TEXTOS DE DANIEL

NAVIDAD EN LA MONTAÑA

¡Qué suerte, ya casi es Navidad! Solo quedan cuatro días de colegio y pronto llegarán las vacaciones.

David estaba en la cama, a punto de levantarse para ir al colegio mientras pensaba a qué iba a dedicar todo el tiempo libre que tendría.

Entonces llegó su madre y le dio una gran noticia. Estas navidades las iban a pasar con toda la familia en un pequeño pueblo de la montaña rodeados de nieve.

David saltó de alegría. Podría jugar con sus primos a tirarse bolas de nieve, hacer muñecos, incluso montar en trineo.

Aquellas navidades iban a ser inolvidables.

¡Último día de cole, yupi! Esa mañana había fiesta, regalos, canciones y cuando todo terminara cogerían el coche y pondrían rumbo a la montaña.

Llegaron tarde y algunos de sus primos ya estaban allí, esperando para adornar el árbol todos juntos. Cogieron las bolas, las figuras, el espumillón y entre todos adornaron el pino que había en la entrada de la casa.

Pasaron unos días estupendos hasta que llegó el día 24. Ese día todos los primos estaban nerviosos esperando que llegara la noche para recibir a Papá Noel. Aquel día casi no jugaron, todos estaban pendientes del reloj. Comieron, pasó la hora de la merienda y por fin llegó la cena. Cenaron deprisa y se acostaron temprano, aunque nadie se podía dormir.

De pronto se oyeron, o eso le pareció a David, unas campanillas y cerró los ojos, se hizo el dormido para no ver a Santa Claus y poder recibir su regalo.

Por la mañana, todos se levantaron temprano, corrieron hacia el árbol y ¡allí estaban!. Todas las cosas con las que habían soñado estaban debajo del pino que habían adornado todos los primos.

Sin duda, aquellas Navidades iban a ser especiales y David tardaría mucho tiempo en poder olvidar el sonido de las campanillas en aquel mágico día en un pequeño pueblo de montaña.

Daniel Martínez

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DON QUIJOTE

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía un hombre llamado Alonso Quijano.

Le encantaban los libros de aventuras; hasta vendió sus tierras para comprarse más libros.

Leía tanto que, un día, se volvió loco y se cambió el nombre a Don Quijote de la Mancha.

De repente, cogió su espada y empezó a acuchillar la pared de su cuarto, donde leía todos los libros de aventuras que había comprado vendiendo todas sus tierras.

Al día siguiente, cuando Don Quijote se despertó, se levantó de la cama, cogió su espada y su lanza y se marchó para ser un caballero y luchar contra fuertes y enormes gigantes.

Entonces, se fue por la puerta de atrás y se marchó en busca de los gigantes.

Por el camino, pensaba en su amada Dulcinea, en realidad llamada Aldonza Lorenzo.

Mientras pensaba en Dulcinea, su caballo, llamado Rocinante, se cansó de andar y se paró.

Don Quijote creía que su caballo era muy fuerte y su nombre destacaría mucho entre todos los caballeros del mundo…

Daniel Martínez Blanco

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RESUMEN DE UN LIBRO

Hace unos años había un niño que odiaba las matemáticas y al profesor del colegio.

Un día el profesor le preguntó que cuánto era seis por ocho, pero no le contestó. Siguió preguntándole hasta que respondió:

-         ¡Deja de preguntarme; las mates no sirven para nada.!

-         Sus padres decidieron ponerle un profesor particular, para que le diera mates.

Un día, el profesor particular le dijo que cuánto era ochenta dividido entre cinco y Nico, el niño, le dijo que era tonto.

Y él contestó:

- ¿Cuántos profesores te has cargado en un mes?

- A cuatro

- ¿Y en dos meses?

- Pues ocho

-¿Y en ocho meses?

- ¡Qué fácil, a terita y dos

Esa noche cenaron temprano.

Le preguntaron que cómo había estado con el profesor, pero no contestó.

Al cabo de un rato contestó:

-Bien, he estado bien.

 

 

 

Daniel Martínez

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AUTOBIOGRAFÍA

 

Yo nací el 24 de abril de 1997 a las 5 de la mañana y soy el segundo de dos hermanos.

El primer año de mi vida apenas dormía y lloraba mucho. No me gustaba que me metieran al parque a jugar. Mi primera palabra fue papá y hasta los 15 meses no empecé a andar, aunque, cuando lo hice, no me caí nunca.

Como mi madre no trabaja, nunca fui a la guardería, hasta que empecé el cole a los 3 años. Los 3 primeros días no quería subir a clase y me subía Carmen en brazos. Luego dejé de llorar e iba muy contento.

A los 4 años se me cayeron los primeros dientes y los dos siguientes me los tuvo que quitar el dentista.

A los 7 años decidí que no quería hacer la primera comunión, a pesar de lo que me insistieron mis amigos.

A los 8 años mis padres me apuntaron con Celia a una academia de inglés, y allí sigo todavía todos los lunes y miércoles.

En diciembre de 2006 empezaron a ponerme hormona de crecimiento, porque desde los 2 años tenía la curiosa “costumbre” de crecer solo la mitad del año.

Aunque soy pequeño, mi psicóloga dice que tengo una gran autoestima y soy muy maduro para mi edad.

Mis amigos creen que soy majo y mi hermana que soy un poco pesado.

Me gustan mucho los ordenadores, los videojuegos y leer por la noche en la cama.

 

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El gigante con aspas

 

A los dos días de volver a casa, Don Quijote fue a leer unos de sus libros, pero no había ninguna puerta para ir a esa habitación.

Entonces su sobrina le dijo que un mago se había llevado la habitación, pero Don Quijote siempre iba a tocar la pared para encontrar la puerta, pero no había nada.

Quince días después de volver, se volvió a marchar con un vecino suyo llamado Sancho Panza.

Sancho Panza era bajito, regordete, más bueno que el pan y casado con hijos.

Le preguntó sí quería ser su escudero y hacerse general de la primea ínsula que ganara, y el dijo que sí.

Mientras caminaban, Don Quijote dijo que nunca había visto un caballero montado en un borrico, y le dijo que su burro sólo era para andar. Además, es mejor que el mejor caballo de todo el mundo, aunque Don Quijote seguía sorprendido de que fuera en burro.

De tanto hablar y hablar, se hizo de día sin que se dieran cuenta.

Llegaron a Montiel y vieron treinta o cuarenta molinos de viento.

Don Quijote creyó que eran gigantes y se fue a por ellos.

Sancho Panza le intentaba avisar, pero no le oía, porque estaba muy lejos.

Don Quijote empezó a pensar en su amada Dulcinea del Toboso mientras iba a luchar contra los gigantes.

 

Daniel Martínez

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