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Otra Historia de México: el Zunzu pega de nuevo Luego de mandar a México al diván y de ganarse la envidia de muchos historiadores atrapados en su mediocridad, Juan Miguel Zunzunegui regresa con un libro donde deja en claro que la historia, como muchas otras cosas en este país, están basadas en mentiras victimistas, todo esto con un propósito. Por supuesto, Otra Historia de México es lectura recomendable
OCTUBRE, 2026: "La verdad os hará libres", es el lema de varios planteles universitarios... pero igualmente, a muchos la verdad os indignará: un tal Pedro Salmerón, profesor y miembro de El Colegio de México, acusó en las redes sociales de "farsante" a Miguel Zunzunegui, uno de los autores más exitosos que este país ha tenido los últimos años. ¿Y cuál es el motivo para llamar "farsante" a Zunzunegui? ¿Acaso por lo que que este autor escribe son meras invenciones, fantasías que no resisten el menor análisis? ¿O será un "farsante" Zunzunegui porque tiene la aviesa intención de aplicarnos un cocowash que nos lleve a exigir volver a ser parte del territorio español? No precisamente. La indignación de Salmerón es contundente: "Él es un licenciado en Comunicación y no posee el título de historiador". Vaya, vaya: por lo visto, si tu quieres publicar un libro sobre historia de México debes estar titulado en esa carrera que (lo digo porque una persona cercana estudió precisamente eso) apenas y da para frijoles si no se cuenta con los contactos adecuados para emplearte en el sector público, que es precisamente de donde recibe su chequecito el señor, perdón, licenciado en Historia Pedro Salmerón. Pos fíjese que no, mi Lic: a diferencia de profesiones como Medicina, Leyes, Arquitectura, Psicología e Ingeniería, donde tus conocimientos pueden afectar la salud y la situación legal de una persona por lo que es obligatorio estar titulado, para escribir acerca de la historia NO se requiere título, además que Zunzunegui ha repetido quién sabe cuántas veces que él NO es historiador sino investigador. El poseer título universitario, por cierto, difícilmente te da una coraza de honestidad y eficiencia: ¿cuántos políticos, cuántos empresarios, cuántas personas que incluso cuentan con maestrías y doctorados, resultaron ser ratas o cucarachas que dañaron profundamente a nuestra sociedad? Más risible aún es que Salmerón acusa a Zunzunegui, junto con sus colegas, de "sesgar" la historia, es decir, de ser un tendencioso. ¡Esto por parte de quienes por décadas nos han mentido acerca de la historia de México, han colocado en el mismo molde a héroes, bandidos y traidores y hasta han cambiado la letra del Himno Nacional para excluir a quien es el verdadero Padre de la Patria (y al cual, por cierto, como agradecimiento, los mexicanos lo enviamos al paredón). En sus libros anteriores, esencialmente Los Traumas Que Nos Dieron Patria (ver reseñas aquí y aquí) Juan Miguel Zunzunegui se metió de lleno en la historia, ésa que Salmerón le quiere prohibir consultar, a partir de una pregunta que se formulaba desde la infancia: si somos los fregones del universo, la raza cósmica como diría Vasconcelos ¿por qué entonces en los libros de texto se nos metía por el cogote la mentalidad derrotista, la de una región donde existía una civilización tan avanzada como los aztecas, hasta que llegaron los malditos españoles y destruyeron esa grandeza a la que estábamos (pre)destinados? En Otra Historia de México (nótese la ausencia del artículo "la") se nos presenta un compendio más a fondo de la postura que Zunzunegui ha defendido por casi un decenio, esencialmente, que los aztecas eran parte de la tribu de los mexicas provenientes de lo que actualmente es el Medio Oeste norteamericano quienes al llegar a lo que hoy es el Valle de México impusieron un régimen tiránico que sometía y exprimía a las tribus circunvecinas, les exigía tributo y secuestraba a sus mujeres jóvenes para ofrendarlas, muchas vecs desollándolas vidas. ¿Pero ha sabido el lector que existan feministas que denuncien este comportamiento? Nosotros tampoco. Para consumar el avance de los españoles, establece Zunzunegui en este libro, se dio un "providencial" acontecimiento donde Hernán Cortés, ese barbaján, sifilítico y contrahecho según Diego Rivera, llega a las costas de Cozumel con tan buena suerte que se encuentra con don Jerónimo de Aguilar, un español llegado años antes, casado con una mujer maya y quien habla maya, lo que permite a Cortés avanzar hasta lo que hoy es Tabasco donde un cacique local le entrega, como acto de entendimiento y buena voluntad, a varias muchachas entre las cuales iba quien luego sería conocida como la Malinche quien, en otro golpe afortunado, aparte del maya entiende el náhuatl. De existir la lotería entonces, ha dicho Zunzunegui, con la suerte que se cargaba, Hernán Cortés habría ganado el premio mayor: al lado de quien llamaba doña Marina, Cortés logrará llegar hasta la misma capital Tenochtitlan, no para imponer su voluntad y someter a los indios sino que lo hará acompañado de por lo menos 10 mil indígenas, decididos todos a pelear para poner fin a la tiranía de los aztecas descendientes de los mexicas. Ah, caray: ¿los indígenas, toltecas chichimecas, tlaxcaltecas y otomíes, alaiados de Hernán Cortés, un español, dispuesto a echar abajo a una tiranía? Ya no extraña tanto que Morena y la presidente Sheinbaum odien tanto al nacido en Extremadura: ¡hoy lo estarían acusando de "injerencia"! Al respecto escribe Zunzunegui: "Aquél mundo al que llegó Hernán Cortés no era el mundo de los aztecas, era el mundo de todos los pueblos que para ese momento de la historia habían sido connquistados y sometidos por aquel otro pueblo". Tras la verdadera Independencia ocurrida hasta 1824 --el mismo año en que se redacta nuestra primera Constitución ¿por qué no hubo tal en 1810, año en que muchos suponen los gachupines pusieron pies en polvorosa?-- vendrán décadas de guerra civil, cuartelazos y la llegada de Antonio López de Santa Anna quien --para sorpresa de muchos lectores-- queda lejos de ese inepto que vendió todo el territorio que México había heredado de España. Por un lado, establece el autor, Thomas Jefferson había dejado en claro que la posesión de esos territorios cuya soberanía era española ya estaban "en la mira" de Estados Unidos, país en expansión que conocía la ventaja estratégica de tener acceso al Atlántico y al Pacifico. Pero para conocer otra historia de este bribón jarocho, tendrán que descubrirlo en el libro; solo revelaremos que uno de los participantes de la trama (y discretamente "omitido" en la historia oficial) fue Joel R. Poinsett, un tipo tan miserable que no solo logró el cometido de darle más territorio a Estados Unidos y que para colmo se robó el nombre de las mexicanísimas nochebuenas mexicanas para ponerles el de poinsettias, como se les conoce en el resto del mundo. Según Zunzunegui, dado el desastre que fue México a lo largo del siglo XIX, no fue hasta el porfiriato cuando por fin se edita un compendio sobre la historia de México. Pero fue tras la revolución cuando por fin se edita un compendio sobre la historia de México. Sin embargo, es tras la revolución cuando la historia fue escrita, dice, "para convertirnos en víctimas, en antiespañoles que no percibimos la brutal contradicción de insultar a España hablando español, en anticatólicos que veneramos a la Virgen de Guadalupe traída por los españoles"... en suma, otra historia, ésta tergiversada y donde la mentalidad derrotista es la norma. El repaso histórico de Zunzunegui en el siglo XX hasta el presente resalta el contraste entre un México que parece por fin enfocarse en su desarrollo pero sucede algo que detiene todo en seco: en 1968 el país se encuentra en un momento económico inmejorable y Tlatelco explota en las narices de Díaz Ordaz. En consecuencia se abandona el "desarrollo sostenido" para dar paso a las presidencias de Luis Echeverría y José López Portillo, "dos populistas que destruyeron por completo la economía del país en una borrachera de ideología y petróleo. Se trata de dos hombres y el proyecto en que se sustenta el engendro ideológico y pólítico que es la cuarta transformación del país". La caída del Muro de Berlín obliga a la izquierda mundial a repensar su estrategia y se da cuenta que el bombardeo ideológico desde fuera no es efectivo por lo que se aplica la estrategia de realizarlo desde adentro, todo siempre del victimismo. El primer ejemplo lo tuvimos tres años después de desaparecida la URSS con el surgimiento del ejército zapatista en Chiapas, el cual descarrila el proyecto "neoliberal" de Carlos Salinas. A un cuarto de siglo que echamos a patadas al PRI de la Presidencia, muchos hijos o nietos del priísmo y de una izquierda de ideas vetustas hoy cimientan un nuevo PRI, es decir, una mezcla de fascismo y comunismo que amenaza con mantenerse en el poder por décadas. Para Zunzunegui, mientras otros países como Costa Rica, Panamá y hasta El Salvador se han modernizado e integrado a la modernidad durante el mismo lapso, los mexicanos no hemos avanzado nada. Y no lo hemos logrado, lo recalca al autor en varias ocasiones, porque hay fuerzas externas que nos impiden hacerlo, esas mismas fuerzas que promovieron la caída de Porfirio Díaz. Zunzunegui insiste en que estamos a tiempo para retomar esa grandeza a la que estamos destinados: "Nueva España era una región próspera donde luego de catequizar a los indios, pero por alguna extraña razón éstos no quisieron reconstruir las pirámides cuando se fueron los españoles, un lugar que no era perfecto, un lugar así jamás jha existido en la historia de la humanidad, pero tampoco er aun infierno como la versión oficial nos quiere hacer creer". Este libro es tan interesante que no le sorprenda si termina de leerlo de una sentada un fin de semana. Para no ser historiador, Juan Miguel Zunzunegui escribe muy buenos libros de historia, prueba de que una licenciatura en Historia, como muchos otros diplomas, solo sirve para ser colgado en una pared.
La Otra Historia de
México
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