15. Teodicea. El lenguaje para hablar de Dios: la analogía
15. Teodicea  

EL LENGUAJE PARA HABLAR DE DIOS: LA ANALOGÍA

Un problema con el que nos tropezamos es el del lenguaje. ¿Cómo comprender a Dios desde un lenguaje humano? ¿ Cómo podemos saltarnos las categorías? Nos gustaría disponer de un lenguaje adecuado, suficiente, preciso y comprensible, pero cuando hablamos de Dios, parece que todas las palabras se vuelven insuficientes, imprecisas, parciales y subjetivas. Nuestro lenguaje es limitado, y somos especialmente conscientes cuando tratamos de hablar de Dios. Pretendemos la objetividad y la precisión con las palabras, pero somos prisioneros de ellas, nos ayudan, pero no nos satisfacen totalmente. La utilización del lenguaje en categorías exactas, siempre da los mismos resultados, se acaba discutiendo sobre el significado del término empleado, significados que además están en constante evolución. Nuestro lenguaje varía, se actualiza y envejece con el tiempo. Por eso hablar de Dios es difícil, es un reto cualquier discurso, y el relativo a la divinidad es más complejo.

Las palabras que forman el lenguaje son en ocasiones equívocas, tienden a confundirnos, nos dan varios significados en una misma expresión. Se debe buscar el contexto. Por eso la teología, que se forma con lenguaje, va a resultar insuficiente al hablar de Dios. Esta es la razón por la que el lenguaje de la teología se actualiza y se pone al día cada no mucho tiempo. El lenguaje de los dogmas se va mejorando con el tiempo, lo mismo que la labor teológica. Este problema del lenguaje conceptual, también lo sufren otras ciencias, con mejores o peores resultados, pero siempre condicionados a su actualización y matiz. El lenguaje conceptual, nos resulta demasiado cuadriculado y cerrado para matizar quién es Dios, aunque tampoco podemos negarlo ni dejar de usarlo.

El lenguaje que más nos puede servir por su capacidad y fuerza es el lenguaje intuitivo, analógico, poético o narrativo. La apertura de posibilidades, y la búsqueda de su auténtico significado, da al oyente una riqueza mayor, es más profundo, aunque más impreciso. En la Sagrada Escritura esto es muy claro, Jesús se dirige a su auditorio, no con un discurso conceptual, sino contando, por medio de relatos y parábolas, quién es Dios o cómo es el Reino. La idea que nos hacemos de Dios oyendo la parábola del hijo prodigo, es bastante más profunda, intuitiva y experiencial, que un conjunto de definiciones sobre el perdón y la naturaleza de Dios. También éste lenguaje analógico será insuficiente para definir a Dios, porque el Misterio de Dios es insondable, pero al menos llega al corazón del hombre, y con ayuda del Espíritu Santo, permite la conversión de las personas. San Juan de la Cruz explica mejor quién es Dios en los poemas de "Noche oscura del alma", que cualquier tratado de teología de la época. El lenguaje que empleamos para Dios debe tener las dos cualidades, sabiendo de las características y limitaciones de cada una. La teología tiene una deuda pendiente con el lenguaje de su tiempo, que debería actualizar y mejorar, para acercar a Cristo a los hombres de hoy. No olvidemos que le hombre posmoderno gusta de los lenguajes analógicos, y huye de los conceptuales. Nuestra deuda está en tratar de acercar el Misterio inabarcable de Dios a los hombres de hoy.

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