15. Teodicea. Concepto de Dios en el siglo XIX (II): Marx, Freud y Nietzsche.
15. Teodicea  

CONCEPTO DE DIOS EN EL SIGLO XIX (II): MARX, FREUD Y NIETZSCHE.

Marx, nuestro siguiente autor, toma de Feuerbach su crítica a la religión, como una proyección de lo inexistente, pero camina hacia una visión más social. Es también discípulo de Hegel y lo consideramos representante de la llamada izquierda Hegeliana. Marx lee la historia desde el punto de vista de la economía, y hace una lectura desde el enfrentamiento humano: entre opresores y oprimidos. El centro de la historia no será el espíritu, como en Hegel, sino que lo será esa opresión de unos hombres contra otros, siempre buscando lo económico: el interés y el capital. Para Marx, todo está al servicio de estos poderosos dominadores, incluyendo la religión y el derecho, a los que denominará superestructuras, frente a la estructura económica, motor de la humanidad. Eso hace que el hombre esté alienado, oprimido, drogado y dormido. La única liberación del hombre pasa por la lucha de clases, la revolución y el enfrentamiento contra los opresores por la libertad. Sólo así el hombre podrá ser dueño de su producción y de su trabajo. Explora así una sociedad hipotética y utópica "comunista", "a cada cual según sus necesidades".

Para Marx el hombre está alienado. La alineación religiosa es el resultado de la alineación económica y social del oprimido. En Marx "la religión es el opio del pueblo", la droga que tranquiliza. Es una proyección humana para huir de éste mundo. Concibe a Dios como consuelo ante la miseria del mundo actual. Ante la liberación del hombre, la religión es conservadora, adormece, predica la sumisión y el consuelo. Narcotiza al hombre y le impide recibir la semilla de la revolución. Para Marx, Dios no existe, pero incluso su misma idea es mala si queremos emancipar a los hombres. La noción de praxis incluye la autocreación del hombre y la transformación de la naturaleza. La trascendencia queda anulada, es inútil toda intervención de Dios. El hombre es el dueño de sí mismo, debe adueñarse de sí mismo.

Podemos aceptar en parte sus argumentos, es cierto que la religión ha podido estar demasiado del lado de los opresores, o que haya sido utilizada como bálsamo de la injusticia, pero también la religión ha tenido el efecto contrario en muchas ocasiones históricas, ha estado junto a los oprimidos y ha buscado su libertad. La experiencia práctica del comunismo ha llevado en todos sus intentos a un cierto fracaso, posiblemente por su incapacidad para responder al hombre en su Misterio, no todo es inmanente, hay algo del hombre que nos apunta a lo trascendente, al sentido,... el hombre es algo más que trabajo.

El pensamiento de Freud, considerado junto con Marx y Nietzsche los maestros de la sospecha, ha ejercido una influencia interesante sobre la valoración de la experiencia de Dios. Freud hace alusión al origen de la religión como algo negativo, también creación del hombre. Explica la religión como una neurosis colectiva, como una respuesta colectiva a las frustraciones, a la angustia. Como una satisfacción del sentimiento de culpabilidad, al miedo a la muerte, o como solución al complejo de Edipo.

Para Freud el poder de la religión es muy grande, ya que pretende llenar la vida de los hombres. Quiere explicar la realidad, consolar el dolor y afrontar lo desconocido fijando normas y prohibiciones, en el fondo con una función coactiva. Piensa Freud que el objetivo de la religión es dominar el mundo de los sentidos, mediante un mundo irreal que los hombre creen y desarrollan. Dice que el Dios juez de las religiones, representa la figura paterna, el padre protector y represor, es el padre idealizado y odiado por un niño infeliz. El ser humano, que ha perdido el paraíso originario o el seno materno, inventa a Dios como padre. En este sentido es una neurosis. La religión para Freud es una especie de delirio colectivo, una neurosis colectiva.

Lógicamente su noción de Dios está muy condicionada por una imagen negativa, represora, parcial de Dios. No maneja conceptos de la filosofía, de ahí que fuera criticado muy pronto. La idea de Dios es parecida a la de Feuerbach, es una proyección del hombre, en este caso neurotizante y enfermiza. La religión y creer en Dios es en Freud una enfermedad. Sus conocimientos de la fenomenología de la religión son escasos, y fruto de su experiencia negativa personal, es demasiado subjetivo. No cuadra con la idea de Dios de la visión Griega, sino con la de la paternidad de Dios. El Dios personal es una proyección de la personalidad neurotizante.

Los creyentes no son más enfermos mentales que los no creyentes. Es más, posiblemente en muchos casos ni se les distingue. Tampoco todas las religiones tratan a Dios como padre, pensemos en el budismo, por ejemplo. Si la religión es una neurosis colectiva, entonces la mayoría de las instituciones humanas también lo son. Freud es un intento interesante de negación de Dios desde los psicológico, pero no es suficientemente sólido. De hecho fue muy contestado por otros psicólogos contemporáneos.

Nos vamos con nuestro último autor, representante del ateísmo moderno. Nietzsche, al que consideramos profeta de la muerte de Dios y de la grandeza del hombre. Afirma Nietzsche, y profetiza, que el hombre debe seguir evolucionando, es un animal cuyo tipo no está determinado y que debe favorecer su propio crecimiento evolutivo. El ser viviente desea la vida, que es en sí misma voluntad de dominio, posesión de sí, absoluta libertad, es la capacidad de crear valores nuevos y de alcanzar una independencia sin límites. Desde aquí llega a la noción de superhombre. Es necesario un hombre nuevo que rompa con Decálogos, con servidumbres tradicionales y con leyes morales. La moral para Nietzsche es siempre moral de esclavos, moral de los dominadores, el superhombre está por encima de la moral y de Dios.

De nuevo el obstáculo para el advenimiento del superhombre es la presencia de Dios. De ahí que afirme que Dios ha muerto, y sólo con su muerte podremos estar en paz. Piensa Nietzsche que el cristianismo tiene un efecto pernicioso, que es adormecedor para el superhombre. La compasión no es sino una forma de esclavitud. Pero la realidad es otra para Nietzsche, Dios ha muerto, Dios está muerto, ya no nos importa. El hombre debe matar a Dios para ser libre.

Esta idea de Dios, como contraria al hombre, es muy común en la modernidad, sin embargo la respuesta de la posmodernidad es demoledora. El hombre ha fracasado, solo puede olvidar y divertirse, renuncia a pensar y a la historia. Tras el siglo XX, el anuncio del superhombre se cae. Se cae ante el las guerras mundiales, el nazismo y el holocausto Europeo, se cae ante las masacres de tantos lugares de la historia. La moral no conviene destruirla porque nos quedamos sin humanidad. La compasión ante Auschwitz era necesaria, aunque a Nietzsche le pareciera una esclavitud. El superhombre no es sino un mal hombre, un hombre inferior y embrutecido. Dios puede ayudar a hacer un hombre más libre.

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