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Viernes junio 25, 2004
Estimado D. J. C.
Muy interesantes sus conceptos y análisis, en la noche del martes 22 de junio, sobre la evolución
asimétrica, a través del tiempo, del binomio desarrollo tecnológico vs desarrollo ético-moral-intelectual,
en la sociedad humana: ¡coincidimos!. Por ello, cuando toca a su fin estas breves pinceladas en las que he
tratado de abordar el complejo Arte de la Comunicación (interpersonal y “masiva”) y la influencia en el ser
y del ser humano, en el contexto de la sociedad actual (mucho le agradezco haberme permitido exponerle, muy
modestamente pero con toda claridad, mis criterios y opiniones que, lógicamente, no pretendo sean
necesariamente compartidos por quien los haya leído), me gustaría hacer una última reflexión, en tres
tiempos, con el pensamiento puesto en aquel (para mí) filósofo arquetípico, que un día – a una pregunta no
ya tan infantil – me dijo: “el tiempo es la medida relativa de los hechos transitorios”.
PASADO. Ante todo, es imprescindible remarcar la importancia del invento del lenguaje para este Arte de
comunicar ideas y sentimientos. Viajemos al pasado. La invención de la escritura, hace 6.000 años en
Mesopotamia, había señalado el inicio de la Historia, hasta que los científicos descifraron el pasado de la
humanidad leyendo nuestro código genético; demostraron que los “san”, en el desierto de Kalahari y los
“hadzabe”, de África oriental, eran los descendientes directos de los primeros seres humanos que
aparecieron en la Tierra, hace unos 60.000 años; y llegaron, además, a dos conclusiones fundamentales:
primera, que los ancestros de los san y los hadzabe lo fueron también de toda la humanidad actual (su
origen es tan reciente, que los más de 6.000 millones de personas que habitan nuestro planeta son la
colección de ejemplares biológicos más homogénea que conoce la historia natural); y segunda, que su
extraordinario lenguaje de “clics” es probablemente la madre de todas las lenguas que existen hoy en el
mundo (unas 5.000). Como ya me referí específicamente al lenguaje (El Arte 13), le invito a dar otro
pequeño salto, de 60 mil años en el tiempo.
PRESENTE. El momento actual se presenta muy complejo debido a los múltiples factores que hemos abordado en
nuestras pinceladas anteriores y a otros que no lo han sido, como el fenómeno de la llamada “perversión o
corrupción del lenguaje” (¡Oh, Democracia, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!); la tergiversación de
la realidad objetiva y la suplantación de los valores “humanistas”, mediante el dominio del mundo real a
través del virtual y de los “medios”, utilizando como pretexto determinadas ideas (nuevas fábulas con
lenguaje metonímico y subliminal –“armas de destrucción masiva”, “guerra al terrorismo”, “ejes del mal”,
“bloqueos”, “sanciones”, “cruzadas”, “justicias infinitas”, “paz duradera” (la de los sepulcros, por
supuesto); división arbitraria y simplista de la sociedad: “los buenos y los malos”, “conmigo o contra mí”,
– y fabulistas que, a diferencia de Esopo, presentan sólo una y unipolar moraleja: “o te sometes o
pereces”), y símbolos, que han logrado convertirse en paradigmas del comportamiento de la sociedad
contemporánea, introduciendo además elementos cada vez más alienantes, frustrantes y peligrosos para la
humanidad, que pudieran incluso conducir a su autodestrucción. Le invito nuevamente a dar un salto en el
tiempo: dos siglos atrás del momento actual.
FUTURO. Hablemos del porvenir, pero con un enfoque desde el pasado. Me explico. Obra en mi poder, un
antiquísimo libro(1) filosófico de “Comunicaciones”, cuyo nombre no voy a mencionar para tratar de evitar
predisposiciones o influencias de cualquier tipo sobre quien esto lea. Sólo voy a decir que fue escrito,
dos siglos atrás, por seres muy especiales, que hacían –en aquel momento- una valoración ética y moral
sobre el paradigma de la sociedad humana. Decían aquellos singulares seres: “De dos pueblos llegados a la
cima de la escala social, únicamente puede llamarse más civilizado, en la verdadera acepción de la palabra,
el en que se encuentran menos egoísmo, codicia y orgullo; donde los hábitos son más intelectuales y morales
que materiales; donde la inteligencia puede desarrollarse con mayor libertad; donde hay más bondad, buena
fe, benevolencia y generosidad recíprocas; donde están menos arraigadas las preocupaciones de casta y
nacimiento, pues esas preocupaciones son incompatibles con el verdadero amor al prójimo; donde las leyes no
consagran ningún privilegio, y son las mismas así para el último, como para el primero; donde se distribuye
la justicia con menos parcialidad; donde el débil encuentra siempre apoyo contra el fuerte; donde mejor se
respeta la vida, creencias y opiniones del hombre; donde menos infelicidad hay y donde, en fin, todo hombre
de buena voluntad está siempre seguro de no carecer de lo necesario”.
¿Compartimos estos valores? ¿Contribuye hoy el Arte de la Comunicación y quienes lo ejercen a esta
visión?
(1) Escrito a mano por su dueño dice: “Si usted olvida su tiempo, se olvida de sí mismo y olvida las cosas
que tiene que hacer a tiempo, con tiempo y de tiempo. En todo interviene el tiempo
Orestes
Martí
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