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Miércoles, junio 16, 2004
Enviado por Orestes Martí
Las Palmas de Gran Canaria
Estimado D. J. C.
En una pincelada anterior le dije que coincidía con Lytton Strachey cuando expresó que “quizás de todas las creaciones del hombre, el lenguaje es lo más asombroso”. Sin embargo, tenía que haberme referido también a la otra cara de la moneda: el empleo que se hace del lenguaje en la Comunicación como forma de manipular y/o distorsionar la Información.
Al repensar sobre el tema, vino a mi mente un personaje que muchos consideran un verdadero maestro de la Comunicación, de todos los tiempos, cuyos relatos que se conservaron por tradición oral, le permitieron una indudable universalidad y su nombre perdura hasta nuestros días:
Esopo.
Se supone que el referido personaje vivió entre el 620 y el 560 antes de Cristo, fue un esclavo liberado de Frigia, que relató fábulas personificando animales. Se cree que no dejó textos escritos y tan poco se sabe de él, que en determinada época se lo tomó por un personaje legendario. Sus relatos cortos, dejan una enseñanza o moraleja explícita o implícita. Es decir que se trata de lo que algunos denominan "alegorías morales".
¿Por qué me acordé de
Esopo?. Pues porque hay una de estas alegorías (unos dicen que él la contó y otros que fue él mismo quien la protagonizó) que se refiere al lenguaje, más concretamente a "la lengua". Dice así:
En cierta ocasión un señor que deseaba agasajar a sus huéspedes, envió a su mayordomo a comprar lo mejor a fin de preparar una cena suculenta. El mayordomo fue al mercado y engalanó la mesa con lengua exquisita. La selección del plato mereció los elogios de la concurrencia. Intrigado el señor de la casa, preguntó discretamente al mayordomo el motivo de la selección. "He escogido la lengua - le respondió- porque con ella se venera a las divinidades, con ella se construyen la familia y la patria, con ella se exaltan el honor y la virtud: por tales razones la lengua es el más importante producto del mercado".
Vuelve a repetirse la oportunidad de la cena pero en esta ocasión el amo se encuentra enojado con sus huéspedes, por lo cual instruye al mayordomo para que consiga el peor producto del mercado. Con sorpresa el amo encuentra que el plato principal es el mismo. Asombrado, llama al mayordomo discretamente y le pregunta el motivo de haber escogido el mismo producto: "He seleccionado la lengua, explica con sabiduría el mayordomo, porque con ella se maldice a las divinidades, con ella se destruye a la familia y a la patria, con ella se denigra del honor y de la virtud".
Así que, como habrá comprobado, amigo Suárez de
Tangil, el lenguaje sirve tanto para el bien como para el mal; sirve para fomentar la paz o para inducir a la violencia y sirve para informar como para desinformar.
Fábula para los actores de las Azores: "El joven y el lobo".
Un joven pastor, que cuidaba un rebaño de ovejas cerca de una villa, alarmó a los habitantes tres o cuatro veces gritando: -¡El lobo, el lobo! Pero cuando los vecinos llegaban a ayudarle, se reía viendo sus preocupaciones. Mas el lobo, un día de tantos, sí llegó de verdad. El joven pastor, ahora alarmado él mismo, gritaba lleno de terror: -Por favor, vengan y ayúdenme; el lobo está matando a las ovejas. Pero ya nadie puso atención a sus gritos, y mucho menos pensar en acudir a auxiliarlo. Y el lobo, viendo que no había razón para temer mal alguno, hirió y destrozó a su antojo todo el rebaño. Moraleja: “Al mentiroso nunca se le cree, aún cuando diga la verdad”.
Fábula para un Presidente: "El hombre que tenía dos esposas". En épocas antiguas, cuando se permitía a los hombre tener muchas mujeres, hubo un hombre de mediana edad que tenía dos esposas; una de ellas era joven, y la otra era una mujer vieja. Las dos lo querían mucho y cada una de ellas deseaba que el hombre fuera como ellas. Ahora bien, el cabello del hombre empezaba a encanecer, lo cual no gustaba a la joven, porque lo hacía demasiado viejo para ella. Por ello, todas las noches solía peinarlo y aprovechaba para arrancarle todos los cabellos blancos que veía. Por su parte, la vieja veía complacida cómo el cabello de su marido iba encaneciendo, ya que a ella no le gustaba que la tomasen como su madre. Por ello, todas las noches, con excusa de arreglarle el pelo, le arrancaba cuanto cabello negro veía. La consecuencia de todo esto fue que en poco tiempo este hombre quedó con la cabeza monda y lironda. Moraleja: “Si quieres complacer a todos, no complacerás a nadie”
Fábula para un Archipiélago: "El león y los tres bueyes" Pastaban juntos siempre tres bueyes. Un león quería devorarlos, pero el estar juntos los tres bueyes le impedía hacerlo, pues el luchar contra los tres a la vez lo ponía en desventaja. Entonces con astucia recurrió a enojarlos entre sí con pérfidas patrañas, separándolos a unos de los otros. Y así, al no estar ya unidos, los devoró tranquilamente, uno a uno. Moraleja: “En la unión está la fuerza".
Orestes
Martí
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