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Como le anuncié
en la última reflexión sobre el tema que nos ocupa, una vez abordados
los aspectos generales sobre la reciente historia venezolana –aunque de
forma bastante breve y sobre la base documental que expresan las diversas
visiones que existen al respecto- me referiré ahora a los hechos
ocurridos el mismo día del “Golpe”.
Como es sabido, a
las 9:30 de la noche del 11 de abril de 2002, la cúpula militar
venezolana se opuso, por medio de las armas, al proceso abierto en
Venezuela después del triunfo electoral -con el 60% de los votos, el 6 de
diciembre de 1998-, del Sr. Hugo Chávez Frías.
En el ya citado
libro “Un hombre, un pueblo”(1), se produce un interesante diálogo
entre la periodista Martha Harnecker(P) y Chávez (C) que nos transmite
acceder a información de primera mano sobre lo acontecido y las vivencias
de uno de sus principales actores:
(P) Ahora
que estamos realizando la entrevista en el mismo lugar en que estuviste
retenido durante el golpe del 11 de abril, ¿podrías contarme tus
recuerdos más importantes de aquellas horas amargas?
(C)
Inicialmente nosotros habíamos pensado que teníamos varias alternativas,
incluso movernos a Maracay, pero los tanques que yo había mandado a
buscar temprano, que eran precisamente el poder de fuego, la movilidad, el
poder de choque, con que suponíamos contar se los habían llevado al
Fuerte Tiuna por presiones de los generales golpistas, así que nos
quedamos sin movilidad y con ello la opción Maracay se nos hizo muy difícil.
Después de un análisis de la situación y de discutir con algunos compañeros,
decidí finalmente aceptar el llamado que me hacían de entregarme preso.
Abracé a Giordani y a Navarro en mi despacho despidiéndonos y les dije:
.No fue posible la ventana táctica, ellos no me respondieron nada. Pensé
que iba a morir. Me cruzó por la mente esa idea nefasta por minutos, por
momentos. Me despedí de todos los que en ese momento me acompañaban en
el Palacio. Me fui al Fuerte Tiuna con los generales Rosendo, (2) Hurtado
(3) y otro oficial de mi escolta personal (4). No iba preso. Sólo cuando
llegué allí y entré al edificio del Comando General del Ejército fue
cuando pasé a ser prisionero de los golpistas. Cuando estoy en el Fuerte
Tiuna, y veo por un televisor que un oficial me había prestado que
anuncian mi renuncia, me doy cuenta de la gran mentira. En ese momento
pienso: "Ahora me van a matar, la única forma en que Chávez no
puede decir que él no renunció, es siendo cadáver". En ese
momento, a escondidas, un oficial me presta un teléfono y llamo a mi
esposa y le digo: "Mira, muévete porque me van a matar". Trato
de llamar a mis hijas y consigo a una de ellas, a María, y le digo:
"María, muévete y habla porque me van a matar".
(P) Yo
también pensé que te iban a matar. Y todavía no entiendo cómo no lo
hicieron.
(C) La orden
de matarme la dieron, lo que pasa es que los generales que estaban alzados
no tenían un verdadero liderazgo y algunos generales, pero sobre todo los
militares jóvenes que me custodiaban, neutralizaron esa orden. Incluso
hay un mesonero .de estos muchachos que sirven café. que oyó cuando
estaban hablando unos militares, entre ellos el almirante Molina y parece
ser que estaban presionando a Carmona acerca de mi eliminación física.
Este jovencito mesonero dice que él oyó clarito porque tenía el oído
parado cuando estaba saliendo, que Carmona dijo: "Bueno está bien,
aplíquenle entonces la ley de fuga". Y, en verdad, esa noche que me
sacaron en helicóptero a Turiamo, -un sitio inhóspito-, por las
circunstancias que rodeaban el momento, la hora y la tensión que yo sentía
en el ambiente, yo me dije: "Llegó el momento" y empecé a
rezar el Padre Nuestro con este crucifijo mío. Estaba dispuesto a morir
de pie, con dignidad. Me decía a mí mismo: "te llegó la hora, pero
vas a morir por ser fiel a tu pueblo". Ese personal subalterno que me
rodeó en los diferentes lugares donde estuve, desde los soldados de tropa
hasta los oficiales se desvivían por limpiar el cuartico, el baño que
era muy modesto, querían ponerle cosas. Había una cama muy chiquita y
buscaron otra; una silla. ¿Qué quiere, un refresco, un café? Andaban
desviviéndose, pues. Cuando me permitieron luego ir a trotar un rato, me
llevaron una franela, andaba descalzo y buscaron unas chanclas, estaban
pendientes de qué cosa podía faltarme. También está el caso de dos
mujeres fiscales militares. Resulta que las muchachas inicialmente
entraron solas a mi habitación, pero no tenían ni un minuto de haber
llegado cuando las mandan a salir y a los pocos minutos entran de nuevo,
pero con un coronel de los golpistas que estaba allí, abogado, y se
sentaron. Entonces, deduje que las mandaron a sacar porque no estaba este
coronel y él quería estar presente. Hablamos unos minutos, me
preguntaron cómo me sentía. Lo primero que les dije es que quería que
ellas supieran que yo no había renunciado y que no pensaba hacerlo, y que
denunciaba la mentira que a través de los medios de comunicación se
estaba transmitiendo. Ellas escribieron de puño y letra en una hojita sólo
algunas cosas de la salud, qué sé yo, y firmé allí. Cuando leí y me
di cuenta que no habían anotado el detalle de que yo no había
renunciado, supe que estaban bajo presión pero no quise ponerme
impertinente con ellas. No iba yo a presionarlas además, así es que sólo
les dije: "Bueno, muchas gracias". Hicieron con la mirada un
gesto de complicidad y salieron. ¿Y sabes lo que hicieron?, después que
firman y que el coronel les revisa la hoja y se van, una de ellas colocó
en letra chiquitica, debajo de la firma, una nota: "Manifestó que no
ha renunciado". Luego hicieron llegar una copia en fax a la Fiscalía
General de la República y por eso es que Isaías Rodríguez, el Fiscal,
en esa entrevista que salió en la tarde, dijo: "Nos ha llegado
información de la Fiscalía Militar, de que el Presidente no ha
renunciado". Está la ayuda del soldado que me da una piedra para que
yo la frote y que le pida al Espíritu Santo. Este es un patriota a su
manera. Y el teniente que llegó allá a Turiamo y me dijo:
"Tranquilo, usted es nuestro Presidente, no se preocupe que en lo que
llegue la noche vamos a detener aquí a los oficiales superiores y nos
vamos de aquí". También el otro muchacho que llegó de repente a
donde me tenían recluido y me dijo que él era llanero y le hice el
papelito y se lo metí en la basura y salió y se lo llevó a la esposa y
le sacó no sé cuántas copias difundiendo que yo no había renunciado.
Todas esas fueron ayudas, una gotita tras otra. Nunca olvidaré a esos
muchachos y esos días.
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NOTAS:
(1) El libro se puede bajar de Internet, en la dirección
URL: http://www.nodo50.org/cubasigloXXI/politica/harnecker24_310802.pdf
(2) Manuel Antonio Rosendo
(3) Ismael Hurtado
(4) Vietri Vietri, jefe de la Casa Militar, posteriormente director de
la Escuela Militar
Orestes
Martí
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