| 20. Mariología |
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DOGMA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN. FUNDAMENTOS Y ELABORACIÓN. En este proceso de gestación del dogma, se puede ir hablando de una fe implícita, que va dando paso a una fe explícita. La tradición cristiana favorable al dogma se suele apoyar en dos textos bíblicos. El primero de ellos es el del Génesis 3, 3-15, donde se narra la caída del hombre, el pecado de Eva y Adán. Aparece una descendencia que pisa la cabeza de la serpiente, (la duda es quién mata la serpiente, María o Cristo), es el asunto de la antítesis entre María y Eva, por un lado, y Cristo y Adán por otro. El segundo texto de apoyo al dogma es el de Lucas 1, 28, en el que el ángel Gabriel dice "María, llena eres de gracia", de lo que se podría deducir una gracia especial. Son textos importantes, pero directamente no encontramos una indicación formal explícita del dogma de la Inmaculada Concepción, sino sólo algunos indicios oscuros e implícitos, que con el tiempo van aclarando la cuestión. La cuestión dogmática pasa por diferentes interrogantes, se busca un equilibrio dogmático con otras cuestiones, como por ejemplo como situar la redención de María. Si María necesitaba la redención de Cristo, entonces es que era pecadora, algún pecado tendría, sino no hubiera tenido necesidad de ninguna redención. De hecho son numerosos los Padres de la Iglesia que entienden que María tuvo debilidades, tampoco son pocos los Padres que opinan lo contrario, y que con el tiempo se van imponiendo en su teología, especialmente empujados por el sentir popular. San Justino y San Ireneo ponen a María en contraposición a Eva, en ese juego de la antítesis empleado por San Pablo en sus cartas. Incluso hay una imagen, en algún evangelio apócrifo, (Santiago), que coloca a María como nacida también virginalmente, eximiéndola así de todo pecado. En la liturgia, en la fiesta antigua y tradicional de la concepción de Santa Ana, madre de la Virgen, se fue desarrollando la doctrina de que Maria fue concebida de modo extraordinario, con una santidad especial. Otros autores van mostrándose más favorables a la concepción virginal de María, por ejemplo, San Ambrosio habla de María como la libre enteramente de toda mancha de pecado. San Agustín presenta sin embargo a María como pecadora, dado que fue concebida de manera normal, heredó por la concupiscencia el pecado original. La evolución de la Patrología Oriental iba dando lugar a una interpretación más positiva de María, no así Occidente, donde continuaba la cuestión realmente confusa. Llegado el Medievo, en Occidente será una de las cuestiones más importantes en las disputas teológicas. San Anselmo no concibe que Maria se quede fuera de la redención, pero la sitúa como la primera y más excelsa Santa de la Iglesia. San Bernardo sigue la doctrina de San Agustín, si hay redención es porque habría algún pecado, aunque sólo fuera el original.. La aceptación de la Inmaculada Concepción se va abriendo camino gracias a los teólogos anglosajones, Eadmero de Inglaterra que formula la tesis que luego será el fundamento del dogma. Dice que, si Dios podía hacerlo y sí Dios quería hacerlo, entonces, razonando lógicamente, ¿por qué no lo hizo?: "potuit, voluit, ergo fecit", si podía y quería, entonces lo hizo. También se incorpora, siglos más tarde, un concepto nuevo, como es el de la redención preservativa. María fue redimida antes de ser contaminada por el pecado original. Estos autores se van abriendo paso en el Medievo, hasta superar los concilios más importantes del mundo moderno. En Trento la cuestión no se planteó, aunque quedó abierta la posibilidad. Popularmente la devoción a María crecía, instituyéndose la fiesta de la Inmaculada Concepción en el año 1708 con Clemente XI. La devoción popular de la Iglesia ya estaba celebrando lo que los teólogos todavía no acababan de resolver. La aprobación y proclamación del dogma se debe al Papa Pío IX, que en el 1849 hizo una consulta universal a los obispos, manifestándoles el sentido común de los fieles, y pidiéndoles opinión sobre la cuestión. La inmensa mayoría del episcopado fue favorable al dogma. El Papa solemnemente lo proclamó en la bula: "Inefabilis Deus" en el 1854. La fórmula dice: "... proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los meritos de Cristo Jesús, salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles...". En esta definición está empleando Pío IX toda su intención y autoridad Papal, dice que no es opinión personal, sino que le da toda la autoridad que deriva de Cristo y a través de Él. Es una verdad evidente dadas las dos fuentes de la revelación: Sagrada Escritura y Tradición. Eso que recibe María es además singular y privilegiado, no es el modo ordinario, sino algo especial. María es redimida por Cristo, pero anticipa su redención al momento primero, siendo así concebida sin pecado original, está bebiendo de la grandeza de Cristo, que extiende y enaltece a su Madre. Hoy el interrogante principal está en relación con varios puntos que conviene comentar. Si María es inmune al pecado original, lo es por ser la madre de Dios. De alguna manera era bueno que quedara preservada sin pecado desde el principio. La actitud de María es siempre propicia a esta consideración, dado que María coopera con la redención de Cristo, su "fiat" es la entrada de la salvación a los hombres. Ser Inmaculada la predispone de manera especial a la maternidad de toda la humanidad. La exageración de la Inmaculada Concepción es pensar que María no tuvo pecados, porque no fue tentada, o que en su vida no hubo posibilidad alguna de negarse a la divinidad. En esta pérdida tan absoluta de libertad no vemos sino una exageración, dado que el mismo Cristo fue tentado. Sumergir a Maria en una clave que niega la libertad es tanto como suprimir su humanidad. María fue tentada, pero superó la tentación, con la ayuda de Dios. Más bien supone que el que tuvo, retuvo. María tuvo la gracia de ser Inmaculada, y supo fortalecer y edificar esa gracia. Hay otro aspecto del tema. Si por el pecado vino el mal y la muerte al mundo, la situación de María, sin pecado, hizo pensar a algún teólogo que ésta no podía morir. Esto no nos parece adecuado, Cristo murió, y María también, sufrieron el mal del mundo, pero eso no significa que lo causaran. Derivar el mal y la muerte, y sacar a Maria de ambos es otra exageración. En el fondo del problema de la Inmaculada Concepción subyace una cuestión más trascendente, que es el problema de qué entender por pecado original. María quedó libre del pecado original, pero la cuestión es qué entendemos por pecado original. Para Ratzinger sería una imposibilidad de relación del hombre con Dios, algo que interfiere y rompe esta capacidad de comunicación del hombre con Dios. Sólo Cristo reconstituiría la comunicación y el diálogo con Dios. El pecado sería la diferencia entre lo que soy y lo que debería ser. En otra concepción más evolucionista, el pecado original derivaría del negarse a seguir convirtiéndose y creciendo, dentro del proceso de gracia y Cristificación de Dios, según expresa, por ejemplo Teilhard de Chardin. Maria aquí no opondría oposición a la gracia. Schoonenberg entiende el pecado original como imposibilidad de amar, siendo Maria impermeable al pecado. Como dato, y en una perspectiva positiva, la Inmaculada es un signo manifiesto del amor gratuito del Padre, que desde su iniciativa, y como acto soberano y libre, la excluye del pecado. Es un aspecto de la gratuidad de Dios en su criatura María, que apreciamos como signo de la gloria de Dios. Pero además, la Inmaculada es un signo de la redención perfecta que Cristo obra en los hombres. María es ejemplo de salvación, y de vida. Así aparece en Lumen Gentium en el número 56, María santa e inmune de toda mancha de pecado. |
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