13. Intro. liter. joánica. Introducción a la literatura joánica.
13. Introducción a la literatura joánica  

INTRODUCCIÓN A LA LITERATURA JOÁNICA.

La literatura joánica, entendida tradicionalmente como del apóstol San Juan, presenta problemas de autoría. Tradicionalmente se pensaba que estábamos ante un único escritor, el Apóstol San Juan, que fue redactor del Evangelio, las tres cartas y el Apocalipsis. Pero esta idea comenzó a hacer aguas precisamente por este último libro. Las dudas se han ido reafirmando a lo largo del siglo XX, especialmente en lo relativo al libro del Apocalipsis, llegando hasta hoy. Nosotros compartimos esa premisa, las distancias culturales, lingüísticas, entre este escrito y los restantes nos hacen concebir dos autores distintos.

La autoría del apóstol joven, llamado San Juan, hijo del Zebedeo, como autor del evangelio y de las cartas también ha sufrido un revés. Tradicionalmente se identificaba al Apóstol San Juan con el Discípulo Amado que sale en los evangelios, de forma que la memoria de esta persona, ya en edad adulta, como parece indicar el final del evangelio, fue la responsable principal de un evangelio tan distinto a los demás. Escribía de sus propios recuerdos y no quiso contar lo mismo. Esta es la afirmación clásica de la teología, hoy puesta en entredicho.

Hoy, se sospecha que no es la misma persona el Discípulo Amado que el apóstol san Juan, se parte del final del evangelio, Jn 21. En ese relato, se menciona, verso segundo, a los discípulos que estaban allí, cita entre otros a los hijos del Zebedeo, sin indicar su nombre. Cuándo más tarde, señala que el apóstol amado se dirigió a Pedro, verso 7, nos sorprende que no use su nombre, como uno de los hijos del Zebedeo. Parecen dos personas distintas, hipótesis que hoy se maneja con fuerza. A partir del versículo 20, el texto es todavía más clarificador. Jesús en diálogo con Pedro habla del Discípulo Amado, el mismo que inclinó su pecho en Jesús en la Última Cena, "¿Qué va a ser de éste?" pregunta Pedro, y la respuesta de Jesús dio lugar a un malentendido entre las comunidades del Discípulo Amado. Ese malentendido entre los cristianos afirmaba que este apóstol no moriría, sino que al final de los tiempos seguiría vivo. Están desmintiendo esta leyenda, aclarando que Jesús no dijo exactamente eso. Si lo desmienten, no puede ser por otra cosa que la muerte reciente de este Discípulo Amado, su cadáver está aún caliente, estaríamos a finales del siglo I. Ni una sola mención a que sea el evangelista Juan, ni el hijo de Zebedeo, no lo identifica como la misma persona, dato contradictorio con la lógica. Nuestra conclusión es que es indudable que se trata de otra persona. La pregunta es quién: le llamamos el Discípulo Amado, aunque sigamos usando el nombre tradicional de San Juan.

Otra consideración sobre el autor aparece en las cartas, ahí se menciona a un anciano, un presbítero, es un jefe de un grupo, que tiene cierta autoridad sobre esa comunidad. Por tanto, cuando hablamos de literatura joánica, el evangelio y las cartas, nos referimos a la comunidad del Discípulo Amado, un grupo cristiano cuya evolución rastreamos en estos escritos. La comunidad del Discípulo Amado son unos grupos cohesionados en torno a un líder, anciano, que ha muerto. Esto nos evoca la crisis de la primera generación de cristianos. Nos recuerda también la relación mayor con la llamada Gran Iglesia, a la que estos grupos trataron de unirse.

Nuestro estudio del Evangelio de San Juan quiere reconstruir diacrónicamente su posible lectura. Es decir, queremos indagar en la historia del texto. Tras esta lectura podremos hacer una lectura sincrónica del texto más correcta en su interpretación y coherencia. Lógicamente no podemos entrar con profundidad en las cosas, nos limitamos a lo esencial.

Para reconstruir el texto Evangélico estudiamos primero las fuentes más originales, más antiguas y que llamamos "Evangelio Base". Después la tarea del llamado "editor", el encargado de redactar la obra y de darle forma. Esta tarea del "editor" fue retocada y transformada por el que llamaremos "último redactor", al inicio del siglo II, que quiere acomodar la obra contra los herejes gnósticos y a favor de la Gran iglesia.

Seguiremos con las cartas que aluden indirectamente a enfrentamientos internos, para terminar con el Apocalipsis, que creemos que debe considerarse como un escrito totalmente diferente de los anteriores. Con dudas fue aceptado en el canon, le salvó la defensa de San Ireneo, que guiado por unas aclaraciones de Papías y Policarpo, relacionó todas estas obras con San Juan.

El trasfondo socio-religioso de este grupo cristiano nos habla de una comunidad expulsada de la sinagoga, enfrentada al judaísmo. Otros autores han querido ver detrás una polémica con los gnósticos, con grupos helenistas heréticos, dualistas que ponen en entredicho a la comunidad del Discípulo Amado. Hoy, sin aclarar lo anterior, se indaga más en cuestiones de tipo sociológico, buscando el lugar geográfico y social de ese grupo.

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