he
aquí lo que escribe muy bien San Cirilo de Alejandría: Posee Cristo
soberanía sobre todas las criaturas, no arrancada por fuerza ni quitada a
nadie, sino en virtud de su misma esencia y naturaleza Es Rey también por la redención con que nos compró
Pero, además, ¿qué cosa
habrá para nosotros más dulce y suave que el pensamiento de que Cristo
impera sobre nosotros, no sólo por derecho de naturaleza, sino también
por derecho de conquista adquirido a costa de la Redención? Ojalá que
todos los hombres, harto olvidadizos, recordasen cuánto le hemos costado
a nuestro Salvador. Fuisteis rescatados, no con oro o plata, que son
cosas perecederas, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un
Cordero Inmaculado y sin lucha II. ESENCIA Y SIGNIFICADO DE LA REALEZA DE CRISTO 1. La esencia a) Los tres poderes ponen de manifiesto su poder real Viniendo ahora a explicar la fuerza y naturaleza de este principado y soberanía de Jesucristo, indicaremos brevemente que contiene una triple potestad, sin la cual apenas se concibe un verdadero y propio principado. El poder legislativo de Jesús
Los
testimonios, aducidos de las SS. Escrituras, acerca del Imperio universal
de nuestro Redentor, prueban más que suficientemente cuanto hemos dicho;
y es dogma, además, de Fe católica, que Jesucristo fue dado a los
hombres como Redentor, en quien deben confiar, y como legislador a quien
deben obedecer El poder judicial de Jesús El mismo Jesús, al responder a los judíos, que le acusaban de haber violado el Sábado con la maravillosa curación del paralítico, afirma que el Padre le había dado la potestad judicial, porque el Padre no juzga a nadie, sino que todo el poder de juzgar se lo dio al Hijo[26]. En lo cual se comprende también su derecho de premiar y castigar a los hombres, aun durante su vida mortal, porque esto no puede separarse de una forma de juicio. El poder ejecutivo de Jesús Además, debe atribuirse a Jesucristo la potestad llamada ejecutiva, puesto que es necesario que todos obedezcan a su mandato, potestad que a los rebeldes inflige castigos, a los que nadie puede sustraerse. b) El de Cristo es imperio espiritual pero también sobre las cosas temporales Naturaleza espiritual del Reino de Cristo Sin embargo, los textos que hemos citado de la Escritura demuestran evidentísimamente, y el mismo Jesucristo lo confirma con su modo de obrar, que este reino es principalmente espiritual y se refiere a las cosas espirituales. En efecto; en varias ocasiones, cuando los judíos, y aun los mismos Apóstoles, imaginaron erróneamente que el Mesías devolvería la libertad al pueblo, y restablecería el reino de Israel, Cristo les quitó y arrancó esta vana imaginación y esperanza. Asimismo, cuando iba a ser proclamado Rey por la muchedumbre, que, llena de admiración le rodeaba, El rehusó tal título de honor, huyendo y escondiéndose en la soledad. Finalmente, en presencia del Gobernador romano manifestó que su reino no era de este mundo. Este reino se nos muestra en los Evangelios con tales caracteres, que los hombres, para entrar en él, deben prepararse haciendo penitencia y no pueden entrar sino por la Fe y el Bautismo, el cual, aunque sea un rito externo, significa y produce la regeneración interior. Este reino únicamente se opone al reino de Satanás y a la potestad de las tinieblas; y exige de sus súbditos, no solamente que, despegadas sus almas de las cosas y riquezas terrenas, guarden ordenadas costumbres y tengan hambre y sed de justicia, sino también que se nieguen a sí mismos y tomen su cruz. Habiendo Cristo, como Redentor, rescatado a la Iglesia con su Sangre y ofrecídose a sí mismo, como Sacerdote y como Víctima, por los pecados de mundo, ofrecimiento que se renueva cada día perpetuamente, ¿quién no ve que la dignidad real del Salvador se reviste y participa de la naturaleza espiritual de ambos oficios? Al imperio espiritual están sujetas las cosas temporales
Por otra parte, erraría
gravemente el que negase a Cristo-Hombre el poder sobre todas las cosas
humanas y temporales, puesto que el Padre le confirió un derecho absolutísimo
sobre las cosas creadas, de tal suerte que todas están sometidas a su
arbitrio. Sin embargo de ello, mientras vivió sobre la tierra se abstuvo
enteramente de ejercitar este poder, y así como entonces despreció la
posesión y el cuidado de las cosas humanas, así también permitió, y
sigue permitiendo que los poseedores de ellas las utilicen. Acerca
de lo cual dice bien aquella frase: No quita los reinos mortales el que
da los celestiales c) El imperio omnímodo de Jesús
Por
tanto, a todos los hombres se extiende el dominio de nuestro Redentor,
como lo afirman estas palabras de Nuestro Predecesor, de inmortal memoria,
León XIII, las cuales hacemos con gusto Nuestras: El imperio de Cristo
se extiende no sólo sobre los pueblos católicos y sobre aquellos que
habiendo recibido el Bautismo pertenecen de derecho a la Iglesia, aunque
el error los tenga extraviados o el cisma los separe de la caridad, sino
que comprende también a cuantos no participan de la Fe cristiana, de
suerte que bajo la potestad de Jesús se halla todo el género humano |
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(1) Eph. 3, 19. (volver)
(2) Dan. 7, 13-14. (volver)
(3) Num. 24, 19. (volver)
(4) Ps. 2. (volver)
(5) Ps. 44. (volver)
(6) Ps. 71. (volver)
(7) Is. 9, 6-7. (volver)
(8) Ier. 23, 5. (volver)
(9) Dan. 2, 44. (volver)
(10) Dan. 7, 13-14. (volver)
(11) Zach. 9, 9. volver)
(12) Luc. 1, 32-33. (volver)
(13) Mat. 25, 31-40. (volver)
(14) Io. 18, 37. (volver)
(15) Mat. 28, 18. (volver)
(16) Apoc. 1, 5. (volver)
(17) Ibid. 19, 16. (volver)
(18) Hebr. 1, 1. (volver)
(19) 1 Cor. 15, 25. (volver)
(20) In Luc. 10. (volver)
(21) 1 Pet. 1, 18-19. (volver)
(22) 1 Cor. 6, 20. (volver)
(23) Ibid. 6, 15. (volver)
(24) Conc. Trid. sess. 6, c. 21. (volver)
(25)) Io. 14, 15; 15, 10. (volver)
(26) Io. 5, 22. (volver)
(27) Hymn. Crudelis Herodes in off. Epiph. (volver)
(28) Enc. Annum Sacrum 25 maii 1899. (volver)