14. Teo. Revelación. La revelación en los Padres de la Iglesia.
14. Teología de la Revelación  

LA REVELACIÓN EN LOS PADRES DE LA IGLESIA.

No hay una exposición sistemática sobre la revelación en los Padres de la iglesia, pero esto no significa que no exista una construcción reflexiva sobre estas cuestiones. Los padres de la Iglesia insisten en el logos inicial, el Cristo, está presente en la revelación desde la creación y en sus manifestaciones. No es Cristo un "alguien" tardío, sino que ya estaba presente en toda la historia de salvación. Esto es argumentado por San Ireneo o por San Justino en el siglo III.

Más adelante se intenta ver la relación entre revelación natural y sobrenatural, separando el conocimiento natural del sobrenatural, y esto como punto de partida de las distintas manifestaciones de Dios en la historia de salvación. No es igual la presencia de la divinidad en el logos, en la teofanías, en la ley o en la encarnación del Verbo. Los padres griegos centran la comprensión de la revelación en la historia, por eso aunque las manifestaciones de Dios en la historia no se hagan de una vez por todas, pertenecen y guardan una cierta unidad salvífica, una economía de salvación común.

El plan salvífico de Dios pasa por varias fases: un primer momento en la preparación de la llegada del Mesías, Dios se hace presente en el AT. En un segundo momento se produce la encarnación del Verbo, en un tercero los apóstoles, desde la experiencia pascual anuncian que Cristo ha resucitado. El cuarto momento sería el dibujo de los tiempos de la Iglesia, referente del momento actual, y finalmente la revelación al final de la historia, el momento escatológico final de la revelación, la plenitud.

Hay en los Padres una comprensión de la revelación con unas claves personales, como interrogante y decisión para el hombre de hoy. También es importante lo histórico: Dios se manifiesta en los acontecimientos de la historia, por eso hablamos de historia de salvación. El contexto de la revelación no es algo personal sino también eclesial, comunitario o grupal. Finalmente hay una dimensión existencial. La revelación es constantemente una invitación al cambio de vida, a la conversión, para dar sentido al sinsentido del hombre de aquel tiempo.

San Agustín fue educado en la cultura clásica romana, pero conoce el mundo oriental. Su madre era púnica, por lo que comprendió mejor la mentalidad semita en la que está escrita la Biblia, provocando un diálogo entre ambas culturas. Para él, la revelación es la comunicación de la doctrina de salvación, la gracia que estaba oculta en el AT, se hace patente en el NT. Esto se hace ordenadamente, los tiempos de salvación están separados en tres periodos. Un primer momento iría desde Adán hasta Moisés, en la conciencia del hombre está la idea de Dios en la historia, es una manifestación inicial. Un segundo momento, desde Moisés hasta Jesucristo, y un tercer momento culminante, Cristo como plenitud de la revelación y de la vida comunitaria.

La voluntad de Dios está oculta en el principio, está velada, no es trasparente, aunque está ya presente. Por eso, es notable que algunas personas vivan su fe como en el AT, sujetos al mandato de la Ley, y no bajo la fuerza del Espíritu. El tiempo de fe en el que vive una persona puede no estar adecuado a la etapa de la revelación. Por eso, para San Agustín, la adhesión a la persona de Cristo y su aceptación como mensaje revelador, son lo propio de la actualidad.

El objeto de la revelación es la voluntad salvífica de Dios. San Agustín no entiende la revelación como algo objetivo, como un conjunto de creencias, de conceptos a los que adherirse, más bien lo concibe como un cambio en la relación del hombre con Dios. Se insiste en la dimensión personal de la fe, no son conocimientos fríos y ajenos al hombre, sino que es una actitud hacia Dios.

La comprensión de la revelación es entendida en San Agustín como inteligencia de las Escrituras Sagradas. Lógicamente la inteligencia del AT era distinta al del NT. En el primero se busca el creer y ser justificado, en lo segundo la revelación es total, es Cristo. Los lectores posteriores al NT pueden y deben ser capaces de mantener esta experiencia igual que los mismos autores inspirados. Las Escrituras son un medio por el que el creyente pueda contemplar el misterio revelado. Lo articula en la expresión: "credere et intelligere", creer es la respuesta del hombre ante la revelación, la inteligencia entra como efecto de esa inspiración de Dios.

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