| 21. Antropología |
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PECADO EN LA SAGRADA ESCRITURA. El estado paradisíaco, original, antes de la caída en el pecado, es descrito por los primeros capítulos del Génesis como una situación idílica, al menos esa es la intención del autor bíblico. El hombre es agraciado por todos los dones posibles, naturales, sobrenaturales y preternaturales, según decían los clásicos Si hiciéramos una elenco de dones hablaríamos de un todo en plenitud de posibilidades, incluida la inmortalidad o la sabiduría. El paraíso es descrito como una morada hermosa, un jardín y un estado magnífico. El relato coincide con los tradicionales mitos del mundo feliz originario, mundo que se fue corrompiendo, perdiendo y estropeando con el tiempo. La pregunta que nos podemos hacer hoy es qué significa exactamente el paraíso, y aquí las respuestas son algo más inciertas. Por un lado, es lo que el hombre perdió, pero que podría recuperar, la expresión literaria de lo que Dios tiene reservado para el hombre. Se asemejaría a un reportaje del pasado, para proyectar un deseo de futuro. De alguna forma la protología, el inicio de los tiempos, se identifica con la escatología. Por otro lado, observamos el proyecto que Dios tenía para la humanidad, y que no ha podido desarrollarse por culpa del mismo hombre en su desobediencia. De alguna forma el hombre estaba llamado a una relación de amistad y armonía perfecta con Dios, pero por el pecado y la desobediencia rompe el proyecto inicial de Dios. La redención que Dios ofrece a través de Jesús es una nueva posibilidad, incluso mayor de la del estado paradisíaco. Así lo indicamos en Pascua: "feliz culpa que mereció tal redención", el misterio del amor de Dios se evidencia en plenitud en su Hijo Jesús. Lo que queda claro es que hay una distancia entre el estado real del hombre y el plan de Dios original para el hombre. La línea de separación, que se nos muestra como radical y tajante es el pecado. El pecado sigue creciendo en la Biblia, como una corrupción terrible. Al pecado de Adán le sigue el pecado de Caín, que asesina a su hermano. La humanidad camina hacia su destrucción, sólo frenada por la promesa de Yahvé. Frente al pecado aparece la Alianza y la salvación ofrecida al pueblo, intención que constantemente muestra Dios. Está presente en la promesa a Abraham, en la liberación de Egipto, en el Sinaí, en la llegada a la tierra prometida, en la conquista, en la monarquía Davídica. Sin embargo la dureza del corazón de los hombres es denunciada por los profetas y por los salmos de forma reiterada. El hombre no obra el bien, parece imposibilitado para tal realidad. También en los Evangelios se muestra el mal, y de manera central Cristo venciendo al pecado y a la muerte, como paradigma del mal. Cristo lucha contra la tentación en los relatos sinópticos. En su persona sufre la tentación, no está exento de ese mal, pero sale airoso y no cae en el pecado. Estas tentaciones no son tan distintas a las nuestras: el poder, el dinero y el éxito. También Cristo en numerosas ocasiones es motivo de escándalo por perdonar los pecados. En los milagros de curación, Jesús cura al enfermo, que en la tradición Judía era un pecador, por eso estaba enfermo, Dios le había abandonado, pero Cristo pronuncia una palabra sorprendente: "vete en paz, tus pecados te son perdonados". El judaísmo de la época no podía comprender esta situación, sólo Dios podía perdonar los pecados; de hecho, la fiesta de la expiación Judía consistía en acumular los pecados en un animal, un chivo, y abandonarlo en el desierto. ¡Qué alguien perdonara los pecados era una blasfemia! Esto nos ratifica que Jesús actúa como si fuera Dios, y que lucha denodadamente contra el pecado. Esa lucha la trasmite al grupo de los Doce, "al que perdonéis lo pecados le quedan perdonados, al que se los retengáis les quedan retenidos". En San Pablo el pecado es universal y Cristo es el gran redentor, todos los hombres están necesitados de salvación. La decisión final contra el pecado está ya hecha, "donde abundó el pecado sobreabundó la gracia", es decir, Dios puede vencer el pecado, nos puede ayudar en esa tarea, el hombre no está condenado irremisiblemente al mal. La gran realización de Cristo es comprarnos con su sangre para liberarnos del pecado que nos separa de Dios. De alguna forma emplea un lenguaje sorprendente: Cristo se hace pecado por nosotros, se humilla para librarnos del pecado. No significa que Cristo sea pecador, sino que se hace uno de nosotros, gratuitamente y por amor La carta a los Hebreos examina la antigua y la nueva Alianza y tiene también un especial interés en el tema del pecado. Cristo es el nuevo cordero expiatorio que ha muerto, ha sido abandonado en el madero de la cruz, y esto ha sucedido de forma definitiva para llevar consigo todos los pecados del mundo, ya no serán necesarios más sacrificios ni ofrendas, porque la gran ofrenda que es Cristo ha sido ya entregada por nosotros. Cristo ha vencido al pecado y a la muerte, que ya no tienen poder. El nuevo horizonte, hasta que vuelva, es la continuada lucha contra el pecado y el mal, que con ayuda del Espíritu Santo el hombre y la Iglesia realizan en nombre de Cristo. |
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