Me sentí como si estuviera de vuelta en mi casa rodante, la que me dieron ustedes scouts en el Jamboree de 1929.
Estamos viviendo en un carro de ferrocarril que ha sido arreglado como un remolque o un yate y que nos ha sido rentado para hacer nuestro viaje por Canadá de manera más fácil. A bordo, cada uno de nosotros tenemos un pequeño dormitorio, un comedor y una cocina bien equipados. El carro se une a un tren, cuando queremos viajar, y es desenganchado y dejado en una vía muerta, cada vez que queremos detenernos e inspeccionar a los scouts.
Bien, aquí estamos en una vía muerta en Banff. Cerca de nosotros están los bosques, y detrás de ellos, para cualquier parte que veamos, ya sea al Norte, al Sur, al Este o al Oeste, hay grandes montañas coronadas de nieve, porque como lo sabes, o al menos deberías saberlo, Banff está alto, en medio de las montañas Rocallosas.
El territorio alrededor, por 3,000 millas cuadradas, es lo que se llama un Parque nacional, lo que es una reserva de animales salvajes y de aves. A nadie le es permitido cazar, poner trampas, o tirarles; por lo tanto, aunque están en libertad, no tienen miedo a la gente.
Esta mañana fuimos a ver un poco los animales, allí estaban las huellas en la nieve, en los senderos en torno al pueblo y al ferrocarril.
La misma ciudad no era muy grande, pero todas las calles tienen nombres de animales como: la calle de los Osos, Alces, Antes, Lobos, Conejos, Ardillas, por lo que todo el lugar es muy animalero. A corta distancia en el bosque pasamos por un pequeño rebaño que parecían algo así como grandes borregos, siempre scout, pero del tamaño de ponies, pero sin algo como cola y los machos tenían cuernos muy bonitos. Se les conoce como cabras salvajes, y es entretenido el verlas subir por las laderas de las rocas y se quedan en tal posición como para ser fotografiadas. por lo que me obligué a tomarles una película.
Entonces pasamos por la casa de algunos castores. Estos "lodges"1, que así son llamados, son grandes domos de seis pies de alto, por diez de ancho, hechos de pequeños palos y ramas unidos entre sí con lodo. Alrededor de ellos, por unas cincuenta o sesenta yardas, los castores han construido diques para traer el agua a sus madrigueras, y detrás de la madriguera han dañado este arroyo con represas hechas con más ramas y pequeños palos.
¿Por qué hacen represa?
Bien, verás, ellos hacen su madriguera de esta manera: cerca del arroyo levantan una especie de montón de tierra redondo, con una entrada al nivel del piso. Sobre esto construyen un techo de forma de domo con ramas, palos y lodo. Entonces, para prevenir que los enemigos entren por la puerta, secaban el suelo en torno a la madriguera hasta que el agua está suficientemente alta para ocultar la puerta. Para realizar esto, secaban canales para traer el agua del arroyo, y hacen una represa para subir el nivel del agua y hacerla honda.
Son tan habilidosos como los humanos para hacer sus represas, pero trabajan dos veces más fuerte que los humanos para concluir su trabajo.
Vimos la manada de un wapiyi2. Son como venados rojos, como los que ves en el gran parque de Windsor o en Escocia, pero más grandes y con espléndida cornamenta. Muy hermosos.
Después pasamos por un grupo de bisontes muy peludos y que parecían somnolientos, monstruos que se mueven pesadamente y despacio. Estaban encerrados en una empalizada a la que no se nos permitía entrar, por calmados que aparecieran, son rápidos en su humor, y más rápidos cuando se mueven. Entonces pueden moverse tan rápido como un caballo, como lo que vi que sucedió, la última vez que estuve allí.
Un vaquero iba a caballo por la empalizada, cuando un viejo bisonte bajó la cabeza y comenzó a patear el piso. Parecía como si se fuera a acostar, pero, en realidad, esto significa cualquier otra cosa menos eso. De hecho significa que se preparaba para embestir. Por lo que el cuidador dio la vuelta a su montura y empezó a buscar la puesta de la empalizada, pero el bisonte lo siguió a tal paso que no tenía forma de alcanzar la puerta a tiempo para abrirla antes que el bisonte lo agarrara.
El cuidador dio la vuelta a su caballo y galopó en un amplio círculo, esperando que el bisonte se detuviera. El bisonte lo siguió, pero otra vez, cuando estaba cerca de la puerta, la bestia estaba muy cerca, detrás de él, para permitirle abrirla. Otra vez se acercó a la puerta y parecía que estuviera muy cerca para pasar por ella sin ser sorprendido.
Afortunadamente, esta vez, había alguien en la puerta, que al ver su predicamento, se la abrió, y una vez que hubo pasado, la azotó en la cara del toro que lo perseguía.
Jinete y caballo estaban jadeando después de su venturoso escape, cuando un autobús lleno de turistas llegó, y le dijeron: "Podría hacerlo otra vez, llegamos muy tarde para ver su ejercicio".
| 1 | Conservo la palabra inglesa. ya que en español no conozco cómo llamar a sus madrigueras. |
| 2 | Ciervo de las montañas de Canadá. |