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San Anacleto gobern� la Iglesia durante la
persecuci�n de Trajano. Orden� a los cristianos de aquel tiempo que comulgasen todas las veces que
participaban de la santa Misa, a fin de que este Pan de vida los fortificara contra los ataques de persecuci�n.
Embelleci� la tumba de San Pedro y destin� un lugar de sepultura para los soberanos pont�fices. Fue martirizado durante la tercera persecuci�n, hacia el a�o 109.
MEDITACI�N SOBRE
TRES VIRTUDES DE JESUCRISTO
1. Mira a Jes�s
crucificado, y aprende de �l a ser humilde. �l es despreciado, es objeto de burla, pasa por malhechor, por intrigante que ha querido hacerse rey y que s�lo ha obtenido una corona de espinas.
�Cu�n penoso es para un hombre ser despreciado all� mismo donde, poco antes, fue colmado de los mayores honores! Jesucristo ha elegido el desprecio para ense�arnos a amar las humillaciones, que nos son tan ventajosas. (Tertuliano).
II. Es admirable la paciencia de Jes�s en la cruz: sufri� de parte de todos los hombres y en todas las partes de su cuerpo, sin murmurar; sufri� aun cuando hubiera podido escapar a los sufrimientos y aniquilar a
los que tan cruelmente lo maltrataban. Compara tus dolores y tu paciencia con los dolores y con la paciencia de Jes�s, y te encontrar�s indigno del nombre cristiano que llevas. Jes�s ha buscado durante su vida todas las ocasiones de sufrir, y
t� las rehuyes! Antes de dejar la tierra, �l ha querido saborear las heces del sufrimiento. (Tertuliano).
III. No se content� con obedecer a su Padre, llev� la obediencia hasta someterse a sus mismos verdugos. Atr�vete ahora aquejarte de tus superiores cuando te manden algo que no te guste. Qu�jate de ello, siempre que dirijas tus quejas a Jes�s crucificado y que escuches lo que �l te responda. Quieres ser glorificado como �l; s� humilde como �l,
sufre como sufri� �l. Lo que Cristo es, nosotros lo seremos, si seguimos a Cristo. (San Cipriano).
La devoci�n a la Pasi�n de Jesucristo
Orad
por el buen uso de los Sacramentos. ORACI�N
Pastor eterno, mirad con benevolencia a vuestro reba�o, y guardadlo con protecci�n constante, por vuestro bienaventurado
m�rtir y Sumo Pont�fice Anacleto, a quien constituisteis pastor de toda la Iglesia. Por J. C. N. S. Am�n. |