Formación Cultural
Gustavo Jaime
CI 11962050
Tema: Yanomami

 

 

        

 

 

El presente trabajo está basado en la comunidad yanomami y el momento histórico es el actual.

Yanomamis: estado Amazonas, Venezuela

Población total: 20000

Asentamientos importantes en: Venezuela y Brasil

Religión: Chamanismo, Cristianismo

Los yanomami (también llamados yanomamö), son una etnia indígena americana dividida en cuatro grandes grupos: sanumá, yanomam, tanomano y yanam.

Hablan lenguas diferentes pero se entienden entre ellos. Se denominan también la nación yanomami.

El nombre correcto de este grupo indígena es el de yanomamo (plural: yanomamos). La razón por la que en muchos idiomas se conocen como yanomami o yanomamis se debe a que fueron los misioneros salesianos de origen italiano los que se encargaron de las misiones católicas en la región de los yanomamos y en italiano el plural de yanomamo es yanomami. Corrobora este nombre el hecho de que el padre Cocco, misionero italiano que pasó muchos años viviendo entre los yanomamos, los señalaba con este nombre y no con el plural en italiano. Los Yanomamis son uno de los últimos tribus primitivos en nuestra planeta. La población es de 20.000 personas. 12.000 viven en el sur oeste de Venezuela y casi 8.000 en brasil.

En Venezuela vive la mayor parte de los indígenas en el parque nacional Parima Tapirapeco. Es el parque más grande de Venezuela, con 34.000 km². Algunos Indígenas salieron del parque y viven ahora más cerca de comunidades de los criollos o de los misioneros.

En la inmensa y verde extensión del Estado Amazonas, la población aborigen es bastante numerosa. La mayoría aún conserva sus costumbres ancestrales, como ritos religiosos y dialectos autóctonos. Pese a todo se pueden observar poblaciones que ya se han ambientado a la civilización, el lenguaje, la religión, el vestido y al uso de implementos modernos. En algunos casos han introducido el uso de pequeños equipos de sonido para suprimir el uso de sus antiguos pitos, tambores e instrumentos de percusión empleados en sus danzas. La escopeta desplazó sus arcos, flechas, cerbatanas y lanzas y los motores fuera de borda sus tradicionales canaletes (remos).

La mayoría de la población indígena se está formando una idea nueva del concepto de vida. La intromisión del ente civilizado ha derivado en un radical cambio de costumbres. Las misiones evangélicas asentadas en todo el territorio ha extendido sus tentáculos y le ha dado un cariz distinto a la vida en las comunidades. Todas estas misiones son integradas en su totalidad por norteamericanos que operan en la zona con el nombre de “Misión Nuevas Tribus”. Sus integrantes han sabido imponer una especia de vasallaje, dictando normas e introduciendo variantes en el sentido religioso, moral y social y en su afán de atraer, supuestamente a estas gentes a la sombra del evangelio, han radicado la esencia de sus rituales y el indígena, poco a poco pero efectivamente, se ha dejado influenciar tanto, que hasta ha aprendido a temerles y acepta estas reformas en su medio de vida sin casi imponer objeciones.

Los Yanomamis poseen una gran ventaja sobre la gente civilizada: el factor tiempo. Tienen tiempo para charlar, para reír, para pensar en su mundo espiritual, hasta para el ocio. No tienen que trabajar todo el día para conseguir todo lo necesario para su vida. Es el sistema de vida propio del hombre natural ajustado a un clima benévolo que les regala tiempo de sobra. Par la caza diaria puede ir un solo hombre que regresa con la presa para su familia. Pero también pueden salir pequeños grupos de cazadores. La mujer va sola a buscar la leña. Pero para trabajar en el platanal va el hombre con su mujer. En cambio, la recolección de frutos es realizada en grupos. Otros trabajos lo hacen en comunidad. Los techos definitivos, por ejemplo, no los podrán construir solos, pues ello requiere la colaboración de casi todos los hombres, labor que tarda aproximadamente un mes.

 

Etnografía: Los Yanomami presentan una especial importancia etnográfica por el hecho de ser un pueblo indígena que ha logrado vivir en armonía con su ambiente, que respetan la naturaleza, que no producen basura, que no contaminan y que son autosuficientes. Forman parte de los últimos reductos humanos que continúan viviendo según los dictados de los pueblos prealfabetizados. Actualmente el occidental que mejor los conoce y defiende, el etnógrafo “Chagnon”, sitúa los yanomamö al borde de la destrucción. Esto es debido a los fenómenos clásicos de la invasión colonial: conversión religiosa, asimilación de roles inferiores respecto a una cultura superior y despoblación por las enfermedades que los colonizadores llevaron consigo. Al no poder combatir con eficacia ninguno de estos factores, su estilo de vida tradicional puede verse irremediablemente afectado en menos de una década, si no se toman las medidas necesarias.

Alrededor de 20.000 individuos que integran los yanomami viven desperdigados por la selva tropical, en aldeas separadas por muchos kilómetros de tierra deshabitada. Alrededor del 70 por ciento de esta población ocupa el sur de Venezuela, mientras el resto se distribuye por zonas adyacentes a Brasil, en concreto en una zona que comprende parte del estado de Roraima y del Amazonas.

 

Vivienda: En las aldeas pequeñas viven entre 40 y 50 personas mientras que en las grandes pueden llegar hasta las trescientas. Sus aldeas -shabono-se construyen en círculo y son completamente abiertas. Sus viviendas tienen forma cónica y viven en grupos de familias. La situación de las cabañas puede variar y en numerosas ocasiones, en lugar de formar un círculo, forman una hilera. Las familias comparten con las otras familias de la comunidad los productos obtenidos de la caza, la pesca o la cosecha (dentro de cada shabono conviven varias familias como una comunidad). Cuando se reúnen alrededor de la hoguera que esta en el centro del shabono, comen, conversan, fabrican su utillaje, explican sus historias, mitos, leyendas y enseñan a los niños sus tradiciones.

 

Subsistencia: Los Yanomamis se desplazan continuamente, es decir, son nómadas. Estos desplazamientos están motivados por el corto periodo de la productividad de sus cultivos. Cultivan en sus huertos la mayoría de alimentos: plátano, ñame, batata y malanga. Un cultivo dura dos o tres años. Cuando la tierra se agota, el poblado crea una nueva plantación en otro lugar. También recolectan productos silvestres y comen ranas. Practican la caza todo el año, individualmente o en grupos, y utilizan el arco y la flecha. La pesca se practica con menos frecuencia y para pescar utilizan la flecha y el timbó, que es una especie de planta que zarandean en el agua para atontar a los peces. Al basar su economía en principios básicos de autoconsumo (elaboración de sus propias pertenencias: cestas, garrotes, arcos y flechas), rompen los conceptos económicos de casi todo Occidente.

 

Rasgos materiales: Actualmente siguen utilizando motivos “decorativos” ancestrales en sus cuerpos, los cuales se estampan con ciertos pigmentos naturales. Utilizan un veneno mortal llamado curare, que untan esparcido en la punta de las flechas. En cuanto a su vestimenta, debido a las condiciones climáticas, su vestimenta es muy sencilla. Se visten con fines ornamentales más que protectores; un hombre bien vestido no lleva nada más que unas cuantas cuerdas de algodón en muñecas, tobillos y cintura, y el prepucio sujeto a la cuerda de esta última. La vestimenta de las mujeres es igualmente escueta. Generalmente, se pintan el cuerpo con muchos colores, principalmente rojo y negro además se ponen collares, plumas en la cabeza y atadas a los brazos y pendientes.

Los Yanomamis no usan vestidos. Los cordeles con que se ciñen los brazos , como también los que ciñen las piernas y los que llevan alrededor de la cintura y finalmente el cordel que los hombres usan alrededor de las caderas y del cual atan el pene sosteniéndolo hacia arriba, no corresponden a vestidos propiamente sino que tienen orígenes mágicos.

Tanto los hombres como las mujeres acostumbran hacerse una tonsura en la parte superior de la cabeza. Para hacerla usan tiritas de la corteza de un bambú. Este rapado que se hace está comprobado que es autóctono entre estas tribus y no una copia de los frailes. Se pintan con onoto (bixa orellana), todo el cuerpo con dibujos geométricos o partes del cuerpo con áreas coloradas. Los hombres se adornan con plumas colocadas en los lóbulos de las orejas y plumas grandes en el brazo. A los cintillos de los brazos añaden pieles de animales cazados. Para ocasiones especiales suelen cubrirse el pelo con plumones blancos de gavilán que adhieren con la vasta pegajosa de árboles gomeros dando la impresión de tener un gorro que les cubre todo el cráneo.

Las mujeres en cambio buscan adornos provenientes del reino vegetal tales como fibras y hojas las que usan como aretes. Las mujeres que han conocido hombre usan los adornos de fibras y las jóvenes que aun no han mantenido relaciones sexuales las usan de hojas verdes o secas. Usan también palitos que atraviesan por los lóbulos de las orejas y al rededor de los labios.

 

 

Sistema social: La vida social se organiza en torno a los principios tribales tradicionales: relaciones de parentesco, descendencia de los antepasados, intercambios matrimoniales entre familiares o grupos con un parentesco común y la autoridad transitoria de jefes distinguidos, que intentan mantener el orden en la aldea y son responsables de establecer las relaciones de la comunidad con otras aldeas. El liderazgo suele estar vinculado al parentesco y los vínculos matrimoniales: los hombres grandes o líderes, proceden de las familias más numerosas de las aldeas. Según su ingenio, sabiduría y carisma pueden convertirse en autócratas, aunque la mayoría de los jefes se limitan a actuar como superiores ante sus iguales. No están exentos de limpiar los huertos, recolectar, cosechar, plantar y cazar.

Han sido clasificados como preagricultores nómadas, son cazadores y recolectores de frutos silvestres, seminómadas con una agricultura incipiente. Aunque viajan, durante meses tienen un establecimiento fijo desde donde emprenden sus cacerías y recolectas de frutos. Sin embargo, el sustento diario lo tienen asegurado con el cultivo del plátano. Antes de mudarse a una nueva localidad, previamente siembran un platanal y solo se trasladan a este nuevo lugar cuando este fruto se halla maduro y cosechable. Viven en equilibrio con la naturaleza de la que forman parte, no reinan ni imprimen su sello en ella; no la dominan, pero adaptados al medio conviven en armonía. Es por eso quizás por lo que han podido sobrevivir sin una evolución similar a la alcanzada por otros grupos de la humanidad.

En estas selvas no peligran sus habitantes, si no las destrozan. Ni los vientos han podido llevar a esas regiones distantes las plagas que afectan a los bosques en territorios civilizados. No hay exceso de frío ni de calor. Nunca falta el agua, nunca hay sed, nunca hay inundaciones en las selvas onduladas en donde ellos habitan. No hay catástrofes.

La ubicación preferida de los Yanomamis son las colinas selváticas, donde tienen mejor clima, poca plaga y no hay paludismo. Evitan los grandes ríos y las pocas tierras inundables. Tampoco viven en la cima de montañas o serranías altas. Hace más de 30 años, ha habido cambios en la ubicación de sus poblados debido al acercamiento de la civilización a la cual no queda otro camino que avanzar gradualmente en estas regiones por vía fluvial. Las buenas condiciones físicas de los Yanomamis los hacen aptos para la vida en su ambiente selvático. Son sumamente fuertes y sanos y además poseen gracia natural en sus movimientos y el dominio perfecto de los músculos. Tienen todos los sentidos muy despiertos y el del tacto en todo el cuerpo, es mucho más sensible que en el hombre civilizado que por lo general lo tiene principalmente desarrollado en las manos.

Corren con gran ligereza, trepan a los árboles hasta grandes alturas y pasan ágilmente de rama a rama para colectar las frutas. Si no pueden subir a un árbol porque el tronco es demasiado grueso construyen enramadas hasta alcanzar el lugar deseado.

Para recoger los racimos de la palma Pijiguao cuyo tronco está cubierto de espinas, han ideado unos triángulos elaborados con ramas y bejucos, los cuales van elevando alternadamente hasta llegar a los racimos sin que los hieran las espinas. Llama la atención que la musculatura de sus extremidades superiores es mucho más desarrollada en relación con la de las extremidades inferiores, miembros que parecen frágiles a primera vista. Las piernas son delgadas, sin embargo corren de manera muy diferente a la del hombre civilizado. Con una perfecta coordinación de movimientos rinden mucho más.

Ellos soportan el peso sobre el borde exterior del pie con las piernas cambadas y los pies hacia dentro. Tienen el pie delgado en la parte del talón y ancho donde nacen los dedos que tienen muy separados. La separación entre el dedo gordo y el inmediato llega a ser hasta de centímetros. Con estos dos dedos pueden asir cosas. Además pueden amoldar el pie al trepar o caminar sobre troncos, ramas o piedras. Parecen agarrarse con los pies como si fuesen manos. La dentadura es sana y fuerte. Sus dientes son anchos y parejos. Los usan como cuchillos y con ellos pueden cortar bejucos con gran facilidad. Les duran sanos toda la vida. Su estatura oscila entre 1.50 y 1.60 metros. El hecho de que sean tan pequeños no les trae ninguna ventaja ni desventaja en su medio ambiente.

Un grupo familiar suele ser poco numeroso. A lo sumo tienen otro niño cuando el mayor llega a los tres años. La madre lo amamanta y el niño duerme sobre el abdomen materno. Durante el día lo carga sobre el cuadril sujeto por una banda de corteza. En caso de morir el niño antes de los 3 años, la madre casi inmediatamente concibe otro. El padre no es menos cariñoso que la madre y alterna en el cuidado del niño. El comportamiento afectivo entre los cónyuges es muy notable. Lo que no significa que el hombre no llegue a pegarle fuertemente con un palo. En caso de infidelidad, a veces resultan severamente maltratadas. Queda excluido todo trato familiar entre la suegra y el yerno mientras que la relación entre madre e hija nunca se rompe.

Durante la primera menstruación de la hija, la madre se recluye con ella en un recinto formado de mamparos de hojas, preparado para esta ocasión. Temen que los espíritus malos puedan causar daños sobre todo a las jóvenes durante la menarquía. Es corriente que una niña de 9 años ya cuelgue un chinchorro en el triángulo del futuro esposo, previamente elegido por los padres aunque sin perder ella el contacto con su madre. A pesar de su corta edad la niña recoge la leña y prepara la comida con lo que él le proporciona.

Los Yanomamis denominan su poblado "Teca", que significa "hueco" y verdaderamente es un hueco en la selva. Los techos individuales pueden guardar una distancia entre si bien de un metro o de varios metros. Pero pueden también estar unidos. En el centro se forma un patio central al cual ellos llaman “Shabono”. Este término es el más común para denominar este tipo de vivienda la cual es muy apropiada para la vida selvática y su materia prima está al alcance de la mano.

Para la construcción de viviendas definitivas es preciso tumbar los árboles. Para esto, aun hoy día encienden una serie de fuegos bajos alrededor del pie del tronco para quemarlo sin llama viva, proceso lento pero seguro para derribarlo. Aunque actualmente casi no hay tribus que no poseen hachas y machetes adquiridos de fuera. La vivienda consiste en techos de una sola vertiente a veces de 45° de inclinación cuyo borde superior puede alcanzar entre los 5 y los 6 metros de altura mientras que el borde inferior puede llegar a sólo medio metro del suelo. La estructura es armada de troncos de árboles delgados y ramas atados con bejucos. Por supuesto construyen sin cálculos estructurales, cosa que parece realizan por intuición. El techo lo hacen de hojas de palmas colocadas en trama. No se trata propiamente de un techo tejido sino como un gran número de hojas es colocado unas encima de las otras, con sus pecíolos amarrados a las viguetas transversales adquiere la apariencia de una trama y resulta impermeable.

El diámetro del shabono dependerá del número de sus habitantes. Existen viviendas con una población de 50, 60 y hasta un máximo de 150 individuos y con patios de 20 a 50 metros de diámetro. El único mueble de los Yanomamis es el chinchorro (tipo de hamaca) que les sirve tanto para dormir como para sentarse. Está hecho con la misma clase de bejucos que emplean para amarrar la estructura de sus construcciones. Desprenden los bejucos o lianas que cuelgan de los árboles y con su fuerte dentadura los cortan a la medida. Ambos extremos del haz de bejucos son entonces amarrados separadamente sin haber trama alguna a todo lo largo del rudimentario chinchorro. Los chinchorros son colgados formando un triángulo alrededor del fogón y si el número de familia lo requiere, los restantes chinchorros son colocados encima de los otros a la altura deseada.

El fogón está siempre al lado del chinchorro, así que estando el indígena acostado o sentado, sin cambiar su postura puede alimentar el fuego empujando los leños hacia el centro del fogón y del mismo modo puede coger la carne asada. Se puede calcular el número de familias que integran un shabono por el número de fogones existentes. Cada grupo familiar cocina su propia comida en su propio fogón. A pesar de que todos los hombres de la familia salen juntos a cazar y cosechar, el producto de la caza y la pesca es repartido en partes iguales según el número de familias.

 

Alimentación: Los Yanomamis ingieren proteínas en abundancia pues cazan dantas, chiguires, cunaguaros etc. Comen todas las aves menos las águilas, comen también culebras, gusanos, lagartos arañas e insectos tales como hormigas y sus larvas. La variedad en frutos silvestres que comen crudos o cocidos supera significativamente la variedad de nuestros mercados.

El fruto apreciado por los Yanomamis es el de la palma Pijiguao. Esta palma es autóctona de la América del Sur y crece silvestre en las selvas aunque también es cultivada por los indígenas en sus platanales o en lugares abiertos de la espesura selvática. A los 8 años, cuando los platanales se agotan, es cuando empieza a fructificar. Los Yanomamis aunque abandonan sus localidades y conucos suelen regresar a ellos si crecen allí estas palmeras para cosechar el Pijiguao. En tiempos remotos constituía el principal alimento de muchas tribus pero en la actualidad es la fruta preferida de ellos.

Cada palma produce al año unos 60 kg., de frutas en varios racimos de aproximadamente unos 10 kilos. El fruto ya cocido tiene un sabor parecido al de la papa. Su recolección da origen a la gran fiesta anual de los Yanomamis. “La fiesta del Pijiguao”. El plátano que actualmente es el alimento básico en la dieta diaria de los Yanomamis, fue introducido de la India después de la época de la Conquista y se ha difundido en las regiones de climas adecuados. Se estima que los Yanomamis lo cultivan desde hace más de 100 años.

En los primeros contactos con los Yanomamis en el presente siglo, se observó que tienen ollas de barro cocido, coniformes y muy rústicas que para cocinar la comida colocan en el centro de los leños del fogón. Los plátanos y las frutas las envuelven en hojas y las colocan sobre las brazas. La carne es asada junto a la llama del fogón y tiene que estar bien cocida. Si está algo cruda o si muestra algo de sangre la detestan y no la comen. Sienten temor supersticioso por la sangre.

Las calabazas enteras sirven para guardar el agua potable, las partidas en dos mitades sirven para guardar cualquier otra cosa. Hojas de platanillos y palmas sirven para envolver frutas y nueces cuando las recolectan. Por supuesto, la selva les ofrece el material para elaboras sus cestas y alimentar el fogón. Tejen cestas grandes y redondas para cargar la leña o cualquier otra cosa. Cazan con arcos y flechas de 2 metros de longitud que son elaborados íntegramente de materiales vegetales de la selva. El arco es tallado con la quijada de váquiro (cerdo salvaje) y las flechas son trabajadas con dientes de picure. De la madera de la palma Manaca hacen los punzones para perforar las pieles de animales y la corteza de árboles que usan como envases.

 

Religiosidad: El mundo espiritual de los Yanomamis está lleno de legiones de espíritus buenos y malos que deambulan por todas partes. Creen en la existencia de otra vida en el más allá. Para no quedar mal tienen que tomar ciertas precauciones para esa vida futura. Allá arriba hay un gran Shabono para todos. Allí habrá abundante cacería y frutos opulentos. Allí no nacen niños. Quizás la palabra “alma” es la más adecuada expresión para lo que forma parte de un ser Yanomami, aunque se separe cuando menos temporalmente del cuerpo durante la vida. Lo más cercano a nuestro modo de pensar es el concepto del alma de la Muerte, alma que, al morir su dueño sube derecho al cielo.

Noneshi es “la sombra del hombre”, es además el alma sin la que no se puede vivir y que solamente puede ser vista muy a lo lejos. Cuando un enfermo esta grave, el Noneshi se va. Si se les pregunta a donde? ellos contestan "andan por la selva sin camino". Los parientes y los amigos se levantan entonces de sus chinchorros y con hojas de palmas en la mano se inclinan desde el centro del shabono tratando de aprehender el Noneshi atrayéndolo con el movimiento de las hojas de palma en dirección al lecho del enfermo Luego salen hacia la selva y si no logran que regrese el Noneshi el enfermo muere. Entonces el Noneshi también sube al cielo como alma de la Muerte.

Para ellos una fotografía es “Noneshi” ya que un alma de reflejo siempre vive alejada del cuero humano. (Por eso a ellos no les gusta que le tomen fotografías), son capaces de arrancarle a cualquiera la cámara de las manos y romperlas.

Cuando un guerrero ha matado a otro, carga una culpa que tiene que expirar, se mantiene en ayuno en su chinchorro y se somete a una serie de otras prohibiciones. Al matar a un águila tiene que guardar las mismas normas y también esta muerte le pesa mucho en el pecho pues para ellos, en el águila vive su otro yo.

Cuando un Yanomami muere sus pertenencias que provienen de la selva, tales como el chinchorro de bejucos, los aretes, calabazas, etc. son quemados. No se pronuncia más el nombre del muerto pero lo lloran durante meses y las mujeres de la familia se pintan las mejillas de negro. Sus huesos son calcinados. Luego los trituran golpeándolos con dos palos en un envase de madera. Una vez pulverizadas las cenizas del muerto son guardadas en una calabaza que es tapada herméticamente con cera de abejas silvestres. Meses más tarde, preparan un carato de plátano con estas cenizas y en una ceremonia solemne es tomada por todos.

Este carato lo hacen triturando plátanos maduros mezclados con agua en unos envases de corteza y lo toman crudo.

 

Guerra: Son al mismo tiempo pacificadores y valientes guerreros. La pacificación pasa a menudo por la amenaza o el uso de la fuerza, de ahí que la mayoría de los jefes tengan fama de waiteri o fieros. Viven también de la guerra porque para los yanomamis la guerra forma parte de sus vidas. Durante los combates suelen herirse allí y es raro ver una cabeza que no presente varias cicatrices.

 

Escritura: Los Yanomamis no tienen ningún tipo de escritura. No graban dibujos en piedras o madera. Sus tradiciones y leyendas pasan de generación en generación por medio de cantos antiguos. No cantan por placer. Cantan mensajes, cantan ritualmente. Los cantos de los brujos son cosa indispensable en su oficio no conocen ningún instrumento musical. Les falta el sentido de los números. Mientras la numeración llega en pueblos primitivos a 7, la de los Yanomamis llega a 3. Cuentan uno, dos y mucho. Las misiones tratan de enseñarles las tablas de sumar y restar hasta 10. Todos aprenden a repetir los números, solo algunos varones llegan a calcular cantidades.

 

Propiedad: Tienen un sentido muy claro de propiedad. Los plátanos sembrados por un Yanomami son cosechados por él y su mujer y nadie se atreve a coger las matas sembradas por otro. Si lo hace, la pelea es dura.

Los trueques son individuales, Por ejemplo si uno de ellos hace con un forastero el trueque de un objeto que no es de su propiedad el verdadero dueño, al darse cuenta, forma un escándalo y reclama de inmediato el objeto. En ocasiones le pide el forastero la devolución del objeto.

 

 

Infografía

http://es.wikipedia.org/wiki/Yanomami

http://www.backpacker-tours.com/es/yanomami.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Yanomami

http://www.morellajimenez.com.do/yanomamis14.htm

http://www.edumedia.org.ve/indigenas/indi9.asp

 

 

 

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