¿POR QUÉ CAMBIARON LA MISA?
HACIA LA RELIGIÓN ÚNICA
Por
MAURO CIOTOLA
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Nos dice; "La palabra griega, anamnesis, que se traduce `en memoria,´ es difícil de traducir fielmente al inglés [y al español]. Palabras como `recuerdo,´ `memoria,´ `memorial,´ o `conmemoración´ presuponen la existencia de algo en sí ausente, mientras que anamnesis tiene el sentido de re-llamar (o reclamar) a la memoria o de re-presentar un acontecimiento pasado de tal manera que se hace presente activamente. Las palabras inglesas, `rellamar a la memoria (recordar)´ y `representar,´ aun cuando se escriben `re-llamar´ y re-presentar,´ son insuficientes sin otra explicación; y `recuerdo,´ `memoria,´ `memorial,´ o `conmemoración,´ a causa de su uso convencional y su significado corriente, son realmente engañosos. La comprensión de la eucaristía como `para la anamnesis de Mí´--como el re-llamar a la memoria ante Dios del único sacrificio de Cristo en toda su plenitud consumada y eficaz, de manera que es operativa aquí y ahora por su efecto--se saca claramente a luz, como dijo un teólogo, en todas las tradiciones de la iglesia primitiva. En las palabras de San Juan Crisóstomo: `Ofrecemos aún ahora lo que se ofreció entonces, lo que no puede agotarse. Esto se hizo para una anamnesis de lo que se hizo entonces, pues "Haz esto," dijo, "para una anamnesis de Mí." No ofrecemos un sacrificio distinto como el sumo sacerdote de antaño, sino ofrecemos siempre el mismo. Mejor dicho, ofrecemos el anamnesis del sacrificio.´" El espíritu de esta fórmula, pues, como siempre lo ha comprendido la Iglesia Católica, es el de perpetuar una acción: la re-presentación del sacrificio de la cruz, no sólo un simple "memorial" de ello a través de la alabanza y acción de gracias, sino la anamnesis del sacrificio perfecto de Cristo. Investiguemos ahora los acontecimientos de la noche de jueves santo y la última cena, y examinemos también ambos puntos de vista, el protestante y el católico, sobre lo que sucedió exactamente. Para el protestante, la última cena no es más que la "última comida" que Cristo compartió con sus apóstoles cuando les contó sobre la agonía y muerte que sufriría al día siguiente para la salvación del hombre, y que aunque personalmente y físicamente les dejaría al día siguiente, les prometió que cuantas veces se juntaran y "partieran pan" los unos con los otros en Su nombre, manteniendo un memorial de esta noche en particular, que El siempre estaría espiritualmente en medio de ellos. El pan sería símbolo de Su cuerpo y el vino sería símbolo de Su sangre. En esta forma simbólica y espiritual debieran comer Su cuerpo y beber Su sangre. Para el católico, sin embargo, la última cena era la noche ¡en que Cristo Mismo celebró la primera misa! Fue durante la última cena cuando Se ofreció a Sí Mismo a Su Padre eterno "de una forma incruenta bajo las apariencias de pan y vino." Hizo esto en anticipación del sacrificio cruento de la cruz al día siguiente. Jueves santo fue cuando Cristo instituyó el sacrificio eucarístico--el mismísimo sacrificio que ofreció el viernes santo, pero sin el aspecto cruento, y este mismo sacrificio eucarístico fue lo que deseaba que se perpetuase. Ciertamente es verdad que el sacrificio cruento de Cristo se realizó "una sola vez" y que era completo y perfecto, y también ciertamente es verdad que en la última cena, Nuestro Señor instituyó el sacramento de la sagrada eucaristía y ofreció la primera misa y mandó a Sus apóstoles que hicieran lo mismo. ("Cuantas veces hiciereis estas cosas, las haréis en memoria de Mí.") Y no puede haber duda alguna de que los apóstoles lo comprendieron exactamente de esta forma, según lo demuestra San Pablo en 1ª Cor. 11:23-26 y es innegablemente claro en Hechos 2:42 y 46: "Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión de la fracción del pan..." "Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan en sus casas." Lutero, sin embargo, siendo sacerdote él mismo, comprendió bien el punto de vista católico de la última cena, y deseando distorsionarlo y grabar en la gente la idea de una "comida memorial" más bien que una acción de sacrificio, acabó con el canon silencioso y insistió en que las palabras de la cena se pronunciasen en voz alta y en el vernáculo para que, "de esta forma, el pueblo aprenda de las mismas palabras de las Escrituras que no se trata de hacer un sacrificio, sino tan sólo de un memorial de Cristo." Pues bien, cuando examinamos el Novus Ordo, no se puede discutir que también ha adoptado la narrativa vernácula y el canon en voz alta. ¿No debemos preguntarnos por qué? Hemos de ignorar ¿para qué fin? Sabemos por que lo hizo Lutero, lo dejó muy claro: "de esta manera, la gente aprenderá de las mismas palabras de las Escrituras que no se trata de hacer un sacrificio, sino tan sólo de un memorial de Cristo." Si el Novus Ordo desea mantener el entendimiento inmemorial de la Iglesia Católica sobre esta fórmula, ¿por qué adoptó la fórmula de Lutero? Esto no es algo que se pueda descartar como no esencial y no importante. Es un asunto de significado profundo y de ramificaciones serias. "La fórmula Paulina (“haced esto en conmemoración mia”), que en el Novus Ordo reemplaza a la fórmula antigua--repetida todos los días en las lenguas vernáculas--cambiará irreparablemente la fuerza misma del significado en las mentes de los oyentes, de modo tal que la memoria de Cristo, que debe ser el principio de la acción Eucarística, parezca convertirse en el término único de esta acción o rito. O sea, la “conmemoración”, que cierra la fórmula de la consagración, ocupará poco a poco el lugar de la “acción sacramental”. "(La Intervención Ottaviani)" ¿Es para asombrarse, pues, que los luteranos de Alsacia-Lorena puedan declarar que “las nuevas oraciones eucarísticas tienen la ventaja de dar una interpretación distinta a la teología de sacrificio que se acostumbraban a atribuir al catolicismo?" En cuanto a mí, sinceramente tengo la impresión de que los luteranos tienen una comprensión más profunda de la nueva misa que la mayoría de los católicos, y puede beneficiarnos mucho si pedimos a nuestros amigos luteranos ¡que nos expliquen la Novus Ordo Missae de la Iglesia Conciliar! Quizás entonces esto termine con lo que parece ser un deporte popular entre algunos católicos hoy en día: "el tapeo de iglesias." Hoy en día vemos a una multitud de católicos desilusionados que se dan cuenta de que algo muy malo está pasando, sin embargo, o por falta de información o falta de valor, continúan asistiendo al Novus Ordo, "cambiando" de una parroquia a otra en busca de aquel sacerdote con quien puedan sentirse cómodos, aquel sacerdote que les gustaría ver que mantenga algún parecido de lo que es católico, aquel sacerdote que les gustaría creer que pretende consagrar el sacramento santo. Esta clase de comportamiento entre católicos me indica a mí, por lo menos, que ellos mismos tienen serias dudas de si tiene lugar una verdadera consagración en la misa nueva. Y ¡deben tener tales dudas! Pero su pregunta no puede contestarse por la edad, la piedad o la posición del sacerdote. Sólo se les puede contestar dirigiéndose a la cuestión de los tres elementos esenciales para la validez de cualquier sacramento: materia, forma e intención ministerial. ¿Qué hemos descubierto hasta ahora en cuanto concierne a la misa nueva? En cuanto a la "sustancia debida," o sea, la materia y la forma, hemos visto que la forma (las palabras) ha sido enormemente mal interpretada y completamente mutilada; y en cuanto a la "debida intención," hemos de recordar lo que nos dice León XIII en su decreto sobre la invalidez de las órdenes anglicanas, "Apostolicae Curae": "sobre la mente o intención, la Iglesia no pronuncia sentencia, ya que es algo interior en sí; pero en cuanto se manifiesta externamente, Ella tiene el deber de juzgarlo." Cuando el ministro de un sacramento usa un rito católico, la Iglesia comprende que pretende hacer lo que hace la Iglesia. Pero cuando se cambia el rito, de modo que las palabras esenciales (la forma) del sacramento se cambian sustancialmente, o su significado mismo se cambia dentro del contexto de las oraciones circundantes, entonces la Iglesia juzga de la corrupción de la ceremonia externa que la intención del ministro también está corrupta. Manteniendo enfocado este pensamiento, debemos preguntar, "¿Cuál es la intención de la Iglesia Conciliar en la misa nueva? ¿Qué hemos visto? ¿Qué hemos oído? ¿Qué se manifiesta externamente?" (Vol. XIV, No. 6, 1992, pp. 46-48) El papel del sacerdote se disminuye a favor del papel de la congregación. Se comporta ya como representante del pueblo, y se han destruido las diferencias básicas entre el sacerdocio ministerial y el papel del pueblo. El lenguaje oficial de la Iglesia se ha tirado al vertedero como otra tanta basura sin ningún cuidado ni interés en el latín como salvaguardia contra el error doctrinal. Se han arrojado las oraciones del ofertorio, las cuales hacen explícita la intención. El canon se reza en voz alta y en la vernácula como si se intentara enseñar a la congregación en vez de adorar a Dios Todopoderoso. La fórmula de la consagración ha adoptado una sola forma eucarística, combinando las palabras preliminares y las palabras sacramentales en una narración de la última cena. Se suplanta cualquier idea de que tiene lugar acción alguna de sacrificio, y el "aspecto de comida" y el "aspecto de sacrificio" se ponen en el mismo nivel. La conjunción latina "enim" que expresa la realidad de la presencia de Cristo en las sagradas especies, queda sin traducir en la misa nueva. Ha desaparecido la genuflexión después de las "palabras de institución"--una genuflexión hecha ante la hostia recién consagrada para reconocer que la transubstanciación ha efectuado la verdadera presencia de Cristo. Se han abolido una multitud de señales de la cruz, signos demostrativos del sacrificio de la cruz y de la Víctima ahí presente. En la consagración, la "fórmula bíblica" de Lutero ha reemplazado la fórmula inmemorable "pre-bíblica" dada a los apóstoles por Jesucristo mismo. Al consagrar el vino, se han desplazado las palabras "el misterio de la fe" de tal manera que la transubstanciación se pasa por alto y en silencio. Se han traducido mal las mismas palabras de Nuestro Señor mismo de "para vosotros y para muchos" a "para vosotros y para todos”, una innovación de verdad extremamente atrevida que realmente interfiere con la voluntad final de Cristo al instituir el sacramento de la sagrada Eucaristía. Y ahora se traduce la anamnesis como un recuerdo de la memoria de Cristo en vez de un mandato de perpetuar una acción de sacrificio. Todos estos son asuntos muy serios y graves con los que hay que tratar sin más remedio. Ahora os preguntaré, si es la "intención" de la Iglesia Conciliar negar la presencia verdadera de Cristo en la Sagrada Eucaristía y de rechazar la doctrina de la transubstanciación [Es difícil no hacer caso de esta pregunta a la luz de lo que se ha manifestado externamente en este rito] y si este es el caso, pues, si vuestro sacerdote local intenta hacer lo que esta "Iglesia" hace, por muy viejo que sea o por muy bueno y recto que sea moralmente, ¿es que consagra? Recuerda: tratar de interpretar la intención de cualquier cosa fuera de su contexto, o sea, de todas aquellas cosas que la rodean, o aisladamente, puede llegar a ser un trágico error. Esto es verdad especialmente cuando se estudia aquellas cosas que "tejen juntas" el significado de la misa nueva y la intención de sus autores. No sólo hemos de comprender lo que viene antes de la consagración, lo que por confesión propia de los modernistas es lo esencial y el corazón de la misa nueva, sino también hemos de escudriñar lo que viene después. En la Iglesia Católica, después de tener lugar la consagración, Cristo ya está presente verdaderamente en las Sagradas Especies y por el ministerio de Su sacerdote, renueva Su sacrificio y es ofrecido a Su Padre todopoderoso bajo las apariencias del pan y del vino. Siendo así, pues, las oraciones que siguen deben reflejar esto como el fin consumado si de hecho esto es el fin intencionado. Examinémonos ahora las oraciones siguientes como aparecen en la misa tridentina y en la Novus ordo missae, ambas con miras a lo que implican. La primera oración después de la consagración, la Unde et memores, que así se llama en la misa tridentina, se lee como sigue: "Por esto, recordando, Señor, nosotros, tus siervos, y también tu pueblo santo, la bienaventurada pasión del mismo Jesucristo tu Hijo, Señor nuestro, y su resurrección de entre los muertos, como también su gloriosa ascensión a los cielos, ofrecemos a tu excelsa majestad, de tus dones y dádivas, la víctima pura, la víctima santa, la víctima inmaculada; el pan santo de la vida eterna, y el cáliz de la eterna salvación." En esta oración, se ha sacrificado la víctima. Mientras el sacerdote la ofrece ahora a Dios, se acuerda que es la mismísima víctima del Calvario tanto como el Cristo resucitado, glorificado ya en el cielo. En la misa nueva, esta oración se traduce de esta manera: "Por eso, Se_or, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la pasión gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Se_or; de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación." En comparación, podemos detectar la precaución y el cuidado utilizado por los "nuevos reformadores" en ciertas áreas para no despertar ni sobresaltar a los católicos incautos que todavía puedan adherirse a la fe en la presencia real. Podemos ver lo bien que saben justo hasta donde innovar y suprimir sin crear resistencias de católicos demasiado confiados, y cuando pisar con cuidado y con reserva para no exponer sus verdaderos motivos demasiado arrogantemente. Acordándonos, sin embargo, de lo que hemos visto hasta ahora de ambigüedad sistemática y calculada, camuflando y pasando por alto las doctrinas católicas para establecer un "servicio ecuménico," no debe resultar sorprendente encontrar que esta oración, después de todo, sirve el mismo propósito. Preste particular atención al hecho de que en la misa tridentina, el sacerdote ofrece "la víctima + pura (hostiam puram), la víctima + santa (hostiam sanctam), la víctima + inmaculada (hostiam immaculatem), el pan santo + de la vida eterna y el cáliz + de la eterna salvación." Presta atención también a las cinco señales de la cruz que se hacen sobre la hostia y el cáliz. Cada una es un signo demostrativo que significa el sacrificio de la cruz y a la Víctima que murió en la cruz. Esto es lo que se manifiesta externamente en la misa tridentina; el cuerpo y la sangre de Jesucristo, la Víctima pura, la Víctima santa, y la Víctima inmaculada del sacrificio de la cruz. En la misa nueva se pasa por alto toda esta claridad en silencio, establecida tan penosamente por las rúbricas de la misa tridentina. Se eliminan las cinco señales de la cruz. Una traducción falsificada se introduce por la que el sacerdote simplemente refiere a "este sacrificio santo y perfecto." Esto, para no decir más, es una manipulación significante de las expresiones por la que los innovadores no sólo han traicionado el texto latino, sino también han confeccionado una pieza ingeniosa de ambigüedad para que al oírlo, el católico fiel piense en términos de la doctrina católica, mientras a la vez, los protestantes piensen en términos de su propia doctrina: que el "sacrificio santo y perfecto" a que se refiere aquí es aquél de Calvario hecho en el año 33 a.D., de una vez para siempre, que el ministro ahora nos recuerda, haciendo de la liturgia un "memorial" ¡pero no por cierto representación alguna ni anamnesis de él! Esta oración sigue así en la misa tridentina: "Sobre los cuales dígnate, Señor, mirar con rostro propicio y benévolo, y aceptarlos, como te dignaste aceptar los dones de tu siervo, el justo Abel, y el sacrificio de nuestro patriarca Abraham, y el que te ofreció tu sumo sacerdote Melquisedec, sacrificio santo, víctima inmaculada." En la misa nueva la misma oración se lee: "Dirige tu mirada serena y bondadosa sobre esta ofrenda: acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumosacerdote Melquisedec." En esta oración oímos de Melquisedec, el sumo sacerdote, y debemos saber algo acerca de él y de lo que él representa. Melquisedec, el rey de Salem, ofreció el sacrificio del pan y vino (veáse Gén. 14:18-20). Se le ve como superior a Abraham al recibir de él el tributo del diezmo, y S. Pablo le hace un tipo del sacerdocio de Cristo, un sacerdocio eterno, como se demuestra en Heb. 7:2-3: "Cuyo nombre significa, en primer lugar...rey de Salem, es decir, rey de paz. Sin padre, ni madre, ni genealogía, sin comienzo de días, ni fin de vida, asemejado al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre." Y en los versículos 13 a 17 de la misma epístola: "Todo esto es mucho más evidente aún si surge otro sacerdote a semejanza de Melquisedec, que lo sea, no por ley de prescripción carnal, sino según la fuerza de una vida indestructible. De hecho, está atestiguado: Tú eres sacerdote para siempre, a semejanza de Melquisedec." Así que es en Melquisedec que vemos el "tipo" del sacerdocio de Cristo: un sacerdocio eterno, uno que no termina, el mismo sacerdocio de que disfruta el sacerdote católico: "Tu es sacerdos in aeternum." Hemos dicho una y otra vez que la misa nueva está diseñada para ser un servicio ecuménico, omitiendo la claridad y la precisión sobre la doctrina católica al suprimir cualquier cosa que pueda ser demasiado católico. Esto es uno de los sellos de la misa nueva, y esta actitud se ve también en esta oración. La oblación de Melquisedec es simplemente el "pan y vino" en vez de la oblación tradicional "que Tu sumo sacerdote Melquisedec Te ofreció, sacrificio santo, víctima inmaculada (sanctum sacrificium, immaculatam hostiam)." Esto es una mala traducción del texto latino, deliberada y artificial, hecha para acomodar a la "ecumanía." Esta pieza de camuflaje ahora permite a cada cual individualmente mirar la ofrenda como el cuerpo y sangre de Cristo (el concepto católico) o como las simples ofrendas de pan y vino (en la opinión del protestante). (Traducido del inglés de la revista “The Roman Catholic,” El Católico Romano, volúmenes XIII-XIV, 1991-92, por Joan Mart)
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