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Martes
Febrero 10, 2004
Estimado D J.
C. Suárez de Tangil:
Ya sabe usted mi inclinación por el estudio de la vida
y la obra de José Martí, de quién le he enviado
escritos y comentado lo mucho que es citado y lo poco
que es divulgado.
Como
que próximamente se celebrarán elecciones para
diputados, le envío el artículo "Diputado",
aparecido en la Revista Universal, México, el 9 de
julio de 1875.
Hombre
encargado por el pueblo para que estudie su situación,
para que examine sus males, para que los remedie en
cuanto pueda, para que esté siempre imaginando la
manera de remediarlos.
La
silla curul es la misión: no es la recompensa de un
talento inútil, no es el premio de una elocuencia
incipiente, no es la satisfacción de una soberbia
prematura.
Se
viene a ella por el mérito propio, por el esfuerzo
constante, por el valer real; por lo que se ha hecho
antes, no por lo que se promete hacer.
Los
privilegios mueren en todas partes, y mueren para
alcanzar una diputación. No es que las curules se deban
de derecho a los inteligentes: es que el pueblo las da a
quien se ocupa de él y le hace bien.
De
abajo a arriba: no de arriba a abajo. El ingenio no
merece nada por serlo; merece por lo que produce y por
lo que se aplica.
Debemos
el ingenio a la naturaleza: no es un mérito, es una
circunstancia de azar: el orgullo es necio, porque
nuestro mérito no es propio. Nada hicimos para
lograrlo: lo logramos porque así encarnó en nosotros.
¿Es
la inteligencia adquirida casualmente, título para la
admiración y el señorío? Diputado es el que merece
serlo por obra posterior y concienzuda; no el que por méritos
del azar se mira inteligente y se ve dueño.
El
talento no es más que la obligación de aplicarlo.
Antes es vil que meritorio el que lo deja vagar, porque
tuvo en sí mismo el instrumento del bien, y pasó por
la vida sin utilizarlo ni educarlo.
El
talento es respetable cuando es productivo: no debe ser
nunca esperanza única de los que aspiran a altos
puestos. Diputado es imagen del pueblo: óbrese para él,
estúdiese, propáguese, remédiese, muéstrese afecto
vivo, sea el afecto verdad. El talento no es una
reminiscencia del feudalismo: tiene el deber de hacer práctica
la libertad.
No
se arrastra para alzarse: vive siempre alto, para que
nada pueda contra él. Se enseña y se trabaja: luego se
pide el premio.
Se
habla, se propaga, se remedia, se escribe; luego se pide
la comisión a los comitentes a quienes se hizo el
beneficio.
El
beneficio no es aquí más que el deber: todavía se
llama al deber bien que se hace.
La
diputación no se incuba en el pensamiento ambicioso: se
produce por el asentimiento general.
Todos
creen útil a uno: uno es nombrado por todos: nombrado
realmente por el bien hecho, por la confianza inspirada,
por la doctrina propagada, por la esperanza en lo que
hará.
El
hombre útil tiene más derecho a la diputación que el
hombre inteligente. El inteligente puede ser azote: el
útil hace siempre bien.
Se
cree que es el talento mérito nuestro, y que él da
derecho de esperarlo todo: él impone la obligación de
aprovecharlo: cuando se busca la comisión ajena, ajeno
ha de haber sido el provecho.
La
inteligencia no es la facultad de imponerse; es el deber
de ser útil a los demás.
Orestes
Martí
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