Capítulo 24
San Francisco

Abrí los ojos para encontrarme en el "Golden Gate". Había una luz brumosa sobre todo él, pero sobre la entrada había una brillante luz, como de miles de joyas que cintilaban.

¡Oh, no!, no creo que sea la entrada del cielo. No, era la entrada al mar interior que forma la bahía de San Francisco y que se llama el Golden Gate. Ésta consiste en un canal entre dos lugares altos que, como aquel entre los "Heads" en Sydney, en Australia, te lleva a una laguna de aguas profundas, con la ciudad y los pueblos suburbanos alrededor de sus playas.

Hay otra curiosa similitud con el puerto de Sydney, en el que Sir Francis Drake, al explorar esta costa occidental de América, pasó de frente el Golden Gate, sin notar su espléndido puerto, y desembarcó a pocas millas adelante en la costa. De forma semejante, el Capitán Cook, al explorar las costas de Australia, pasó de largo los "Heads", sin notar el puerto, y desembarcó a pocas millas al sur, en un lugar que nombró "Botany Bay" por el magnífico espectáculo de flores silvestres que vio.

A la salida del sol, vimos ante nosotros la bella ciudad de San Francisco que sube y llega a la cumbre de las colinas que rodean el puerto, con sus calles con bellos edificios rascacielos.

Es difícil creer que, en 1906, esta magnífica ciudad fue destruida por un terremoto, seguido por un devastador fuego generalizado. Estuve allí poco después y vi algunas de las líneas del tren que no habían sido todavía reparadas, y estaba azorado al ver cómo estaban dobladas y torcidas en pocos momentos por el terremoto.

Un hombre que estuvo allí, me contó que él manejaba un tranvía, alrededor de la hora del desayuno, y notó que el carro recibió un choque extraordinario, y en ese momento oyó a una mujer gritar, y vio a un hombre salir de una casa, a medio vestir, con una navaja de rasurar en la mano. Muchas otras personas corrían. Y mi amigo le dijo a su vecino en el carro; "Parece que llega la muerte". Entonces se dieron cuenta que era un temblor. El hombre con la navaja se estaba rasurando cuando ocurrió la sacudida, y salió a descubierto para evitar que le cayera encima la casa.

San Francisco era un puerto para los barcos que venían del Oeste a América Occidental y de las Islas del Mar del Sur desde Europa. La mayoría de los libros de aventuras marinas, en aquellos días, hablan de los terribles momentos que se tenían al navegar el Cabo de Hornos para llegar allí, siempre scout, y cómo se entregaban a terribles orgías cuando desembarcaban en Frisco. Al llegar no tenían ya deseo de volver al mar otra vez, pero era común para los agentes el que proporcionaran tripulaciones al emborrachar a esos hombres con bebidas mezcladas y subirlos a los barcos, en tal estado. Esta forma de procurar marinos era llamada "Hacerlos Shanghai".

Uno de los lugares de interés en San Francisco, es un pequeño jardín público cerca de los muelles en el que hay un bello memorial en honor de Robert Louis Stevenson, el autor de La Isla del Tesoro y otros libros de aventuras para muchachos. Nos sentábamos en este lugar y hablábamos con los viejos marinos sobre sus viajes y lo que hacían en los Mares del Sur.

Otra curiosa parte de la ciudad es el Barrio Chino. Allí viven más de 100,000 chinos y tienen muy buenas tiendas y casas, de estilo europeo, excepto por el peculiar nombre de las tiendas y por las curiosamente locas letras en las que están escritas. También en los escaparates que venden comida, podrás ver animales vivos que venden: peces en peceras, conejos en jaulas, pollos en gallineros y así otros. No vi perros que los chinos gustan de comer más que otras cosas, pero vi ranas y muchas grandes y gordas, como no las ves en Inglaterra. (Yo comí algunas de ellas también y son muy sabrosas, parecen pollos tiernos). A los chinos les gusta matar su propia comida.


Un chino tallador de
piedras, en su trabajo

Fuimos en carro a ver la Bahía del Golden Gate, y encontramos que están a punto de hacer el más gran puente colgante para cruzar la bahía, éste será el mayor puente colgante del mundo. Sabes que a los americanos les gusta ser "los más grandes del mundo". Ya sea que se trate de un puente colgante, un avión, un huracán, una pulga, debe ser el más grande del mundo.

En un lugar cerca del Golden Gate hay un grupo de rocas en el mar, y aunque la gente nos dijo que hasta hace pocos años había focas en las rocas, nos sorprendió ver algunas de ellas cuando llegamos. Se veían como cosas grandes, planas, cafés.

También había un gran parque muy bonito, en medio del cual había un acuario, mejor que cualquier otro que haya visto. En él había toda clase de horribles bestias del mar.

Pequeños cocodrilos flotaban inmóviles en la superficie del agua.

Entre ellos había tortugas de agua flotando o nadando allí. Una bonita y artística tortuga se había colocado en el lomo de un cocodrilo que dormía, y allí estaba calentándose al sol, sin que el cocodrilo supiera de ella, casi como un niño que va de paseo en la espalda de otro.

Había peces vistosos y de bellos colores, otros eran pequeños, planos, con alas,como propelas arriba en sus espaldas; las espantosas grandes anguilas con caras de bulldogs; tiburones leopardos sujetos aerodinámicos, plateados, anaranjados y negros; vistosos ténues peces azules muy ocupados en moverse por todas partes; pez vela, largos, delgados sujetos con largas y delgadas narices con las que continuamente pegan contra los lados del tanque. Después vimos un tanque lleno de peces tan finos que uno necesita una magnífica lupa para verlos bien.

Era una magnífica colección de peces, y lo que sentí era no tener más tiempo para verlos.