| 15. Teodicea |
| CONCEPTO
DE DIOS EN LA MODERNIDAD (II): EL TEÍSMO DE KANT, SIGLO XVIII. Kant parte del hombre, que pone en el centro de su vida tres interrogantes: ¿Qué puedo conocer?, ¿qué puedo hacer? y ¿qué puedo esperar? Responderá en el saber con la metafísica, en el hacer con la ética y en el esperar con la religión. En su libro "Critica de la razón pura" tratará del conocimiento seguro de los hombres, en "Crítica de la razón práctica" hablará del hacer y el esperar. Respecto al conocer humano sintetiza las dos corrientes del momento: el racionalismo y el empirismo; es decir, conocemos por la razón o a través de la experimentación y la observación de los sentidos. Su intuición es el despertar del sueño dogmático. Los hombres conocemos la realidad desde los condicionamientos a priori. La realidad del mundo se convierte también en algo desconocido e inasequible, por eso es imposible el acceso a Dios desde nuestras categorías del entendimiento. Nosotros estructuramos la realidad, pero no son propiamente categorías de la realidad en sí. Nuestra idea de Dios es una idea apriorística creada por nuestra razón, no podemos decir que le corresponda la realidad en sí. Querer alcanzar a Dios por la misma razón es imposible. Kant afirma también que aunque no podamos alcanzar a Dios por la razón pura, sí podemos afirmar la realidad de Dios como postulado de la razón práctica. El sentido de la razón especulativa era estructurar en conocimiento los datos que percibimos de la experiencia mundana. La función de la razón práctica es garantizar el sentido de la acción moral y libre del hombre. Ese es el imperativo categórico, hacer el bien. El deber es un apriorismo de la razón, es la idea de hacer lo bueno y evitar lo malo, ese es el camino de la felicidad del hombre. ¿Qué campo queda para el esperar, en el que incluimos la idea y noción de Dios? Si el deber era perseguir la felicidad, el hombre capta que lo que persigue es factible, es posible alcanzarlo, porque de lo contrario no lo intentaría. Si buscamos algo es porque creemos que podemos encontrarlo, porque sino, no lo buscaríamos. Tiene que haber otro mundo, una realidad trascendente que podamos alcanzar, por eso debe existir Dios. Nuestra aspiración a la felicidad sería un absurdo si Dios no existiera. Esto no es realmente una demostración sino un razonamiento. Esta es la clave de Kant, que no somos lo suficientemente libres para negar la existencia de Dios, pero tampoco para afirmarla. Las posibilidades del deber humano tienen sentido desde Dios y su existencia, porque sino, no son justificables. Con Kant volvemos de nuevo a la antigua idea de la esencial incognoscibilidad de Dios. Se recupera la analogía para el lenguaje dirigido a Dios. Pero esa será también su limitación, su incapacidad de demostrar y de mostrar objetivamente a Dios. Será la puerta abierta para las llegadas de los idealismos primero y del positivismo, donde sólo existe aquello que se puede demostrar. Con ese sistema ético, que podemos denominar teísmo moral, Kant inaugura una nueva etapa, de acceso a Dios desde lo existencial, y no como final de un razonamiento teórico. En este sentido, el deber moral no dibuja a Dios como controlador en una legislación ética, sino como autor y fundamento del hombre y su libertad. Dios quiere que el hombre sea él mismo, en el fondo nada hay por encima del hombre. La disyuntiva entre Dios y el hombre enfrentados, están aquí en equilibrio. Dios quiere que el hombre sea autónomo. Desde esta perspectiva, quedan fuera y son discutibles, porque Kant no lo acaba de resolver, el problema del mal moral y del pecado. Las carencias y postulados de Kant permanecerán decisivamente en el futuro. De hecho, gran parte de los problemas de la filosofía posterior son influenciados decisivamente por Kant. |
| << | >> |