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¡Pero si esa es la causa, mademoiselle! Los recientes saqueos en París ha abierto los ojos a la gauche francesa: prepararon la mesa para que alguien más se coma el banquete. La mujer de la imagen resume la ingenuidad de los progre europeos que han visto cómo sus invitados están dispuestos a adueñarse del país. Disfruten lo votado... ¡Oh, sí, claro...! Esos son los idiotas útiles... nos sirven para la causa, pero al final a ellos también los colgaremos... V.I. Lenín OCTUBRE, 2026. La mujer que vemos en la imagen de este texto ya es conocida en todo el mundo. No sabemos su nombre ni del negocio de su propiedad que esa turba de "estudiantes" saqueó lo que pudo hace unos días en la capital francesa. Sin embargo, su nombre es irrelevante comparado con la manera en que esa mujer piensa, lo que ha defendido toda su vida, lo que cree es lo mejor para una sociedad como tan cerrada como la europea, que añora el fascismo, una mujer que, sin milímetro para la duda, votó y apoyó todas las iniciativas para que esa gente que la dejó en la ruina económica se instalara en suelo francés... o por lo menos, queremos suponer, defendía hasta hace unos días. Los medios liberales y las redes sociales manejaron la idea de que esta mujer, valiente, "se enfrentó a estos grupos --por supuesto, nada de llamarles "turba" o "saqueadores"--- ante la indiferencia de otros parisinos que filmaban la escena con sus celulares", según estableció el diario izquierdista británico The Guardian. Falso: no se enfrentó a ellos, y si lo hizo sirvió de poco pues su negocio terminó totalmente desvalijado, a lo que debe añadirse, por supuestísimo, que en la nota The Guardian en ningún momento describe la apariencia física de estos vándalos. La mujer ciertamente se enfrentó a ellos verbalmente... o más bien les rogó para que no entraran a su establecimiento a robar enfrente de sus propias narices. "¡Deténganse, ésta no es la causa"! vociferó la mademoiselle en varias ocasiones mientras era confortada por un camarada suyo ante la impotencia de ambos. ¿La causa? Recordemos que en francés, más que el idioma español, la palabra causa significa razón, motivo o circunstancia, pero también significa la inspiración, algo que te empuja a actuar en consecuencia. La "causa" a la que se refería esta mujer radica --por si hiciera falta recalcarlo-- en el rol de idiota útil, personas que, muchas veces de buena fe, apoyan incondicionalmente al izquierdismo, al progresismo y a todo lo que ellos-ellas-elles consideran nos llevará a un mundo mejor. No esperemos que estos idiotas útiles reconozcan que su idealismo, su causa, se ha aplicado innúmeras veces y en todas, sin excepción, ha fracasado... jamás lo van a entender. La cuausa es más poderosa que su propio raciocinio, de ahí que no se dude que nuestra mademoiselle protagonista pronto suba algo a las redes sociales donde nos diga que, pese a que esa sarta de vándalos destrozaron su negocio y la dejaron en la miseria, ella seguirá apoyando la causa... no tienen remedio, la verdad. De hecho, no es tan disparatado concluir que su rostro de desesperación, de impotencia, no es tanto porque esos "estudiantes" se llevaron todo lo que pudieron --excepto los jamones y los embutidos, por su hubiera duda del origen de todos ellos-- sino porque ese video, al hacerse viral. ayudará a la "otra causa", esto es, el triunfo de la candidata derechista Marie Le Pen. En estos momentos nada parece detener su victoria: la imagen y el prestigio del presidente Macron están hechos tan añicos como los cristales del establecimiento de la mademoiselle, e incluso los idiotas útiles franceses más izquierdosos están reconociendo, muy a pesar suyo, que los desórdenes fueron impulsados por los radicales, pero no pueden quejarse abiertamente; después de todo, votaron por todo ello y no les queda otra que disfrutarlo. Eso es lo que más aterroriza a estos idiotas útiles como la mademoiselle cuyo rostro de exasperación dio la vuelta al planeta: que con la llegada de la derecha, se corten los fondos a esas ONGs que llevan décadas sin resolver nada, dependencias y "centros de arte" subsidiados por el Esrado que no aportan nada a la cultura pero que cuestan al erario millones de euros. Ese rostro de horror tiene como motivo la aterradora idea de que acabe el dinero público para seguir manteniendo a una sarta de parásitos que se chupan los impuestos de los abrumados contribuyentes galos. Idiotas útiles como nuestra mademoiselle pensaban que, al llenarse de inmigrantes llegados de países pobres, no solo se evitaría que la derecha ganara con los votos sino que se debilitarían las estructuras tradicionales de Europa, esto es, el color blanco de la piel como símbolo de estatus y el cristianismo como basamento religioso y social. A nuestra dama que perdió todo con el saqueo jamás le cabrá su cabeza que, precisamente por esos valores que ella apoyó para que fueran destruidos en Francia y en buena parte de Europa, es que como mujer puede tener su propio negocio en París, asistir a protestas y manifestaciones sin tener que pedir permiso a un hombre y asumirse como feminista sin miedo a que la encierren en una mazmorra. Dada su idiotez útil, es dudoso que esta mademoiselle caerá en cuenta que esas libertades que (todavía) goza en Francia están lejos de ser un derecho divino: miles de cristianos galos antes que ella, derramaron su sangre luchando contra las hordas bárbaras que querían aplastar esa libertad. Si nuestra dame progressiste puede apoyar la causa, lo hace avalada por los principios cristianos que le permiten esa libertad. Que trate de hacer lo mismo en Marruecos, Siria o Palestina, a ver cómo le va. Sin idiotas útiles como nuestra mademoiselle, el socialismo, el comunismo, el multiculturalismo, el wokeísmo, serían vistas como lo que son, utopías disparatadas, contrarias al espíritu humano y al sentido común, inventadas no solo para destruir la espiritualidad del ser humano sino para extirpar de la Tierra la lógica y el sentido común. "Lo que sientes se sobrepone a todo lo que ves", sentenció alguna vez el "pensador" marxista Michelle Foucalt (francés, por si hubiera que puntualizarlo). "La realidad es engañosa, no así tus sentimientos..." de ahí que "sentirse" mujer aunque se tenga pene, es lo que verdaderamente cuenta. La verdad, no sentimos lástima alguna por la mademoiselle que perdió su patrimonio en manos de estos "estudiantes", algunos de ellos claramente treintañeros y cuarentones. Si París y buena parte de Francia se llenaron de esta gente, es porque alguien se los permitió. Pensaron los idiotas útiles galos que a sus agradecidísimos huéspedes jamás se les ocurriría convertirse en dueños de la casa para imponer sus reglas, y lo están consiguiendo. Paría ha caído, y pronto caerán Londres. Berlín (donde recientemente se eligió a una alcaldesa musulmana), Viena, Bruselas, y aun Roma. Ahora esos invasores vaciaron el negocio de la mademoiselle de la foto, quien ha perdido todo... bueno, tal vez no: Si cuenta con ellos, los refrigeradores llenos de salchichas y demás delicatessen se encuentran intactos.
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