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Jueves Abril 29, 2004
Estimado d J.C.
Hay veces que en la Comunicación los "blancos" informativos son
tan dañinos como los "ruidos"; sobre todo si se trata de
"blancos" intencionales.
Tengo la suerte de contar con una amiga, periodista norteamericana del
diario "La Opinión", de Los Ángeles, California, Estados
Unidos, que es una maestra en eso de develar "blancos" y ayudar
a obtener fuentes de información objetiva.
A continuación uno de sus últimos artículos, que se puede encontrar en
la dirección www.laopinion.com/columnist2/?rkey=00040418201523207013
Libros y más libros
Pilar Marrero
Últimamente, si uno quiere saber lo que realmente pasa tras bambalinas en
el gobierno más poderoso del mundo, el que se asienta en la Casa Blanca,
no basta con ir al kiosko o a la caja de la esquina para recoger un periódico,
ni mucho menos hay que prender la televisión. De hecho, a veces termina
uno más confundido que antes y menos informado.
Hoy en día, los más útiles y controversiales exposés, que prueban una
vez más la máxima —por todos los latinoamericanos bien conocida— de
que “los gobiernos mienten”, se encuentran en las estanterías de las
bibliotecas o librerías.
Basta pasearse por cualquier tienda de libros más o menos respetable para
darse cuenta: el peor enemigo de la Administración Bush no es el cuarto
poder (la prensa), sino la librería de la esquina.
Claro que un texto sobre cómo los gobiernos de Estados Unidos y Gran
Bretaña exageraron y torcieron los hechos para “vender una guerra como
si fuera un refrigerador”, tal y como lo cuenta el ex inspector de armas
de las Naciones Unidas Hans Blix en su libro Desarmando a Irak, es algo
menos “sexy” que un relato sobre los detalles pecaminosos de un tal
Bill con una tal Mónica, pero puede que nos enseñe algo mucho más útil.
OK. Blix es sueco y alguien dirá que cualquier extranjero hablará mal de
Bush, porque la verdad es que es difícil encontrar a alguien en el
extranjero que quiera a Bush o que tenga una buena imagen de esta
Administración.
Examinemos entonces la producción nacional. Mejor aún, hablemos únicamente
de los libros escritos por republicanos, gente del mismo partido del
Presidente y que, supuestamente, comparten su ideología. Es decir, que no
se trata de ataques motivamos por un problema de “partidismo” o
motivaciones electorales.
Está, por ejemplo, el de John Dean, mejor recordado como el asesor legal
de la Casa Blanca cuando era ocupada por el defenestrado Richard Nixon.
Dean fue el hombre que correctamente diagnosticó un “cáncer” en la
presidencia de Nixon y se lo dijo al entonces presidente. En su libro
Worse than Watergate (Peor que Watergate) Dean observa los síntomas del
estilo “nixoniano” de gobierno en la Administración Bush–Cheney:
secretos, manipulaciones, el convencimiento de estar por encima de la ley
y un deterioro de las garantías constitucionales, por mencionar sólo
algunos.
O podríamos mencionar American Dynasty (Dinastía Americana) de Kevin
Phillips, un reconocido ideólogo republicano cuya estrategia “sureña”,
diseñada a finales de los años 60, ayudó a su partido a dominar la Casa
Blanca durante una generación. Este no es ningún izquierdoso ni tampoco
un simple demócrata. Es un republicano con todas las de la ley.
En su libro, Phillips describe la dinastía Bush, cuatro generaciones de
traficantes del poder que dieron inicio con ambos bisabuelos del actual
presidente, ya desde entonces involucrados en el negocio de la guerra y
los contratos militares. Phillips apunta con un dedo quemante y acusador
las prácticas de la “honorable” familia en los corredores traseros de
las industrias de defensa, la banca y los servicios de inteligencia.
Los Bush “tienen un hambre de poder, una arrogancia y una falta de moral
que se traducen en un pisoteo total de las tradiciones demócratas y
republicanas del gobierno estadounidense”. Señala además que “el
engaño y la desinformación se han convertido en el sello político de
los Bush”.
Con amigos como estos, no hacen falta enemigos.
Luego está, por supuesto, Paul O'Neill, el ex secretario del tesoro de
George W. Bush, que en un libro escrito por el periodista Ron Suskind,
ganador del Premio Pulitzer, (The Education of Paul O’Neill), criticó
su política económica y describió la cerrazón del gobierno de Bush y
su gabinete con la imagen de un “hombre ciego rodeado de sordos”.
O el de Richard Clarke, ex asesor de Bush para el terrorismo (Against All
Enemies), quien recientemente declaró ante la comisión bipartidista que
analiza la tragedia del 9/11 y cuyas conclusiones cada día lucen peor
para el Presidente.
Clarke asegura que Bush ignoró la información de inteligencia y los
avisos de la inminencia de un ataque de Al Qaida en suelo americano y lo
acusa de explotar el 9/11 con motivos electorales y para emprender una
guerra contra Irak que nada tenía que ver con ese acto terrorista en
particular. El libro de Clarke se ha vendido como pan caliente.
Y así, la lista de tomos continúa y seguramente continuará por un buen
rato, pero se me acaba el espacio de esta columna para describirlos todos.
Cada una de estas páginas es un dardo más en la cuidadosamente creada
imagen de luchador contra el terrorismo y hombre moral y transparente con
la que Bush pretende que lo reelijan en noviembre.
Dicha imagen está, a estas alturas, más agujereada que un queso gruyere.
Gracias a los libros.
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Orestes
Martí
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