28 de julio
 SANTA CATALINA
 THOMAS y GALLARD,
Virgen

La humildad, pues, nos perfecciona en lo que mira a Dios,
y la mansedumbre en lo que toca al pr�jimo
 
(San Francisco de Sales) .

   Religiosa agustina nacida en Valldemosa (Mallorca), hacia el a�o 1533. Hu�rfana de padre y madre desde su tierna edad, hubo de recogerse en casa de sus t�os, quienes con su �spero trato ejercitaron su paciencia y humildad, de que tan sublimes ejemplos mostr� durante su vida.

   A los diecinueve a�os, despu�s de haber llamado in�tilmente a la puerta de varios conventos, fue admitida en las canonesas de san Agust�n, en la ciudad de Palma. Toda su vida se desarroll� en un ambiente sobrenatural y divino. A pesar de su carencia de letras y de su humilde estado de hermana lega, los personajes m�s c�lebres de su tiempo la consultaban como a or�culo divino. Muri� en 1572, y su cuerpo virginal se halla a�n incorrupto

no hay dibujo hasta ahora (Sgda. Flia)

Se la compara siempre a una florecilla del campo, y aunque la imagen sea tan cursi hay que convenir en que a veces los t�picos m�s manidos se remozan si sabemos ser m�s sensibles a la exactitud de su alusi�n. �sta es una santa tan sencilla, tan insignificante en su apariencia, que hace pensar en la flor silvestre en la que s�lo reparan los ojos que saben ver.
   Mallorquina de Valldemosa (Mallorca), al quedar hu�rfana fue a vivir con un t�o en la finca de Son Gallart, cerca del pueblo, haciendo de criadita y de pastora; un ermita�o, el padre Antonio Casta�eda, la dirig�a espiritualmente.
   Luego se traslad� a Palma para trabajar de sirvienta con el prop�sito de hacerse religiosa, pero al no tener dote ni instrucci�n, ninguna de las comunidades de la ciudad quiso aceptar a aquella payesita. Catalina rezaba.
   Por fin se allanaron todas las dificultades, inexplicablemente tres conventos estuvieron dispuestos a admitirla, y ella eligi� - porque en resumidas cuentas pudo elegir a su gusto - el de Santa Mar�a Magdalena, de monjas agustinas, en el cual tom� el velo en 1553.
   Tambi�n all� vivi� s�lo para servir - nunca pas� de enfermera y ayudante de tornera -, entre �xtasis, visiones y gracias espectaculares que hac�an que acudiesen a ella muchos de la ciudad para pedir sus consejos y encomendarse a sus oraciones. Nada de eso cambi� su actitud de obediencia y humildad, y a menudo se complac�a en rasgos extravagantemente infantiles para que la tomaran por tonta.
   La santita de Valldemosa aparece en fiestas y procesiones populares en las que no faltan disfraces de demonios en recuerdo de los embates del Maligno contra aquella criatura de Dios.

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