| 9. Introducción a los libros poéticos y sapienciales |
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LIBRO DEL ECLESIÁSTICO O SIRÁCIDA El libro del Sirácida fue llamado comúnmente en la Iglesia libro del Eclesiástico, se trataba de un libro discutido, que podía ser leído en la Asamblea, de ahí su denominación hacia el siglo II d. C. Los autores contemporáneos suelen designar este libro como libro de "Ben Sirá" o libro del "Sirácida", para distinguirlo y no confundirlo con el Eclesiastés, o Qohelet. Este libro presenta una particularidad notable, su prólogo no forma parte del canon, aunque habitualmente forma parte de las traducciones, indicándose este hecho. En este prólogo nos cuenta datos, que por historia comparada nos permiten fechar la obra hacia el 190 a. C. El autor volvió de su estancia en Egipto, nos dice además que estuvo parte de su vida en Jerusalén. Deducimos que el autor era un hombre muy docto y conocedor de la sabiduría, a la que desde muy joven trató de buscar. Es un hombre que habla de disfrutar de la vida con moderación, no es un asceta, pero sí un estudioso de los libros Sagrados, incluso podría haber sido un fundador de una escuela. Se piensa si no estamos ante un precursor de los saduceos, dada la teología que muestra: cercanía al Templo, nada sobre escatología ni Mesianismo. El libro del Sirácida fue escrito en hebreo, pero se perdió pronto este texto, y ha sido recuperado en parte con los descubrimientos arqueológicos de Qumram y El Cairo. Nosotros disponemos de la versión griega del libro, que se ha ido trasmitiendo a lo largo de los siglos, por eso hoy contamos con dos versiones, que suelen estar recogidas en nuestras Biblias. La sabiduría que presenta el Sirácida es más trabajada y sistemática que los textos anteriores. Son verdaderos manuales sobre comportamiento ante las circunstancias de la vida. Es un libro que presenta un mayor talante crítico con la bondad y la moral tradicional, de ahí que nos de una impresión de ambigüedad en los temas que trata, tan pronto da un consejo como lo contradice o matiza. De todas maneras, el autor es más optimista que Qohelet o Job, es un hombre que cree y confía en Dios en cualquier circunstancia. El hombre no tiene porque quejarse ante Dios. Usa una expresión constantemente, "a su tiempo", hay una idea de que la bondad o maldad o las cosas son relativas, dependen del tiempo en que sucedan. La idea de Ley y su respeto es algo permanente, muestra así la misma teología que el Deuteronomio. La Ley es eterna, es universal, es inmutable en esta mentalidad del Sirácida. Esta cuestión está presente en el cristianismo, que lo resuelve de distinta forma. San Pablo interpretó la Ley como algo temporal, válido cuando eran menores de edad, ahora Jesucristo y el Espíritu Santo han abolido la Ley, salvados por Jesús, no por la Ley y su cumplimento. Pero el Sirácida no llega a tanto, respetar la Ley de los mayores es esencial, otros problemas no se los plantea. Se ha visto también en el Sirácida una especie de apología contra el helenismo y la cultura helénica. La sabiduría procede de Dios, el filósofo griego afirmará que proviene de la razón; se puede conjugar la libertad del hombre con la providencia divina, cosa que no cuadraba bien en la Grecia clásica,... Incluso se ha pensado la posibilidad de estar ante una obra entendida como libro de escuela, al modo griego, pero para conservar la tradición hebrea. El libro se estructura en varias partes. Destacamos y subrayamos de nuevo el prólogo del autor, que no se considera revelado. Se inicia el libro con una colección de sentencias bastante amplia y ordenada, Si 1 - 42,14. Continuará la obra con una alabanza a Dios por la naturaleza, Si 42,15 - 43,33. La alabanza y gloria es de nuevo para Dios, en este caso elogiando a los antepasados, a la historia de Israel, Si 44 - 50. Este elogio a los grandes personajes de la historia del pueblo judío están ordenados, se va refiriendo a los más significativos, lo cual nos permite conocer la idea que se hacen los hebreos de este siglo sobre su historia pasada, claramente idealizada. El final del libro concluye con un elogio a la sabiduría y una acción de gracias a Yahvé, Si 51. |
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