La Página de Orestes 


El Arte de la Comunicación

Tanques pensantes
Orestes Martí

Viernes Junio 11, 2004

Estimado D. Juan Carlos.

En el proceso de tomar decisiones, el contar con información adecuada (objetiva, precisa, oportuna y pertinente) y al mismo tiempo poder conocer los posibles efectos que esas decisiones pudieran tener, constituye sin dudas una “ventaja estratégica”.

En el siglo IV a. C., aquellos que deseaban indagar por los problemas del futuro acudían a los oráculos. La doctrina cristiana contribuyó después al fortalecimiento de las visiones apocalípticas, teológicas y proféticas sobre los problemas del futuro. Tomas Moro, presentó una sociedad futura ideal donde los deseos de los individuos eran determinados por el bien general de la comunidad. Francis Bacon, sabio y filósofo británico, describió una comunidad ideal con base científica. Thomas Robert Malthus, economista, británico también, escribió un "Ensayo sobre el principio de la población", que desencadenó numerosas polémicas por su contenido (que muchos piensan de alta carga reaccionaria). Ya en el siglo XIX la literatura sobre los aspectos de la futurología tomaron gran auge y se entremezclaron con la llamada literatura de anticipación científica. Exponente destacado de ese periodo fue el escritor francés Julio Verne. En el siglo XX la literatura sobre el futuro y la creación de imágenes continuó incrementando su presencia. Muchos de los escritores más destacados despertaron el interés por la investigación del futuro, entre ellos Edward Bellamy, Wells, Huxley, Bell, Ellul, Well, Gordon, Gabor, John Mc Hale, Hazle, William F. Ogburn, por mencionar sólo algunos. 

En la primera parte de ese mismo siglo XX, el Comandante General de la Fuerza Aérea de los EE.UU. H. H. Arnold, ordenó se ejecutara un estudio y pronóstico sobre las futuras capacidades tecnológicas, para lo cual además creó lo que hoy se denomina "tanques pensantes" (think tanks), integrados en a actualidad por personalidades públicas, académicos, y estudiosos, cuya función consiste en propagar ideas convenientes al sistema de poder, mediante la difusión de sus doctrinas, con contenido político e ideológico, en libros, revistas y en los “medios”. Para tales fines cuentan además con enormes recursos económicos y profundas relaciones con un gran “entramado” político y social.

En los EE.UU. son conocidos, entre otros “tanques”: el Instituto Lexington, la Rand Coorporation, el Instituto Carnegie, la Heritage Foundation, el Hudson Institute, el Diálogo Interamericano y el Instituto Hudson. El Council on Foreign Relations (Consejo de Relaciones Exteriores o CFR por sus siglas en inglés) cuya fundación en 1921 se vincula al grupo Rockefeller, se creó específicamente para suministrar nuevas ideas a los gobiernos en política extranjera, desarrollar especialistas y hasta para “fabricar” dirigentes. El American Enterprise Institute se considera el cuartel general para el desarrollo del pensamiento neo-conservador norteamericano y la inserción de éste en el proceso de formulación de políticas. Entre las principales publicaciones y revistas de estos “tanques” están: Commentary, The Public Interest, The New Republic, The National Review y The Weekly Standard. Foreign Affaires trabaja la línea de la política exterior; “Correspondencia”, se dedica a los vínculos cultura-política.

Sin embargo, sucede que la realidad de la vida es muy tozuda y no sólo con “tanques pensantes” se puede “mediatizar” las situaciones que la complejísima sociedad humana presenta a cada momento, más aún cuando lo que se quiere es violentar el desarrollo histórico o negar las evidencias. Los equipos de “Comunicación” encargados de “diseñar estrategias” a veces son tan ineficaces, que con sus recomendaciones logran exactamente lo contrario de lo que se proponen; ejemplo: el reciente anuncio del Sr. GWB de derruir la tristemente célebre cárcel iraquí de Abu Ghraib, donde las fuerzas de ocupación norteamericanas sobrepasaron con creces a su antiguo protegido.

Tal anuncio me hizo recordar una historia que “Chichí, el majorero”, me contó en una ocasión (noche de insomnio y libros de estudio de por medio) y que no se por qué mecanismo asociativo se ha hecho presente en mi cerebro, sin dejarme descansar en paz. 

Tenía “Chichi” un amigo, que mantenía relaciones tormentosas con mujer ardiente. Una noche, en que por razones de apremio llegó demasiado temprano a la acostumbrada cita con su amada, encontró a ésta en el sofá de su morada, en brazos extraños. Según me contaba “el majorero” sin ocultar su asombro, el hombre, al ver lo que ocurría en sus propias narices, cogió un cabreo tan grande….................. que sin pensarlo dos veces tomó la única decisión que era posible en aquellos momentos, de acuerdo a su talante y a la gravedad de los hechos....... y sin que le temblara el pulso…………… ¡decidió vender el sofá!

Orestes Martí

 

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