¡¡¡Alerta!!! Nueva Era (New Age) 

8/.- RELATIVISMO PRÁCTICO Y SUBJETIVISMO   

   El Relativismo, que es una negación de la realidad (todo es apariencia o una impresión de la realidad), en el New Age se amplía al Subjetivismo. Así, se propone: “cree Ud. su propia realidad”. NO hay una sola verdad; cada quien posee la suya. De ahí el gran auge de lo fantasioso y lo imaginario.  

   Ejemplo: En el mencionado libro, On a Limb, de Shirley McLaine, destacada exponente del New Age y una de sus sacerdotisas más relevantes, escribe que, dándose un baño caliente, llegó a creer que “poco a poco me convertí en agua... sentí una conexión interior de mi respiración con el pulso de la energía a mi derredor. De hecho, yo era el aire, el agua, la oscuridad, las paredes, la espuma, las rocas mojadas sumergidas en el agua y aún el sonido del río que corría afuera”

   Shirley McLaine, que con su canto “yo soy dios” trató de aplicar el Panteísmo (todo es dios,... yo soy dios), en esta otra experiencia intenta aplicar el Monismo (todo es uno, todo es la misma cosa), a través del Subjetivismo.

   Además, este tipo de prácticas tan insanas pueden llevar a graves estados depresivos. Esa es precisamente la táctica del Demonio: elevarlo a uno, darle una serie de poderes o hacerle creer que uno los posee, para después hundirlo irremisiblemente en el abismo. 

9/.- ESOTERISMO Y OCULTISMO

Conjunto de prácticas escondidas o secretas, mediante las cuales se pretende llegar a la divinización de uno mismo. El ocultista cree en la existencia de fuerza o sabiduría ocultas que el hombre podría utilizar mediante ciertas prácticas: brujería, magia, astrología, adivinación...

10/.- NEO-PAGANISMO

   Revalorización e incorporación de numerosas doctrinas paganas, en las que principalmente se considera a Dios como una Fuerza Superior inmanente (inherente) a la Creación, formando parte de ésta y no independiente de ella: no como Creador, como Ser Supremo. 

   Esta Fuerza Divina incluye su aspecto masculino y femenino, siendo la parte femenina la más poderosa e importante (Gaia o Madre Tierra).   

11/.- IDOLATRÍA

   Como consecuencia de la revitalización del Paganismo, han reaparecido viejas deidades y surgido nuevas divinidades, a las que se rinde el culto que es sólo debido al Dios Uno y Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo.  

   La Idolatría se ha ido introduciendo en muchos países, en diversas maneras; entre otras por las vías de las curaciones por contacto a través de la llamada “energía universal”. En el nivel IV de los cursos que se imparten con este propósito “ se estudian junto al maestro los códigos secretos que se encuentran en unos gráficos traídos desde Egipto... uno representa a Nut, la figura de una elástica mujer... que habría venido con una importante misión para aliviar el sufrimiento de la humanidad y ayudar a establecer la armonía sobre la tierra” (cf. Revista Pandora, Reportaje sobre el gurú vietnamita Dang, Desira Narada III y sus cursos).  

12/.- QUIETISMO 

   La búsqueda de una extrema pasividad espiritual que tiende a la destrucción del ser humano a través de una supuesta absorción por la divinidad. Es la raíz del Budismo, cuyo ideal es el estado del “nirvana”, en el cual ya el hombre no tiene deseo, ni pasión, ni “ilusión” por el mundo exterior. El quietismo se conecta con el Relativismo al considerar el mundo exterior como una ilusión o apariencia.  

13/.-REENCARNACIONISMO

   El deseo de la eterna felicidad que es un anhelo que Dios mismo ha puesto en Sus criaturas para que, buscándole, lleguemos a El, se explica en el Paganismo Oriental mediante la creencia de que el alma de cada ser humano después de su muerte regresa a la tierra y comienza a vivir de nuevo en otro cuerpo. Y se cree, además, que este proceso llamado “reencarnación” sucede no una sino muchísimas veces: cuantas sean necesarias hasta romper con este ciclo “reencarnatorio” que es causado por el “Karma”, es decir, por el efecto que tienen las malas acciones de la  persona y por las cuales inexorablemente habrá que pagar, bien en su propia vida o en la vida de las sucesivas personas en las que reencarna su alma.  

   Según el Paganismo Oriental, este ciclo “reencarnatorio”llamado “samsara”puede concluir cuando, aún permaneciendo en el mundo físico, se llega al desprendimiento total de éste, creyendo que así se logra la auto-divinización. Pero la creencia en este prolongado y desagradable supuesto ciclo de sucesivas muertes y nacimientos, que en el Paganismo Oriental es considerado como algo negativo de lo que hay que salir, la estamos adoptando ingenuamente los hombres y mujeres de hoy como algo posible, bueno, conveniente... y hasta agradable y esperanzador, y lo estamos “incorporando” a las verdades que constituyen nuestra Fe Cristiana.

   Sin embargo, independientemente de que la llamada “reencarnación” es algo inconveniente y negativo y aparte de ser expresamente negada en la Biblia (“Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez” Heb. 9, 27), contradice verdades fundamentales de nuestra Fe Cristiana y se podría decir que termina negando toda esa fe. Analicemos tan solo dos de estas verdades:  

  • Jesucristo Salvador y Redentor: Sólo Dios puede salvar (cf. Is 43, 3 y 12, 2). Sólo el Hijo de Dios hecho Hombre nos salva y nos redime (cf. Lc 19, 12; Jn 10, 29; Roma 5, 12-19). Pero en la teoría Pagana de la “reencarnación” el hombre pretende por sí mismo llegar a la propia divinización, “purificándose” mediante técnicas y prácticas esotéricas. Es decir, el hombre que cree que va a reencarnar pretende autorredimirse, negándose así la única salvación posible: la que nos vino a traer Jesucristo, Salvador y Redentor de todo el género humano y de cada ser humano en particular (cf. Lc 1, 31; Mt 1, 21). 
  • La Resurrección: Así como Jesucristo resucitó, también nosotros resucitaremos para vivir eternamente (cf. Jn 6, 40), no sin antes pasar por el Juicio (cf. Jn 5, 15-27): “los que hicieron bien saldrán y resucitarán para la vida, pero los que obraron mal resucitarán para la condenación” (Jn 5, 28-29). Esa es nuestra esperanza: el saber que resucitaremos en cuerpo y alma gloriosos como Jesucristo resucitó, para disfrutar del Cielo que nos ha sido prometido, ese lugar inexplicable en términos humanos, pues “ni el ojo vio, ni el oído escucho, ni el corazón humano imaginó lo que Dios tiene preparado para los que le aman” (1ª Cor 2, 9). Aparte de ser una verdad de nuestra Fe Cristiana esta Esperanza en nuestra futura inmortalidad, en cuerpo y alma gloriosos resucitados por Cristo, ¿no es además una esperanza mucho más deseable que la vana ilusión de morir para volver a “nacer” dentro de un cuerpo que no es el mío?

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