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OM:
Ha
tenido lugar en Annapolis, en la sede de la Academia Naval de
Estados Unidos, la anunciada
conferencia sobre el Oriente Medio, que contó con la
presencia de representantes de más de 50 países y organizaciones
internacionales.
Diversas
han sido las reacciones y la cobertura informativa sobre dicho evento. Así,
mientras que determinada prensa occidental, haciendo las funciones de
"caja de resonancia", reprodujo las declaraciones del políticamente
debilitado presidente norteamericano George Bush en el sentido de que la
reunión "fue un comienzo esperanzador" de un diálogo de paz
para la región y que "nuestro propósito aquí en
Annapolis no es concluir un acuerdo. Más bien, es lanzar negociaciones entre
israelíes y palestinos", la
prensa árabe centró sus críticas
en Israel y lo responsabilizó por restarle importancia a la conferencia,
opinando que el evento promovido por los norteamericanos concluyó sin
ilusiones, por la indisposición de Israel a pagar el precio de la solución del
conflicto regional.
En
este sentido, Prensa Latina resumió: "el diario Al Hayat destaca en sus
titulares de portada esa posición de Tel Aviv de pretender negociar sin hacer
concesiones que resultan básicas para ese proceso. También el diario publica
un comentario que señala la probabilidad del gobierno estadounidense de tomar
"cualquier iniciativa o complot" contra cualquiera después de las
miserias que causó en Afganistán, Iraq, Líbano y Palestina. El periódico
internacional Asharq al Awsat afirma que además del objetivo anunciado, el
conflicto israelo-palestino, esa reunión se relacionó con los planes
estadounidenses y su "gran combate" en el Medio Oriente. Por su parte,
el libanés L,Orient-Le tour opina que las promesas hechas en la reunión no
fueron de primera clase y "no valen nada si no se realizan de modo
concreto. Para lograr una definición abarcadora de en que momento está el
Levante, el diario As Safir considera que en Annapolis "los palestinos están
en el centro del peligro y los árabes en el centro de la normalización".
Ese medio cree saber que en la conferencia internacional el mandatario
norteamericano, George W. Bush, dio por acabada y desaparecida la causa
palestina. En tanto, Al Ajbar critica a Estados Unidos por asumir el papel de árbitro
y de patrón de un proceso sin fechas precisas ".
Dos hechos no
recogidos en general por la prensa occidental: el primero omite que el gobierno
derrocado liderado por Hamas fue excluido de las reuniones; el segundo que
mientras comenzaban las negociaciones, más de cien mil personas protestaban en
Gaza para manifestar su oposición. En un discurso que fue televisado, Ismael
Haniyeh, Primer Ministro palestino depuesto, afirmó que la organización Hamas
no aceptaría un acuerdo que desconociera los derechos de los palestinos: "Toda
concesión que se haga por parte del equipo de negociadores palestinos que
atente contra los derechos de nuestro pueblo no será vinculante para nuestro
pueblo, y las futuras generaciones no tendrán responsabilidad ni obligación
alguna con respecto a estas concesiones que limitarán nuestra libertad
nacional".
Para la mayoría de
los analistas de política internacional que he consultado, la conferencia
celebrada en Annapolis tuvo escasos resultados en cuanto a metas específicas
para un acuerdo entre Israel y Palestina, puesto que más bien se centró
en fijar fechas para continuar las conversaciones, y no en resolver los
principales temas de disputa. Incluso Ali Ghrabib escribió para IPS que … "al
presentar este proceso como "guerra de las galaxias entre el bien y el
mal", en palabras del ex negociador israelí Daniel Levy, Bush podría
estar promoviendo desavenencias que ampliarán la brecha entre árabes e israelíes,
comprometiendo la viabilidad del estado palestino, así como sus propias
aspiraciones regionales.
Por último, tengo
la misma impresión de muchos observadores en el sentido de que la declaración
conjunta israelo palestina evitó abordar los temas centrales y no
estableció un plazo límite vinculante, evitando adoptar una postura firme
sobre los asuntos centrales de un estatus definitivo de los asentamientos israelíes,
las fronteras, Jerusalén y los refugiados palestinos.
De todas formas,
tomando en consideración de que entre nuestros "amigos y conocidos"
contamos con Adrián Mac Liman, Escritor y periodista, miembro del Grupo de
Estudios Mediterráneos de la Universidad de La Sorbona (París) y una
autoridad en la materia; conocedor del tema, y de la región, he querido conocer
sus criterios y su valoración al respecto invitándolo a un diálogo.
OM: Estimado amigo
Mac Liman, en términos generales ¿qué valoración haces de la recién concluida
Cumbre de Annapolis y cuál crees que será el comportamiento del escenario en
la región?
AML: Los analistas políticos se muestran sumamente cautos a la hora de analizar los escasos, cuando no hipotéticos resultados de la cacareada conferencia de paz de Anápolis. Mientras algunos se limitan a hablar de la poco comprometedora photo opportunity, otros prefieren definir la iniciativa de George W. Bush con los socorridos calificativos “utópico” o “ambiguo”. Utópico, el plazo de doce meses fijado por la Casa Blanca a las partes en el conflicto; ambigua, la declaración final, leída por el Presidente norteamericano al término de esta reunión, cuyos protagonistas fueron el israelí Ehud Olmert y el palestino Mahmud Abbas, dos gobernantes débiles y poco carismáticos que, por distintas razones, necesitan el oxígeno proporcionado in extremis por la Administración republicana.
Conviene señalar que la iniciativa de Bush no ofrece un marco de negociación concreto y detallado. La postura de Washington se acerca más a las exigencias de Israel, que quería una declaración carente de contenido. De hecho, el Primer Ministro Olmert sabe positivamente que el “inoportuno” gesto de los americanos podría generar una tormenta en el Parlamento israelí, una especie de marejada que desembocaría en una crisis de Gobierno. Huelga decir que para los políticos de Tel Aviv, la casi totalidad de las propuestas de esta índole suelen ser… inoportunas.
Por otra parte, el Primer Ministro hebreo tiene que lidiar con las acusaciones de corrupción formuladas recientemente por la justicia jerosolimitana, con los dilemas que plantea una política muy parecida al apartheid, con la inquietante tasa de expansión demográfica de la población palestina y/o árabe israelí, con la creciente desconfianza de una población que duda de la eficacia de la política “antiterrorista” llevada a cabo por su Gabinete. A ello se añade otro factor clave: la inflexible postura del establishment militar hebreo frente a la cuestión palestina. Porque los militares son, en definitiva, quienes dirigen desde la sombra las relaciones con las comunidades palestinas de Cisjordania y Gaza. Unos militares que se oponen al desmantelamiento de los asentamientos judíos o a la reducción del número de controles de seguridad instalados en las carreteras de Cisjordania.
Tal vez por ello Israel no se compromete a respetar los plazos impuestos (¿recomendados?) por Washington. El propio Olmert se limitó a calificar la propuesta de Bush que “trampolín” para la apertura de negociaciones serias. Pero el “trampolín” hacia el inicio de las consultas tampoco implica un compromiso formal para la obtención de resultados tangibles.
La presencia en Anápolis de 14 Estados árabes, cuyos Gobiernos parecían dispuestos a arropar a la acorralada Autoridad Nacional Palestina, contrasta
sin embargo con la deliberada marginación de la iniciativa de paz saudí, avalada en su momento por los miembros de la Liga Árabe. Aparentemente, a Israel no le interesa reducir sus exigencias a cambio de un reconocimiento por parte de los vecinos árabes.
Pero hay más; el Presidente palestino, que perdió el control sobre la Franja de Gaza, convertida en feudo de las milicias del movimiento islámico Hamas, tiene que ofrecer a los pobladores de Cisjordania la imagen de un político respetable y respetado. Sin embargo, la mayoría de los habitantes de Cisjordania estima que Abbas es un gobernante ineficaz, un político incapaz de integrar a Hamas al diálogo con Israel y con la comunidad internacional.
Otros tabúes que brillan por su ausencia en la declaración de Anápolis son: las fronteras del futuro Estado palestino, la seguridad de Israel, la (doble) capitalidad de Jerusalén, el derecho de retorno de los refugiados palestinos. Son éstos temas conflictivos tratados en reiteradas ocasiones desde la celebración de la Conferencia de Madrid por grupos de expertos palestinos e israelíes; cuestiones que han obstaculizado la buena marcha las negociaciones bilaterales.
En este contexto, las perspectivas que se abren tras la celebración de la cita de Anápolis poco o nada tienen que ver con la búsqueda o el establecimiento de una paz duradera. Hay quien estima que la reunión sirvió ante todo para la puesta en marcho de otra coalición internacional, destinada a apoyar a Washington ante un posible operativo bélico contra Irán. Una iniciativa que Israel aplaudiría.
En resumidas cuentas, Anápolis podría ser el “trampolín” hacia nuevas guerras.
*Analista político internacional
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