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La FIFA, Sheinbaum y el wokeísmo antiempresarial

 

Aunque México ya fue eliminado, el sector restaurantero experimentó pérdidas enormes, no por la ausencia de clientes sino por las inesperadas regulaciones que la FIFA les impuso, literalmente horas antes de iniciada la justa mundialista y ante las cuales los dueños no tuvieron oportunidad de defenderse. Los grandes ganones de la justa fueron los enormes corporativos de siempre, mientras al pequeño comercio se le estranguló sin que el gobierno federal moviera un dedo para por lo menos defenderlos ante la voracidad de la "máxima autoridad" del futbol

 

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JUNIO, 2026. Luego de ahorrar sin parar durante casi dos años, Benjamín Castruita consideró que era hora de abrir su propio restaurante. Cuando la la empresa en computación donde había trabajado cerró sus puertas debido al Covid, logró sobrevivir gracias a su experiencia en reparar computadoras, esto debido al boom para trabajar en casa que ya no pudieron acudir a sus sitios de trabajo.

El sueño de Benjamín de abrir su restaurante se convirtió en realidad en mayo del 2025 y desde el principio le fue bien, con márgenes de ganancias mucho mayores que cuando era un mero empleado. "Los gastos para atender un restaurante son enormes; hay días en las que van solo uno o dos clientes y de todos modos debes pagar a tus trabajadores, pero en general te va bien", refiere.

A principios de este año, Benjamín  y varios colegas suyos empezaron a armas cuentas felices por la llegada del Mundial de futbol, un evento donde los clientes no solo verían los partidos sino que estarían consumiendo: cuando hay un partido de futbol de la selección mexicana, el dinero fluye a borbotones, ahora imagínate un Mundial", agrega.

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Para el efecto, Benjamín y sus colegas invirtieron fuertes cantidades en nuevo mobiliario, televisores y hasta módems más potentes para que los asistentes tuvieran acceso rápido a Internet. "Incluso un amigo que es diseñador nos creó varios pósters del Mundial para colgarlos alrededor de las mesas", refiere. Las cuentas alegres continuaron incluso días antes de arrancar el Mundial: "Hablábamos de ganancias adicionales de entre 30 y 40 mil pesos mientras durara el Mundial", añade Benjamín. "La idea era, con esas ganancias adicionales, pasar unos días en la playa con mi esposa e hijos, incluso Miami, por qué no".

Al iniciar el Mundial, las ganancias y las expectativas de Benjamín y cientos de dueños de restaurantes como él de fueron, literalmente, al mismo caño.

La FIFA anunció que poseía los derechos tanto de los logos como de la palabra "Mundial de Futbol" y agregó que el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual obligaría a los dueños de restaurantes, bares y lugares públicos a pagar derechos de transmisión de todos los partidos, en especial aquellos donde participa la Selección mexicana. El argumento acerca de los restaurantes que tuvieran contratado los servicios de cable o satelital para ofrecer los partidos en sus pantallas fue asimismo rechazado por la FIFA y el IMPI. Las multas para los infractores irían de los 20 mil a los 50 mil pesos.

El pago por derechos forzó a Benjamín a quitar los pósters  en los que estima invirtió alrededor de 15 mil pesos, "los cuales debido a este cambio de jugada se han ido literalmente a la basura pues incluían el logo mundialista".

El golpe para Benjamín y cientos de comerciantes como él fue peor, dice, "al de otra megapandemia que te obliga a cerrar el negocio". La prohibición llegó a niveles ridículos, rayanos en al estupidez: "si un cliente llega y se pone a ver en partido dentro del restaurante, nos estaría poniendo en riesgo a todos".

Por supuesto que un restaurante que no ofrezca la transmisión de los juegos es zona muerta, en especial los partidos de la selección. "Lo más absurdo es que los empleados, sin poca o nula clientela, tampoco podríamos ver los partidos para nuestro disfrute personal dentro de un establecimiento donde yo soy el dueño", señala Benjamín, ya en tono molesto, "tendríamos que salir a las banquetas con nuestros celulares para seguir las andanzas del juego".

Benjamín desea dejar en claro que él no está en contra de que la FIFA, como poseedora de los derechos, combata la piratería de todos los artículos que tenga registrados. "De hecho me alegró que hayan ido a Tepito a confiscar las miles de camisetas piratas de la selección, eso me pareció perfecto, combatir la competencia desleal que no paga impuestos".

Sin embargo, dice, una cosa es la piratería y otra es un restaurante legalmente establecido, que paga una barbaridad en impuestos, acostumbrado a lidiar con leyes y regulaciones que cambian todos los días. Lo molesto fue que se nos informara que tendríamos que pagar miles de pesos en derechos de transmisión pero nunca se nos dijo a dónde deberíamos acudir a realizar el trámite... hablamos a la AMPI y nos traen vuelta y vuelta, todo esto mientras corre el tiempo y perdemos miles de pesos..."

Benjamín no ve el asunto como torpeza pero mantiene la sospecha que se fue haciendo más obvia conforme se acercaba el Mundial: "El gobierno federal, en colusión con la FIFA, nos querían chingar, porque si a la presidente Sheinbaum interesara nuestro rubro, habría puesto los intereses de México a los de la FIFA, pero hasta hoy su gobierno no ha hecho absolutamente nada para defendernos de este atropello..."

De hecho, la FIFA se ha convertido en un segundo gobierno dentro de México, capaz incluso de prohibir que se use sin permiso el nombre del estadio antes conocido como Azteca, además de no permitir el ingreso a los propietarios de los palcos adquiridos a perpetuidad por accionistas que contribuyeron con sus fondos a la construcción del emblemático estadio en Santa Úrsula, algo que violenta las leyes mexicanas puesto que esos derechos de propiedad son inalienables", explica el abogado Jacobo Téllez. "Es el equivalente a que alguien te prohíba entrar a una habitación de tu propia casa pese a que los derechos de propiedad están a tu nombre".

Recovecos mexicanos...

Sin  embargo, y chapulinescamente hablando, la FIFA no contaba con la astucia del mexicano para evadir muchas de estas medidas arbitrarias, apunta el abogado Téllez. Entre ellas: ofrecer los partidos a través de YouTube, plataforma que NO PAGA sino que recibe un pago por los derechos de transmisión de los juegos mundialistas, entre ellos Azteca y TUDN, propiedad de Televisa.

"YouTube ha ofrecido todos los juegos de la selección sin costo alguno, es decir, sin Pay-Per-View de por medio, con una señal que ya tiene cubiertos los derechos de transmisión", apunta el abogado Téllez. "Esta plataforma no tiene su origen en México sino en Estados Unidos por lo que técnicamente no tienes porqué estar pagando derechos a nadie; es el equivalente a que presentes videos musicales en un salón de baile o una discoteca. Dicho en otras palabras, a mí no me puedes cobrar derechos por ver videos en YouTube en un lugár público puesto que esa plataforma ya recibió un pago para transmitir la señal".

Otra alternativa que hicieron muchos otros fue llevar su laptop o computadora a los restaurantes y compartir la señal. "El celular es tu propiedad personal y lo que veas en esa pantalla es asunto tuyo, incluidos los partidos de futbol", dice el abogado Téllez. "Si tu vas a un restaurante y ves los partidos en tu celular nadie te puede impedir que lo hagas, menos aún si te pones audífonos para escucharlo; ni todo el poder de la FIFA te lo puede impedir: es como si alguien quiera prohibirte que veas un video en tu celular porque al verlo estás infringiendo el derecho de autor. Si lo que la FIFA busca es impedir que se lucre con una marca sin permiso o sin autorización, tu puedes ver los partidos en tu celular dentro de un restaurante y nadie podrá impedírtelo mientras no cobres por compartir la señal".

De hecho, el abogado Téllez ganó un caso contra quienes quisieron aplicar la prohibición en un restaurante-bar: "La gente va a consumir un platillo, no para ver la tele, dado que el giro del negocio es consumir alimentos, y si en las pantallas hay un partido de futbol de la FIFA, no es asunto que concierna al cliente".

Desafortunadamente, miles de restauranteros como Benjamín vieron esfumarse sus expectativas con estas ridículas ocurrencias de la FIFA: "Yo supe que en muchas oficinas públicas se instalaron pantallas para que sus empleados disfrutaran los juegos, y hasta donde yo sé, ellos no tuvieron que pagar los derechos, por ello pienso que todo este asunto fue deliberado. Ya ven lo que pasó con los restauranteros en el Centro Histórico de Guadalajara a quienes el ayuntamiento puso unos muros afuera de sus establecimientos. No querían que sacáramos ganancias con el Mundial", finaliza.

 


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