LA ESFERA DE LOS CUENTOS
Entrevista realizada el 24 de mayo de 1983
en el hotel madrileño en donde
se hospedaba el escritor argentino Julio Cortázar
por José Julio Perlado
Profesor Titular - Facultad de Ciencias de la Información
Deshoras, ¿con qué libro suyo anterior puede emparentarse más?
- Me resulta difícil establecer o hacer así rápidamente un análisis mental de
todos mis libros de cuentos anteriores. Yo tengo la impresión de que este libro
simplemente agrega una serie de cuentos a una cantidad ya bastante crecida y que
abarca más de treinta años de trabajo, es decir, ese tipo de cuentos que me son
naturales, por así decirlo, o sea cuentos donde el elemento fantástico se hace
casi siempre presente, no siempre, pero casi siempre son cuentos donde todo lo
latinoamericano está también muy presente no sólo en el lenguaje sino en la
temática, y concretamente hay dos cuentos que se desarrollan en la Argentina. O
sea que en realidad yo no diría que hay la menor ruptura en la serie.
- Si no hay ruptura, ¿hay en estos cuentos alguna nueva aportación en el plano
técnico o en el temático?
- Parecería un poco inmodesto contestar afirmativamente, pero yo no tengo, en
todo caso, ninguna falsa modestia. O sea, tengo la impresión de que si continúo
escribiendo cuentos, esos cuentos no son repetitivos, osea, que es un nuevo paso
en algún sentido, a veces tal vez sea un paso hacia adelante, a veces puede ser
una bifurcación hacia algún lado donde me parece que hay todavía posibilidades
que yo mismo no he indagado, que no he explorado.. Si no fuese así no tendría
ningún interés, ninguna curiosidad por escribir cuentos. De modo que digamos que
sí, que pienso que ahí debe haber alguna aportación, pero es a los críticos y a
los lectores a quienes les toca decirlo
- De estos ocho cuentos de su libro Deshoras, ¿qué cuento es más de su
preferencia? ¿A qué cuento le tiene usted más apego, más cariño?
- Es difícil elegir un cuento. Puede haber uin cuento que me interesa por la
forma en que lo he escrito, es decir, ese combate que el escritor lucha consigo
mismo para finalmente obtener algún resultado literario, pero también podría
citar algún cuento en donde lo que me interesa es sobre todo la temática.
Entonces, empezando por la temática, un cuento como Pesadillas, para mí cuenta
mucho porque significa mucho, porque me parece una especie de resumen alegórico,
si usted quiere, de la situación que se ha vivido en la Argentina en los últimos
años. Ahora, si se trata ya del lado exclusivamente literario, a mí me interesa
personalmente el último cuento, ese que se llama Diario para un cuento, porque
es una especie de combate conmigo mismo para tratar de llegar a un resultado, no
sé si lo comprende o no.
- ¿Por qué ha escogido el título de Deshoras para este libro?
- Una buena pregunta, sólo que hago la observación al paso de que el primer
cuento no es un cuento, se llama epílogo de cuento. Es lo que me sucedió
exactamente tal cual, y no está contado como un cuento sino como un documento
privado.
Yendo al título de Deshoras, siempre que reúno siete, ocho o nueve cuentos para
un volumen se me plantea el problema del título; me gusta, siempre que puedo,
que el título de alguno de los cuentos que están en el libro sirva para la
totalidad. A veces se puede y a veces no. Porque ese título tiene que resumir la
atmósfera general del libro, y en este caso creo que Deshoras es con esa noción
que tiene la palabra, que yo la uso un poco insólitamente en plural, porque en
generak se dice "llegar a deshora", por ejemplo. Y yo la separo de la frase
hecha, y la pongo en plural porque me parece que los ocho cuentos del libro, de
alguna manera, todos son "encuentros a deshora", hay pasos así, en que el
destino se juega un poco, porque hay un desajuste entre la realidad y los
personajes.
- ¿Interviene en este libro el tema del juego?, ¿el "juego" del escritor con lo
que escribe, y el juego con el lector?
- Bueno, sí, desde luego que interviene, porque todos los elementos de juego,
pero entendido seriamente, son una constante en la mayoría de las cosas que
llevo hechas, y aquí el juego es bastante explícito. Por ejemplo, en ese cuento
que se llama Satarsa, el personaje trata de ver lo que está sucediendo y lo que
le puede suceder a través de juegos de palabras, eso no parece muy serio, pero
usted sabe que la magia de las palabras es una de las formas que se cultivan
desde la más alta antigüedad, y entonces ahí hay una referencia muy directa a
uno de los grandes juegos que ha jugado siempre el hombre, a través de la Kábala
por ejemplo, y a través de todas las posibilidades de adivinación, a través del
idioma y por medio del idioma. Hay un viejo juego, que yo sigo practicando con
resultados que me asombran, que es lo que alguien llamó la "poetomancia". O sea,
tomar un libro de poemas, cualquier libro de poemas, cerrar los ojos, abrirlos y
poner el dedo en un verso y leer ese verso; es impresionante la cantidad de
eveces que en mi caso, el verso en el que caigo me ilumina un futuro inmediato o
me aclara un pasado o me muestra cuál es mi presente, entonces ¡cómo no creer en
el poder del lenguaje! cuando ese simple juego se vuelve una cosa seria.
- Usted habla en su último relato de la "cosquilla del cuento". ¿Suele traerle
ya esa "cosquilla", la manera de hacer cuentos?
- Puedo contestar afirmativamente a eso, sí, porque, claro, es más que una
"cosquilla", es...
- ¿La "manera" o la "estructura"?
- Bueno, tal vez estamos hablando de la misma cosa, porque la estructura no
puede ser una estructura si no contiene una opción previa sobre la forma en que
se va a construir el cuento; y en general, la noción general del cuento, el tema
en "grosso modo", en mí viene acompañado ya de la forma en que tengo que
hacerlo. Es decir, yo sé automáticamente cuando me pongo a la máquina que tengo
una idea general de un cuento que me obsesiona, esa es la "cosquilla", que me
obliga a escribirlo; pero también sé, sin poder dar ninguna explicación
racional, si ese cuento lo voy a escribir en primera persona o en tercera. Eso
lo sé, lo sé sin razones, sé perfectamente que voy a empezar a hablar de mi
"yo", o bien voy a empezar a hablar de algún punto o algún tema. Y eso no tiene
explicación, eso se da así.
- ¿Le plantean muchos problemas los llamados "finales perfectamente cerrados" en
los relatos breves? Y, ¿cuándo rompe la norma?
- Por lo que a mí se refiere, la idea que yo me hago del cuento y la forma en
que lo realizo es siempre un orden muy cerrado. Por ahí he escrito que para mí
un cuento evoca la idea de la esfera, es decir, la esfera, esa forma geométriva
perfecta en la que un punto puede separarse de la superficie total, de la misma
manera que una novela la veo con un orden muy abierto, donde las posibilidades
de bifurcar y entrar en nuevos campos son ilimitadas. La novela es un campo
abierto verdaderamente; para mí, un cuento, tal como yo lo concibo y tal como a
mí me gusta, tiene límites y, claro, son límites muy exigentes, porque son
implacables; bastaría que una frase o una palabra se saliera de ese límite, para
que en mi opinión el cuento se viniera abajo. Y he visto muchos cuentos venirse
abajo por eso, por destruirlo todo en el último momento, por ejemplo, con una
tentativa de explicación de un misterio, cuando el misterio era más que
suficiente en el cuento, cada uno podría encontrar allí su propia lectura, su
propia interpretación. Hay gente que malogra cuentos, poniéndolos excesivamente
explícitos, entonces la esfera se rompe, deja de ser el orden cerrado.
- ¿Qué es un cuento para usted?
- Yo creo que nadie ha definido hasta hoy un cuento de manera satisfactoria,
cada escritor tiene su propia idea del cuento. En mi caso, el cuento es un
relato en en el que lo que interesa es una cierta tensión, una cierta capacidad
de atrapar al lector y llevarlo de una manera que podemos calificar casi de
fatal hacia una desembocadura, hacia un final. Aunque parezca broma, un cuento
es como andar en bicicleta, mientras se mantiene la velocidad el equilibrio es
muy fácil, pero si se empieza a perder velocidad ahí te caes y un cuento que
pierde velocidad al final, pues es un golpe para el autor y para el lector.
- Estos ocho cuentos, ¿cómo podrían clasificarse de alguna manera?
- Me parece a mí que hay dos tipos de cuentos bastante diferenciados. Algunos en
donde predomina el elemento fantástico, que usted dabe bien que es una constante
en casi todos los cuentos que he escrito. En otros cuentos, aunque también esté
presente un factor fantástico, lo que me ha interesado a mí directamente ha sido
una referencia directa a problemas que me angustian personalmente, a mí y a
tantos más, concretamente a conflictos que afectan al tema de América Latina en
general.
- En este libro aparecen cuentos llenos de nostalgia.
- Tal vez para un escritor la única manera de combatir ciertas nostalgias es
escribiendo y, naturalmente, la nostalgia se abre paso en el tema del cuento y
en todo el cuento, pero en estos de Deshoras yo creo que hay algo más que
nostalgias. Hay denuncia, hay protesta y hay combate por lo que sucede en la
Argentina, es decir, un clima de opresión, un clima de miedo, de desapariciones
y de asesinatos, todo eso se refleja con bastante claridad, por lo menos, en uno
de los cuentos.
- ¿Prima más la procupación por temas políticos que por los literarios?
- No. Depende de los momentos. La literatura es mi vocación, y lo que usted
califica de política es una labor de interés militante. Mi vocación profunda es
la literatura, pero yo no quisiera alejarmedel todo del tema de Nicaragua sin
decir que me parece que este es el momento que más que nunca Nicaragua necesita
de la solidaridad de todos los pueblos que a su vez están luchando por una base
social, como es concretamente el caso de este país. Tengo la impresión de que
los intelectuales españoles y que todo el mundo en España puede hacer mucho más
en el plano de la solidaridad con un país como Nicaragua. Estoy seguro de que lo
van a hacer.
- Hay un cuento suyo en su libro Deshoras que da la impresión de acercarse más a
un ejercicio de experimentación. ¿Cómo clasificaría usted este relato?
- Bueno, es un experimento para vers si frente al problema de no encontrar un
camino para escribir un cuento -al describir esas dificultades en forma de
Diario (es decir, todos los problemas del escritor que no encuentra el camino)-,
el cuento queda atrapado dentro del Diario. Digamos que puede haber un cierto
elemento de trampa en eso, puesto que yo tenía conciencia de lo que estaba
haciendo, pero soy muy sincero cuando digo que nunca hubiera podido escribir ese
cuento directamente como un cuento, tuve que dar vueltas en torno a él,
mirándolo por todos lados y hablando continuamente de los problemas que me
impedían escribirlo, y sucedió que al ir haciendo eso, el cuento se fue armando
por dentro, bueno, eso es si usted quiere, la experiencia. Espero que el lector
la sienta como tal y le agrade.
- En este momento, en 1983, tras haber escrito numerosos libros de cuentos,
¿cree usted que existe actualmente una evolución en la forma de contar o bien
prosigue con los caminos ya iniciados anteriormente?
- No lo sé a ciencia cierta. Por un lado me doy cuenta de que con los años y por
el hecho, quizás, de haber escrito ya tantos cuentos, estoy trabajando de una
manera más seca, más sintética. Me doy cuenta al escribir que cada vez elimino
más elementos, no diré de adorno, pero sí elementos de estilo que al comienzo de
mi trabajo se hacían ver, se hacían sentir, y que tal vez le daban más follaje,
más avia a los cuentos; algún crítico me ha señalado que estoy escribiendo de
una manera muy seca, con lo que quiere decir, demasiado seca; no creo que sea
demasiado. Tengo la impresión de que he llegado a un momento en que digo lo que
quiero decir y no necesito agregar una sola palabra más. Tengo la impresión
también de que los lectores actuales, los lectores que ahora se interesan por la
literatura, sobre todo por la latinoamericana, están altamente capacitados para
seguir ese estilo, ya no necesitan el floripondio romántico ni el desborde de
tipo barroco. Yo creo que el mensaje puede llegar directamente y con toda
intensidad, con lo cual no quiero decir que mi manera de escribir sea la única
que me parece válida, muy al contrario. Pero desde luego hay una evolución,
espero que los críticos no digan que es una involución, pero no me toca a mí
saberlo.
- ¿El título de Deshoras lo ha escogido usted por algún motivo peculiar?
- Es el problema de encontrarle un título coherente a un volumen de cuentos,
puesto que los cuentos son siempre tan diferentes entre sí; en este caso el
cuento que se llama Deshoras hace una referencia, la palabra lo está indicando,
al hecho de una no coincidencia en el tiempo, destinos que pasan uno al lado del
otro sin encontrarse, sin juntarse, y los ocho cuentos de este libro, cada uno a
su manera, están mostrando ese tipo de desajuste, de falta de armonía en una
determinada situación; entonces me pareció que el título Deshoras se aplicaba
bien al libro.