19. Escatología. Escatología y Antiguo Testamento.
19. Escatología  

ESCATOLOGÍA Y ANTIGUO TESTAMENTO.

La escatología bíblica del AT está muy relacionada con la antropología teológica, el hombre entendido como principio y final. Tiene una conexión con la protología, que sería el estudio del origen, y la escatología, estudio sobre el final de los tiempos, cuyo nexo de unión es el hombre. Al no estar presente la experiencia de Cristo resucitado, la escatología veterotestamentaria pasa necesariamente por el conocimiento de la naturaleza humana. Es importante añadir que la concepción escatológica de Israel se fue elaborando poco a poco, no ha permanecido igual durante los siglos, siendo decisiva la influencia del helenismo, cuya escatología estaba más evolucionada. Pensemos en la idea del "hades", el infierno griego, similar al mundo de sombras del "sheol" judío. Tampoco podemos olvidar la filosofía de Platón, el hombre es inmortal y las almas se reencarnan sucesivamente. Todo esto influenció en el judaísmo tardío.

El pensamiento semita maneja una concepción lineal de la historia. Los sucesos y la intervención de Dios se hace en los acontecimientos de la historia, que están abiertos al futuro. Yahvé actúa de manera especial y decisiva para la salvación del pueblo de Israel, el futuro no está escrito, se va escribiendo. Esta idea de linealidad, que también tenemos en nuestra cultura contemporánea, contrasta con la concepción cíclica del mundo y de la comprensión de la historia por parte de los griegos. El mundo griego concibe un mundo cerrado y repetitivo, la historia y la intervención de los dioses está mediatizada por la repetición futura de los acontecimientos. El Destino es uno de los soportes religiosos de la escatología de la cultura greco-romana. No es posible ir contra el destino.

Si abordamos las raíces de la escatología judía comprobamos que la antropología hebrea no concibe la idea de más allá, de vida tras la muerte. La vida es algo insuflado por Yahvé, es un regalo de Dios. Ellos identifican la vida con la respiración, mientras se está vivo se respira, es la "ruah" de Yahvé. Por eso con la muerte, el aliento divino vuelve a su creador, se expira. Las vidas ideales para el mundo clásico hebreo son largas y llenas de fecundidad, pero la muerte acaba con ellas, no hay una idea de inmortalidad, salvo la aplicada para Yahvé.

Sin embargo, con el tiempo, y en contacto con el helenismo, se va intuyendo la creencia en una vida tras la muerte. Su concepción es retributiva y muy material, como devolución de lo ofrecido a Yahvé. El ejemplo más típico es el de 2 Mac 12, 42, seremos recompensados con otra vida puesto que hemos defendido y entregado ahora la nuestra a Yahvé. Lo justo es que Dios nos la devuelva. Es una escatología más individual, se le devuelve la vida para que la vuelva a vivir, teniendo la muerte acechando de nuevo, es una segunda oportunidad pero no ilimitada ni eterna. Es una resurrección material, el muerto se levanta de su tumba, pero volverá a morir. Es una resurrección sólo para los buenos, lo malos no resucitan.

Con el tiempo también esta idea evoluciona hasta pensar y creer en una vida después de la muerte. El día final del Juicio, el Día de la ira de Yahvé, se producirá el juicio para los hombres, la resurrección de los justos. Claramente hay una influencia egipcia y helénica. El mundo hebreo aceptará con muchas dificultades la escatología comprendida como vida tras la muerte, y cuando lo hace es muy relacionado con la vida que llevaba. Por eso no es de extrañar la discusión entre saduceos y fariseos sobre la vida futura, unos niegan esta posibilidad los otros la afirman, pero ninguno lo entiende como algo distinto a la vida presente, Mt 22, 23-33.

Hay una separación entre una escatología individual y colectiva. La primera está relacionada con los casos individuales de muerte. "Este que ha muerto, ¿a dónde va?". Pero la concepción colectiva está también presente como final de la historia del pueblo Judío, incluso más que final, como un punto y aparte, una puerta a una vida colectiva nueva. Otra vez el carácter histórico de la experiencia judía es importante, Dios ha intervenido en la historia numerosas veces para salvar y redimir a su pueblo, lo hizo en Egipto, lo vuelve hacer con el Rey Ciro y con el fin de la deportación. Es una salvación colectiva, de todo el pueblo, es también el castigo colectivo, para todos se produce la deportación. Esta salvación se extiende al final de los tiempos, en un periodo nuevo donde el pueblo de Israel es reconocido por todos como el pueblo elegido por Dios. El Mesías, el nuevo David, lo dirige y preside, es un triunfo de Yahvé en favor del pueblo elegido, un acontecimiento de la historia de salvación que aún no ha llegado.

Este "kairos" o tiempo nuevo, suponía la llegada del llamado "Reino de Dios", un reino que significaba el triunfo de Dios, el esplendor y el reconocimiento de Israel para todos. Sería el final de las desgracias de los hombres, de un nuevo paraíso perdido y ahora devuelto. La visión semita es excesivamente inmanente para nosotros. Para el judaísmo, el Reino es una fuerza política y nacional, una restauración total y absoluta, guiada por Yahvé. Tardíamente significó además una etapa de cumplimiento de la Torá, un nuevo periodo de la historia, distinto y glorioso. El tiempo mesiánico se iba a caracterizar, y así lo profetizaba los libros sagrados, por un don de profecía para todos, todos hablarían la lengua de Yahvé, todos inspirados por Él, siendo el Mesías una especie de gran profeta, un nuevo Moisés, un único y eterno sacerdote, al estilo de Aarón y Melquisedec, que eran las figuras que mejor simbolizaban el sacerdocio Judío.

La escatología Judía era esperanzadora, esperaba algo del futuro, sus matices incluso podrían tener algo de apocalíptico, se espera sin conocer, y viendo la superioridad de otros pueblos, pero el pueblo Judío anhelaba la manifestación del Reino y del Mesías. La llegada y la acción y presencia de Cristo no podía dejar indiferentes a ninguno. De hecho los discípulos de Juan se acercaron a Jesús para preguntarle, "¿Eres tu el Mesías o tenemos que esperar a otro?", Mt 11, 2-5. Es un retrato de toda la sociedad ante la persona de Cristo, es también la respuesta de Pedro en la intimidad, "Tu eres el Cristo, el hijo de Dios vivo". Mt 16,16.

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