| 10. Introducción al Nuevo Testamento |
| LOS
PROBLEMAS DEL NUEVO TESTAMENTO. La lógica de estos estudios responde al deseo de conocer lo más objetivamente posible quién fue Jesús y cómo fue la comunidad cristiana en sus orígenes. Entre las numerosas fuentes está el mismo NT, cuya lectura exegética también pasa por los métodos histórico críticos, ya estudiados en el capítulo de "Introducción a la Sagrada Escritura". Estos métodos histórico críticos nos abren y nos cambian la visión y la comprensión clásica que teníamos de la Biblia, también nos han traído nuevas dificultades y problemas. Durante muchos siglos, los libros de la Biblia -incluido el NT-, han sido considerados como documentos históricos, libros que pretendían contarnos los acontecimientos de una manera, si no objetiva, al menos con exactitud y veracidad en sus relatos. Pero la crítica moderna, poco a poco, ha ido comprendiendo que la verdad bíblica era la esencial para la salvación, y que no necesariamente la Biblia presentaba rigor histórico o científico. La crítica histórica ha ido desmontando muchos esquemas tradicionales en la lectura del NT, pero ha dejado muchas cuestiones sin resolver. Nos ha hecho caer en una ambigüedad, propia del método científico, que nos obliga a dar un salto del Evangelio analizado, a la fe cotidiana. Hoy, desde las tesis más moderadas, se ha ido corrigiendo este salto, para intentar comprender mejor el Dogma y la Escritura, necesariamente en relación. Comentamos algunos de estos problemas surgidos a partir de la investigación histórico crítica. El primer gran problema es la relación entre el Jesús de la historia, el Jesús coetáneo que todos pudieron ver; y el Cristo de la Resurrección, el Cristo de la fe pospascual. La gran pregunta que planea todo este discurso inicial es si podemos saber algo objetivo y real de Jesús. Todos afirmamos hoy que Jesús no escribió nada, los textos proceden de los discípulos, que tras escuchar el maestro y experimentar la resurrección, predican su experiencia de fe. Cuando van poniendo por escrito las palabras y relatos sobre Jesús, lo hacen con una intención catequética muy concreta, con recuerdos diferentes y con teologías de fondo distintas en unas comunidades de otras. Estamos en una Iglesia incipiente, con muchas líneas que luego irán fraguando, en los primeros 80 años, en la que llamamos "Gran Iglesia". De ahí las diferencias en el planteamiento de los relatos y las palabras. Sin embargo hay una unidad en la fe de esos creyentes: "Jesús ha resucitado, es el Mesías esperado desde antiguo". Es decisivo reconocer la presencia de tres estadios en la formación de la tradición evangélica. En un primer momento Jesús predica, actúa, hace y habla. Tras la Pascua de Resurrección la primera comunidad anuncia lo experimentado junto a Jesús, están inspirados por el Espíritu Santo, y van recordando y configurando las primeras tradiciones escritas sobre Jesús. Lo primero que se redactó, es lo que más les impresionó, es la Pasión. Estos relatos fueron completados por colecciones de milagros, dichos de Jesús que circulan sueltos por la iglesia primitiva, relatos de las parábolas... Al final alcanzamos una última etapa, en la que los textos son fijados, recopilados y redactados definitivamente. Desde el inicio al final del proceso han podido pasar al menos 70 años. Esta hipótesis, aceptada por casi todos, se le llama teoría de los tres estadios: un Jesús prepascual, una tradición oral pospascual y finalmente la redacción de los escritos evangélicos. El Jesús al que nos referimos es el mismo en los tres momentos, pero la apreciación de la comunidad cristiana no es exacta antes que después. Sabemos, nos lo cuentan los evangelios, que los discípulos no se enteran ni entienden quién es Jesús, hasta reconocerle resucitado. La idea que ellos tienen de Reino y de Mesías es distinta de la de Jesús, y sólo tras la resurrección y Pentecostés, son capaces de dar la vida por lo que creen, antes salieron huyendo. Esta primera experiencia es determinante para la vida cristiana y para la construcción de los Evangelios. Esta experiencia prepascual y pascual es definitiva. Pero también estarán influidos, y aquí podríamos ver la mano del Espíritu, por sus problemas internos y sus contradicciones, por sus enfrentamientos con el exterior y su primera misión en las sinagogas de la diáspora. Detrás del Cristo de la fe, se encuentra el Jesús histórico retocado y trabajado por una comunidad que ha vivido una primera experiencia eclesial en el Espíritu. El relato no quiere tener una intención histórica, sino catequética; por eso abundan estas licencias. Por ejemplo: una comunidad cristiana que ha sufrido la persecución de los judíos y la comprensión de los gentiles, dibujará a los primeros enfrentados a Jesús, y los segundos abriendo su corazón a una nueva fe. El debate de fondo que se planteó, es sobre si queda algo del Jesús original o histórico en los Evangelios. Bultmann, discípulo de Heidegger, responde que la persona de Jesús, el Jesús histórico, fue mitificado tras la resurrección, de forma que nos es imposible conocer perfectamente el sustrato histórico, sólo nos queda el "Cristo de la fe" transmitido por los apóstoles. De ahí que debemos confiar, pensando que tal vez esos relatos no tengan casi nada de histórico, en la simple fe. Esta postura radical fue contestada por la doctrina teológica, sus mismos discípulos fueron más moderados. La tesis contraria, tradicional, en la que acepta totalmente los relatos como históricos, de principio a fin, extremo que también rechazamos. La verdad podría estar en el punto medio, de hecho, los teólogos se han dedicado, durante mucho tiempo, a examinar los textos con detenimiento para tratar de buscar y de indagar cuáles tienen más sustrato histórico, cuáles son exageraciones, cuál ha sido la evolución interna, cuáles las verdaderas palabras del Maestro... Los resultados son interesantes, nos completan y nos descubren que el acceso al Jesús histórico, desde el Cristo de la fe que conocemos, puede ser difícil, pero estamos ante la misma persona. La comunidad cristiana no ha cambiado tanto a su maestro, sigue siendo El mismo: el Señor. La fe pospascual sigue siendo nuestra fe, hemos conocido su verdad, hemos comido con El, somos del Señor, nos ha llamado por nuestro nombre,... Jesús sigue siendo uno y el mismo, los discípulos no mentían, podían ser vasijas de barro y llevaron la verdad desde su experiencia personal y comunitaria, pero no mentían, ni actuaban fuera de la Verdad. En lo esencial respetaron la fe recibida del Señor. Su intención no era ser historiadores, sino testigos. |
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