13. Intro. liter. joánica. Evolución e historia de la comunidad joánica: división interna, disolución y encuentro con la Gran Iglesia.
13. Introducción a la literatura joánica  

EVOLUCIÓN E HISTORIA DE LA COMUNIDAD JOÁNICA: DIVISIÓN INTERNA, DISOLUCIÓN Y ENCUENTRO CON LA GRAN IGLESIA.

La comunidad joánica, tras ese periodo de aislamiento tuvo que abrirse a la Gran Iglesia. Este encuentro tampoco fue fácil, es posible que durante estos conflictos muriera el Discípulo Amado, la travesía estaría completada, y en manos de presbíteros, ancianos de ese grupo, cofundadores y miembros desde el principio. El choque con la Gran Iglesia traería un nuevo problema, el que un sector de estas comunidades ya estaba instalada en su aislamiento docetista, su cercanía a grupos gnósticos era equidistante a estos grupos de la Gran Iglesia.

La obra del redactor, de los redactores últimos era la de corregir y matizar los textos del Evangelio Base, ampliado por el "editor", que ahora podrían presentar tendencias docetistas. Quieren evitar este peligro de malas interpretaciones, tendenciosas y peligrosas para los creyentes. La cristología del redactor será antidocetista, resalta la muerte como elemento soteriológico, Jesús verdaderamente muere. La comunidad está más cerca de Pedro, que aparece con fuerza al final del Evangelio. Es inferior al Discípulo Amado en profundidad y fe, pero superior en lo misionero y organizativo. Pedro es también aquí piedra sobre la que edificar la Iglesia. Una Iglesia a la que la comunidad joánica se quiere vincular.

La división de estas comunidades se ponen de manifiesto en las cartas, pertenecerían todas ellas a este periodo. En todas se refleja el antidocetismo y el enfrentamiento entre misioneros recomendados y entre comunidades más o menos heterodoxas.

Esta comunidad joánica quedó dividida en dos grupos, que hoy podemos llamar herético uno y ortodoxo el otro. El herético no dejó rastros en la tradición, desaparecieron, por eso sólo contamos con el testimonio de los más ortodoxos a la fe apostólica. En 1 Jn 2, 19 habla de que salieron de los nuestros, eran de nuestra comunidad, que ahora están alejados. Han convivido juntos y ahora parecen de nuestras comunidades, pero están fuera. Esta discrepancia afectaría a otros grupos, al menos hablaríamos de tres: el ortodoxo, el heterodoxo, y el tercero que puede ser engañado por los herejes.

Parece que estos grupos heterodoxos son docetas, espiritualistas que niegan que Jesús haya venido en la carne, realzan su divinidad. Son además grupos muy "pneumáticos", entusiastas de su vinculación con la divinidad, son hijos de Dios, garantizados por el Espíritu. Por eso se tienden a considerar impecable, inmaculados y poco atentos a la ética y a la vida moral. Es semejante a los grupos a los que se enfrentó San Pablo.

Los grupos joánicos más ortodoxos se muestran abiertos a una tradición apostólica diferente a la propia. Su cristología tiende a ser moderada en el docetismo, incluso resaltan en contraste la carne de Cristo, la encarnación en el himno, la expiación de la muerte en cruz. Eclesialmente se vinculan a sus orígenes: Discípulo Amado y Gran Iglesia en la figura de Pedro. Tratan de volver a dar contenidos éticos a sus comunidades, la clave es el amor y el amor fraterno entre unos y otros.

Estos grupos se disolvieron, tanto unos como otros, de forma que nos es difícil reconocerlos años después, perdemos su rastro. Estos grupos están en una zona amplia, se han extendido, en mi opinión por Samaria, Galilea y Perea, Decápolis y Traconítide. Implicados en la Gran Iglesia se funden con ella, perdiendo su identidad específica, pero aportaron lo mejor que tenían: sus escritos. Los heterodoxos desaparecerían, aislados, o puede que se vincularan a grupos gnósticos, Valentiniano hace un comentario de San Juan, lo cual nos induce a pensar que se fundieron algunos con estas comunidades heréticas.

Los libros joánicos sufrieron una cierta sospecha en contacto con la Gran Iglesia, de hecho hasta San Ireneo, que los apoya y acepta, no parece haber unanimidad sobre su naturaleza, Papías parece no apoyarlos mucho, posiblemente por su utilización por parte de los heterodoxos y los docetistas de esta iglesia del siglo II.

Admitidos por la Iglesia universal, incorporados al canon de libros sagrados, hay que decir que siempre han sorprendido y gustado, por su profundidad y sencillez a la vez. La reforma no discutió estas obras, queridas y estimadas por todos.

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