Cuando el Capitán Cook vio por primera vez la isla de Tahití, le gustó más que las otras islas que había visitado, y cuando hayas visto Tahití, podrás entenderlo bien.
La isla es como de sesenta millas cuadradas, y consiste en una colección de picos dentados que suben hasta 7,000 pies; sus empinadas faldas y barrancas están cubiertas de maleza, y las cuestas bajas están plantadas con cocoteros.
Al aproximarse, desde el mar, a esta isla bella, asoleada y verde encuentras, como a una milla de la costa, una larga línea de rompe olas, en un arrecife de coral con un estruendoso rugido. El arrecife forma una barrera protectora en todo el rededor de la isla. Tiene unas pocas entradas por las que pueden introducirse los barcos a una laguna de agua clara y azul verdosa. Hay una estrecha playa de arena blanca bordeada, a todo lo largo con cocotales que llegan hasta el agua.
En puntos entre los árboles, hay casas que forman el pueblo de Papeete. Cerca de la playa amarradas un grupo de pequeñas goletas, algunas pertenecen a marineros que las usan para comerciar entre los cientos de islas que forman el grupo de las Islas Cook, el grupo Marquesa y el grupo de la Society, de las que Tahití es la principal.
Te gustaría ver a la gente de este lugar. Aunque ahora es una posesión francesa, se encuentran pocos franceses, exceptuando los oficiales del gobierno; se habla y se escribe más inglés en Papeete. Hay también un gran grupo de chinos asentados en la isla.
Los tahitianos son de color moreno, con caras alegres y sonrientes. Los hombres son sujetos vigorosos que visten pantalón corto y un gran sombrero particular de paja. Las mujeres en Papeete han tomado mejor el vestido europeo, si bien lejos de las ciudades, las puedes ver sobre todo enrolladas con lino de colores, y con su largo pelo peinado para atrás y colgando sobre su espalda.
En Tahití hay
toda clase de modas en el vestido, y las damas, las europeas y las nativas,
viejas y jóvenes, les gusta aparecer en pantalones cortos o vestidos en pico,
no importando cuánto les acomode.
Un lugar interesante, en Papeete, es el mercado, pero sabiendo que temprano empieza el calor, te debes levantar a tiempo para comprar buenas cosas. Nos levantábamos a las 4:30 para estar en el mercado a las cinco. Éste era muy atractivo, siempre scout, muy limpio y fresco, y había toda clase de frutas y vegetales ya empacados para ser llevados. Una docena de naranjas en una red, plátanos, aguacates, peras, fruta de pan, papaya, melones, mangos, etc. en pequeñas canastas de papel, listas para ser llevadas a casa.
Es curioso notar que todos los puestos de vegetales están atendidos por chinos.
En el mercado de peces, es interesante ver la enorme cantidad de pescados de diferentes clases que han sido atrapados en la noche. Hay gran abundancia de unos que son rojos, muy semejantes a los peces rojos, hay pequeños arenques puestos en una cuerda y tejones de mar que se parecen a los tejones ordinarios, excepto por las cabezas y ojos grandes.
Hay varios peces del tipo del pez aguja, con largos cuerpos alargados y plateados y bocas muy grandes como pico. Otros curiosos peces imitan a los rinocerontes, ya que tienen un cuerno en la nariz. Otra clase es de color azul brillante. No vimos en el mercado ningún pez volador, pero a mar abierto había lo que llamamos un "pez lancha rápido". Éste golpea arriba y abajo el agua y susurra en gran paz como si estuviera volando, pero solamente la punta de su cola toca la superficie.
La forma de agarrar a los pescados es mediante el poner temporalmente una larga cerca próxima a la playa. La cerca se hace con hojas de palma, árboles, lanchas, etc. todo unido, se coloca en forma de herradura; como a una milla de esto, los pescadores toman su lugar con los botes en un amplio semicírculo; en la proa de cada bote está de pie un hombre con una masa de coral en el extremo de una cuerda.

Elegancia en Tahití
El capitán de la pesca está en un barco en el centro de la línea, y cuando agita una bandera, todos los hombres arrojan su piedra al agua con un gran ruido, y después la recogen otra vez. Entonces la línea se mueve al frente, un poco hacia la cerca, y repiten el arrojar las piedras. De esta manera los peces se mueven a la cerca en forma de herradura.
Cuando los botes están próximos a la cerca un grupo de hombres y mujeres, de muchachos y muchachas se arrojan al agua y empujan los extremos de la herradura cada vez más cerca, hasta que la cierran como un círculo en torno a los peces. Entonces unen los extremos y cierran el círculo haciéndolo cada vez más pequeño, hasta dejar a los peces en una densa multitud, y así es fácil sacarlos y arrojarlos a la playa.