EL MUNDO RURAL EN EL BRASIL
Freddy Quezada*
A "Willy May"
William Gómez, es uno de esos miles de nicaragüenses que triunfan en el exterior y que no se entera ni su propia madre. Hace poco se doctoró en sociología en Brasil, a través de una tesis cum laude llamada "A produção do conhecimento sobre o ´mundo rural´ no Brasil (As contribuições de José de Souza Martins e José Graziano da Silva)" mientras los que le conocimos en Nicaragua y lo sabíamos en Sudamérica, lo imaginamos viejo y calvo, vagabundeando por las playas con su vieja salchicha, sin más empleo que corretear a una chica de Ipanema ya gorda y fea, con chistes de shampoo del tipo "¿nos conocemos? ¿No? Pues, deberíamos".
Los dos autores escogidos por William Gómez, son dos "agraristas". Un sociólogo, Souza Martins, que estudió lo "rural" desde la producción capitalista de relaciones no capitalistas en el agro, en medio de una formación económico social lenta; y un economista, Graziano da Silva, que se centró en la industrialización de la agricultura y en una subordinación del trabajo al capital con una creciente proletarización.
Toda la racionalidad presentada de estos autores recuerda mucho a las discusiones sobre "lo agrario" que se generó en Nicaragua en la década de los ochenta y que se encuentra en la memoria del CIERA, el centro de investigaciones que impulsó estos debates.
La aparición del libro del Dr. Gómez, que es un resumen de su tesis doctoral, publicado por la Universidad Santa Cruz do Sul del Brasil, a mi juicio es excelente. Me parece incluso que es superior a "Imperialismo y Dictadura" de J. Wheelock que, aunque sea sobre el mundo rural brasileño, posee casi la misma lógica que domina a los países latinoamericanos en general.
Sin embargo, hay partes, sobre todo donde los autores estudiados, el sociólogo y el economista, cambian de paradigmas (el uno hacia las nuevas tecnologías y el otro hacia la emergencia de los nuevos actores sociales) que me parecieron muy rápidas y ligeras. Pero, repito, es excelente por el método weberiano de "vertfreiheit" (valoración neutral) que usa. Es fácil hablar de este método, pero es difícil aplicarlo porque uno se tiene que refrenar y comprender la racionalidad de los autores por encima o en contra de las valoraciones propias.
Ambos autores bajo examen, comparten no sólo un mismo paradigma marxista (rígido en Graziano da Silva gracias a la Rosa Luxemburgo y flexible en Souza Martins gracias a Henri Léfevre, de paso, el padre de la sociología urbana) sino también presupuestos sobre la modernidad (desarrollo inevitable, lento o rápido; progreso de cobertura total o parcial; tecnologías transformadoras que enloquecieron al economista y emergencia de nuevos actores sociales con mentalidades de cambio que fascinaron al sociólogo).
Sin embargo, la rigidez del uno y la flexibilidad del otro creo que le vienen más bien de sus respectivas disciplinas y no exclusivamente de sus fuentes marxistas. Me pongo a pensar que si hubiese habido un antropólogo marxista en el estudio (de la escuela de Maurice Godelier, por ejemplo) hubiese parecido más flexible que Souza Martins. Y todos hubiesen tenido afinidades, más fuertes que sus diferencias, por la confianza y dirección inexorable puestas en la modernidad. Es típico de las élites ilustradas latinoamericanas.
Los procesos modernos siempre fueron vistos por nuestros intelectuales desde el "deber ser", desde los fines. En esto no se han apartado ni un ápice de Aristóteles que decía que "lo más importante de una cosa es hacia el fin que tienden". Habermas tiene una traducción más pobre pero igual cuando dice que "los modernos somos lo que seremos". Las clases ilustradas y sus intelectuales (marxistas, liberales, conservadores, positivistas y hasta anarquistas) no comprenden lo que "son" las sociedades sino que las estudian desde lo que deben ser o, a pesar de sí mismas, llegarán a ser. La acción, las recomendaciones y los esquemas alternos son lo más importante. La crítica es lo "otro" de la utopía. El "ser" es un pretexto del "deber ser" y sólo conocemos de él lo que nos hacen ver las prescripciones de los científicos sociales. Pero uno no se entiende sin lo otro, como dicen los taoístas.
Todo esto hay que contrapuntearlo con gente como Darcy Ribeiro, por ejemplo, para pagar con el reverso de la moneda, es decir, aplicar racionalidades no modernas a la industrialización como la "ruralización de las ciudades", "cosmovisiones de actores sociales ágrafos", "hibridaciones de los subalternos", "imaginarios de las tribus postmodernas", etc pero también hay muchos postcoloniales brasileños (recuerdo a Gustavo Lins Ribeiro, por ejemplo) que ya están haciendo el ejercicio.
En lo que respecta a las conclusiones del libro, me parecieron desiguales con relación al cuerpo de la investigación. Todas las premisas no corresponden con la magnitud de las conclusiones, predecibles y de bajo vuelo.
En "Estación Central", por ejemplo, la película brasileña con Fernanda Montenegro como protagonista principal, que fue nominada al Oscar hace como tres años, aparece el problema del analfabetismo en las ciudades de un modo que quizás no imaginaron para sus esquemas Souza Martins y Graziano. Ni en Nicaragua vi una cosa así. Este asunto me recuerda una polémica que tuve hace poco en una videoconferencia con unos intelectuales pagados por el BM.
Les dije que en la cultura occidental, en un punto de la historia que aún no descubro, se invirtieron las cosas. Antes se hacía un buen diagnóstico de cómo eran las cosas y después se recomendaba cómo cambiarlas, pero ahora no empiezan a describir el problema cuando ya tienen a la mano 10 soluciones y de pronto las causas de los problemas se vuelven las soluciones, como dice una de las leyes de Murphy.
Les dije a todos esos investigadores del Banco Mundial que hay una terrible pereza y bancarrota intelectual. Creo que es necesario y suficiente comprender qué son las cosas o qué dicen de ellas algunas personas (que fue lo que hizo William Gómez con los dos autores) prescindiendo de juicio alguno y recomendaciones de cualquier tipo. Y, llegados aquí, permítanme cambiar entonces las consideraciones que hice sobre las conclusiones del libro líneas arriba.
Creo que la mejor conclusión que puede ofrecer este excelente texto es el método que se emplea. Comprender una cosa significa resolverla, como dice Krishnamurti. Lo demás es, como le decía a William cuando éramos jóvenes y cruzábamos espadas con nuestras salchichas, "paja, pura paja".
*Sociólogo, Catedrático de la asignatura "Comunicación y Globalización, Carrera de Filología y Comunicación, UNAN-Managua.