| fasenlínea.com |
Versión impresión
Su exitosa carrera rebasa las seis décadas, y aunque ha tenido duros tropiezos (entre ellos su mediocre carrera solista) pocos conocen la fórmula para ser un grande en el mundo de la música como Mick Jagger: dale al público lo que pida y guárdate tus opiniones políticas, que a nadie interesan, para ti mismo. Ojalá un descalabrado Springsteen aprenda luego de este pedradón, irónicamente cortesía de un legendario piedrarodante
(NOTA: En esta ya nutrida sección, incluimos opiniones y declaraciones de celebridades, músicos, escritores, actores o cineastas quienes, sin abandonar totalmente el terreno de la izquierda, nos sorprenden gratamente por su buen juicio, lo que les evita ser sometidos por sus colegas dentro de ese espectro ideológico y cuya intolerancia para quienes opinen distinto es cada vez más virulenta
JULIO, 2026. A diferencia de
muchos de sus colegas, Mick Jagger no es un tonto: la mayoría de sus
biógrafos coinciden en que el más que veterano músico y cantante ha
sido un voraz lector toda su vida --cuando era joven devoraba hasta
tres libros de una sentada-- y que es capaz de citar de memoria
pasajes enteros de autores tanto clásicos como contemporáneos.
Jagger también se distingue por ser un feroz negociador, actividad
que desarrolló como nadie tras la experiencia que los Rolling Stones
tuvieron con su ex manager Allen Klein.
Sin embargo y ante todo, Mick Jagger es un showman que sabe
proteger su emporio
y, por tanto, conoce perfectamente las reglas del juego. Y son
reglas que ha aprendido, obligado a corregirlas cuando comete
errores. Uno de los más recientes se dio durante un concierto en
Montreal cuando Jagger envío un saludo "a su primer ministro, mi
amigo
Justin Trudeau". Y si bien la respuesta del público no fue
enteramente de silbatinas, tampoco fue la que el esperaba el
intérprete de "Satisfaction". Jagger optó por seguir cantando y ya
no volvió a tocar el tema.
En ese momento es seguro que Jagger llegó a una conclusión lógica:
quizá horas antes habría departido con el mozalbete ex ministro,
pero al público no le interesa que Jagger sea amigo de Justin
Trudeau, ese es asunto suyo.
Hace unos días, el también conocido casanova y socialité fue
entrevistado en el podcast de David Marchese. En un momento,
Marchese preguntó a Jagger su opinión respecto a Bruce Springsteen,
ora leyenda del rock quien suele criticar --y aburrir-- con sus
cansadas diatribas hacia Donald Trump entre cánción y canción.
"¿Qué significa la relación que tienes con tu público, qué te
representa a ti toda esa gente?", preguntó Marchese.
"Creo que lo más importante es que cuando me presento en vivo, toda
esa gente viene con la intención de pasársela de lo mejor. Durante
dos horas y pico, ese público viene con la intención de olvidar sus
problemas y los problemas del mundo, sus deudas y todo eso, quieren
vivir un momento increíble escuchando música que es parte de sus
vidas".
Agregó Jagger:
"El asunto es similar a asistir a un evento deportivo donde solo hay
una cosa que importa, tu vas a ver quién va a ganar, en lo absoluto
te importa todo lo demás", para rematar con algo tan obvio, tan
evidente y que hasta hace poco mencionarlo sería tomado como
perogrullada:
"Tu no quieres sermonear (a tu
público). Ningún público es igual a otro; quienes estamos sobre el
escenario debemos ajustarnos a las expectativas del público en vez
de esperar la misma reacción dondequiera que un artista se
presente".
Lo que dijo Jagger es absolutamente cierto, incluso lógico y
coherente. ¿Será por eso que las leyendas que se han hecho woke,
como Bruce Springsteen, John Mellencamp y Madonna, entre varios más,
son incapaces de comprenderlo?
Todos estos músicos entercados en meter política en sus conciertos no entienden que los fans jamás los verán como líderes políticos; quizá conviertan en éxitos composiciones con alta carga política, ya sean "Born in the USA" de Springsteen, "The Times They're a Changin'" de Dylan o "Fortunate Son" de Creedence Clearwater Revival, pero ello no significa que los fans harán caso a cualquier sermoneo político que no esté reflejado en una canción. Dado que la música de esas tres canciones es de gran nivel, los fans suelen apreciarlas más que el mensaje en sí.
Como llegó a decir al respecto Billy Joel: solamente a los críticos musicales interesa la profundidad de las letras; para el resto, la letra cantada es parte de la estructura de toda la canción.
Jagger entiende perfectamente que entre su público hay demócratas, republicanos, liberales, libertarios, anarquistas o gente que simplemente no cree en nada, e igualmente sabe que todos ellos llevan dinero en sus carteras y que como alguien lo dijo por ahí, el dinero no tiene ideología: todos ellos se reúnen, por lo menos en las dos horas que dura un concierto de los Stones, en un mismo objetivo, disfrutar muchas de las mejores canciones que se escribieron en el siglo XX se siguen disfrutando hoy.
Al terminar ese concierto un fan seguirá apoyando a Trump y otro seguirá creyendo las fantasías de Kamala Harris, pero el dinero de todos esos fans habrán beneficiado al bolsillo de Mick Jagger.
No es casualidad alguna que Jagger y
los Stones hayan sobrevivido a seis décadas de carrera musical:
saben jugar con las reglas del juego, que es lo mismo que las leyes
del mercado. Si apegarme a esas reglas me representa recibir
millones de dólares, con gusto las acato, independientemente que los
fans tengan ideas políticamente distintas a las mías. Mientras
paguen por verme y escuchar mi música, de pendejo que me pongo a
aleccionarlos con sermones de los que, igualmente sin duda, ya están
hasta la puritita madre.
Paradójicamente, hasta los fans menos curtidos de las piedras
rodantes conocen perfectamente las políticas de Mick Jagger: declinó
(ojo, no es lo mismo que rechazar) una invitación de la ex primera
ministro
Margaret Thatcher, llegó a decir que su grupo nunca
visitaría Chile ni Argentina si no tenían presidentes electos
democráticamente y lleva migas con políticos laboristas de la talla
de Neil Kinnock y Tony Blair.
Uno de los hits más grandes de Jagger llamado "Street Fighting Man",
lleva incluso una fuerte carga política donde Jagger defiende a la
revolución como "una solución como compromiso" y donde agrega
"gritaré, mataré al rey y atropellaré a todos sus sirvientes". Sin
embargo, y como ya mencionamos, Jagger tampoco era un tonto en 1968,
cuando la canción fue escrita: llama a "matar al rey" cuando quien
gobernaba Inglaterra en ese momento era una reina.
Con "Street Fighting Man", Jagger supo canalizar la rabia de muchos
jóvenes ingleses hacia sus gobernantes; ese mensaje era el tema
central de la canción por lo que no hacía falta que el legendario
stone lo remachara con sermoneos tras interpretarla sobre un
escenario- Como empresario que siempre ha sido. Jagger estaba
sacando dividendos de la rebeldía entre los jóvenes de los años 60.
En esa misma entrevista Jagger apuntó
que no se opone a que su música aborde temas políticos, simplemente
prefiere hacerlo de manera más ligera: "Tengo el hábito de escribir
acerca de mis relaciones personales y suelo incluir una que otra
línea política. Nadie quiere escuchar una canción que hable
enteramente de política".
La prueba clara de que Jagger es un izquierdista comprometido la
tanemos con otro de sus hits, llamado "Brown Sugar" y cuya letra
refiere a una esclava negra de Nueva Orleans que por las noches es
abusada sexualmente por su esclavista. Jagger se limitó a decir que
la canción "nunca más sería ejecutada en un concierto" y asunto
arreglado. Es dudoso que el mundo habría sido igual de comprensivo
si, por ejemplo, el autor de "Brown Sugar" hubiera sido, digamos,
Ted Nugent. Sin embargo, a Mick Jagger nadie lo ha "cancelado" por
esa canción, como tampoco nadie lo ha hecho con John Lennon, quien
escribió "Woman is the n***ger of the World" y el ex beatle sigue
siendo adorado por la izquierda supuestamente enemiga del racismo).
Finalmente, el que ese podcast que entevistó a Jagger sea parte del The New York Times, periódico que politiza hasta el modo en que vuelan las abejas. Es obvio que la entrevista con Jagger lleva la clara intención de mover "el discurso" hacia el punto en que estuvo durante muchos años, es decir, que la música se enfoque nuevamente en el entretenimiento. "No me importa perder fans", dijo Sprinsgteen, pero es difícil que lo mismo piense CBS Records, poseedora de su valioso acervo musical, como tampoco esas declaraciones hacen mucha gracia a quienes se encargan de organizar sus conciertos y caen en cuenta que la venta de boletos está en bajada.
¿Acaso the New York Times busca que la ola de proselitismo woke en los conciertos, veneno puro para atraer a la gente, se haga a un lado y los músicos se limiten a ofrecer únicamente entretenimiento en sus presentaciones? Hay muchos intereses en el mundo de la música que están resultando seriamente afectados por la porquería woke que ya devastó a Hollywood, a la televisión, a la prensa, a innumerables empresas, a los cómics, a Broadway y a la literatura. El mundo de la música se ha mantenido relativamente ajeno a ese brutal daño, por lo menos el correspondiente a exponentes considerados clásicos o legendarios.
Mick Jagger sabe perfectamente que, de haber existido la basura woke en los años sesenta, él jamás habría tenido oportunidad de entrar en el mundo de la música y se le habría cancelado ipso-facto. Seis décadas después de su "Satisfaction", Jagger sabe que el asunto se resume a alguien que graba una buena canción con el fin de ganar dinero rápido, y si millones de personas que disfrutan esa canción lo recompensan, el éxito se verá reflejado en su cuenta bancaria.. capitalismo puro.
Mick Jagger no es pendejo. Ojalá Bruce Springsteen haya recibido la diplomática pedrada por parte del legendario Stone. Pronto lo sabremos.
Textos relacionados
Obama, el presidente que mató a la estrella de rock [Mayo, 2026]
Niky Minaj
Tracy Chapman, ahora la admiramos más [Febrero, 2024]
Roger Waters, ahora lo admiramos más [Junio, 2021]
Miguel Bosé, ahora lo admiramos más [Enero, 2019]
Kanye West, ahora lo admiramos más [Septiembre, 2018]
Quincy Jones, ahora lo admiramos menos [Febrero, 2018]
Mark Wahlberg, ahora lo admiramos más [Noviembre, 2017]
JK Rowling, ahora la admiramos más [Junio, 2016]
Antonio Banderas, ahora lo admiramos más [Abril, 2016]
Chrissie Hynde, ahora la admiramos más [Septiembre, 2015]
Rolling Stones, los años ochenta [Junio, 2013]