21. Antropología. El evolucionismo y la creación.
21. Antropología  

EL EVOLUCIONISMO Y LA CREACIÓN.

La filosofía clásica afirmaba para el origen de las especies la teoría del fijismo en el origen de las especies. Éstas surgían separadas unas de otras. Sin embargo, a partir de Darwin, y otros investigadores del siglo XIX, se empezó a considerar la posibilidad de que el mundo no era tan estático, y que unas especies evolucionaban en otras en el curso de miles de años, y en base a algunas leyes particulares. Darwin diseñó junto con Malthus la teoría que más prestigio alcanzó: la selección natural, donde sobreviven las especies más fuertes y mejor preparadas. El problema que se planteó en aquel momento es que para algunos teólogos formados en la filosofía clásica, era imposible concebir al hombre evolucionado, por ser contradictorio con la lectura Bíblica, que les parecía casar mejor con el fijismo. Hoy podemos afirmar sin reparos que la Biblia no indica ningún tipo de teoría sobre el origen del hombre, sino que hace una afirmación central para la fe, Dios crea al hombre, aunque no diga como lo crea.

Así pues, la evolución podemos considerarla como el cambio de la materia a lo largo del tiempo, en un fenómeno complejo por lo grande que suponen las distancias y las dimensiones del universo. Hoy la teoría de la evolución es aceptada, a pesar de ofrecernos más desconocimiento que luz, sin embargo, parece la más probable para la mayoría de los científicos. Según el evolucionismo contemporáneo, el mundo tendría su origen en el "big bang", "el gran estallido", en segundos se fue configurando la materia, que en expansión inició la fuga y el movimiento de las galaxias. Los científicos calculan 20 billones de años desde aquella explosión inicial. En ese proceso de alejamiento se produce el enfriamiento y la aparición de galaxias, estrellas, planetas u otros cuerpos celestes. La tierra, nuestro planeta, se fue enfriando hace unos 4600 millones de años, con una fuerza gravitatoria alrededor del sol, hasta disponer de las condiciones necesarias para la vida. Desconocemos como fueron las primeras formas de vida, sus estructuras no nos han permitido su fosilización, lo que sí se piensa es que tuvo lugar a partir del oxígeno, hidrógeno, carbono y nitrógeno. Sobre unos 2600 millones de años aparecería la vida en la Tierra, que fue evolucionando, cambiando en diferentes etapas y periodos. Tan sólo hace unos 20 millones de años aparecen los primates, y tan sólo hace dos millones las especies humanas. En esa última fase de evolución estuvieron lo que llamamos "australophitecus", monos del sur con una características intermedias y cercanas a los "homo hábilis". En esta evolución es determinante la capacidad craneal, la posición erguida, es decir, la capacidad de apoyarse con sólo dos patas, ser bípedos. Otro elemento importante en la evolución al hombre es la variación de la glotis, con la posibilidad de dirigir sonidos más articulados, que dará origen al lenguaje, y finalmente las manos, la extensión del pulgar que convierte la mano en una herramienta de precisión. Todos estos aspectos combinados hicieron que nuestra especie sea como es hoy.

El "autralophitecus apharensis" se fue extinguiendo conforme aparecieron sus sucesores en la evolución: "homo hábilis", "australophitecus africanus" y "robustus". De los tres, tendrán especial capacidad de adaptación los "homo hábilis", que evolucionarán en "homo erectus" y finalmente a nuestra especie, tal y como la conocemos hoy: el "homo sapiens sapiens". En todo este proceso el gran interrogante es el origen del pensamiento abstracto. Hay un salto cualitativo que se tiene que dar en un momento concreto, seguramente propiciado por la necesidad. Apreciamos que del uso de piedras se pasa a la elaboración de material cortante, punzante, hay un uso progresivo del fuego, del lenguaje, se entierra a los difuntos,... Ese árbol genealógico nos muestras muchas lagunas, los fósiles nos ofrecen un itinerario evolutivo fragmentado, y si bien sabemos de la evolución física, nos es más difícil la evolución psicológica. En esta tarea nos ayuda la psicología evolutiva desde el niño hasta el adulto, el comportamiento de tribus o pueblos primitivos menos desarrollados, o finalmente observando a primates más desarrollados, como los gorilas, orangutanes o chimpancés, aunque no nos alejamos demasiado del campo de las hipótesis.

Se discute también las causas que llevaron a esos cambios, se piensa que la mayor capacidad de adaptación ofreció más garantía de éxito en periodos de miles de años. El tiempo juega aquí de manera determinante, la perfección evolutiva tiene lugar al final, desde un constante cambio y dinamismo en progresión y perfección. También se nos ofrece otro interrogante no bien resuelto del todo, si la evolución es orientada en algún sentido, si es lógica la aparición del hombre, responde a la causalidad o es un error evolutivo, una casualidad entre otras miles.

Desde la perspectiva cristiana de la fe, la evolución es compatible con el evolucionismo y sus características temporales, dinámicas o progresivas. Pero para la fe es importante la consideración de un sentido, de una finalidad, de una orientación dada por Dios y dirigida desde el amor hacia un fin. Esa finalidad de la evolución tiene en Cristo una orientación y dirección hacia Él. Teilhard de Chardin estudió la unidad entre creación y salvación, y como la evolución estaba orientada cristológicamente, hacia el final que es Cristo, alfa y omega. En esa evolución hay una creciente conciencia, unos seres más complejos y con mayor grado de conciencia. El hombre Jesús estaría en esa plenitud de conciencia desde una cosmogénesis, biogénesis, antropogénesis y cristogénesis.

Dios es el creador de todas las cosas, sin embargo, la forma de crear es todavía desconocida por nosotros totalmente, mantenemos unas hipótesis científicas, hoy con matices distintos a Darwin. Lo relevante para nosotros es el carácter especial del hombre, su dimensión espiritual y religiosa, su capacidad de lenguaje abstracto, de pensamiento,... realmente no podemos situarnos ante una criatura cualquiera, sino de una muy especial y compleja. El Magisterio defiende que en la creación de Dios, fruto de la voluntad creadora de Dios, el alma humana nos hace ser unos seres especiales para el creador, ante el conjunto de la evolución.

El Magisterio de la Iglesia no ha entrado desde la dogmática en ninguna cuestión sobre el evolucionismo. Lo que sí ha resuelto es la hermenéutica que hay que emplear en la Biblia, DV, y las relaciones fe y razón, recogidas en el Vaticano II, y recientemente en la Encíclica de Juan Pablo II, "fides et ratio". En el Magisterio de Pablo VI y en Juan pablo II hay alusiones a la relación ciencia y fe, cada uno elabora su campo, están resolviendo problemas distintos. En la ciencia se cuenta el cómo del hombre, su origen, su proyecto biológico. Pero en lo religioso se está respondiendo al sentido del hombre, a su razón de ser, a su implicación con Dios, a su proyecto humano, a su naturaleza. Por eso creacionismo y evolucionismo no son incompatibles ni excluyentes, sino que se pueden complementar perfectamente. Se entendería así que la creación es un concepto más amplio que evolución, que tampoco desentonaría con la idea de creación de Dios.

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