Programa estratégico

de Dave Foreman

 

Ha llegado la hora para los hombres y las mujeres, individualmente o en pequeños grupos, de actuar de manera heroica y conscientemente ilegal en defensa de la naturaleza, metiendo bastones entre los engranajes del mecanismo que la destruye. Este sabotaje estratégico puede ser fácil, sin riesgos e incluso divertido; sin embargo, lo importante es que puede resultar eficaz para acabar con la tala de bosques, la contrucción de nuevas carreteras, el incremento del pastoreo, la extracción de gas y petróleo, la minería, la construcción de muelles y líneas eléctricas, el uso de todo-terrenos, las trampas para cazar animales, la ampliación de las instalaciones de esquí y todas las otras formas de destrucción de la naturaleza, así como la cancerosa expansión de las áreas urbanas. Pero este sabotaje debe ser estratégico, debe estar bien pensado y estudiado para tener éxito.

El sabotaje es no-violento. El sabotaje ecológico es una resistencia no-violenta a la destrucción de la diversidad natural y la naturaleza salvaje. Su objetivo no es dañar a seres humanos o a otras formas de vida. Su objetivo son las máquinas inanimadas o las herramientas. Se toman todas las precauciones para reducir al mínimo el riesgo para las personas (saboteadores incluidos).

El sabotaje es no-organizado. No puede existir una dirección central o una organización del sabotaje. Cualquier tipo de estructura alimentaría las infiltraciones de agentes provocadores y por tanto la represión. Se trata de auténticas acciones individuales, y por eso la comunicación entre saboteadores es difícil y peligrosa. Una discusión anónima a través de este libro [Ecodefense] y sus próximas ediciones, y a través de la sección “Dear Ned Ludd” del Earth first! Journal, parece ser el canal de comunicación más seguro para perfeccionar las técnicas de la estrategia y las medidas de seguridad.

El sabotaje es individual. El sabotaje lo realizan personas individuales o pequeños grupos de personas que se conocen desde hace años. En estos grupos las relaciones de trabajo son óptimas y se desarrollan con plena confianza. Cuantas más personas hay implicadas, mayores son los riesgos de infiltración y delación. Los defensores de la Tierra evitan trabajar con personas que no conocen hace mucho tiempo, con quienes no saben tener la boca cerrada y con quienes tienen proyectos grandiosos o ideas violentas (podrían ser agentes de policía o desequilibrados peligrosos).

El sabotaje es comedido. Los ecologistas escogen bien su objetivo. El vandalismo casual e insensato es contraproducente. Los saboteadores saben que no se puede detener el comercio de madera destruyendo todos los utensilios para cortar madera que se encuentren. Primero hay que asegurarse de que pertenezcan al verdadero culpable. Los saboteadores se preguntan cuál es el punto débil de un proyecto de destrucción de la naturaleza y lo atacan. El vandalismo insensato conduce a perder popularidad y simpatías.

El sabotaje es oportuno. El sabotaje se realiza en el momento y lugar adecuados. Hay momentos en los que el sabotaje puede ser contraproducente. En general, los saboteadores no deberían actuar cuando está en marcha una acción de desobediencia civil no-violenta contra el proyecto en cuestión (piquetes o similares). El sabotaje podría oscurecer los resultados de la acción directa y los ocupantes podrían ser inculpados por el sabotaje y verse en peligro ante los trabajadores y la policía. Además el sabotaje puede resultar inoportuno durante el desarrollo de negociaciones delicadas para la protección de ciertas áreas. Por supuesto, esta regla también tiene sus excepciones. El guerrero de la Tierra piensa siempre: el sabotaje ayudará u obstaculizará la protección de esta zona?

El sabotaje es omnipresente. El sabotaje es un movimiento que recorre los EE.UU. Las agencias gubernamentales y los predadores del territorio desde Maine a Hawaii saben que la destrucción de las riquezas naturales que perpetran puede encontrar oposición. El sabotaje a escala nacional forzará a la industria a retirarse de las áreas vírgenes.

El sabotaje es variado. Cualquiera en cualquier situación puede ser un saboteador. Hay quien elige una vasta zona intacta, la declara zona a proteger y resiste cualquier intrusión. Otros se especializan contra la tala de bosques o los todo-terreno en diversas zonas. Otros saboteadores toman como objetivo un proyecto concreto, como una gran línea eléctrica, la construcción de una carretera o una prospección petrolífera. Otros operan desde el patio de su casa, e incluso otros se quedan tranquilamente en casa mientras protegen sus ecosabotajes a miles de kilómetros de distancia. Los hay solitarios y los hay que operan en pequeños grupos.

El sabotaje es divertido. A pesar de tratarse de una actividad muy seria y potencialmente peligrosa, el sabotaje también es divertido. Se siente satisfacción, un flujo de excitación y una incomparable complicidad al escabullirse de noche para resistir a estas fuerzas extrañas que están en Houston, Tokio, Washington o el Pentágono.

El sabotaje no es revolucionario. De hecho, no intenta derribar ningún sistema social, político o económico. Es simplemente una defensa no-violenta de la naturaleza, que intenta mantener a la civilización fuera de las áreas vírgenes y provocar su retirada de aquellas áreas que deberían volver a serlo. Los explosivos, armas de fuego y otros instrumentos peligrosos suelen evitarse, pues provocan investigaciones más rigurosas por parte de la ley, represión y pérdida de popularidad. (El grupo Direct Action de Canadá es un óptimo ejemplo de lo que nosotros no somos.)

El sabotaje es simple. Se utiliza el medio más simple posible y la táctica más segura. Salvo cuando sea necesario, se evitan acciones complicadas. Los medios más eficaces para detener la destrucción de la naturaleza son generalmente los más simples: volver inservibles los árboles y las carreteras. Por supuesto, hay casos en los que es necesario ejecutar operaciones más complejas, pero el saboteador piensa siempre: cuál es el modo más simple de hacerlo?

El sabotaje es ético y consciente. El sabotaje no es caballeresco. Los saboteadores son muy conscientes de la gravedad de lo que hacen, de las graves acciones que cometen. Y dan este paso deliberadamente. Son reflexivos. Pero los saboteadores, aunque no-violentos, son guerreros. Se exponen personalmente a ser arrestados o heridos. Su mente y su corazón son puros. Recuerdan que su compromiso es la más moral de todas las acciones: proteger la vida, defender la Tierra.

Un movimiento basado en estos principios podría proteger miles de kilómetros de territorio con más facilidad que cualquier actuación del Congreso, podría asegurar la reproducción del oso grizzly otras formas de vida amenazadas mucho mejor que un ejército de guardabosques, podría provocar la retirada de una civilización industrial de grandes áreas de selvas, montañas, tundra y bosques, que son más adecuadas para la conservación de las riquezas naturales que para proveer de materias primas a la insaciable sociedad tecnológica.

Si los comerciantes saben que una partida de madera está dañada, no harán ofertas para adquirirla. Si un supervisor forestal sabe que una carretera será continuamente destruida, no intentará construirla. Si los geólogos saben que serán continuamente molestados en un área, se irán a otra parte. Si los apasionados del todo-terreno saben que se encontrarán los neumáticos por el suelo en lugares solitarios, no perturbarán esas zonas. John Muir dijo que si algún día llegase a estallar una guerra entre razas, él estaría del bando de los osos. Pues bien, ese día ha llegado.

 

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