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Viernes
Junio 11, 2004
Estimado D. Juan Carlos.
Decía un antiguo profesor, que ser consciente de
nuestros hábitos, es fundamental para lograr cualquier
cambio orientado a mejorar nuestro comportamiento en la
esfera de la Comunicación interpersonal. Era un
profesor singular que nos daba, además, valiosa
información que permitía corroborar sus afirmaciones:
encuestas de mucho valor estadístico, estudios psicológicos
y sociológicos, etc. Lo que nunca nos dijo aquél
peculiar hombre, es lo interesante y productivo que
puede resultar, volver a ver un programa grabado en vídeo,
ni sobre las “segundas reacciones” que pueden
producir en una persona que, en una primera apreciación,
lo hubiese escuchado, visto y disfrutado, pero no
“interiorizado”.
Y me parece que ha sido un acierto de esa cadena,
con independencia de sus motivaciones, la decisión de
retransmitir algunos de sus programas nocturnos.
Le he escrito y comentado mis impresiones -y las
de muchos amigos- sobre algunos de tales programas. Sin
embargo, debo reconocerle que hay uno en especial que
desde la primera vez que lo vi me llamó poderosamente
la atención; que siempre que puedo, lo veo -ahora mejor
que antes, por la ventaja de la retransmisión- y sobre
el que, imperdonablemente, nada le he dicho, a pesar de
considerarlo, más que instructivo, un producto de hondo
calado popular y un verdadero exponente de lo
“realmente nuestro”; me refiero a Tierra Canaria,
que orienta el conocido “Paco” Cabrera.
En noches de complicidad isleña, mirando este
programa, he compartido delante de la pequeña ventana
mediática, sueños y angustias, con personas que me han
hecho recordar pensamientos que aquél hijo de la diáspora
isleña -José Martí-, escribiera en Nueva York, en el
periódico Patria, hace más de cien años.
Con Víctor Ramírez: -hombre que habla con voz
de pueblo o quizás un pueblo que habla con la voz de un
hombre-, recordé el que dice: “¿Qué ha de hacer,
cuando ve mundo libre, un isleño que padece el dolor de
hombre, que no tiene en su tierra nativa donde alzar la
cabeza, ni donde tender los brazos?”.
O quizás en el que pensé cuando una noche
escuché a una mujer de pueblo –Siona, creo es su
nombre- hablar sobre la obligada emigración hacia otras
tierras, de los recién graduados jóvenes canarios: “¿Quién,
de paso por las islas, no ha oído con tristeza la
confesión de aquella juventud melancólica?”.
O con Francisco Tarajano, el popular -de pueblo-
poeta canario que más ha incorporado a su prosa el
vocabulario esencial del hombre de campo-, que me trajo
desde lo más profundo del subconsciente este otro:
“Pero no hay valla al valor del isleño, ni a su
fidelidad, ni a su constancia, cuando siente en su misma
persona, o en la de los que ama, maltratada la justicia,
o cuando le llena de cólera noble la quietud de sus
paisanos”.
El programa de la noche del lunes 31 de mayo, la
entrevista-conversación del autodenominado
“campesino” Cabrera con un catedrático de la ULPGC
-que creo recordar es chileno y se nombra Osvaldo Rodríguez
y a quién pido excusas si ese no es su nombre- me hizo,
una vez más, recordar.
Recordé a Salvador Allende, enfrentado a la
creciente conflictividad política y social promovida
por los sectores más reaccionarios de la sociedad
chilena y alentada desde el exterior; a aquél otro 11
de septiembre –bastante citado y muy poco analizado
con objetividad-, en que se produjo el golpe militar
fascista, cuya cabeza visible fue sólo eso: la punta
del iceberg de la mano asesina de otros muchos hijos
latinoamericanos, “Plan Cóndor” mediante; al
bombardeo del palacio de la Moneda, sede del gobierno
chileno, donde el presidente Allende murió defendiendo
sus ideales; al poeta Pablo Neruda y su muerte de
tristeza y dolor, allá en su Isla Negra; a nuestros
abuelos canarios, en su diáspora incontenible -y
desvirtuada por historia amañada y tributos de sangre-
hacia el “nuevo mundo” y en su influencia en el
fomento de ciudades, cultura y riquezas y en la
conquista -ignorada con intencionalidad dolosa en este
Archipiélago- de la independencia de los pueblos
americanos, del dominio colonial.
Martín Luther King, nos habló un día del sueño
que tuvo, cuando la lucha por los derechos civiles en
los Estados Unidos mostraban la incontenible marea negra
y blanca que desbordaría lo más racista y xenófobo de
la sociedad del Ku Klux Klan. Un sueño que todavía no
se hace realidad totalmente.
También soñó la noche del lunes el profesor
literato: soñó con intercambios culturales, con el
acercamiento de los pueblos, con becas de estudio...
fueron sueños muy buenos, deseables, agradables y útiles,
porque también los sueños, cuando hay voluntad y
decisión, pueden hacerse realidad.
Ojalá que este programa se mantenga por mucho
tiempo y que otros “soñadores” asistan y nos
cuenten sus “sueños” de cultura y libertad.
Orestes
Martí
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