Textos de Paloma Delgado
Resumen de un libro
Título del
libro: Charlie y el gran ascensor de cristal
Autor del
libro: Roald Dahl
Segunda
parte del conocido libro de Roald Dahl “Charlie y la fábrica de chocolate”,
que retoma la historia en el ascensor de cristal del señor Wonka. La familia de
Charlie y el señor Wonka entran en el espacio con el ascensor y se enfrentan a
muchas aventuras con otros nuevos personajes en un maravilloso “hotel
espacial”.
Opinión
personal:
Si tuviera
que ponerle estrellas, yo le pondría cuatro, porque el libro está muy bien
redactado y es igual de fantástico que el anterior, pero le quito una estrella
porque algún capítulo es un poco aburrido.
Problemas
de alimentación
Cada vez son más frecuentes los problemas de alimentación de los jóvenes.
Estas enfermedades se empiezan a desarrollar cuando el paciente se ve gordo. La
mayoría de afectadas son chicas adolescentes de doce a veinte años, pero cada
vez es más común ver serios trastornos de nutrición en varones.
La enfermedad más común es la anorexia. Consiste en parar de comer para
intentar adelgazar. Parece imposible dejar de comer durante semanas, pero
algunos anoréxicos han logrado posarse en los 45 kilos con 15 años. Los síntomas
que los delatan son: pérdida de apetito, excesivo ejercicio después de ingerir
alimentos, delgadez extrema…
Otro trastorno alimentario es la bulimia. Los pacientes que la sufren, al igual
que en la anorexia, se ven gordos. Pero, después de comer copiosamente, se
encierran en el baño y se provocan el vómito con los dedos. También puede
llegar a unos extremos graves. Los síntomas son: marcas en los dedos (al causar
el vómito), atracones nocturnos, pasar mucho tiempo en el baño, sentimiento de
culpa tras ingerir alimento….
Hay algunos trastornos no muy conocidos. Por eso, algunas personas los padecen
sin darse cuenta. Dos de ellos son la vigorexia, que consiste en hacer excesivo
ejercicio, y la ortorexia es cuando se tiene demasiado control sobre las calorías.
Paloma Delgado
Hoy
estaba muy tranquila tumbada en el sofá con Maxi (y con mi estupenda manta)
cuando mi madre ha venido y me ha dicho: “¡hay que ir a la bolera!” Al
principio me he preguntado ¿por qué? Pero enseguida me ha venido a la cabeza:
¡tenía que celebrar mi cumpleaños!
Hemos estado a
punto de no poder celebrarlo. Estoy impaciente porque quiero que llegue el
lunes. ¡Nos lo pasaremos genial!
Paloma
Delgado
Entrevista
a la familia Simpson
Estoy en el pintoresco pueblo de
Springfield. Me dirijo hacia el 721 del barrio de Evergreen Terrace, hogar de
los Simpson. Tras hablar con numerosos vecinos, he llegado a la conclusión de
que me enfrento a una peligrosa entrevista en la casa de los líos de este
pueblo, conocida por su famosa serie televisiva que millones de personas siguen
cada día.
Periodista-
Empezaré por usted, señora Simpson. Tras observar la escasa colaboración en
la casa por parte de su marido, ¿qué opina de la postura de éste en las
tareas domésticas?
Marge-
Pienso que mi esposo se comporta como si de un cerdo se tratase. Nunca ayuda, al
revés, siempre ensucia y me trata como una esclava. Algún día le diré algo,
aunque no sé cuándo, ni qué le diré.
Periodista-
Pequeño Bart, todos sabemos que eres el gamberrete de la casa, ¿cuál
ha sido tu última trastada?
Bart-
Ayer mismo le pinché una rueda al coche de mi profesora, pero ahora va a ser la
penúltima broma. ¡Ahí va!
Bart
me acaba de lanzar una piedra con su tirachinas. Mientras el Sr. Simpson impone
un castigo al niño, la amable Sra. Simpson me ha curado la herida causada por
la piedra. Media hora después continúo con la entrevista.
Periodista-
Lisa, siempre has soñado con estudiar en una universidad privada. Si te dieran
a elegir entre universidad o familia, ¿qué elegirías?
Lisa-
¡Pero qué pregunta! Pues por supuesto me quedo con la universidad privada. Lo
único que deseo es deshacerme de esta panda de incultos a los que llamas “mi
familia”, que impiden que desarrolle mis capacidades llevándome a una escuela
de mala muerte.
Periodista-
Sr. Simpson, el pueblo entero sabe que ha puesto en serio peligro su vida por
divertirse en repetidas ocasiones ¿piensa hacerlo de nuevo?
Homer-
¡Seguro que sí! A mí no me importa morir. A nadie le importa nada cuando está
muerto. ¡MUERTO! Je, je, je, qué
chistoso soy.
Periodista-
Acabaré preguntando a Maggie, la benjamina. Ya sé que no hablas, pero ¿podrías
expresar con un gesto que sientes por esta familia?
Maggie-
(ruidos de chupete)
Tras
despedirme de Los Simpson, vuelvo a España pensando que, si vuelvo a los
Estados Unidos, debo recordarme NO pasar por esta casa de locos.
Paloma
Delgado
Nació
en Zaragoza a finales del siglo XI en un ambiente humilde y poco estimulado en
cuanto a la cultura. En realidad su
nombre era Abu Bakr Muhammad Ibn
Yahya Ibn Al-Sa´ig ibn Bayya, pero se le conoce por su nombre latinizado,
Avempace.
Aunque
su etapa de formación fue desconocida, llegó a desempeñar muchas profesiones
importantes, (músico, científico, pensador...etc). Se reunía con otros
hombres que compartían sus quehaceres en la Taifa Zaragozana
Cuando
llegaron los almorávides, el gobernador Ibn Tifilwit nombró a Avempace su
visir , desde 1110 hasta 1113.
En 1118
Zaragoza fue conquistada por Alfonso I. Avempace, junto a unos cuantos
pensadores mas, huyó.
Primero
escapó a Xátiva, donde fue apresado por el gobernador. Después marchó a
Almería, Granada, Orán y Fez. Durante este tiempo, se dedicó a estudiar y a
seguir con sus pensamientos, pese a que la mayor parte de su tiempo la ocupaban
los negocios. Murió en Fez entre 1128 y 1138, por culpa de las envidias de
otros médicos y secretarios del gobierno. Le dieron a comer una berenjena envenenada.
Paloma y
Celia
Miguel
Fleta
Miguel
Fleta, 1847-1938. Nació el 1 de diciembre de 1.897, en la localidad oscense de
Albalate de Cinca.
Su
formación musical se realizó en Zaragoza, en compañía de Luisa Pierrick, que
posteriormente sería su cónyuge. Después viajó a Barcelona y,
posteriormente, a Milán. Aquí se produjo su debut operístico.
Al
estallar la guerra civil, Miguel Fleta se mudó a La Coruña, ciudad gallega en
la que falleció.
El
importante repertorio de Fleta ha sido recogido en múltiples colecciones de CDs
y discos de vinilo.
Miguel
Fleta también se asomó al mundo cinematográfico, con títulos como “Miguel
Fleta en los jardines de los señores Pie-Sopena, con ocasión de la inauguración
del teatro Olimpia”, o “La boda de Miguel Fleta”.
GARRULICO
Apreciados lectores:
Hace un mes estábamos todos en el cementerio de Zaragoza llorando la muerte de nuestro queridísimo héroe local Eustaquio Marín, apodado por todos nosotros como Garrulico. En su memoria, yo, un anónimo que no desea dar su nombre, he recopilado todos los capítulos de especial relevancia para los habitantes de Arándiga en estas páginas.
Firmado:
Un arandiguino octogenario.
1
EL NACIMIENTO DE GARRULICO (y su infancia)
Era 5 de abril de 1.940. Una mujer embarazada descansaba en un sofá junto a su marido. La joven llevaba como única prenda una bata de ganchillo que caía sobre su vientre abombado que contenía en su interior un bebé gestante de ocho meses.
La mujer empezó a quejarse. Su marido intentó que el dolor cesara ofreciéndole todo tipo de cosas, hasta que el hombre decidió avisar a un médico.
"Está de parto", apuntó el médico. "No hay tiempo para llevarla al hospital, el niño nacerá aquí". Así pues, en el número 1 de la calle Arrabal dio lugar el nacimiento de Eustaquio Marín Trasobares, al que 17 años más tarde se le conocería como Garrulito.
"Como el bebé ha nacido con ocho meses, debemos trasladarlo rápidamente hacia una fuente de calor" dijo el médico. "¿Pero dónde?" señaló la madre. "Señor médico, creo que el rebaño de ovejas del tío de mi esposa servirá". El médico se quedó impresionado, pero al final cedió y se pusieron todos en marcha.
Subieron todos por el Arrabal. La madre llevaba al niño envuelto en mantas, el padre llevaba una silla para que al llegar la madre pudiera sentarse y el doctor sujetaba dificultosamente su pesadísimo baúl, que tenía dentro unas herramientas sanitarias por si había complicaciones. Los vecinos, asomados a los balcones, miraban fijamente el pelotón.
Tras subir la cuesta quedando en ridículo, al fin llegaron al Colladillo, el barrio donde estaba el corral. "Hola maños", habló el pastor. "Antonio, ¿podría prestarnos unas ovejas? Dos, concretamente", siguió el hombre. "Ala pues, cógelas. ¿Pá qué las quieres pues?
"Pues para darle calorcico a mi niño".Así, el pastor cogió unas cuerdas, una vara y les ordenó que se fueran.
Al llegar al almacén de la vivienda, les dieron a las ovejas con la vara, las ataron a unos muebles de madera que tenían amontonados y las tumbaron. Pusieron al pequeño entre las ovejas y el marido preguntó: "¿Cuánto tiempo debe estar aquí? El médico se rascó la barbilla y calculó. "Unas diez horas" Y ahí lo dejaron. De cuando en cuando llevaban alimento al niño y a los animales, y posteriormente se iban.
Sobre su infancia no tengo mucho que contar: tan sólo pequeños hechos que divirtieron a los arandiguinos y que impactaron a los paseantes forasteros.
El primero es que, con cuatro años, se sentó encima del rottweiler del vecino creyendo que era un miniburro. El resultado fueron cuatro puntos de sutura al morderle el can en la rodilla.
El segundo es que, cuando descubrió que los Reyes Magos no existían, quiso viajar hasta Oriente para comprobarlo, y no se le ocurrió mejor manera de hacerlo que irse sin avisar emprendiendo la marcha por la carretera comarcal. Lo encontraron dos días después sediento y con hambre en Codees, un pueblo pequeño muy cercano al nuestro.
A los diez años le pidió a su tío Eusebio que le enseñase a hablar como la gente de pueblo normal, dado que sus padres eran muy cultos y no le permitían hablar de ese modo. Un mes después de iniciar el curso, desarrolló un exagerado acento aragonés que ni siquiera los diccionarios de sinónimos le podían quitar. Desde aquel día empezó a ver su futuro como sería: el pastor más honrado y popular del pueblo, que se ganaría el respeto y amistad de los vecinos a base de amabilidad y comprensión.
2
TE LLAMARE GARRULICO
Recuerdo que, cuando Eustaquio tenía 17 años, fuimos a sacar a las ovejas y a plantar lechugas.
Llegué a la siete de la mañana. Llamé a la puerta de cristal y madera, y la amable y siempre joven madre del chico me abrió. Me invitó a un desayuno mientras el chaval se preparaba.
Media hora después se presentó en la parte superior de la escalera "¡DIOS MIO¡" fueron las palabras que, repentinamente, se escaparon de mi boca. Nunca había visto a un adolescente con tanta cacharrería encima. En la cabeza apoyaba un maletín de herramientas que sostenía con el brazo izquierdo. En el brazo derecho agarraba una vara de pastoreo. En la cintura se había abrochado un cinturón de cuero del cual colgaban herramientas pequeñas de jardinería, como rastrillos, palas y semillas de florales. Creo que había confundido los sobres.
De repente, el chico empezó a tambalearse. Perdió el equilibrio y … bajó por la escalera, pero no precisamente por su propio pie.
Después de tan aparatosa caída, inmediatamente salió de entre los cacharros. Increíble. No se había hecho nada. Ni un rasguño. Recogió todo y se lo recolocó.
Al fin, Eustaquio dio un beso a su madre y salió de la vivienda. La mula aguardaba en mi corral, por lo que tuvimos que subir hasta el recinto.
Una vez allí, desatamos a la mula y le colocamos las albardas. El quería subirse ya. Pero le agarré de la camisa y le quité todo cuanto tenía. "¡Me siento ligero¡" comentó. A duras penas cupieron todos los bártulos. Primero subió el niño (a la mula), y luego iba yo.
Por la expresión de sus ojos, deduje que la mula estaba sufriendo, así que bajé y la conduje desde el suelo.
Llegábamos al huerto cuando nos encontramos a un perrillo mestizo con cara de lástima. "Tío", me dijo. Me miró con su expresión de corderillo y supe que quería al perro. Me quedé pensativo, aunque realmente no estaba pensando. Sólo pude ver en mi mente los gestos de felicidad que podía poner el chaval con el perro. Así que, sin saber por qué, accedí. "Quédate al chucho". Creo que es la única frase que recuerdo con claridad de mis años con Eustaquio.
El perro nos acompañó unos metros, hasta que llegamos a mis tierras. Entonces se tumbó y no nos dio la cara hasta que nos fuimos.
Cogí las semilla que yo llevaba, le dí unas cuantas al chico y le enseñé a plantar. Pero como era tan simple, no sabía hacerlo. "Serás garrulico", le dije en todo guasón. Pero a él le hizo gracia la palabra., y no cesó de repetirla hasta que le grité "¡Vale, vale¡ Te llamaré Garrulico.
Después de haber hecho yo todo el trabajo en el campo, despertamos al cachorro y Garrulico se lo llevó en brazos. Se subió con él en la mula y nos pusimos en marcha.
Durante el camino, fuimos meditando sobre el nombre del perro. Me parece oportuno escribir esto en forma de diálogo, ya tenía ganas.
Garrulito, deberías ponerle nombre al animal.
Le llamaré Riau.
¿Riau?. Es nombre de conservas.
¿Qué es eso?
Lo que va enlatado.
Pues le pondré otro nombre. ¿Y si le llamo Ajo?
Me niego en rotundo a que un perro se llame como una comida. ¿Y si le pones Diamante?
¿Qué es eso?
Una piedra preciosa.
Nu suena a pueblo. ¿Y Burrico?
No. Para burros ya tienes los del abuelo. ¿Y Fernando el Católico?
¿Y ese?
Un rey de hace cientos de años.
Nu se pa’que tanta complicación. ¿Si le ponemos Agustín?
¡Que no¡ Ponle Leonardo.
No.
¡Pues ponle lo que te salga de las narices¡
Al final, tras mucho discutir, le dejé que le pusiera Plavero. Es lo primero que se le ocurrió, y que me parecía mínimamente aceptable.
Plavero vivió 21 años. Garrulico tenía 38 años cuando Plavero murió, pero aún así lloró mucho.
Cuando subimos al corral con la mula, nos encontramos con las ovejas sucias. Así que Garrulico decidió bañarlas en el río. Atamos a la mula, cogimos la vara y sacamos a las ovejas del corral.
Al llegar allí, Garrulico manejó a las ovejas a la perfección. Lo hicimos todo rapidísimo. Luego, al salir del río, le pregunté a Garrulico: ¿Tú quieres ser pastor?".
El dijo: "Pos mañu, lo que sea, será".
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Resumen de un libro
Título
del libro: Charlie y el gran ascensor de cristal
Resumen:
Segunda parte
del conocido libro de Roald Dahl “Charlie y la fábrica de chocolate”, que
retoma la historia en el ascensor de cristal del señor Wonka. La familia de
Charlie y el señor Wonka entran en el espacio con el ascensor y se enfrentan a
muchas aventuras con otros nuevos personajes en un maravilloso “hotel
espacial”.
Opinión
personal:
Si tuviera que
ponerle estrellas, yo le pondría cuatro, porque el libro está muy bien
redactado y es igual de fantástico que el anterior, pero le quito una estrella
porque algún capítulo es un poco aburrido.
Paloma Delgado