| 21. Antropología |
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PROBLEMA DEL NATURAL Y SOBRENATURAL. RELACIÓN NATURALEZA Y GRACIA. La primera consideración es intentar clarificar los términos que utilizamos. "Naturaleza" se ha entendido en la filosofía de una manera plural, como opuesto a libertad, con un sentido de necesario; o también se ha comprendido el concepto como contrario a lo cultural, y así lo natural sería lo instintivo, lo salvaje o animal. Santo Tomás de Aquino, y nosotros con él, oponía natural y sobrenatural. "Natural" sería contrario al concepto de Dios, y abarcaría lo creado, lo referido tanto al hombre como a la creación, frente a lo "sobrenatural" que por excelencia es el creador, es decir Dios. La Escolástica distinguía para la idea de naturaleza dos concepciones, la primera sería la naturaleza pura que representaría al hombre sin estar dirigido ni orientado a Dios. La segunda concepción es la naturaleza pero ya orientada en la perspectiva de la gracia, de la que el hombre no puede distanciarse. La naturaleza es constitutiva, es consecuencia y es exigencia para el hombre, que no puede dejar al margen su ser natural. Quizás mayor problema sea definir el "sobrenatural". En el neoplatonismo era aquello que iba más allá de las capacidades de una naturaleza desarrollada. El cristianismo recoge estas ideas, configurándolo como aquello no conforme a la naturaleza humana, es algo maravilloso y milagroso. Santo Tomás y la Escolástica lo conciben como el regalo, el don que Dios hace de sí mismo en favor de los hombres. Es una especie de don sobreañadido, sería lo que llamamos la "gracia", que en la Escolástica da impresión de algo externo y ajeno al hombre. Estas ideas se han discutido mucho, porque no se puede sin más identificar sobrenatural con la gracia. En conexión con ese debate, de la relación entre naturaleza y gracia podemos extraer tres grandes posturas. Una postura escolástica, vigente hasta hace bien poco entre los católicos. Una postura de teología jesuítica, en dialéctica siempre, y matizando las otras dos. Y finalmente una postura muy cercana a la teología protestante, desarrollada por Lutero, pero también por otros como Bayo, o Jansenio. La Escolástica, que es la teoría más clásica, mantiene cuatro principios para las relaciones naturaleza y gracia, que serían los siguientes: el primero indica que la gracia presupone la naturaleza, es decir, que no es posible la gracia fuera de la naturaleza humana. En segundo lugar, la gracia no destruye la naturaleza, lo cual implica que Dios no destruye al hombre, sino que lo plenifica, le da sentido y lo humaniza. El tercer principio sería que la gracia mejora, perfecciona la naturaleza, siguiendo con lo anterior, la gracia ayuda a la perfección del hombre. El cuarto principio sería que la gracia sobrepasa la naturaleza, esto es, la naturaleza es superada, el hombre viene a ser una nueva creación. La hipótesis mantenida por la Compañía de Jesús durante algunos siglos, aunque no sólo por ellos, concebía la naturaleza y la gracia como superpuestas. En este sentido, la naturaleza tendría plenitud de sentido sin estar orientada a Dios, es la naturaleza pura. La gracia sería una especie de añadido, de realidad superpuesta. Esta concepción fue discutida y contestada por las escuelas agustinas, porque parece que la naturaleza no queda afectada por el pecado, y la gracia parece añadir bien poco a la naturaleza. Es verdad que queda bien defendida la libertad de Dios en su relación con el hombre, la gratuidad de la redención es total, pero el sobrenatural es accidental y extrínseco al hombre, anulando su interioridad. La tercera línea teológica, para explicar la relación natural y sobrenatural, procede del protestantismo. Lutero quiere mantener la unidad entre el orden natural y el sobrenatural, el hombre es creado para el orden sobrenatural, pero por el pecado queda imposibilitado. De ahí que la redención de Cristo fuera un rescate por la justificación. Esta redención no rehace ni rehabilita al hombre en su naturaleza, sino que es como un manto que lo cubre, pero no lo regenera. Esta visión tiene de positivo que une naturaleza y gracia, como ya hizo San Agustín, el pecado original es una realidad dramática para el hombre; pero, la gratuidad de Dios y la libertad del hombre no quedan tan bien paradas. Tampoco la justificación tiene sentido, es como que Cristo no mirara al pecado para redimirlo. ¿Cómo conciliar esta relación salvando la libertad y la gratuidad, tanto como la unidad entre la naturaleza y gracia? Lo cierto es que la gracia ha sido percibida en no pocas ocasiones como algo ajeno al hombre, como una especie de sombrero de quita y pon. La teología del siglo XX ha intentado aclarar el problema, resolviendo las distancias entre posturas tan separadas, buscando también sus fuentes en la revelación. Algunas tesis hablan, por ejemplo, de emplear las mismas analogías lingüísticas que para explicar la relación entre la naturaleza humana y la divina en la persona de Jesús. Igual que hay armonía, debe existir ésta en la subordinación de la naturaleza humana a la gracia divina. Otras hipótesis, en concreto Romano Guardini, dice que hay una doble relación del hombre con Dios, por un lado es una relación óntica, y por otro personal, siendo la primera presupuesto de la segunda. Przywara indica que la gracia es "prevalentemente", fundamentalmente semejanza, pero no con exclusividad. Está empleando la analogía Bíblica para hablar de Dios. Dado que entre Dios y el hombre hay semejanza, ésta no debe interpretarse como identificación, hay también un abismo entre los dos, por eso comprende que a la naturaleza corresponda la desemejanza, si bien la naturaleza está llamada a la gracia. De Lubac hace una teología más cercana a la Escritura. En principio entiende que el hombre es deseo de Dios, y ese deseo es natural, absoluto y gratuito. Dios implanta ese deseo de Dios en los hombres, es una previa llamada orientada a la gracia. De Lubac niega la posibilidad de una naturaleza pura, alejada de Dios, dice que no es posible porque sitúa al hombre ahistóricamente, además de romper la gratuidad de Dios. Rahner critica a De Lubac afirmando que ese deseo del hombre, ya está implicando y presuponiendo la gracia, porque de lo contrario, estaríamos rompiendo con el principio de gratuidad de la misma. Para explicar su hipótesis parte también de la historia de salvación y se ve obligado a crear unos términos para explicar el tema. El existencial sería la posibilidad del hombre de recibir el amor que es Dios mismo, esa potencia del hombre la tiene siempre. Define el sobrenatural como la capacidad para acoger el amor de Dios, es algo indebido para el hombre, es gratuito, no lo merece. Rahner subraya la gratuidad separando y diferenciando el "existencial sobrenatural" de la naturaleza. La naturaleza sería lo que le queda al hombre después de haber recibido el existencial sobrenatural, pero es difícil trazar la separación entre la naturaleza y la gracia. Para explicar la relación entre el existencial sobrenatural y la naturaleza rescata el término "potencia obedencial", que sería la capacidad de la naturaleza supeditada a la gracia. Von Balthasar vuelve a la teología de la gracia, y la relación naturaleza y sobrenatural desde el misterio de Cristo y la cristología. La naturaleza humana es de criatura, pero está orientada y llamada hacia el sobrenatural. La gracia es un misterio que tiene más que ver con la autoapertura y autodonación de Dios que con algo de quita y pon. En el fondo la relación de una y otra estaba ya definida en Calcedonia, y se daba igual que en Cristo, las naturalezas son distintas, pero están unidas, es una unión hipostática. La naturaleza y la gracia son distintas, pero se unen de manera admirable al estilo de la unión hipostática en Jesús. En el fondo el problema no tiene una solución fácil, las respuestas, en mi opinión deben acercarse más a posturas cristológicas y Biblicas, dado que Cristo es nuestro modelo y fuente principal en la relación mediadora con Dios. Hablar de naturaleza y gracia es hablar de mediación, de encuentro, de diálogo y de intercambio. Hay diferencia y separación, tanto como unidad, pero la pregunta tal vez no tenga respuesta si continuamos haciéndola desde unas claves culturales griegas. En el lenguaje Bíblico y en la cultura semita se concibe esta distinción y relación bajo un dinamismo que hay que recuperar: La gracia no es algo caído del cielo, es el mismo encuentro entre Dios y los hombres. |
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