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Santa Cristina demostr� ya a la edad de doce a�os cu�n a pecho tomaba los intereses de Jesucristo. Rompi� los �dolos de su padre sin preocuparse por los castigos a que la expon�a este acto de celo. Su
padre la hizo azotar y abofetear brutalmente por sus sirvientes. Fue arrojada en una hoguera y sali� de ella sana y salva; se le cort� la lengua, y sigui�
alabando a Dios. Muri� finalmente, atravesada con flechas. Sus reliquias son veneradas en Palermo de
Sicilia.
MEDITACI�N - TODOS BUSCAN
SUS INTERESES
I. Cada cual procura sus intereses. El avaro busca las riquezas; el voluptuoso, los placeres; el soberbio, los honores. Saca de esta verdad dos
conclusiones: la primera, que no hay que contar con la abnegaci�n de los hombres, sino que hay que confiar en la bondad de Dios; la segunda, que debes deplorar la ceguera del mundo que se adhiere enteramente a bienes pasajeros, mientras descuida los bienes eternos. Que la gloria de Dios sea el fin de todas tus
acciones, y no tu gloria propia o tu placer.
II. Muy pocas personas hay que busquen la
gloria de Jesucristo; hasta es lo m�s frecuente que los que parecen consagrados a los intereses de Dios,
busquen todav�a su propia gloria o alg�n inter�s temporal. �Cu�l es el fin que persigues en todo lo que
emprendes? En vano pretender�s trabajar por Dios: tu conducta y tus acciones desmienten tus palabras. �Puede acaso la lengua negar lo que hace la
mano y la palabra destruir lo que ejecutan los actos ? (Tertuliano).
III. El mejor medio Que hay para procurar tus intereses y trabajar para ti mismo es servir a Dios, porque es el medio que tienes para poner orden en tu negocio m�s grande, que es la salvaci�n de tu alma. Dios m�o,
�cu�n bueno sois! Nada puedo hacer por ti sin trabajar para mi. Y, a la vez,
�cu�n culpable soy para querer m�s perderme ofendi�ndoos que salvarme sirvi�ndoos! Dios puede ser feliz sin m�, sin �l yo no puedo ser sino desgraciado. Dios no tiene necesidad de tenernos por servidores, y nosotros
tenemos necesidad de tenerlo por Se�or. (San Agust�n).
El cuidado de la salvaci�n
Orad por los enemigos de la Iglesia. ORACI�N
Que la bienaventurada Cristina, virgen y m�rtir, implore por nosotros vuestra misericordia, Se�or, ella
que siempre os fue agradable por el m�rito de su castidad y por la valent�a en confesar vuestro santo Nombre. Por J.
C. N. S. Am�n.
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