| 20. Mariología |
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DOGMA DE LA VIRGINIDAD DE MARÍA. Esta creencia es entendida como tal desde el inicio de la Iglesia cristiana, de hecho aparece en la Escritura. La virginidad de María habla de una especial concepción y maternidad de María, relativa al Hijo de Dios. En la tradición Judía ser virgen, no era del todo bien visto para una mujer casada. La fecundidad era un valor cultural importante. La mujer estéril era considerada como olvidada en su fecundidad por Yahvé. De hecho, los musulmanes, que veneran a la madre del profeta Jesús, les cuesta comprender dos cosas: una es la virginidad de Maria, la segunda es el celibato escogido por Cristo. Esa pureza, ajena a las relaciones afectivo-sexuales, es mejor valorada en la cultura griega. El cuerpo y la materia es considerado inferior, y el celibato es entendido como una elevación sobre la materia. La Tradición de la Iglesia sostiene la virginidad de María antes del parto en sus símbolos de fe. Cuando se cita a Maria, se hace añadiendo "virgen". El mismo Concilio de Éfeso del 431, ratifica el dogma de María virgen, la menciona como "la Santa Virgen es madre de Dios". Cantidad de textos y de símbolos de fe menores incorporan muy a menudo la virginidad de Maria antes del parto, la concepción original de Jesús es repetida en la fe de la Iglesia. Esa misma tradición creyente en la virginidad de María antes del parto, fue extendiendo al resto de la vida de Maria. Difícilmente era comprensible que habiendo Dios preservado a Maria Virgen, luego no hubiera sido valorada tal condición para el resto de su vida. Estas reflexiones se gestaron a finales del siglo IV, al igual que se va configurando también el dogma de la Inmaculada. María es virgen antes, pero también durante el parto y después del parto. Evidentemente podía chocar con los textos donde se alude a los hermanos de Jesús, pero la tradición cristiana nunca encontró una especial dificultad en conciliarlos. La siguiente referencia magisterial está en el Concilio Primero de Letrán del año 649, donde se indica y se habla de la "siempre virgen María". Indica en el canon tercero, refiriéndose a Cristo, que "incorruptiblemente le engendró, permaneciendo ella, aun después del parto, en su virginidad indisoluble,..." Por tanto hay una ratificación, una extensión del dogma, que se va configurando expresamente, lo que hasta entonces parecía tácito. Se vuelve a repetir en el XI Concilio de Toledo del 675, de ámbito regional, donde ya está la mención también de la Inmaculada. La fórmula empleada es la de "María, siempre Virgen". La palabra "siempre" indica el antes y el después. La implicación del dogma de la virginidad de Maria tras el parto, es constante desde entonces en la tradición cristiana. Es singular, no obstante, la relación que tiene con el dogma de la Inmaculada Concepción. En la Constitución "cum praexcelsa" de 1476 se declara que María continuó sin mancilla tras el parto, y lo relaciona con la Inmaculada. La concebida sin mancha, luego no pecó, no tuvo relaciones sexuales. Trento ratificó de una manera expresa el Magisterio, negado parcialmente por los protestantes. El Concilio ratificó en 1555 que María fue Virgen antes del parto, en el parto y perpetuamente después del parto, aunque no entra a analizar nada más. La tradición de la Iglesia del Concilio Vaticano II ratificó la virginidad antes del parto con más insistencia, dado el deseo de recuperar el uso de la Escritura en sus elaboraciones magisteriales. En el número 63 de LG se menciona a Maria como modelo de virginidad y de maternidad especial. El Concilio extiende la virginidad, no ya como una mera cuestión física, sino como un don espiritual, un elemento de pureza e integridad en su persona, y en su fe, esperanza y caridad. La virginidad de Maria chocó radicalmente con el espíritu racionalista de los últimos siglos. Esto es evidente, estamos ante uno de los dogmas más difíciles de concebir en nuestra sociedad desmitologizada, donde no hay lugar para el milagro ni lo sobrenatural. Por eso en esta perspectiva, tan extendida durante el siglo XIX, la virginidad de María se consideraba algo imposible, dada la barrera física. La lógica del acontecimiento responde a una racionalidad diferente a la racionalista, la virginidad es un don, no un mero fenómeno físico. Schoonenberg, en el siglo XX, ha considerado la virginidad como una cuestión abierta, especialmente en lo que atañe a su realidad biológica. No cierra ninguna puerta. La duda de la virginidad de Maria llega hasta su comprensión de la encarnación del Hijo de Dios. Hans Küng dice que el nacimiento virginal no puede entenderse como algo histórico ni biológico, que es un símbolo lleno de significado, y ese significado es el nacimiento de una nueva humanidad, el inicio de algo nuevo. Entiende que no debe ser quitado de la liturgia, basta con interpretarlo honestamente. La virginidad de Maria es, en mi opinión, una extensión de la realidad sobrenatural de Dios sobre esta criatura tan especial como es María. La acción de Dios no acaba en la Inmaculada Concepción, sino que continúa en su virginidad, su pureza sin mancha a lo largo de la vida. El milagro está presente también al fin de su vida, con la asunción en cuerpo y alma a los cielos. María es el signo constante de Dios en medio de nosotros, el milagro de amor de Dios con nuestras vidas, también en lo sobrenatural. |
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