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En el texto de la Declaración de
Caracas, al concluir el
Encuentro
Latinoamericano contra el Terrorismo Mediático, se incluyó la afirmación
siguiente: "La información no es una mercancía. Tal como la salud y la
educación, la información es un derecho fundamental de los pueblos....". Por
su parte, en un reciente
análisis del PCE sobre el tema, se decía que
"los medios tienen intereses concretos
y los defienden y cuando optan por defender, impulsar y promocionar a unos u
otros lo hacen consecuentemente con sus intereses...."
Todo lo anteriormente expresado es perfectamente aplicable a la información
sobre el proceso de profundización que vive la actual sociedad cubana, a partir
de las decisiones que está tomando la más alta dirección de aquel país, después
de llevar a cabo una profunda y exhaustiva indagación -acerca de los problemas,
dificultades y temas que más preocupaban y ocupaban a la población-, que en su
momento arrojó nada más y nada menos que 1.300.000 planteamientos, recogidos a
partir de 3.255.344 intervenciones realizadas por los ciudadanos en
215.687 reuniones celebradas al efecto; sin lugar a dudas, la expresión de una
real democracia participativa.
No es de extrañar, por tanto, que los "medios"
vinculados con las transnacionales de la (des)información, traten de manipular
la realidad del complejo proceso de profundización que se desarrolla en el seno
de la sociedad cubana, mediante los consabidos ruidos y blancos informativos y
el empleo del ideo-lenguaje acostumbrado, que trata por todos los medios de
establecer matrices de opinión enfiladas a abortar el proceso o a dificultarlo
al máximo y a tratar al mismo tiempo de confundir a la opinión pública con sus
mensajes, directos en algunos casos y subliminales en otros. Tal es el caso de
lo que en ciertas oportunidades denominan "cambio" (concepto que denota la
transición que ocurre cuando se transita de un estado a otro) o directamente
"transición". A partir de ello, el imperio y sus lacayos consideran que las
medidas que actualmente se toman en Cuba son "cosméticas", puesto que no
conducen a una "transición" (léase restauración capitalista), mientras que por
parte de la población cubana, las medidas emprendidas, aunque aún insuficientes,
han sido muy favorablemente acogidas.
Las medidas adoptadas hasta
el presente, en un contexto mucho más favorable de la economía cubana, abarcan
un amplio espectro en las esferas política, social y económica del país
(posibilidad de adquirir determinados bienes de consumo; acceso a la telefonía
celular por parte de toda la población; acceso general a la red hotelera;
descentralización de la agricultura y agilización de los mecanismos de
comercialización; nuevas regulaciones cambiarias con su correspondiente
repercusión en las remesas enviadas desde el exterior; nuevas regulaciones sobre
la tramitación de la propiedad de la vivienda, entre otras) y vienen a confirmar
lo expuesto por el actual Presidente cubano, Raúl Castro, de la decisión
política de "cambiar todo lo que haya que cambiar", pero sin "la
tendencia a aplicar la misma receta en todas partes" y de acuerdo a lo que
expresara Fidel Castro en una de sus reflexiones "Tampoco
debe regalarse nada a los que pueden producir y no producen o
producen poco. Prémiese el mérito de los que trabajan con sus
manos o su inteligencia".
Por lo tanto, lo real y
objetivo -y no virtual-, es que la verdadera transición comenzó en Cuba en el
año 1959, con el triunfo de su Revolución y que lo que se está desarrollando
ahora en la patria de José Martí, es un proceso de profundización de los cambios
iniciados con tan extraordinario evento político, económico y social.
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