MIS AVENTURAS COMO ESPÍA
BADEN-POWELL
PR�LOGO
Ha sido dif�cil escribir en tiempos de paz sobre el delicado tema de los esp�as y el espionaje, pero ahora que la guerra est� en progreso y los m�todos de esos nobles se�ores tan corruptos han sido descubiertos, no hay ning�n da�o en aventurarnos dentro de esta cuesti�n y relatar algunas de mis experiencias personales.
Los esp�as son como fantasmas -la gente parece tener un sentimiento general que deben ser como tales cosas, pero al mismo tiempo creen en ellos- porque a ellos nunca se les ve, y raramente conoce de alguien que haya tenido una experiencia de primera mano con ellos. Pero en cuanto a los esp�as yo puedo hablar con un conocimiento personal de decir que ellos existen y en un n�mero muy alto no solo en Inglaterra, sino en toda Europa.
Como en el caso de los fantasmas, cualquier fen�meno que la gente no entiende, desde un ruido repentino en un d�a tranquilo hasta un crujido a media noche de un aparador, tiene un efecto de alarmante sobre las mentes nerviosas. As�, un esp�a es conocido con excesiva alarma y expectaci�n porque �l es considerado, de alg�n modo, un diablo.
Como primer paso es bueno limpiar la mente de la idea que todo esp�a es necesariamente un tipo vil y despreciable. �l es muy a menudo listo y valiente.
El t�rmino "esp�a'' es usado con desprecio y se ha convertido por el uso en un despectivo. Como una mala aplicaci�n del termino "esp�a" est� el caso del Mayor Andr� que siempre me ha parecido ser muy severo. �l era suizo de nacimiento y durante la guerra americana de independencia en 1780 se uni� al ejercito ingl�s en Canad�, donde el al final se volvi� A.D.C. (N. del T.: Ayudante De Campo) del General Sir H. Clinton. El comandante americano de un fuerte cercano a West Point, en el r�o Hudson, hab�a insinuado que �l deseaba rendirse. y Sir H. Clinton env�o a Andr� a tratar con �l. Para poder atravesar las l�neas americanas Andr� se visti� en ropas de paisano y se puso el nombre de John Anderson. Desgraciadamente fue capturado por los americanos y lo juzgaron en una corte marcial y lo colgaron como a un esp�a.
Como �l no intentaba obtener informaci�n, parece escasamente correcto llamarlo esp�a. Mucha gente fue de este mismo parecer y Jorge III le otorg� a su madre una pensi�n, como tambi�n un t�tulo a su hermano, y su cuerpo fue al final exhumado y reenterrado en la Abad�a de Westminster.
CAP�TULO 1
LOS DIFERENTES RANGOS DE LOS ESP�AS
Cambiemos por el momento el termino "esp�a" por "investigador" o "agente militar". Para los prop�sitos b�licos estos agentes pueden dividirse en:
1. Agente estrat�gico y diplom�tico, quien estudia las condiciones pol�ticas y militares en tiempos de paz de todas las otras naciones que podr�an estar eventualmente en oposici�n a ellos en una guerra. Esto crea conflictos pol�ticos y organiza las declaraciones de guerra, como por ejemplo, esparciendo sedici�n entre los egipcios, o en la India entre sus habitantes, o en Sud�frica entre la poblaci�n Boer, traer una declaraci�n de guerra, si es posible, para as� crear confusi�n e incitar a las tropas en tiempo de guerra.
2. Agentes t�cticos, militares o navales, son quienes observan hasta los menores detalles del armamento y del terreno en tiempo de paz. Esto crea las preparaciones t�cticas en el mismo lugar. as� como material para puentes extra, emplazamientos de armas, interrupciones de las comunicaciones, etc.
3. Agentes de campo. Son aquellos que act�an como exploradores al disfrazarse para inspeccionar las posiciones y reportar los movimientos del enemigo en el campo de guerra. Entre �stos hay agentes residenciales y agentes oficiales.
Todos estos deberes son nuevamente subdivididos entre los agentes de cada rango desde embajadores y sus agregados en orden descendente. Oficiales navales y militares son enviados para llevar a cabo investigaciones especiales por todos los pa�ses, y detectives pagados son colocados en probables centros para reunir informaci�n.
Tambi�n hay esp�as que son traidores. Para ellos admito no tener ni una buena palabra. Son hombres que venden secretos de sus pa�ses por dinero. Afortunadamente, en Inglaterra, nosotros no estamos en problemas por su causa; pero hemos tenido un ejemplo notorio en Sud�frica.
AGENTES ESTRAT�GICOS
La traici�n en la guerra -que es, la investigaci�n pol�tica y militar- de los alemanes en la presente campa�a no ha sido un �xito como se esperaba desde el escenario tan maravillosamente organizado como lo ha sido. Con las vastas sumas invertidas en �l, el personal general alem�n pudo razonablemente haber obtenido hombres en una posici�n m�s alta en la vida, quienes pudieron haber calibrado la atm�sfera pol�tica mejor de lo que fue hecho por sus agentes inmediatamente despu�s de la presente crisis. Como sea, sus planes para iniciar luchas en un tiempo cr�tico no se enfrentaron a ninguna respuesta. Ellos tuvieron grandes ideas al encender la disputa y el descontento en Egipto y en la India, pero calcularon sin conocer lo suficiente a las razas orientales o sus sentimientos hacia la Gran Breta�a y Alemania, m�s especialmente a Alemania.
Ellos se fijaron en el problema Irland�s como si fuera una guerra civil segura en Breta�a, una que no tendr�a que necesitar el empleo de una gran proporci�n de nuestra fuerza expedicionaria interna en nuestras propias islas.
Ellos nunca previeron que el Boer y el Brit�nico trabajar�an amigablemente en Sud�frica; supusieron que el ej�rcito de ocupaci�n no podr�a ser removido de ah�, y no previeron que Sud�frica enviar�a un contingente contra sus colonias en el �frica del Sur mientras los regulares fortalec�an nuestro ej�rcito en casa.
Ellos imaginaron que los dominios de ultramar eran muy d�biles en hombres, barcos y entrenamiento para ser de alg�n uso; nunca previeron que la hombr�a de Gran Breta�a saldr�a en grandes n�meros para tomar las armas para lo cual su car�cter nacional ha dado ampliamente a ellos las calificaciones necesarias. Todo esto pudo haber sido descubierto si los alemanes hubieran empleado hombres de una posici�n social y educaci�n m�s alta.
AGENTES T�CTICOS
En adici�n, para descubrir detalles militares acerca de un pa�s, tales como la preparaci�n de hombres, abastecimientos, eficacia, y mucho m�s, estos agentes han de estudiar las caracter�sticas t�cticas de los montes y llanos, caminos y v�as f�rreas, r�os y bosques, e incluso los probables campos de batalla, sus posiciones de artiller�a, y mucho mas.
Los alemanes en la presente guerra han estado usando los m�s grandes proyectiles que, debido a sus negras y densas explosiones, han sido apodados "black mar�as" o "Jack Johnsons". Estas armas requieren de fuertes cimentaciones para erigirse antes de que puedan ser disparadas. Pero los alemanes previeron esto mucho antes de la guerra, y tendieron sus planes por consiguiente.
Examinaron todos los pa�ses sobre los cuales pudieran combatir, tanto en B�lgica como en Francia, y por doquiera que viesen una buena posici�n para las armas ellos constru�an los cimientos y emplazamientos para �stas. Esto fue hecho en tiempos de paz; fue por eso que tuvo que ser realizado en secreto. Para alejar toda sospecha, un alem�n comprar�a o rentar�a una granja en la cual se deseara construir un emplazamiento. Entonces �l colocar�a los cimientos para un nuevo granero o una nueva dependencia de la granja, o -si estuviera cerca de la ciudad- para una f�brica y cuando estuviesen completos el erigir�a algo ligeramente construido sobre todo esto.
No hab�a nada que llamara la atenci�n a sospechas acerca de esto, muchos de estos emplazamientos fueron hechos antes del inicio de la guerra. Cuando la guerra estall� y las tropas llegaron al terreno, las edificaciones fueron precipitadamente derrumbadas y ah� estaban los emplazamientos listos para las armas. Hace algunos a�os un reporte lleg� a la oficina de guerra: una potencia extranjera estaba haciendo emplazamientos en una posici�n de la cual no se hab�a sospechado antes fuera de alg�n valor militar, ellos evidentemente lo iban a usar con prop�sitos estrat�gicos.
Se me envi� para ver si el reporte era cierto. Por supuesto, no ir�a como un oficial -se despertar�an sospechas, no se me permitir�a ver nada y probablemente ser�a arrestado como esp�a. Fui entonces a quedarme con un granjero amigable en el vecindario; sal�a a disparar a diario entre las perdices y tirar desde alg�n escondite por ah�. Lo primero que hice fue observar la campi�a en general, y tratar de pensar qu� puntos ser�an de m�s valor como posiciones para la artiller�a.
Entonces sal� a buscar a las perdices (y otras cosas) en los montes que hab�a observado, muy pronto encontrar�a lo que quer�a.
Ah� hab�a oficiales, tomando �ngulos y medidas, acompa�ados por trabajadores que colocaban estacas en el suelo y marcaban l�neas con cinta entre ellas. Como pas� con mi arma en la mano bolsa al hombro y un perro al lado, ellos no prestaron ninguna atenci�n y desde las colinas vecinas pude observar sus procedimientos. Cuando ellos se alejaban para comer o retornaban a sus cuarteles, sal�a a disparar sobre el terreno que hab�an dejado, y si no obten�a una gran bolsa de caza, de todos modos me hac�a de una buena colecci�n de dibujos y medidas de los planos de los fuertes y emplazamientos que hab�an trazado en el terreno. As� que a pocos d�as de su inicio de quehaceres nosotros ya ten�amos sus planes en nuestra posesi�n. Aunque ellos despu�s plantaron �rboles sobre todos los sitios para encubrir los fuertes, y construir edificios en otros lugares para as� ocultarlos, nosotros sab�amos perfectamente d�nde se encontraban los emplazamientos, cu�les eran sus formas y tama�os.
Esta siembra de �rboles para esconder tales trabajos de defensa, ocasionalmente tienen el efecto contrario: le muestran a uno en d�nde est�n. Este fue un caso notable en Tsingtau, capturado por las fuerzas Japonesas y Brit�nicas a los Alemanes. Como no hab�a ning�n bosque natural, tuve poca dificultad en saber d�nde se encontraban los fuertes por las plantaciones de reciente crecimiento en el vecindario de este lugar.
AGENTES RESIDENCIALES
Estos hombres instalan sus cuarteles casi permanentemente en el pa�s de sus operaciones. Unos pocos hombres est�n en altos puestos en el mundo social y comercial, son generalmente nuevos ricos ansiosos por condecoraciones y recompensas. Pero la mayor�a de los esp�as residenciales son de una clase m�s insignificante teniendo una paga regular por su trabajo.
Su deber es actuar como agentes para recibir y distribuir instrucciones en forma secreta a otros esp�as itinerantes y enviar sus reportes a los cuarteles generales. Por esta raz�n ellos tienen un sobrenombre, son los "apartados postales" para la inteligencia alemana.
Ellos tambi�n recogen informaci�n de cualquier fuente disponible y la transmiten a casa. Un tal Steinbauer fue hace algunos a�os uno de los principales "apartados postales" en Inglaterra. �l fue atacado por el personal del K�iser durante su �ltima visita este pa�s, cuando vino como invitado del Rey a la apertura de Memorial a la Reina Victoria. Un caso de espionaje que fue juzgado en Londres revel� sus m�todos uno de sus agentes ha sido arrestado despu�s de haber sido observado por 3 a�os. El juicio de Karl Ernst's confirm� los descubrimientos y mostr� las operaciones de hombres como Schroeder, Gressa, Klare y otros.
Tambi�n el caso del Dr. Karl Graves estar� en la memoria de muchos. Este alem�n fue arrestado en Escocia por espionaje condenado a 18 meses de prisi�n; poco despu�s fue liberado sin haber sido dada una raz�n oficial. �l ha escrito desde entonces una relaci�n de lo que hizo, y es de inter�s el notar c�mo pasaba correspondencia desde y hacia los cuarteles generales de la inteligencia alemana en sobres adornados con el nombre de Messrs. Burroughs & Wellcome, los famosos qu�micos. �l se hacia pasar por un doctor, enviaba sus cartas a trav�s de un posadero en Bruselas o un modisto en Par�s, mientras que las cartas para �l ven�an a trav�s de una oscura tabaquer�a en Londres. Una de estas cartas se desvi� porque ten�a la inicial equivocada de su nombre. Fue regresada por la oficina de correos a Burroughs & Wellcome, y cuando la abrieron encontraron dentro una carta alemana envuelta en billetes como forma de pago por los servicios prestados. Esto levant� sospechas en su contra. Fue vigilado y finalmente arrestado. �l cuenta que cierto d�a un sentimiento lo hab�a seguido desde el amanecer: se dio cuenta que en su habitaci�n la ropa que hab�a doblado sobre una silla habla sido ligeramente vuelta a doblar de una manera diferente mientras �l hab�a estado fuera. Con algo de sospecha, le pregunt� a su casera si alguien hab�a entrado a su cuarto y ella, en evidente confusi�n neg� que alg�n extra�o hubiera podido estar ah�.
Entonces �l le sugiri� que tal vez su sastre pudo haber llamado, entonces ella estuvo de acuerdo en que eso fue lo que pas�. Pero una o dos horas despu�s, se entrevist� con su sastre quien le dijo que no hab�a estado cerca del lugar. Graves, en consecuencia dedujo que lo estaban siguiendo.
El saberte perseguido y no saber por qui�n, te da, yo te lo aseguro un profundo sentimiento de susto -especialmente cuando sabes que eres culpable.
Yo puedo hablar con honda emoci�n de m�s de una experiencia sobre esto, desde que hab�a sido empleado en esta forma de exploraci�n en tiempos de paz.
AGENTES OFICIALES
Es com�n encontrar esp�as ordinarios que tambi�n est�n suficientemente inmiscuidos en el conocimiento t�cnico para ser de utilidad en la obtenci�n de detalles navales o militares. Consecuentemente los oficiales son empleados para obtener tal informaci�n en tiempos de paz, como en el teatro activo de la guerra. Pero con ellos, y especialmente con esos de Alemania, no es f�cil encontrar hombres que sean lo suficientemente buenos actores, o quien pueda disfrazar su apariencia, como evadir las sospechas. Muchos de estos han visitado nuestros puertos durante los pasados a�os, pero han sido generalmente notados, observados y seguidos, y desde la forma tomada por ellos en sus reconocimientos ha sido f�cil el deducir el tipo de operaciones contemplada en sus planes.
Recuerdo el caso de una fiesta de estos motoristas a trav�s de Kent viendo hacia las antiguas ruinas romanas. Cuando ellos le preguntaban a un lugare�o por la posici�n exacta de algunas de �stas �l les contestaba que no ten�a un mapa �til en el cual pudiera se�alarles su posici�n. Uno de los "anticuarios" producir�a de inmediato un mapa a escala larga; pero no era como un mapa ingles: tenia, por ejemplo, detallados los tanques de suministro de agua, si bien �stos exist�an, no se muestran en ninguno de nuestros mapas ordinarios.
En suma, a las variadas ramas del espionaje que he mencionado, los alemanes tambi�n han practicado el espionaje comercial en una l�nea sistem�tica.
ESPIONAJE COMERCIAL
J�venes alemanes han sido frecuentemente conocidos por servir en empresas brit�nicas sin cobrar su salario para as� "aprender el idioma"; pero ellos tienen el cuidado de aprender mucho mas que el idioma, y recolectan muchas otras cosas acerca de m�todos de comercio y secretos que pronto se usar�n en su propio pa�s.
La importancia del espionaje comercial es que la guerra comercial est� en todo momento en el fondo de los preparativos alemanes para la guerra militar.
Carl Lody, un ex oficial alem�n, fue recientemente juzgado en Londres por una corte marcial y fusilado por "traici�n de guerra", que es enviar informaci�n en relaci�n con nuestra armada a Alemania durante las hostilidades ("traici�n de guerra" es el trabajo secreto fuera de las operaciones de la zona de guerra. Cuando �sta se lleva a cabo en la zona de operaciones es llamada "espionaje"). Carl Lody se movi� donde era observado y su correspondencia abierta por la polic�a de contraespionaje en Londres, as� todas sus investigaciones e informaci�n eran conocidas por la oficina de guerra mucho antes de que fuese arrestado. Las enormes sumas pagadas por Alemania en los a�os pasados han tra�do un tipo de cambio internacional de esp�as, generalmente formado por germano-americanos con sus cuarteles generales en B�lgica y es bien retribuida la informaci�n obtenida por ellos. Por ejemplo, si los planes de un nuevo fuerte, o las dimensiones de un nuevo barco, o el poder de un nuevo tipo de arma se necesita, uno simplemente tiene que solicitar y formular un precio a esta agencia para recibir muy buena informaci�n sobre el tema, antes de que haya transcurrido mucho tiempo.
Al mismo tiempo, pretendiendo ser un americano, uno puede obtener muchos detalles menores e informaci�n �til sin gastar un centavo.
CAP�TULO 2
LOS PLANES DE INVASI�N ALEMANES
Para entrar en contacto con esta gente, fui informado de uno de los planes pretendidos por el cual los alemanes se propon�an invadir nuestro pa�s y accidentalmente arroj� cierta luz a sus m�todos presentes sobre el trato con los habitantes como algo aparte de los movimientos t�cticos de las tropas.
La idea alemana entonces -como hace 6 a�os - era que pod�an, en cualquier momento, por medio de minas y submarinos, bloquear el tr�fico en el canal ingl�s en un muy reducido tiempo, manteniendo as� nuestras flotas en sus estaciones en Spithead Portland.
Con el estrecho de Dover bloqueado, ellos podr�an tomar por asalto una flota de transportes a trav�s del Mar del Norte, desde Alemania hacia la costa este de Inglaterra, al igual que Anglia oriental o, como en este plan, en Yorkshire, Ellos ten�an en Alemania 9 estaciones de embarque, con muelles y plataformas ya hechas, y garrabas de acero para sus prop�sitos de desembarque o para una traves�a actual del oc�ano en caso de buena mar.
Ellos hab�an tomado el promedio de clima de los �ltimos a�os y llegaron a la conclusi�n de que el 13 de julio es, en promedio, el mejor d�a del a�o: pero su tentativa habr�a sido fijada, de ser posible para caer en un d�a de descanso bancario, cuando las comunicaciones estuvieran temporalmente desorganizadas. Por tanto, el m�s cercano descanso bancario, estando a 13 de julio, ser�a a principios de agosto; fue una coincidencia que la guerra estallara ese d�a.
Los esp�as estacionados en Inglaterra fueron a cortar toda l�nea telef�nica y telegr�fica y, donde fuera posible, volar puentes de importancia y t�neles, para interrumpir comunicaciones y crear confusi�n. Su idea de desembarco en las costas de Yorkshire se basaba en las siguientes razones:
Ellos no vieron estrat�gicamente a Londres como la capital de Inglaterra, sino m�s sobre los grandes centros industriales de la regi�n centro - norte, donde, en lugar de 6 millones, hay cerca de 14 millones de personas reunidas en las numerosas ciudades y poblados que ahora son colindantes una de la otra en esa parte del pa�s. Su teor�a era que si ellos pudieran atacar con un ej�rcito de hasta 90 mil hombres a trav�s de Leeds, Sheffield, Halifax, Manchester y Liverpool sin encontrar mucha oposici�n en las primeras horas, ellos podr�an establecerse ah� con tal fuerza que se requerir�a de un poderoso ej�rcito para repelerlos.
Trayendo pobres provisiones con ellos y tomando todas las provisiones locales, ellos tendr�an lo suficiente para sostenerse por un tiempo considerable, y el primer paso de su ocupaci�n consistir�a en expeler a cada habitante -hombre, mujer y ni�o - del entorno y destruir las ciudades. As� en pocas horas, algunos de los 14 millones de personas estar�an hambrientas y vagando sin refugio sobre la cara del pa�s -un desastre que requerir�a de una gran fuerza para tratar con ella, lo cual causar�a una ruptura entera en nuestros abastecimientos de comida y, negocios en el pa�s.
La costa oriental de Yorkshire entre el Humbre y Scarborough se presta asimismo para la aventura, proveyendo una buena playa abierta por millas, con el pa�s abierto por su frente que en su vuelta, es protegido por un semic�rculo de landas, que podr�an f�cilmente albergar a la fuerza de ocupaci�n germana. Su izquierda ser�a protegida por el Humber y la derecha por el Tees, para que as� el desembarco pudiera transcurrir sin interrupci�n.
�ste era su plan -basado en la cuidadosa investigaci�n de un peque�o ej�rcito de esp�as - hace unos cinco o seis a�os, antes de que nuestras bases navales fuesen establecidas en el norte. Si ellos hubieran declarado la guerra entonces, no habr�an tenido serias interferencias de nuestra armada durante la traves�a de su transporte que, por supuesto, estar�an protegidas en ese flanco por su flota entera de barcos de guerra.
A primera vista, parecer�a muy fantasioso un plan encomendado enteramente a la suposici�n, pero en el discurrir acerca de �l por los oficiales alemanes, encontr� que le cre�an como una propuesta pr�ctica. Ellos ampliaron la idea del uso que deber�an dar a la poblaci�n civil y anunciaron su brutalidad explicando que cuando estallara la guerra, �sta no ser�a hecha con mano ligera. El sentido de sus palabras ser�a mostrado a la gente por el fusilamiento de civiles en caso de que fuera necesario, para as� probar que ellos iban en serio y forzar a los habitantes a trav�s del terror a cumplir sus requerimientos.
Investigaciones posteriores en el tema proveyeron que los arreglos de embarcaci�n estaban todos planeados y preparados. En cualquier tiempo, por la v�a comercial ordinaria, hab�a un gran n�mero de largos vapores-correos siempre disponibles en sus puertos para transportarlos, incluso superiores en exceso a esos que se habr�an acordado para tal expedici�n. Tropas podr�an ser movilizadas en el �rea de los puertos, ostensiblemente para maniobras, sin despertar sospecha alguna.
Est� en los libros de estrategia alemanes que el tiempo para hacer la guerra no es cuando tienes una causa pol�tica para ello, sino cuando tus tropas est�n listas y las del enemigo no; y que dar el primer golpe es la mejor manera de declarar la guerra.
He relatado todo esto en el tiempo en una lectura privada a oficiales, ilustr�ndola con proyecciones y mapas, como un problema militar en el que ser�a interesante trabajar en el estado actual, y no lo fue realmente hasta el reporte de esta imagen en los papeles que me di cuenta cu�n cerca estuve de "tocar el punto". Pero, aparte de las varias cuestiones indignantes con que el secretario de estado de guerra fue acosado en la c�mara de los comunes por mi cuenta, fue cometido con cartas desde Alemania desde vanos puntos con el m�s violento abuso, alto y bajo, que me mostr� que mis sospechas me hab�an acercado a la verdad.
"Usted es un papel de estraza, general" dijo alguien, "y si piensa que por sus necias pl�ticas nos va a asustar del porvenir, no est� en lo correcto".
ESP�AS DE CAMPO
Es dif�cil decir d�nde termina el trabajo de un esp�a en la guerra, y d�nde empieza el de un explorador. A excepci�n de esto, como regla, lo primero es ir disfrazado, el explorador es visto corno un valiente y sus recursos por obtener informaci�n muy bien pensados, mientras �l permanezca en uniforme. Si �l va un poco m�s all� y descubre que puede obtener informaci�n si se disfraza -incluso conociendo el gran riesgo de ser fusilado si es descubierto - entonces se le busca de arriba abajo como a un "despreciable esp�a". Esto, yo no lo encuentro justo. Un buen esp�a -sin importar a qu� pa�s sirve - es por necesidad un valiente y valioso compa�ero. En nuestra armada no utilizamos mucho a los esp�as de campo en el servicio; a pesar de su uso parcial en maniobras, han mostrado lo que pueden hacer.
En Gu�a para la Exploraci�n he escrito: "En el asunto del espionaje estamos detr�s de otras naciones. El espionaje, en realidad, es reconocimiento yendo disfrazado. Sus efectos son de tan largo alcance que muchas naciones para detener el espionaje enemigo, le tratan con la muerte si lo capturan".
Como una parte esencial del Escultismo, he escrito un cap�tulo de puntos sobre c�mo espiar y c�mo atrapar a otros espiando.
CAPTURANDO A UN ESP�A
El capturar esp�as fue alguna vez uno de mis deberes, y es tal vez, la mejor forma de educaci�n a trav�s del espionaje exitoso. He sido muy afortunado en descubrir a tres y fui felicitado por uno de los oficiales de mayor rango del personal del comandante en jefe. Nosotros regres�bamos a casa juntos desde una gran parada al tiempo que el estaba hablando acerca de ello, y remarc�: "�C�mo lograste capturar a un esp�a?". Le dije de nuestros m�todos y a�ad� que tambi�n la suerte ven�a en mi ayuda.
Justo enfrente de nosotros, en la multitud de veh�culos retornando desde el campo de la parada, hab�a un auto de alquiler Victoria en el cual hab�a un caballero de aspecto extranjero. Me di cuenta que era el tipo de hombre al cual deb�a mantener a la vista, tranquilamente le segu� hasta sabor d�nde se escond�a y, le coloqu� un detective para reportar sus movimientos.
Desde muestra posici�n a caballo, cercana tras de �l, pudimos ver que nuestro extranjero estaba leyendo una gu�a y un mapa de las fortificaciones a trav�s de las cuales pas�bamos. De repente le dijo a su chofer que se detuviera un momento mientras encend�a un cerillo para cigarro. El conductor se detuvo y nosotros tambi�n.
El extra�o mir� hacia arriba para ver que �l no estaba siendo observado, y r�pidamente desliz� una c�mara desde debajo del tapete que se encontraba en el asiento frente a �l y apunt�ndolo hacia la entrada de una nueva tienda de municiones que acababan de ser hechas para nuestra armada �l le tomo una foto. Entonces apresuradamente volvi� a cubrir la c�mara y procedi� a sacar los cerillos y prender su cigarro. Entonces le indic� al conductor que continuaran su camino. Nosotros lo segu�amos de cerca, detr�s de �l, hasta que llegamos donde un polic�a estaba regulando el tr�fico.
Me adelant� con el caballo y le di instrucciones para que el carruaje fuese detenido y se le preguntara al hombre por su permiso para tomar fotograf�as. �l no ten�a ninguno. La c�mara fue tomada en custodia y el nombre y direcci�n del propietario fueron tomados "para continuar con los procedimientos posteriores".
Desgraciadamente en ese tiempo -esto fue hace muchos a�os- est�bamos discapacitados por nuestras leyes en la cuesti�n de arrestar y castigar esp�as. La ley s�lo permit�a confiscar y destruir c�maras que no ten�an autorizaci�n, y eso era todo.
"Procedimientos posteriores" hubiesen sido posibles. En este caso habr�a sido innecesario porque el caballero sospechoso tom� el siguiente bote hacia el continente.
CAP�TULO 3
JAN GROOTBOOM,
MI ESP�A NATIVO
Pero tom� mucho trabajo convencer a mi amigo el oficial que todo el episodio no fue una farsa para su especial edificaci�n.
Es humano odiar a otro m�s listo que uno, que es m�s ingenioso que uno, tal vez eso cuenta para gente que aborrece a los esp�as con odio mortal, �se que ofrecen a un hombre que tira bombas desde un aeroplano indiscriminadamente sobre mujeres y ni�os, o quien bombardea catedrales con infernales m�quinas b�licas. Nadie puede decir que mi esp�a nativo en Sud�frica, Jan Grootboorn, fuera ambos, un hombre vil y un hombre gentil. �l era descrito por uno que se conoc�a como un "hombre blanco en piel negra", y yo cordialmente confirmo esta descripci�n.
Aqu� est� un ejemplo de su trabajo como esp�a de campo:
Jan Grootboom era Zul� de nacimiento, pero habiendo vivido mucho tiempo con hombres blancos, como cazador y gu�a, �l vest�a ropa ordinaria y hablaba perfectamente bien el ingl�s, pero en su interior �l tenia todas las agallas y astucia de su raza.
Al ir a explorar contra los Matabeles nunca era sabio salir con una gran partida porque as� se atraer�a la atenci�n, a donde fuera se deber�a ir s�lo con un hombre (tal como Jan Grootboom); as�, uno era capaz de penetrar sus l�neas y casi acostarse oculto entre ellos, observando su disposici�n y obteniendo informaci�n como su n�mero, abastecimientos, el paradero de sus mujeres y ganado, etc.
Ahora cada noche se invert�a en este trabajo, es decir, la noche era utilizada para moverse sigilosamente a sus posiciones, y uno les observaba durante el d�a. Pero era imposible hacer esto sin dejar huellas ni rastros, que los entrenados ojos de sus exploradores no tardaban en descubrir, muy pronto se daban cuenta que hab�an sido observados y, en consecuencia, continuamente vigilaban para tendernos una emboscada y capturarnos.
Una noche Jan Grootboom y yo hab�amos cabalgado hacia las cercan�as de uno de los campos enemigos, est�bamos recostados esperando la primera luz antes de que pudi�ramos descubrir exactamente d�nde estaban localizados. Fue durante la hora anterior al amanecer que, como una regla, el enemigo acostumbraba encender sus fuegos para cocinar su comida matinal. As�, uno pod�a ver exactamente sus posiciones, rectificar la propia y encontrar un lugar donde uno pudiera ocultarse durante el d�a para observar sus movimientos. En esta ocasi�n, el primer fuego fue encendido y luego otro centell�, y luego otro, pero antes de que media docena se hubiesen encendido Grootboom, de repente, gru�� bajo su respirar: "El puerco; ellos est�n tendiendo una trampa para nosotros".
No comprend� en el momento lo que me quer�a decir, pero �l a�adi�:
-Det�nte aqu� por un momento, yo ir� a echar una mirada.
�l se deshizo de toda su ropa y la dej� hecha un mont�n, y se alej� en la obscuridad, pr�cticamente desnudo. Evidentemente, iba a visitarlos para ver qu� estaba pasando. Lo peor del espionaje es que te hace siempre sospechar, incluso de tus mejores amigos As�, tan pronto como Grootboom se alej� en una direcci�n, yo silenciosamente me alej� en otra, y me qued� entre unas rocas en un peque�o kopje (N. del T.: Monte aislado que est� sobre una planicie y que parece como si fuera una isla que emerge del mar) para tener alguna oportunidad si �l tuviera intenci�n de traicionarme e ir con algunos Matabeles a capturarme. Por una hora o dos permanec� ah�, hasta que despu�s vi a Grootboom deslizarse hacia atr�s a trav�s de la hierba solo.
Avergonzado de mis dudas, sal� y fui a su encuentro lo hall� ri�ndose con satisfacci�n mientras se vest�a de nuevo. �l dijo que hab�a encontrado, como lo sospechaba, una emboscada tendida para nosotros. Lo que le hizo sospechar fueron los fuegos, en lugar de encenderse sobre la ladera de la colina en diferentes puntos al mismo tiempo, hab�an sido encendidos en una sucesi�n regular uno tras de otro, evidentemente por un hombre yendo en progresi�n. Esto le pareci� sospechoso y, asumi� que estaba haci�ndolo para guiarles hacia nosotros, si hubi�semos ido a cualquier parte alrededor, para examinar m�s cercanamente la localidad.
Grootboom se desliz� hacia ellos por una intrincada vereda, desde la cual pudo percibir toda una partida de Matabeles recostados en el pasto por la pista que probablemente hubi�semos usado para llegar ah�, ellos nos hubieran sorprendido y capturado. Para asegurarse de esta sospecha �l se desliz� alrededor hasta llegar cerca de su fortificaci�n, y viniendo desde all�, estuvo entre ellos y convers� con ellos, descubriendo cu�l era su intenci�n concerniente a nosotros, y tambi�n cu�les eran sus planes para el futuro cercano. Entonces, habi�ndolos dejado, y caminado audazmente de espalda a su fortificaci�n, �l se desliz� entre algunas rocas y se reuni� conmigo. �l era el ejemplo del trabajo de un esp�a de campo que aunque de cierto modo podr�a ser taimado y fraudulento, al mismo tiempo demandaba el coraje y la astucia personales m�s grandes. Es algo mayor que la valent�a ordinaria de un soldado en acci�n, quien es llevado por el entusiasmo de aquellos que le rodean bajo el liderazgo de un oficial, y con la concurrencia y admiraci�n de otros.
Las agallas del hombre que sale solo, sin ser observado o aplaudido, y arriesgando su vida, es ciertamente igual de grande. Los boers usaron libremente esp�as de campo contra nosotros en Sud�frica. Un boer angloparlante sol�a jactarse de c�mo, durante la guerra, hizo frecuentes visitas a Johannesburg vestido con un uniforme tomado de un mayor ingl�s que hab�a muerto en acci�n. �l sol�a cabalgar pasando a los centinelas que, en lugar de dispararle, simplemente lo saludaban, y �l asist�a a los clubs y lugares frecuentados por los oficiales, recogiendo de ellos tanta informaci�n como �l la requiriese de primera mano, hasta que atardec�a y, cabalgaba de regreso a su comando.
CAP�TULO 4
TRANSPORTANDO INFORMACI�N
De nuestro lado varios m�todos fueron adoptados para enviar informaci�n al campo. Mis esp�as emplearon corredores negativos (especialmente los m�s astutos ladrones de ganado) para transportar sus despachos hacia m�. Esto era naturalmente, en cada caso, escrito en clave o en c�digo secreto, en Hindustani y escrito en caracteres ingleses y as�. �stos eran enrollados en bol�tas y presionados dentro de un peque�o hoyo tallado en un bord�n, siendo despu�s tapado el hoyo con barro o jab�n. Tambi�n eran puestos dentro del hornillo de una pipa debajo del tabaco, y pod�a as� ser fumado sin levantar sospecha, o eran deslizados entre las suelas de las botas o hilvanados en el forro de la ropa del portador. Estos nativos tambi�n entend�an el lenguaje de las se�ales de humo -se�alando por medio de peque�as o grandes bolas de humo para describir los movimientos del enemigo y su fuerza.
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UN MENSAJE SECRETO |
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| Estos jerogl�ficos contienen un mensaje secreto que puede ser f�cilmente le�do por aquellos que conocen la clave sem�foro. Esta se�alizaci�n consiste en voltear dos brazos en diferentes posiciones, ya sea por separado o juntos. Los puntos indican d�nde se juntan las letras, por ejemplo: el s�mbolo de sem�foro para la N consiste en ambos brazos se�alando hacia abajo en un �ngulo de 90 grados ^. La letra I es mostrada por ambos brazos se�alando a la izquierda al mismo �ngulo >. La siguiente N se muestra de nuevo, y la letra E es un brazo sencillo se�alando hacia arriba a la derecha en un �ngulo de 45 grados. En cada palabra comienzas por la parte superior de los signos y lo lees hacia abajo. | ||
SE�ALES SECRETAS Y ALARMAS
Los correo-corredores nativos eran a quienes mand�bamos para abrir camino a trav�s de las l�neas enemigas cargando las cartas firmemente enrolladas en peque�as bolas, envueltas con hoja de plomo tal como se empaca el t�. Estas peque�as bolas eran cargadas alrededor de sus cuellos en una cuerda. Al momento que ve�an acercarse a un enemigo las tiraban como si fueran rocas sobre el suelo y tomaban marcas del sitio para as� poder encontrarlas cuando no hubiera "moros en la costa". Entonces hab�a puntos dispersos para esconder cartas y, que otros esp�as las encontraran. Aqu� hay algunas de las m�s frecuentemente usadas:
Esta marca, hecha en el suelo o en el tronco de un �rbol o en un puente-correo, fue usada por un explotador para informar a otro. Significa: "Una carta est� oculta a cuatro pasos en esta direcci�n".
Un signo usado para advertir a otro explorador que est� yendo en la direcci�n equivocada. Significa: "no por este camino".
Este es otro signo de un explorador a otro y significa: "He regresado a casa".
La "marca" en el tronco y las dos piedras, una sobre otra, son simplemente para mostrar que el explorador est� en la pista correcta. Los otros tres dibujos son para mostrar la direcci�n en la cual debe ir el explorador. La flecha se marca en el suelo. La parte superior del v�stago o arbusto es inclinada sobre la direcci�n que debe tomar el explorador, es el mismo caso del manojo de hierba, que primero es amarrada y despu�s inclinada.
ESP�AS EN TIEMPO DE GUERRA
Los japoneses, por supuesto, en su guerra con Rusia en Manchuria hicieron uso extensivo de esp�as, y Puerto Arturo, con todos sus defectos de fortificaci�n y equipamiento, era conocido por dentro y por fuera por el personal general japon�s antes de que se disparara un solo tiro. En las regulaciones del servicio de campo del ej�rcito alem�n, un p�rrafo dice que: "el servicio de protecci�n en el campo -que es como decir, la vanguardia, la guardia de avanzada y reconocimiento- debe ser siempre asistido por un sistema de espionaje..." y aunque este corto p�rrafo est� en el libro, su esencia es acatada. Los esp�as de campo son un arma reconocida y eficiente. A Federico el Grande se le recuerda por haber dicho: "Cuando Marshal Subise va a la guerra, es seguido por un centenar de cocineros, pero cuando yo voy, al campo soy precedido por un centenar de esp�as". Escuchamos sobre ellos que van vestidos en ropas humildes como campesinos, que hacen se�ales con luces de colores, con bolas de humo de las chimeneas y usando las manecillas del reloj de la iglesia como sem�foro.
Muy frecuentemente un sacerdote era arrestado y se descubr�a que era un esp�a disfrazado, y como tal, era fusilado. Tambi�n un chofer alem�n en uniforme franc�s, que por alg�n tiempo estuvo conduciendo para los oficiales franceses, se le encontr� que era un esp�a, y as� encontr� su muerte.
Pronto en la presente guerra los esp�as de campo alemanes tuvieron su c�digo secreto de signos, as� que dibujando bosquejos de ganado, de colores y tama�os diferentes, se transmit�an informaci�n sobre la fuerza y direcci�n de los diferentes cuerpos de tropas hostiles en el �rea.
Como una regla, �stos son esp�as residenciales que han vivido por meses o a�os con los peque�os comerciantes, etc., en las ciudades y villas ahora incluidas en el teatro de la guerra. A la llegada de los invasores alemanes dibujaron con gis sobre sus puertas: "Para no ser destruido. Buena gente aqu�", y tambi�n fue hecho para algunos de sus vecinos para alejar las sospechas. En su capacidad de naturalizarse habitantes est�n en posici�n, por supuesto, de obtener valiosa informaci�n t�ctica para los comandantes de las tropas. Y sus diversas formas de comunicaci�n son m�s que ingeniosas. Ambos, en algunos casos esp�as y comandantes, tienen mapas dispuestos en peque�os cuadros, El esp�a atento se�ala a su comandante, "caballer�a enemiga estacionada detr�s del bosque en el cuadro E 15", y muy pronto una salva de obuses visita este lugar. Una mujer esp�a fue capturada cuando se�alaba con una linterna el�ctrica. Dos hombres diferentes (uno de ellos un viejo triturador cojo por el camino) fueron capturados con tel�fonos de campo ocultos en ellos con el alambre enrollado en sus cuerpos. Pastores con linternas dieron vueltas en las colinas de noche moviendo las linternas de diferentes formas que todas juntas no parec�an necesarias para encontrar ganado. Los tel�grafos inal�mbricos se colocaron para parecer soporte a las chimeneas de hierro.
En la campa�a sudafricana un jefe de estaci�n holand�s fungi� como esp�a de campo para los boers por un corto tiempo. S�lo fue un tiempo muy corto. Su ciudad y estaci�n fueron capturadas por mis fuerzas Y para desviar toda sospecha, cort� y tir� las l�neas telegr�ficas, todas menos una, que fue dejada en servicio. Por esta l�nea �l env�o a los cuarteles boers toda la informaci�n que pudo recabar acerca de nuestras fuerzas y planes. Desgraciadamente, para �l, tuvimos un destacamento de hombres golpeando la l�nea y pudimos leer todos sus mensajes, para despu�s confrontarlo con ellos.
Otro jefe de estaci�n, en nuestro territorio, fungi� como esp�a para el enemigo antes de que la guerra comenzara empleando enemigos como conspiradores y a obreros del ferrocarril a lo largo de la l�nea f�rrea con la intenci�n de destruir puentes y alcantarillas tan pronto como la guerra fuese declarada. Tambi�n se encontr� en su oficina un c�digo por el cual las diferentes armas del servicio eran designadas en t�rminos ocultos para as� telegrafiar informaci�n.
As�:
Beams significaba brigadas.
Timbers significaba bater�as.
Logs significaba armas.
Scantlings significaba batallones.
Joists significaba escuadrones.
Planks significaba compa��as.
LAS AGALLAS DE UN ESP�A
Excepto en el caso de un esp�a que es traidor, uno no logra entender por qu� un esp�a tiene que ser tratado peor que cualquier otro combatiente, n� por qu� su ocupaci�n ha de ser vista como despreciable, porque, ya sea en la paz o en la guerra, su trabajo es del tipo que es muy excitante y peligroso. Es intensamente excitante y aunque en algunos casos trae una gran recompensa, los mejores esp�as son hombres sin devengar un salario; lo hacen por amor al oficio y como un paso realmente efectivo para obtener algo valioso para su pa�s y para su lado. La s�plica interpuesta por el esp�a alem�n Teniente Carl Lody, a la corte marcial en Londres, fue que "�l no se arrodillar�a por piedad. No estaba avergonzado por nada de lo que hab�a hecho; �l, por honor, no dar�a los nombres de aquellos que lo emplearon en esta misi�n; para lo cual no se le pag�, lo hizo por el bien de su pa�s, y �l sab�a que se jugaba la vida al hacerlo. Muchos brit�nicos har�an lo mismo por Breta�a". Incluso se habl� de �l en nuestra Casa de los Comunes como "un patriota que hab�a muerto por su pa�s tanto como cualquier soldado que cae en el campo".
Para ser un esp�a realmente efectivo, un hombre tiene que ser dotado con un fuerte esp�ritu de autosacrificio, coraje y autocontrol, con el poder de actuar por su cuenta, r�pido en la observaci�n y deducci�n, bendecido con buena salud y nervios de una calidad excepcional. Una cierta cantidad de entrenamiento cient�fico es de valor donde un hombre tiene que tomar los �ngulos de un fuerte, o establecer la formaci�n geol�gica, decir, en media isla bajo el cuarto puente, que fue mostrado por Graves para ser f�cilmente adaptable para prop�sitos explosivos.
�Para cualquiera que est� cansado de la vida, la excitante vida de un esp�a debe ser el mejor restablecedor!
ESPIONAJE TRAICIONERO
Otro tipo diferente de esp�a es el traidor que otorga los secretos de su propio pa�s. Para �l, por supuesto, no hay excusa. Afortunadamente el brit�nico no es, por regla general, de car�cter corruptible, y muchos esp�as extranjeros en Inglaterra han sido descubiertos a trav�s de sus intentos por sobornar a oficiales u hombres para obtener secretos.
Del otro lado, o�mos frecuentemente de soldados extranjeros que caen v�ctimas de tal tentaci�n y eventualmente son descubiertos. Recientemente unos casos han salido a la luz en Austria donde oficiales estaban dispuestos a vender informaci�n en consideraci�n de un n�mero de refugios secretos que eran construidos en la frontera de Bukovina el a�o pasado. Detalles de ellos cayeron en manos de otra potencia con unos pocos d�as de diferencia de que los dise�os fueran hechos.
Aparentemente, cuando la sospecha cay� en un oficial en Austria, el caso no se dio a conocer al p�blico, fue conducido en privado, incluso por el Emperador en persona. Cuando el hombre fue hallado culpable, el procedimiento seguido fue que cuatro amigos del acusado lo visitaron y le dijeron los resultados en su contra, le dieron un rev�lver cargado y lo dejaron.
Permanecieron observando la casa, siguiendo la orden de que no deber�a escapar, hasta que eligiera dispararse, si fallaba en hacerlo, en un tiempo razonable, ellos entrar�an y lo matar�an.
LA ORGANIZACI�N ALEMANA DE ESPIONAJE
El sistema de espionaje de los alemanes va mucho m�s all� que cualquier otro pa�s, su extensi�n, costo y organizaci�n, fueron minuciosamente expuestos despu�s de la guerra con Francia en 1870, cuando fue definitivamente mostrado que el gobierno alem�n ten�a una organizaci�n de m�s de 20,000 informadores pagados, estacionados en Francia y controlados por un hombre, Stieber, para prop�sitos pol�ticos y militares. Eran tan completas las maquinaciones llevadas a cabo, que cuando Jules Favre vino a Versalles para tratar acerca de la rendici�n de Par�s con el personal del ej�rcito alem�n, en la estaci�n subi� a un carruaje cuyo cochero era un esp�a alem�n, y fue conducido a una casa que en realidad eran los cuarteles del departamento de esp�as. Stieber en persona fue el valet, recomend�ndose as� como "un completamente confiable servidor". Stieber se sirvi� de su posici�n para buscar de principio a fin en los bolsillos de su amo y despachar casos diariamente, colectando los datos e informaciones m�s valiosos para Bismarck.
De alguna manera, en la superficie, se sospecha que los m�todos de espionaje alem�n parecen haber deca�do desde esa fecha, aunque al mismo tiempo eran ampliamente conocidos a trav�s de Europa. Pero sus m�todos han sido cuidadosamente elaborados y llevados a la pr�ctica desde entonces, no s�lo en Francia, sino en todos los pa�ses del continente y tambi�n en Gran Breta�a.
EL VALOR DE SER ESTUPIDO
Afortunadamente para nosotros, somos considerados como una naci�n que es anormalmente est�pida, por el hecho de ser f�cilmente espiables. Pero no siempre es seguro juzgar por las apariencias.
Nuestro embajador en Constantinopla hace algunos a�os ten�a una apariencia jovial y franca como la de un granjero brit�nico, con nada bajo la superficie en su car�cter y fue, por lo tanto, visto como honesto por todos sus rivales intrigantes de las pol�ticas occidentales. Fue s�lo despu�s de repetidas fallas de sus diferentes misiones que descubrieron que en cada caso eran desentra�ados por este hombre de apariencia inocente, que bajo la superficie era astuto como un zorro y tan inteligente como diplom�tico, como cualquiera que se pudiera encontrar en todo el servicio.
Y as� ha sido con nosotros los brit�nicos. Esp�as extranjeros estacionados en el pa�s no hallan dificultad en enga�ar a personas tan est�pidas, nunca supusieron que la mayor�a de ellos han sido descubiertos por nuestro departamento del servicio secreto, y, cuidadosamente observados.
Pocos de ellos han llegado a este pa�s sin haber sufrido el escrutinio de un discreto caballero anciano con sombrero alto y paraguas, que con el movimiento de su dedo env�a a un detective tras los talones del visitante hasta que su localizaci�n y asuntos actuales sean asegurados y encontrados satisfactorios.
Por a�os, la correspondencia de esta gente ha sido regularmente abierta, anotada y enviada. No eran, como una regla, merecedores del arresto; la informaci�n enviada no era de ninguna importancia urgente, y as� mientras ellos pensaran que pasaban inadvertidos, sus superiores en sus pa�ses no hac�an ning�n esfuerzo por enviar hombres m�s astutos en su lugar. As� sab�amos qu� era lo que el enemigo buscaba y sab�amos qu� informaci�n hab�a recibido, y, esto en general no contaba mucho.
El 4 de agosto, un d�a antes de la declaraci�n de la guerra, los 20 esp�as principales fueron formalmente arrestados y m�s de 200 de sus agentes menores fueron tambi�n procesados, as� su organizaci�n les fall� en el momento que m�s lo necesitaban. Se dieron pasos para prevenir que cualquier sustituto fuese puesto en su lugar. Estaciones privadas inal�mbricas fueron desmanteladas y por medio de trampas, aquellos que no hab�an sido voluntariamente reportados y registrados fueron descubiertos.
Nos suele divertir a algunos de nosotros el observar a esp�as extranjeros trabajar en nuestro campo. Uno me interes� de manera especial pues se estableci� ostensiblemente como un mercader del carb�n. Su reconocimiento diario del campo, sus anotaciones de los caminos y sus otros movimientos lo vincularon en la preparaci�n de sus reportes, que todos observ�bamos y grab�bamos.
Sus cartas eran abiertas en el correo, selladas y enviadas. Sus amigos eran observados y seguidos como una sombra a su llegada -como ellos hicieron- a Hull en lugar de Londres. Y todo el tiempo que hab�a trabajado fatigosamente solo, desperdiciando su tiempo, el muy inocente no sabia que hab�a sido observado y que incidentalmente nos daba una gran cantidad de informaci�n.
Otro vino s�lo por unas horas y se fue antes de que pudi�ramos atraparlo, pero conociendo sus movimientos y las fotograf�as que hab�a tomado, fui capaz de escribirle y decirle que sab�a de antemano que deseaba fotografiar esos lugares, yo podr�a haberle dado algunas ya hechas, pues los fuertes que tomaron eran actualmente obsoletos.
Por otra parte, el excesivamente est�pido ingl�s que hab�a vagabundeado entre pa�ses extranjeros dibujando catedrales, o atrapando mariposas o pescando truchas, era simplemente considerado como un lun�tico fuera de peligro. �ste hab�a incluso invitado a oficiales a ver sus dibujos que, estando fuera de toda sospecha o ning�n ojo sobre su cabeza, hubiera revelado planes y armamentos de sus fortalezas interpoladas entre las venas de los dibujos bot�nicos de las hojas o en las entomol�gicas alas de una mariposa. Algunos ejemplos de dibujos secretos de fortalezas que fueron usados con �xito son mostrados en las siguientes p�ginas.
CAP�TULO 5
PLANOS SECRETOS
DE FORTIFICACIONES
Este dibujo de una mariposa contiene el contorno de una fortaleza y marca la posici�n y el poder de las armas. Las marcas en las alas entre las l�neas no significaban nada, pero esas en las l�neas muestran la naturaleza y tama�o de las armas, de acuerdo a las claves inferiores.
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Las marcas en las alas revelan la forma de la fortaleza aqu� mostrada y el tama�o de sus armas. | |
| Armas de la fortaleza | ||
| Armas de campo | ||
| Ametralladoras | ||
La posici�n de cada arma est� en el lugar interior del contorno del fuerte en la mariposa donde la l�nea marcada con el punto final. La cabeza de la mariposa se�ala el norte.
Una peque�a obra de arte del espionaje. Venas en una hoja de hierba muestra los contornos de un fuerte viendo hacia el oeste (El punto de la hoja indica el norte).
| Muestra d�nde est� montada la artiller�a si una vena le se�ala. |
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Muestra "terreno perdido", donde hay refugio del fuego. |
| Muestra ametralladoras. |
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Aqu� est� otro de los m�todos con los cuales ocult� los planos de un fuerte que hice.
Antes que nada, dibuj� el plano como se muestra en el dibujo superior dando la fuerza y posiciones de varias armas enlistadas abajo:
A. Kaponiers con
ametralladoras.
B. Armas de 15 cm de c�pula.
C. Armas de 12 cm de c�pula.
D. Armas ocultas Q.- F.
E. C�pulas Howitzer.
F. Reflector.
Habiendo hecho esto, consider� el mejor m�todo de ocultar mis planos. En este caso decid� transformar el dibujo en un vitral, y si examinas cuidadosamente la pintura superior ver�s qu� exitosamente ha sido hecho. Algunas decoraciones significan los tama�os y posiciones de las armas. Estos signos est�n abajo, junto con su significado.
1. Armas de 15 cm.
2. Howitzers.
3. Armas ocultas Q. - F.
4. Armas de 12 cm.
5. Ametralladoras.
6. Reflectores.
OCULTANDO
UN FUERTE EN
LA CABEZA DE UNA POLILLA
Aqu� se muestra otro ejemplo de este m�todo de hacer planos secretos. Este dibujo fue hecho d�ndole todas las particularidades que se deseen. Entonces decid� ocultarlo de tal manera que no pudiera ser reconocido como el plano de una fortaleza en caso de que fuera capturado por las autoridades militares. Una idea que se me ocurri� fue hacerlo en el quicio de la puerta de una catedral o iglesia, pero finalmente me decid� por la cabeza de una polilla. En la parte inferior de mi cuaderno escrib� las siguientes palabras:
"Cabeza de una polilla Dula vista a trav�s de una lupa. Capturada 19.5.12. Aumentada como seis veces su tama�o" (significa escala de pulgadas por milla).
CAP�TULO 6
"CACER�A DE MARIPOSAS"
EN DALMACIA
Una vez fui a "cazar mariposas" en Dalmacia. Cataro, la capital, ha sido demolida durante la presente guerra. Hace m�s de 100 a�os fue bombardeada y tomada por la flota brit�nica. Entonces se le supon�a impugnable. Descansa a la cabeza de una bah�a de unas quince millas de largo, y en algunas partes abierta unos cientos de yardas en una artesa entre las monta�as. Desde Cataro, a la cabeza de la bah�a, un camino zigzagueante lleva a la monta�a aleda�a con la frontera de Montenegro.
Cuando los barcos brit�nicos procuraron atacar en direcci�n del mar, el canal fue cerrado con cadenas y se pusieron botallones a trav�s de �l. Pero los defensores tuvieron que calcular la posici�n de la nave, la falta de recursos del "hombre h�bil" brit�nico, y unos d�as despu�s, con el total asombro de la guarnici�n, las armas empezaron a bombardearles desde la cuna de las monta�as vecinas.
El capit�n brit�nico hab�a desembarcado sus armas en la bah�a del Adri�tico y por medio de vigas desliz� por un costado de la monta�a tirando de sus armas en conjunto sobre los pasos rocosos hasta la cumbre de la monta�a.
�l acomod� sus bater�as y eventualmente pudo bombardear la ciudad con tal efecto que �sta se tuvo que rendir. Fue tal vez caracter�stica nuestra que, s�lo tomamos la ciudad porque era mantenida por nuestros enemigos. No la quer�amos y cuando la tuvimos, no sab�amos que hacer con ella. En cambio, se la entregamos a los montenegrinos, as� les dimos un puerto para ellos. Por esto los montenegrinos han sentido admiraci�n y gratitud hacia los brit�nicos y a pesar de los t�rminos de posteriores tratados fue eventualmente devuelta a Dalmacia, los montenegrinos nunca han olvidado nuestra buena acci�n hacia ellos en esa ocasi�n. Desde entonces otras bater�as han sido construidas sobre esas monta�as, era mi misi�n investigar sus posiciones, fuerza y armamentos.
Fui armado para este prop�sito con las armas m�s efectivas, que me sirvieron bien en campa�as similares. Llev� un cuaderno para dibujar, en el cual hab�a numerosos dibujos -algunos terminados, otros parcialmente hechos- de mariposas de cada jerarqu�a y clase, desde un "Almirante Bermell�n" a un "Retrato de Dama".
Llevando este cuaderno, caja de colores y una red para mariposas en mi lado, estuve por encima de toda sospecha para cualquiera que me encontrara en la ladera solitaria de las monta�as, incluso en el �rea de los fuertes.
Estaba cazando mariposas, siempre fue una buena excusa para aquellos que me ve�an con suspicacia. Muy francamente, con mi libro de dibujos en la mano, preguntar�a inocentemente si hab�an visto tal tipo de mariposa por los alrededores, porque ansiaba atrapar a una. Noventa y nueve de cada cien no distingu�an una mariposa de otra -nadie mas que yo lo har�a- as� que uno iba en terreno seguro de esa manera y ellos por lo general simpatizaban con el loco ingl�s que quer�a cazar estos insectos.
Nunca vieron suficientemente cerca, dentro de los dibujos de las mariposas, para darse cuenta que los delicados dibujos de las venas de las alas eran representaciones exactas, en plano, de su propio fuerte y que los puntos en las alas significaban el n�mero y posici�n de las armas y sus diferentes calibres.
En otra ocasi�n descubr� una manera sencilla de disfrazarse yendo como pescador en el pa�s que quer�a examinar. Mi misi�n era encontrar algunos pasos en las monta�as y reportar d�nde fuera factible para el paso de las tropas. Por lo tanto vagabunde� y remont� varias corrientes que guiaban sobre los montes, y tranquilamente pescando pude hacer una inspecci�n a toda el �rea.
Pero en una ocasi�n un campesino se nombr� m� gu�a e insisti� en estar pegado a mi toda la ma�ana, mostr�ndome d�nde pudiera ser practicada la Pesca. Yo no era, de hecho, muy pescador en ese momento, no ten�a ning�n deseo de sacar peces y mis av�os estaban muy destartalados para este prop�sito.
Vapule� el agua asiduamente con una mosca imposible, s�lo para mantener la atenci�n del hombre de mi trabajo real, con la esperanza de que eventualmente se cansara y se fuera. Pero no lo hizo, por un largo tiempo me observ� con el mayor inter�s e incidentalmente entend� que no sab�a nada acerca de la pesca con mosca pero ten�a un mejor sistema de obtener los peces juntos antes de arrojar un gusano o babosa entre ellos.
Procedi� a demostrar entonces su sistema que consist�a en escupir dentro del agua. Esto ciertamente atra�a o alejaba a los peces, y entonces �l dijo que si hubiese tenido un gusano hubiera podido sacar cualquier n�mero. Poco a poco me deshice de �l mand�ndolo a hacer cualquier cosa y mientras estaba lejos me esfum� y escal� sobre la sierra hacia otro valle.
CAP�TULO 7
C�MO SE DISFRAZAN LOS ESPIAS
El espionaje brinda una constante tensi�n nerviosa y mental, en virtud que envuelve una muerte certera por un paso en falso en la guerra o encarcelamiento en la paz. El gobierno promete no dar su ayuda a cualquiera de los que le sirvan si es capturado. Es advertido de no guardar apuntes, no confiar en nadie, llevar disfraces si es necesario y arregl�rselas por s� mismo enteramente.
El hecho de disfrazarse no es un maquillaje teatral como el ser capaz de asegurar unas caracter�sticas totalmente diferentes en la voz, en las maneras, especialmente en el caminar y en la apariencia posterior. Un hombre puede llevar un maravilloso disfraz de frente, pero ser inmediatamente reconocido por un ojo entrenado desde atr�s. Este es un punto que es frecuentemente olvidado por los principiantes, aunque es de los m�s importantes. La 1� y 3a figuras muestran un disfraz efectivo en el frente, pero la 2a figura, en una vista posterior, muestra cu�n f�cilmente puede ser el hombre reconocido por una persona a sus espaldas. El 4� y el 5� muestran, por medio de l�neas punteadas, c�mo la "vista posterior" puede ser alterada cambiando de ropa y de porte.
El hecho de disfrazarse no es tanto un maquillaje teatral -aunque esto es indudablemente un arte �til- como ser capaz de asumir una identidad totalmente diferente, cambiar de voz y de maneras, especialmente en el porte al caminar y en la apariencia desde la espalda. Este punto es frecuentemente olvidado por los principiantes, aunque es uno de los m�s importantes. Yo fui en un tiempo observado por un detective que un d�a parec�a del tipo marcial y al d�a siguiente un inv�lido con un parche sobre un ojo. No pod�a creer que era el mismo hombre hasta que le observ� de espaldas y vi su caminar, cuando al momento su individualidad era aparente.
Por maneras, un esp�a tiene por pr�ctica el Poder mostrar un impedimento en su habla un d�a mientras que, en el siguiente, un tic nervioso en un p�rpado o un gangueo en la nariz, lo har� parecer un ser totalmente diferente. Para un cambio r�pido, es maravillosa la diferencia hecha simplemente alterando tu sombrero y corbata. Es usual para una persona enviar a otra a tornar nota de su corbata, probablemente de su sombrero y de nada m�s, por eso es �til cargar una corbata y gorra totalmente diferentes de aquellas que est�s vistiendo, listas para el cambio inmediato para escapar sin ser reconocido unos minutos despu�s.
Aprend� esto siendo entrevistado hace algunos a�os en una estaci�n ferroviaria. Unos minutos despu�s pas� la prueba rigurosa acerc�ndome a m� entrevistador cuando �l estaba coment�ndole el incidente a un hermano periodista, quien tambi�n estaba impaciente por encontrarme: "El est� por aqu�, en uno de los �ltimos carros del tren. Lo reconocer�s de inmediato porque lleva un sombrero verde Homburgo, una corbata roja y un abrigo negro".
Esta ilustraci�n muestra c�mo el escritor pudo disfrazarse en muy poco tiempo cuando observ� que era reconocido en una estaci�n de trenes. El 1er. dibujo lo muestra como entr� a la sala de espera. Poco despu�s sus sospechas se despertaron. La 2� lo representa a su salida unos minutos despu�s. El disfraz aunque parezca simple, fue completamente exitoso.
Afortunadamente ten�a un gab�n gris en mi brazo, en el cual estaba una gorra de viaje y una bufanda. Precipit�ndome dentro de la sala de espera, efectu� un "cambio r�pido", met� m� sombrero en mi bolsillo, y anduve balance�ndome de una manera inv�lida, hacia m� carro. Volv� a entrar de frente al reportero sin ser sospechoso; hace poco tuve el placer de ser presentado a �l sin ser reconocido.
En una ocasi�n reciente, a mi saber, un hombre era cazado dentro de una calle posterior que era un callej�n sin salida. �l se meti� por la puerta de un almac�n y subi� algunos escalones esperando encontrar refugio, pero, al no encontrarlo, regres� y volvi� a bajar y enfrent� a la multitud que le esperaba afuera, sin saber a qu� casa hab�a entrado.
Asumiendo una cojera extrema en una pierna, encorvando un hombro y, meti�ndose a la fuerza su sombrero sobre una cara distorsionada, �l pudo librarse audazmente de ellos sin que ninguno pudiera descubrir su identidad.
En consideraci�n a los disfraces, el cabello en la cara -como bigote o barba- son muy usados para alterar la apariencia del hombre pero �stos son perfectamente inservibles al ojo entrenado de un detective a menos que las cejas se cambien de alguna manera.
Otra manera de c�mo un disfraz efectivo puede ser asumido en un momento de urgencia. Este disfraz fue hecho en dos minutos.
El uso del cabello para disfrazar la cara es in�til a menos que las cejas cambien considerablemente. La frente y la nuca son factores tremendamente importantes en el arte de disfrazarse.
El segundo dibujo muestra el efecto de "improvisar" las cejas en la cara de la izquierda, y tambi�n levantar el cabello en la frente, mientras que el 3er. dibujo muestra la diferencia de la edici�n de una barba y cabello extra sobre la nuca.
Recuerdo haber conocido a un hombre en las praderas de Sud�frica bronceado y barbado, que vino hac�a m� y me dijo que hab�a estado en la escuela con alguien con mi nombre. Como �l empuj� hacia atr�s su sombrero sobre su cabeza reconoc� de inmediato la frente que hab�a visto en Charterhouse hac�a 25 a�os antes, el nombre y el apodo surgieron de inmediato de mis labios. "�Conque t� eres Liar Jones!", -exclam�-, �l dijo: "m� nombre es Jones, pero no estaba al tanto del "Liar".
"Para alterar tu cara debes recordar que las cejas improvisadas alteran la expresi�n de la cara m�s que cualquier barba, afeitado, etc. Los tatuajes pueden ser pintados sobre las manos o los brazos, para ser lavados cuando cambies tu disfraz...
El disfrazarse se hace, por los principiantes, casi invariablemente al frente y no atr�s... Antes de intentar ser un esp�a... atrapa a un esp�a y as� aprender�s qu� faltas evitar, corno probablemente el rendirte."
Una vez que me cay� de golpe vivir como plomero en South East Londres, me dej� una peque�a barba tipo "cabra", que estaba muy de moda entre los hombres de esa clase, por ese tiempo.
Un d�a, caminando por el club naval y militar en Piccadilly en mi traje de trabajo, pas� frente a un viejo amigo, un mayor en la artiller�a de la caballer�a y casi sin pensar lo abord� por su apodo del regimiento. �l mir� fijamente y se qued� estupefacto, entonces supuso que hab�a estado en su bater�a y sus ojos no pod�an creerlo cuando le revel� mi identidad. Nunca fui sospechoso por aquellos entre los que pas� y con quien intim�.
Ten�a nominalmente lastimado mi brazo en un accidente y lo llevaba en un cabestrillo, siendo as� incapaz de trabajar, o lo que era una bendici�n, reunirme en pleitos en los cuales se ve�an envueltos mis amigos. Mi compa�ero especial, un carpintero llamado Jim Bates. Le perd� el rastro por algunos a�os y la siguiente vez que lo vi, era uno de una multitud en una revista en Aldershot, cuando estaba de lleno como oficial de H�sares. Fue dif�cil persuadirlo de que yo era su amigo el plomero.
Despu�s, cuando estaba en una misi�n de reconocimiento en Sud�frica, me dej� una barba pelirroja con un tama�o que hubiera enga�ado a mi propia madre. Saliendo de la oficina de correos de una aldea, para mi sorpresa me tropec� con el coronel de mi regimiento, que estaba por ah� dando una caminata. De inmediato -para probar mi disfraz- lo abord� con un jovial "�hola, coronel, no sab�a que estuviera aqu�!", se volvi� a verme y me mir� fijamente por un minuto o dos, y entonces contest� ofendido que no sab�a qui�n era yo. Como �l no parec�a creer, segu� mi camino; �s�lo unos meses despu�s le record� de nuestro encuentro!
EL DEPORTE DEL ESPIONAJE
Indudablemente el espionaje ser�a un deporte intensamente interesante incluso sin obtener grandes resultados de �l. Hay una fascinaci�n que aferra a todo aquel que ha intentado este arte. Cada d�a trae nuevas situaciones y condiciones requiriendo del cambio r�pido de acci�n y originalidad para enfrentarlas.
Aqu� hay algunos casos de experiencias actuales. Ninguno de �stos son algo fuera de lo com�n, son simplemente el quehacer diario de un agente promedio, pero �stos podr�an explicar el valor deportivo de este trabajo. Uno de los rasgos atractivos de la vida de un esp�a es que tiene, en ocasiones, que ser un verdadero Sherlock Holmes. �l tiene que notar el m�s peque�o detalle, cosas que muy probablemente escapar�an al ojo sin entrenamiento, entonces �l tiene que poner esto y lo otro juntos para deducir un significado de ello.
Recuerdo una vez que llevaba a cabo un reconocimiento secreto en Sud�frica; atraves� una granja de la cual el due�o estaba ausente al momento de mi llegada. Tuve que ir lejos y hubiera tenido que ir m�s pero no di con ninguna habitaci�n, pues estaba buscando un alojamiento por esa localidad.
Despu�s de descargar mi caballo, revis� los cuartos para ver qu� tipo de hombre era el que la habitaba. S�lo fue necesario echar un vistazo en su habitaci�n, en esa destartalada caba�a para darme cuenta que su tipo concordaba con el lugar: en un vidrio, en la repisa de la ventana, hab�a dos cepillos dentales. Deduje que era un ingl�s de h�bitos limpios y que lo hizo por m� como si fuera su hu�sped. �no estaba equivocado en mi hip�tesis!
EL VALOR DEL JUEGO DEL ESCONDITE
El juego del escondite es uno de los mejores para el muchacho, y puede ser perfeccionado hasta que se vuelva exploraci�n en el campo. Te ense�a mucho. Era un fan�tico de �l cuando era ni�o, y la destreza aprendida en ese inocente campo del deporte me ha sido muy �til en muchas situaciones cr�ticas. Echarme en un surco entre los arbustos de grosellas cuando no ten�a tiempo para tocar la colindante maceta antes de que el que me persegu�a viniera y me ense�ara el valor de no usar la cubierta m�s obvia, desde entonces ser�a de inmediato buscado. Los cazadores iban prestos a los maceteros como sitio probable, mientras yo pod�a ver sus movimientos desde el suelo entre los tallos de los arbustos de grosellas.
Frecuentemente he visto exploradores hostiles buscando las pistas superficiales, pero ellos no me encontraron all�; y como el cazador de elefantes entre los �rboles de helecho, o un cerdo en una cosecha de algod�n, as� un chico en los arbustos de grosellas es invisible al enemigo, mientras pueda observar cada movimiento de las piernas del enemigo.
Esto lo encontr� de valor cuando fui perseguido por la polic�a militar montada que sospechaba de m�, de ser un esp�a en unas maniobras en el extranjero. Despu�s de una rara persecuci�n trep� sobre un muro y ca� dentro de un huerto de �rboles frutales bajos. All�, agach�ndome en una zanja, observ� las piernas de los caballos de los gendarmes mientras ellos barr�an la plantaci�n, y, cuando ellos se apartaron de m�, me arrastr� hacia el bando de un canal de agua profunda que formaba uno de los bordes de la cerca. All� encontr� un peque�o puente de tablones por el cual pude cruzar, pero antes de hacerlo afloj� el cabo cercano y pas� por arriba, arrastrando la tabla tras de m�.
En el extremo lejano al pa�s estaba abierto, y antes de haberme ido los gendarmes me espiaron; despu�s de un vistazo r�pido, hu� a galope al puente m�s cercano, alejado media milla, repentinamente regres�, reemplac� mi puente y recus� el arroyo arrojando la tabla dentro del r�o, e hice m� camino pasando la villa a la siguiente estaci�n bajo la l�nea, mientras montados segu�an caz�ndome en el lugar err�neo.
Otro secreto que uno aprende en el juego del escondite, es colocarse sobre el nivel de los ojos del cazador, y a "congelarse", esto es, permanecer tieso sin hacer un movimiento y aunque no es un encubrimiento actual, ustedes son muy aptos para escapar observando c�mo hacerlo.
Lo descubr� hace mucho estando acostado a lo largo de una enredadera en una pared cuando mis perseguidores pasaron a pocos pies de m� sin voltear a verme hacia arriba. Lo puse a prueba despu�s sent�ndome en un terrapl�n a lado del camino, justo sobre la altura de un hombre, pero tan cerca que hubiera podido tocar a un transe�nte con una ca�a de pescar; y ah� me sent� sin ning�n encubrimiento y cont� 54 caminantes, de los cuales no m�s de 11 me notaron.
CAP�TULO 8
EXPLORANDO UN ASTILLERO EXTRANJERO
El conocer este hecho fue �til en uno de mis viajes de investigaci�n. Dentro de un gran muro alto hay un astillero en el cual, se rumoraba, hab�a sido erigida una nueva central el�ctrica y posiblemente una d�rsena seca estaba en preparaci�n.
Era temprano en la ma�ana; las puertas acababan de ser abiertas, los trabajadores comenzaban a llegar y muchos carros de materiales esperaban para entrar. Calculando la oportunidad de que las puertas fueran abiertas, di un vistazo r�pido, como cualquier caminante ordinario lo har�a. Fui inmediatamente arrojado por el polic�a en servicio en la garita.
No fui muy lejos, mi intenci�n era entrar de alguna manera y ver lo que pudiera. Observ� al primero de los carros entrar y not� que el polic�a estaba atareado hablando con el vagonero en jefe, mientras el segundo empezaba a pasar a trav�s de la puerta. En un momento salt� al lado de �l en el lado opuesto al portero, y pas� adentro y continu� caminando con el veh�culo que dobl� a la derecha y gir� alrededor del nuevo edificio en construcci�n. Entonces not� a otro polic�a enfrente de m� por lo que conserv� mi posici�n al lado del carro readaptando su tapa para as� evitarlo.
Desafortunadamente, al rodear la esquina era espiado por el primer polic�a que inmediatamente comenz� a gritarme (ver mapa). Yo estaba sordo a sus reparos y camin� tan despreocupadamente como un culpable hasta que encontr� la esquina del nuevo edificio entre �l y yo. Entonces yo, honestamente, me enganch� a lo largo de la parte posterior del edificio y rode� la esquina lejana de �l.
La l�nea punteada en este plano muestra mi ruta. Las figuras peque�as son los polic�as busc�ndome.
Tan pronto lo hice, vi por el rabillo de mi ojo que �l ven�a corriendo tras de m� y llamaba al segundo polic�a en su ayuda. Me lanc� como un animal alrededor de la siguiente esquina fuera de la vista de ambos polic�as y busqu� alg�n m�todo de escape.
El andamio de la casa nueva apilado sobre m�, ten�a una escalera sobrepuesta. Actu� como un faro, aguzando un ojo en la esquina del edificio para no ser seguido, Estaba a medio camino arriba cuando doblando la esquina sali� uno de los polic�as. De inmediato me "congel�". Estaba como a 15 pies sobre el nivel del mar y a no menos de 20 yardas de �l. �l, indeciso, con sus piernas separadas, miraba atentamente de lado a lado en todas direcciones para ver d�nde hab�a ido, muy ansioso y cambi�ndose de un lugar a otro. Yo estaba igualmente ansioso pero inm�vil.
Luego se acerc� a la escalera y, extra�amente, me sent� m�s seguro cuando estuvo debajo de m� y casi me pas� por debajo, viendo atentamente a los corredores de las puertas del inacabado edificio. Entonces dubitativamente volte� y mir� hacia una nave detr�s de �l, pensando que pude haber ido ah�; finalmente se alej� corriendo hacia la siguiente esquina del edificio. Al momento que desapareci� termin� de subir la escalera para llegar con seguridad a la plataforma del andamiaje. Los trabajadores todav�a no entraban al edificio, as� que tuve todo el lugar para m� solo. Lo primero que hice fue buscar otra escalera como una l�nea de escape en caso de ser perseguido. Siempre es bueno tener una puerta trasera en tu escondite, �se es uno de los datos esenciales en la exploraci�n.
Despu�s encontr� una peque�a escalera que llevaba de mi plataforma hacia el tramo inferior, pero no llegaba al suelo. Mirando silenciosamente sobre el andamiaje, vi abajo a mi amigo el polic�a buscando por el lado equivocado. Di gracias a mi buena estrella de que �l no fuera un rastreador, y de ese modo no haya visto mis pisadas guiando hacia la escalera. Entonces proced� a tomar nota de los alrededores y reunir la informaci�n. Juzgando por el dise�o del edificio, sus grandes chimeneas, etc., me encontraba en la nueva central el�ctrica. Desde m� lugar ten�a una excelente vista del astillero, a menos de 100 pies de donde estaba se encontraban los trabajos de excavaci�n del nuevo muelle, cuyas dimensiones pude f�cilmente estimar. Saqu� m� br�jula-prism�tico y r�pidamente tom� las marcaciones de dos puntos conspicuos en los montes vecinos y as� determin� la posici�n que podr�a ser marcada en un mapa a gran escala para prop�sitos de bombardear el lugar, si as� se deseara.
Mientras tanto, mi perseguidor se hab�a reunido con el otro polic�a; ellos estaban en cerrada confabulaci�n justo debajo de mi, donde pude observarlos a trav�s de una grieta entre dos de las tablas del suelo. Ellos evidentemente hab�an llegado a la conclusi�n que no estaba en la central el�ctrica ya que el interior estaba totalmente abierto a la vista y ellos hab�an hecho una buena inspecci�n dentro de ella. Su siguiente paso fue examinar los art�culos de la nave cercana, que estaba evidentemente lleno de maderos para construcciones, etc.
Un polic�a entr� mientras que el otro permaneci� afuera en la l�nea que yo probablemente tomar�a para escapar, esto es, entre la nave y el muro que lleva a la entrada. Por accidente, m�s que por premeditaci�n, qued� cerca del pie de mi escalera cortando as� mi retirada en esa direcci�n. Mientras ellos estuvieron as� ocupados dejaron la puerta indefensa, pens� que era una oportunidad demasiado buena para perderla, as� que, regres� a lo largo del andamio hasta encontrar la peque�a escalera, descend� por ella hasta la planta inferior, viendo que no estaba ninguno de los polic�as, r�pidamente me deslic� por uno de los tubos del andamiaje y aterric� a salvo en el suelo, cerca de la gran chimenea del edificio.
Aqu� estaba fuera de vista, aunque no lejos del polic�a que cuidaba la escalera, manteniendo la esquina del edificio entre nosotros, me alej� por detr�s de la caseta del guardia, Y entonces me deslic� fuera sin ser visto.
CAP�TULO 9
ESPIANDO A LAS TROPAS ALPINAS
Una vez estuve en un pa�s donde sus tropas alpinas fronterizas se dec�a que eran maravillosamente eficientes, pero nadie sab�a mucho acerca de su organizaci�n o equipo o sus m�todos de trabajo, as� que se me envi� para ver si pod�a encontrar alguna informaci�n acerca de ellos. Me intern� en sus monta�as al tiempo que desarrollaban sus maniobras anuales; encontr� numerosas tropas acuarteladas en los valles y alojadas en todas las aldeas. Pero todas estas tropas parec�an ser del tipo ordinario: infanter�a, artiller�a de la l�nea, etc. La artiller�a estaba provista de trineos con los cuales los hombres pod�an llevar las armas arriba de las laderas de las monta�as con cuerdas, la infanter�a estaba dotada con piolets para ayudarlos a pasar caminos en malas condiciones. Por algunos d�as observ� las maniobras, pero no vi nada interesante qu� reportar.
Entonces, una tarde al pasar una villa donde se hab�an alojado, vi un nuevo tipo de soldado viniendo con tres mulas cargadas. �l evidentemente pertenec�a a aquellas fuerzas alpinas de las que, a lo lejos, yo no hab�a percibido. Entr� en conversaci�n con �l y descubr� que hab�a bajado de las zonas m�s altas para obtener provisiones para su compa��a que estaba en lo alto, entre los picos nevados y enteramente fuera del alcance de las tropas que maniobraban en las cuestas inferiores. �l accidentalmente me dijo que la fuerza a la que pertenec�a era una muy grande, compuesta de artiller�a e infanter�a y que estaban buscando entre los glaciares y las nieves a otra fuerza que ven�a en su contra, y ellos esperaban entrar en contacto con sus enemigos al d�a siguiente. Entonces me indic� toscamente la posici�n en que su fuerza estaba vivaqueando esa noche, al lado de un pico alto llamado el "Diente del Lobo".
Compadeci�ndome de �l por su dif�cil trabajo que ten�a que pasar y sugiri�ndole caminos imposibles por los cuales pudiera escalar, �l eventualmente me dijo la direcci�n exacta de qu� vereda tomar, reconoc� que ser�a posible llegar all� durante la noche sin ser visto.
Despu�s del anochecer, cuando mi casero pens� que estaba seguro en la cama, silenciosamente me alej� hacia la ladera de la monta�a donde estaba el "Diente del Lobo" frente a un cielo estrellado que me guiaba como un espl�ndido punto de referencia. No hubo dificultad en pasar a trav�s del pueblo con sus grupos de soldados paseando fuera de servicio, pero en los caminos de salida hab�a muchos centinelas apostados, y sent� que ellos dif�cilmente me dejar�an pasar sin preguntar qui�n era y ad�nde iba.
As� que desperdici� un tiempo considerable evadi�ndolos y fui afortunado, al fin, al descubrir un canal de tormentas canalizando agua entre altas paredes a una abrupta orilla dentro de un huerto, por el cual pude deslizarme sin ser visto por los centinelas que guardaban el frente de la aldea. Ascend� por veredas y por huellas de cabras que pude encontrarme en la direcci�n deseada. Fall� en encontrar el camino de mulas indicado por mi amigo el conductor, pero con el "Diente del Lobo" deline�ndose sobre m� frente a las estrellas, sent� que no pod�a ir mal, lo cual comprob� finalmente.
Fue una larga y penosa ascensi�n, pero justo cuando el amanecer comenz� a iluminar el cielo oriental me encontr� a salvo sobre la cresta, el centelleo de numerosas fogatas me mostraron d�nde se encontraba vivaqueando la fuerza que hab�a venido a ver.
Tan pronto amaneci�, las tropas empezaron sus movimientos despu�s de un caf� ma�anero, estaban empezando a esparcirse alrededor de las laderas de las monta�as, tomando posiciones listos para defender o atacar, as� que tan pronto se iluminaba m�s me apresur� a encontrar un peque�o y c�modo mont�culo para m�, desde el cual esperaba poder ver todo lo que pasaba sin ser descubierto; por un tiempo todo sali� particularmente bien.
Las tropas se desplazaron en todas direcciones. Vigilantes con telescopios estaban apostados para espiar a los montes vecinos, entonces pude ver d�nde estaba reunido el personal de los cuarteles para discutir la situaci�n. Gradualmente se acercaron a la posici�n que yo ocupaba y se dividieron en dos partidas, la del general permaneci� donde estaba, mientras la otra ven�a en la direcci�n al mont�culo en que me encontraba. Entonces para mi horror algunos de ellos empezaron a ascender mi basti�n.
De inmediato me par� y no hice m�s esfuerzos por encubrirme, pero saqu� mi libro de dibujos y comenc� a hacer un dibujo del "amanecer entre las monta�as". Muy pronto fui descubierto, uno o dos oficiales se me acercaron y entramos en conversaci�n evidentemente ansiosos por descubrir qui�n era y qu� asunto me llevaba ah�.
Mi lema es que con una sonrisa y algo de perseverancia atravesar�s cualquier dificultad, la perseverancia no era obviamente pol�tica en esta ocasi�n, por lo tanto puse una sonrisa doble y les mostr� mi cuaderno de dibujos, explic�ndoles que una de las ambiciones de mi vida era hacer un dibujo del "Diente del Lobo" al amanecer.
Ellos mostraron un inter�s respetuoso y entonces explicaron que su objetivo de estar ah� era el de hacer un ataque desde el "Diente del Lobo" en las monta�as vecinas, asumiendo que el enemigo estuviera actualmente en posesi�n de �l. Por mi parte mostr� un inter�s algo severo pero discreto en sus procedimientos.
A menos inter�s que presentaba, m�s entusiastas se mostraban en explicarme asuntos, hasta que eventualmente tuve toda la escena expuesta ante m�, ilustrada por sus propios mapas del distrito, que eran mucho m�s detallados y completos que ning�n otro se haya visto antes en su tipo.
En poco tiempo entablamos amistad, ellos ten�an caf� que compartieron conmigo, mientras yo distribu� mis cigarrillos y chocolates entre ellos, quienes expresaron su sorpresa de que haya escalado tan temprano, pero estuvieron muy satisfechos cuando les dije que ven�a de Gales, y de inmediato sacaron la conclusi�n de que era un monta��s y me preguntaron si vest�a un kilt (N. del T.: Falda Escocesa) cuando estaba en casa.
A la mitad de nuestro intercambio de civilidades se dio la alarma que el enemigo estaba a la vista, e inmediatamente vimos a trav�s de nuestros telescopios filas de hombres viniendo en todas direcciones hacia nosotros sobre la nieve. Entre nosotros y el enemigo hab�a una profunda y vasta garganta con pendientes casi perpendiculares, atravesadas aqu� y all� por zigzagueantes pasos de cabras.
Se les llam� a los oficiales para describirles las t�cticas de la lucha y en unos pocos minutos el batall�n y los comandantes de la compa��a estaban esparcidos estudiando con sus binoculares la monta�a opuesta, en la cual, corno me lo hab�an explicado en ese tiempo, escogieron una l�nea ascendente para el ataque.
Entonces se dio la palabra de avance y la infanter�a sali� en largas filas de hombres armados con piolets y cuerdas. Las cuerdas eran usadas para bajarse unos a otros en sitios dif�ciles y para encordar a los hombres unos a otros cuando ellos llegaban a las nieves para salvarles de caer en grietas, etc. Pero el momento emocionante del d�a fue cuando la artiller�a procedi� a descender dentro de la garganta; las armas eran todas cargadas en secciones sobre las mulas, tambi�n sus municiones y piezas de recambio. En pocos minutos se colocaron tr�podes, se puso a las mulas en catapultas, armas y animales estaban entonces m�s abajo uno por uno dentro de las profundidades bajas hasta llegar pr�cticamente sobre el suelo. Aqu� fueron cargadas de nuevo y entraron en sus filas para escalar las monta�as opuestas, en un incre�ble corto espacio de tiempo, mulas e infanter�a se ve�an como peque�as l�neas de hormigas, subiendo por todas las veredas disponibles que se pudieran encontrar que guiaran hacia los campos de hielo superiores.
Los resultados de este d�a de maniobras ya no me interesaron, hab�a visto lo que hab�a venido a buscar: las tropas especiales con sus armas, sus suministros y arreglos de hospital, sus m�todos de movilidad en este aparentemente imposible pa�s, sus mapas y formas de se�alizaci�n.
Todo era nuevo, todo era pr�ctico. Por ejemplo, al ver uno de los mapas que me mostraron, remarqu� que deber�a haberme encontrado en cada camino de cabras marcado, pero el oficial replic� que no hab�a necesidad para eso, cada uno de sus hombres hab�a nacido en ese valle y conoc�an cada camino de cabras en la monta�a. Tambi�n un camino de cabras no permanec�a por m�s de unas cuantas semanas, o a lo m�s unos meses, debido a derrumbes y a la erosi�n, continuamente han sido alterados y marcarlos en un mapa llevar�a a la confusi�n.
CAP�TULO 10
POSANDO COMO UN ARTISTA
Mi habilidad para escalar volvi� a ser de uso en otra ocasi�n de alguna manera similar. Un mapa me hab�a sido enviado por mis superiores de un distrito monta�oso en el cual descubrieron que tres fuertes hab�an sido recientemente construidos. Se conoc�a cu�l era la situaci�n de estos fuertes pero ning�n detalle hab�a sido averiguado tales como su tama�o o armamento.
Al llegar a la �nica villa en el �rea, pase mis primeros d�as paseando y viendo por lo general a las monta�as entre las cuales se supon�a que estaban los fuertes. Mientras tanto, me puse en relaci�n por medio de mi casero con uno o dos deportistas locales y pregunt� entre ellos la posibilidad de una partida de caza u otro ejercicio de tiro entre las monta�as cuando llegara la temporada.
Les dije que disfrutaba acampar por unos d�as al tiempo que dibujaba y cazaba en mi estancia en el pa�s. Pregunt� sobre las posibilidades de alquilar tiendas y mulas para carga y que me recomendaran a un buen mulero, que conociera todos los alrededores y pudiera decirme todos los posibles lugares que hubiera para acampar.
Eventualmente lo contrat� para llevarme por un d�a o dos a explorar el �rea para acomodar campamentos y disfrutar de la vista. Caminarnos una distancia considerable a lo largo de una espl�ndida carretera que guiaba hacia las monta�as. Tan pronto llegamos a las partes altas �l sugiri� que deber�amos dejar el camino y descender dentro de la garganta, a lo largo de la cual podr�amos ir por un trecho para luego subir y reencontrar la carretera. Entonces me explic� que �ste era un camino militar y que ser�a deseable dejarlo por un trecho, para as� evitar la caseta del guardia m�s arriba, donde hab�a un centinela apostado con �rdenes de no dejar pasar a ninguno m�s all� de ese punto.
Nosotros exitosamente evadimos la caseta del guardia de acuerdo a su direcci�n y eventualmente nos volvimos a encontrar con la carretera, en una posici�n alta a trav�s de la cima de la sierra; pero a nuestra izquierda, conforme progres�bamos, por la carretera hab�a una abrupta sierra menor que procedimos a ascender.
Cuando estuvimos cerca de la cima �l me dijo con una p�cara expresi�n: -Ahora si ves por aqu�, observar�s exactamente lo que quieres.
Y tan pronto vi y descubr� uno de los nuevos fuertes, que era exactamente lo que quer�a ver esparcido ante mis ojos como un mapa simplemente tuve que tomar un dibujo a vista de p�jaro para obtener el plano completo.
M�s all�, en otra sierra descansaba otro fuerte y, casi a mis espaldas pude ver parte del tercero, mientras m�s arriba habr�a aun m�s fuertes en los cerros. Me hab�a metido en un nido regular de ellos. Mi posici�n en la sierra me dio una espl�ndida vista de las monta�as, y refiri�ndome a ellas dije: -S�, en verdad, me has tra�do al lugar exacto.
Pero �l ri� de nuevo maliciosamente, se�al�ndome el fuerte y dijo: -S�, pero �sa es la mejor vista de todas, creo.
�l parec�a entender mis intenciones m�s ampliamente. Abajo a lo lejos se esparc�an los fuertes por los estrechos para los que fueron dise�ados para proteger las naves que navegaban entre ellos. Comenc� de inmediato a hacer un dibujo del panorama, omitiendo cuidadosamente el lugar donde se esparc�an los fuertes, en parte para desanimar las sospechas de mi amigo, y en parte para protegerme en caso de que me arrestaran.
De inmediato mi compa�ero se ofreci� a bajar al fuerte y traer a su hermano, que, dijo, era un artillero estacionado ah� y, pod�a darme cada detalle que deseara acerca de sus armas, etc.
Esto sonaba demasiado bueno para ser verdad, pero con la mayor indiferencia dije que me gustar�a conocerlo y fuera mi amigo. Al momento que �l estaba fuera de mi vista tom� cuidado de alejarme dentro de un kopje cercano donde pudiera ocultarme en caso de que trajera una fuerza de hombres a capturarme.
Desde aqu� pude hacer un muy preciso dibujo del fuerte y de sus emplazamientos de armas en la parte interna del forro de m� sombrero y cuando hubiera terminado �ste me ir�a lo m�s r�pido posible con el otro dibujo para mostrar que hab�a estado muy ocupado durante la ausencia de mi gu�a.
De inmediato lo vi de regreso, pero s�lo era acompa�ado por otro hombre, baj� a mi posici�n original y los recib� con una sonrisa.
El artillero era m�s comunicativo pues me dijo todo acerca de sus armas, sus tama�os y cu�l era su potencia concerniente al rango y precisi�n. Me dijo que una vez al a�o una vieja nave que estaba por romperse era remolcada a lo largo detr�s de un vapor bajo los estrechos, para proporcionar un blanco a los fuertes de defensa a su paso. �l me dijo con pesar:
-Nosotros somos tres fuertes y ninguna nave ha podido pasar exitosamente uno o dos; siempre son hundidos antes de llegar a nosotros.- Me dio el rango exacto y el n�mero de rondas de fuego, que mostraba que su punter�a era muy buena.
Descubr� muchos otros detalles como el n�mero de hombres, su alimentaci�n y arreglos hospitalarios. Unos d�as despu�s pude regresar a casa con una buena cantidad de informaci�n valiosa y con los buenos deseos y esperanzas de mis muchos amigos que alg�n d�a regresar� para las partidas de caza. Pero estoy seguro que un hombre no es aceptado por este tipo de profesi�n, a diferencia de un artista o un deportista y aquel fue el muletero.
CAP�TULO 11
ENGA�ANDO A UN CENTINELA ALEMAN
En otra ocasi�n quer�a descubrir qu� valor hab�a en el entrenamiento con el mosquete en la infanter�a extranjera. Tambi�n hab�a sido reportado que hab�an recientemente adquirido una nueva forma de ametralladora que era particularmente r�pida en disparar y muy precisa en sus efectos. Su calibre era conocido, as� como su patr�n general (de fotograf�as), pero su capacidad real segu�a siendo materia de conjeturas.
En esta ocasi�n pens� que la manera m�s sencilla ser�a ir sin disfraz. Sin ning�n secreto me fui a quedar en Garrison Towns donde esperaba conocer a uno o dos oficiales. Consegu� presentaciones con otros oficiales y gradualmente me volv� su compa��a a la hora de comer y en sus diversiones diurnas. Ellos me llevaban en sus caballos, yo cabalgu� con ellos en sus rondas y me volv� un ayudante en sus d�as en el campo y en sus maniobras; pero cuando nos acerc�bamos a los pol�gonos era siempre cort�s pero firmemente requerido para alejarme, pero que aguardara a su regreso, pues la pr�ctica era absolutamente confidencial. No pude obtener informaci�n de ellos, como lo que suced�a dentro del recinto donde se ocultaban los pol�gonos.
Dos de mis amigos ingleses un d�a se detuvieron imprudentemente a la entrada de uno de los pol�gonos y fueron inmediatamente arrestados y custodiados en la sala del guardia por algunas horas, y finalmente se les orden� que abandonaran el lugar, sin obtener mucho placer de ello. As� pude ver cu�nta precauci�n ser�a necesaria. Poco a poco, especialmente despu�s de una de las tardes muy alegres, sonsaqu� una cierta cantidad de informaci�n tal como lo que hac�a y probablemente hace la nueva ametralladora, y c�mo nunca sus soldados pod�an acertar a un blanco en movimiento era la mayor dificultad de ellos darle a uno solo. Pero m�s que esto, no fue posible obtener.
De cualquier forma, me fui a otra estaci�n militar donde como extra�o intentar�a otro rumbo. Los pol�gonos estaban rodeados por un cintur�n de �rboles, afuera de los cuales estaba una inescalable cerca resguardada por dos centinelas, uno al lado del otro parec�a imposible entrar o acercarse al pol�gono sin una considerable dificultad.
Un d�a sal� a pasear descuidadamente en direcci�n del pol�gono hacia un punto alejado de la puerta de entrada y ah� me acost� en la hierba como si fuera a dormir, pero en realidad estaba escuchando y tomando el promedio de los disparos por el sonido y la cantidad de aciertos por el sonido de sus golpes al blanco de hierro. Habiendo obtenido una cierta cantidad de datos de esta manera, me aproxim� m�s de cerca con la esperanza de tener una mejor perspectiva de lo que suced�a.
Mientras el centinela daba la espalda me precipit� a la cerca, y aunque no pude pasar, encontr� un entarimado a trav�s del cual pude observar mejor lo que pasaba.
Mientras me ocupaba de esto, para mi horror el centinela de repente se regres� sobre sus pisadas y vino hacia m�. Pero me hab�a preparado para tales eventualidades, volviendo a colocar la tarima en su lugar, saqu� una botella de brandy de mi bolsillo que hab�a tra�do con ese prop�sito. La mitad de la cual hab�a sido derramada sobre mi ropa, as� que cuando el hombre se acerc� me encontr� en estado de ebriedad, oliendo a destiler�a y pr�digo en ofrecerle compartir la botella.
El dibujo superior muestra al escritor en un sitio tenso. Fue descubierto en cercana proximidad al pol�gono por un centinela alem�n. Pretendiendo estar intoxicado y as� escapar. Pero fue un escape por los pelos.
�l no pudo hacerme nada y por consiguiente gentil pero firmemente me condujo al final de su ronda, me sac� y me aconsej� que me fuera a casa, cosa que hice con gran satisfacci�n...
CAP�TULO 12
UN ESPIA ES SUSPICAZ
La pr�ctica del espionaje tiene una desafortunada tendencia: te ense�a a no confiar en nadie, incluso en un posible benefactor. Un pa�s extranjero hab�a recientemente manufacturado una nueva forma de arma de campo la cual era experimentada en pruebas secretas, que eran dirigidas en una de sus colonias para evitar ser observados. Se me envi� para descubrir las caracter�sticas de esta arma. Al llegar a la colonia encontr� que una bater�a de nuevas armas llevaban a cabo experimentos en un punto distante a lo largo de la v�a f�rrea.
El lugar era por todas las descripciones simplemente una estaci�n del camino, con ninguna villa cercana, as� que ser�a dif�cil quedarse ah� sin ser notado de inmediato. El horario, sin embargo, mostraba que el tren de d�a ordinario se deten�a ah� por media hora para cambiar de m�quinas, as� que resolv� qu� pod�a hacer en el espacio de tiempo permitido.
Progresamos lenta pero felizmente en el tren local deteni�ndonos en cada peque�a estaci�n. En una de esas granjas coloniales entr� m� carro y fing� enfermedad aparentando dolor, as� que entramos en conversaci�n sobre el campo y la cosecha.
Al fin llegamos a la estaci�n donde s� dec�a que estaban las armas. Afanosamente viendo desde la ventana, se podr�n imaginar m� gozo cuando vi inmediatamente afuera de la estaci�n toda la bater�a de armas estacionadas.
Todos bajaron del tren para estirar sus piernas y no perd� un momento en apresurarme a trav�s de la estaci�n y caminar para tener un acercamiento de lo que hab�a venido a ver.
El centinela de las armas estaba al otro lado de donde me encontraba por lo que pude tener una muy buena vista de las rec�maras y de otras cosas antes de que se acercara a mi lado, pero muy pronto not� mi presencia y, no s�lo vino �l, sino que le grit� a otro hombre a quien no ten�a lejos de vista, tras una esquina de la pared de la estaci�n.
�ste era el cabo de la guardia quien se apresur� hacia m� y comenz� a insultarme por estar all� sin permiso. Trat� de explicar que era simplemente un inofensivo pasajero del tren que hab�a salido a estirar las piernas y no hab�a notado sus viejas y oxidadas armas. Pero �l r�pidamente me ahuyent� hacia la estaci�n.
Me dirig� de nuevo al carro, saqu� mis binoculares y continu� mis investigaciones desde el interior del carro, donde ten�a una muy buena vista de las armas afuera de la estaci�n y pude anotar bastante informaci�n pintada en ellas como su peso, calibre, etc, De repente en medio de mis observaciones encontr� que la vista se obscurec�a y, alzando la vista, descubr� la cara atenta del cabo frente a m�: me hab�a atrapado en el acto. Pero nada m�s pas� en el momento.
Mi amigo el granjero hab�a regresado inmediatamente a su lugar, son� el silbato y el tren avanz�.
Cuando resum� la conversaci�n con el colonizador remarqu� su aspecto enfermo y le pregunt� acerca de su salud. El pobre hombre, con l�grimas baj�ndole por las mejillas, me confes� que no era una enfermedad corporal, sino preocupaci�n mental la que le causaba tal ansiedad.
�l hab�a fallado completamente en su intento de hacer una granja exitosa y se encontraba en el tren con la idea de cortarse la garganta, y lo hubiera hecho de no haber estado yo all� para prevenirlo. La vida hab�a acabado para �l y no sab�a qu� hacer. Comenc� a hablarle acerca de sus p�rdidas y le ofrec� sugerencias basadas en la experiencia de un amigo que tambi�n era granjero en ese pa�s, que por 10 a�os hab�a fallado hasta hallar el m�todo correcto en el onceavo a�o y, estaba haciendo ahora de su negocio un gran �xito.
Esto puso de inmediato esperanza a mi vol�til compa�ero. Se anim� y, se puso de buen humor y reservado. Finalmente me dijo: "Usted me ha hecho una buena acci�n. Har� algo por usted. S� que es un esp�a alem�n y que va a ser arrestado en la estaci�n donde se detenga este tren por la noche. Usted fue descubierto por un oficial fuera de servicio en la �ltima estaci�n y, mientras estaba en la oficina de tel�grafos, entr� y envi� un telegrama al comandante de la estaci�n terminal, reportando que un esp�a alem�n hab�a estado examinando las armas y estaba viajando por este tren en este carro".
Me re� de inmediato ante el error en que se hab�a ca�do, le expliqu� que no era un alem�n del todo. �l replic� que eso no me servir�a; ser�a arrestado de la misma forma que si terminaba la jornada.
Pero me sugiri�: "saldr� en la siguiente estaci�n para ir a m� granja y, m� consejo para usted es tambi�n bajarse ah�. Encontrar� una buena posada donde puede descansar por la noche y ma�ana en la ma�ana el tren matutino lo llevar� a trav�s de la v�a despejada, donde esta noche el comandante militar lo estar� buscando."
Le repliqu� que, como ingl�s, no ten�a que temer y que seguir�a.
En la siguiente estaci�n �l se baj� y despu�s de una afectuosa despedida, continu�, pero hab�a otra estaci�n entre �sta y la de la parada nocturna. Cuando llegu� ah� tom� el consejo de mi amigo. Me sal� y pas� la noche en la peque�a posada del lugar. Siguiendo su consejo, tom� el primer tren de la ma�ana siguiente y atraves� el lugar por donde me hab�an estado buscando. Cuando mi amigo me invit� a bajar en su estaci�n no lo hice porque cre� que su invitaci�n era simplemente una trampa para probar si yo era un esp�a; tuve que aceptarlo, no dudando que �l tendr�a amigos a la mano para arreglar mi arresto. Como as� fue, me alej� ileso con toda la informaci�n que quer�a acerca de la nueva arma.
CAP�TULO 13
BURLANDO A UN CENTINELA TURCO
Un nuevo gran fuerte turco hab�a sido recientemente construido y mi misi�n era obtener alguna idea de su plano y construcci�n. Desde mi posada en el pueblo recorr� temprano una ma�ana antes del amanecer, esperando no encontrar centinelas en pie, para poder tomar los �ngulos necesarios y medir a pasos las bases deseadas para as� delinear un plano bastante preciso.
En alguna extensi�n hab�a tenido �xito cuando vi entre las dunas a otro sujeto viendo en varias direcciones y me pareci� que intentaba seguirme. Esto era muy amenazador; pas� parte de mi tiempo intentando evadir a este "cazador", imaginando necesariamente que era de la guardia intentando mi captura.
Evadi�ndole, infortunadamente, me expuse m�s de lo usual a la vista desde el fuerte, e inmediatamente fui visto por uno de los centinelas. No entend�a su lengua, pero pude comprender sus gestos bastante bien cuando present� su rifle y deliberadamente me apunt�. Esto me llev� a tomar un refugio tan pronto como pudiera tras una duna, donde me sent� y me esper� un tiempo considerable para permitir que los �nimos se calmaran.
Inmediatamente, a quien vi desliz�ndose alrededor de la esquina de la duna era a mi amigo el "cazador". Era demasiado tarde para evitarlo y al momento que me vio pareci� desear irse, m�s que arrestarme. Reconocimos mutuamente el temor del uno por el otro, y por lo tanto nos reunimos con una cierta cantidad de timidez en ambos lados.
Sin embargo, entramos en conversaci�n en franc�s y muy pronto descubr� que, aunque represent�bamos diferentes nacionalidades, est�bamos en el mismo juego de hacer un plano del fuerte. Por lo tanto unimos nuestras fuerzas y tras una duna comparamos la informaci�n que hab�amos obtenido, entonces traz� un peque�o plano con el cual complet� todo el esquema.
Mi amigo tom� su lugar en una posici�n prominente d�ndole la espalda al fuerte y, comenz� a fumar, con apariencia indiferente al trabajo de defensa tras �l. Esto estaba destinado a atrapar la vista del centinela y distraer su atenci�n mientras me deslizaba y arrastraba para darle la vuelta al otro lado de la fortificaci�n, donde yo pod�a completar nuestra medici�n en todos sus detalles.
El dibujo muestra c�mo nos las arreglamos otro esp�a y yo para obtener dibujos de un fuerte completamente bajo los ojos de un centinela. El esp�a a la derecha del cuadro no hace nada m�s que atraer la atenci�n del centinela mientras que en la izquierda del cuadro estoy haciendo los dibujos necesarios.
Era tarde esa noche cuando nos vimos en el cuarto del "cazador", completamos los trazos y finalizarnos los dibujos, cada uno tomando su copia para sus propios cuarteles. Despu�s de un d�a o dos tomamos un vapor hacia Malta, donde habr�amos de partir de regreso a casa; �l rumbo a Italia.
Como ambos ten�amos que esperar un d�a o dos en Malta, actu� como anfitri�n con �l durante su estancia. Cuando entramos en la bah�a le se�al� las grandes armas de 110 toneladas que en ese tiempo proteg�an la entrada y que era visible para cualquiera con dos ojos en su cabeza. Le se�al� otras varias interesantes bater�as que eran igualmente obvias, pero omit� mencionar otras partes que hubieran sido de mucho mayor inter�s para �l.
Sin embargo, �l sali� de Malta con la idea que, del todo, hab�a hecho un buen trabajo para su gobierno yendo all�. Y convencido de su suerte en obtener algo muy bueno de algo tan sencillo como el paseo que le di.
Fue mi buena fortuna el verlo unos a�os despu�s, cuando tal vez sin querer me regres� el cumplido que le hab�a hecho en Malta. �l estaba entonces a cargo de un gran arsenal en una de las colonias de su pa�s. �ste estaba situado en una ciudadela posada sobre una alta cadena monta�osa con un r�o r�pido fluyendo alrededor de la base.
Mis �rdenes para ese entonces eran intentar y descubrir cualquier organizaci�n existente en esta colonia para movilizar a los nativos como una reserva; deber�an las tropas regulares ser llamadas para la acci�n a otra parte. Tambi�n si hubiese cualquier medio arreglado para armar a esos nativos, si era as�, de qu� manera y en qu� cantidad.
Sabiendo que mi amigo estaba acuartelado en el lugar, lo visit� corno un primer paso, sin un plan definitivo en mi mente de c�mo iba a obtener la informaci�n. �l fue lo suficientemente amable para llevarme a un paseo de inspecci�n alrededor de la ciudad, r�o abajo, y arriba en la ciudadela.
Por un golpe de suerte tuve la idea que la ciudadela deber�a ser iluminada por luz el�ctrica debido al poder del agua producido por el torrente inferior que podr�a trabajar como un d�namo a un costo muy bajo si era propiamente dise�ado. Esto estaba tanto en mis pensamientos que, cuando atravesamos las barracas y edificios en el fuerte, continu� se�alando cu�n f�cil y econ�micamente podr�an ser alambrados e iluminados los diversos lugares. Y gradualmente lo persuad� de que era mi asunto que deber�a tratar y sugerir a su superior.
Finalmente, cuando �l hab�a visto casi todo, mi amigo remarc�: "Supongo que no te molestar� ver dentro del arsenal, es parecido a muchos otros que has de haber visto antes." Le asegur� que me interesar�a mucho; de hecho, era esencial para formarme una estimaci�n aproximada para la iluminaci�n; as� que me llev� dentro.
Ah� estaban, galer�a tras galer�a llenas con estanter�as de armas, todas bellamente cuidadas, sobre la puerta de cada cuarto estaba el nombre de la tribu y el n�mero de hombres que pod�an ser movilizados en la eventualidad de ser requeridos, el n�mero de armas y la cantidad de municiones que estaban disponibles para cada uno.
Despu�s de llevarme a trav�s de dos o tres cuartos, dijo: "hay muchos m�s como �stos, pero probablemente has visto suficiente." Exclam� con vehemencia que deber�a ver los otros para as� juzgar el esquema de la iluminaci�n el�ctrica. Si hab�a muchos cuartos m�s ser�a necesario un d�namo extra grande, por lo tanto un gasto mayor, pero esperaba que debido a la econom�a en el n�mero de l�mparas pudi�ramos mantener abajo del estimado original que hab�a pensado.
As� que fuimos laboriosamente a trav�s de todos los cuartos, viendo los lugares donde las l�mparas podr�an ser m�s econ�micamente dispuestas, le hice c�lculos con l�piz y papel, que le mostr� a �l, mientras apuntaba en el pu�o de mi camisa los nombres de las tribus y la otra informaci�n requerida por mis superiores en casa.
El armamento de los auxiliares nativos, su organizaci�n y n�meros fueron as� comparativamente f�ciles de descubrir, gracias a ese peque�o golpe de suerte el cual se repetir�a seguido en darme �xito ya sea en el Escultismo o en el Espionaje.
Pero un trabajo m�s dif�cil era descubrir el valor de la lucha pr�ctica de tal gente.
CAP�TULO 14
EL TURCO Y EL T�
Llegaron reportes de que unas maravillosas nuevas armas hab�an sido instaladas en uno de los fuertes en el B�sforo y un gran despliegue secreto fue observado en su construcci�n. Se volvi� mi deber ir y averiguar cualquier particularidad acerca de ellas.
Mi primer d�a en Constantinopla lo pas� bajo la gu�a de una dama americana en la b�squeda de sitios de inter�s de la ciudad, cuando hab�amos visitado casi todos los puntos interesantes para turistas ella me pregunt� si hab�a cualquier otra parte que quisiera conocer; hasta cierto punto deposit� en ella mi confianza cuando le dije que dar�a cualquier cosa por ver el interior de uno de esos fuertes, si fuera posible.
Ella de inmediato dijo que estar�a encantada de llevarme para ver a su viejo amigo Hamid Pasha, quien estaba encuartelado en uno de ellos, siempre deseoso de dar a ella y a sus amigos una taza de t�.
Cuando llegarnos a la puerta del fuerte el centinela y el oficial de guardia no nos permit�an pasar hasta que la dama dijo que era amiga del Pasha, por lo que fuimos de inmediato admitidos y conducidos a sus habitaciones.
�l era un gentil anfitri�n pues nos recibi� con la mayor amabilidad y despu�s de ense�arnos sus propios cuartos y las muchas curiosidades que hab�a colectado, nos llev� alrededor del fuerte y nos se�al� sus antiguos y modernos recursos para la defensa; finalmente nos mostr� las armas. Dos de �stas, en una posici�n prominente donde pod�an f�cilmente ser vistas desde el exterior, estaban cubiertas con lonas. Mi emoci�n en consecuencia creci� intensamente cuando las vi y secretamente le rogu� a la dama persuadirlo para permitirnos echarles un vistazo; �l de inmediato consinti�, pensando que yo era americano y, sonriendo de lado a lado, dijo: "�stos son nuestros m�s recientes desarrollos".
Yo me estremec� tan pronto cayeron las cubiertas y entonces reconoc� las armas, verdaderamente de manufactura moderna pero no muy nuevas o poderosas; entonces mencion� intencionalmente todo el secreto cuando dijo: "por supuesto, intentarnos impresionar a una cierta potencia extranjera con la idea que estamos rearmando nuestros fuertes, y por lo tanto dejamos saber que mantenemos estas armas en secreto, cubri�ndolas de la vista de cualquier esp�a".
En otra ocasi�n me toc� inspeccionar algunas de las defensas de los Dardanelos y descubr� que la mejor manera de hacerlo era d�ndole la cara al mar. Esto involucraba abordar un peque�o vapor de carga que navega entre Odesa y Liverpool; mi viaje en �l fue uno de los m�s amistosos y originales de los que he tornado.
Un vapor con su cargamento de granos casi sali�ndose por los ventiladores es -contrariamente a toda expectativa- un muy confortable bote para navegar. El capit�n y su esposa viv�an en c�modas cabinas en medio del barco bajo el puente; la siguiente cubierta estaba llena de cerdos y gallinas, los cuales eran libremente alimentados en el cargamento. La ayudante del capit�n era escocesa, y por lo tanto una excelente cocinera.
Todo estaba limpio y confortable, el capit�n era muy atento y estaba enterado de mi inquietud por observar y examinar las defensas de la costa conforme fu�ramos pasando.
�l me permiti� pr�cticamente tomar el mando de la nave con todo su curso y anclaje. De lado a lado de los Dardanelos paseamos y cuando estuvimos frente a uno de los fuertes que necesitaba estudiar anclamos la nave.
Nuestro proceder err�tico naturalmente invitaba a la investigaci�n y cuando un barco piloto gubernamental comenz� a inquirir por nuestra raz�n para anclar en una bah�a determinada, llegaba a la conclusi�n que nuestro mecanismo gu�a no estaba muy bien y que tuvimos que parar para repararlo.
Mientras el barco estaba anclado un bote era descendido y me alejaba en �l por un rato, nominalmente en pesca, pero verdaderamente navegando cerca de los fuertes y pescando informaci�n m�s que peces, observando los diferentes tipos de armas empleadas, dibujando su posici�n y el radio de fuego permitido para tomarles por el plano inclinado de sus ca�oneras; tambi�n tomamos sondas donde se necesitara e hicimos mapas de posibles lugares de desembarco tanto para atacar como para otros prop�sitos.
CAP�TULO 15
OBSERVANDO A LOS BOSNIOS
Bosnia y, Herzegovina se encontraban bajo la protecci�n austr�aca y estaban abasteciendo al ej�rcito austr�aco con un nuevo contingente de infanter�a. De esta fuerza se dec�a que ten�a las m�s maravillosas capacidades de marcha y resistencia, algo hasta ahora inaudito entre las naciones europeas. Se me envi� para descubrir cu�n grandes podr�an ser estas capacidades y cu�l era el secreto de su �xito.
Los visit� en su propio pa�s. Pero antes de arribar pas� por Montenegro en donde hab�a recibido reportes de montenegrinos, los cuales con alguna extensi�n sin importancia les cedieron sus praderas superiores. Cuando le pregunt� a un montenegrino su opini�n de sus vecinos en el asunto de la marcha y la escalada, �l s�lo pudo escupir desde�osamente. Entonces me explic� que cualquier tonto puede subir el monte, pero un montenegrino es el �nico hombre que puede bajarlo.
�l se�al� la torre circular en Cettinje y me dijo que en su interior hab�a muchas pilas de Cabezas de Turco; la raz�n era que cada montenegrino que pudiera mostrar una pila de nueve cabezas de turco recolectadas por �l mismo era premiado con una medalla de oro del pr�ncipe.
Su m�todo para obtener cabezas de turco era el siguiente:
Una partida de ellos har�a una incursi�n en territorio turco y tomar�a algo de ganado o mujeres; entonces ser�an perseguidos por los turcos hacia las monta�as mientras que ellos efectuar�an su huida r�pidamente arriba de la monta�a en las laderas alej�ndose s�lo lo suficiente para guiar a los turcos en su persecuci�n vehemente. Cuando los turcos hubieran cobrado mucho �nimo en la persecuci�n, los montenegrinos repentinamente dar�an media vuelta y cargar�an ladera abajo de la monta�a.
No hab�a escapatoria para los turcos. Ellos eran mortales ordinarios y no pod�an correr monte abajo. Me mostr� su gran rodilla desnuda y d�ndole palmadas con orgullo, dijo: "Esto es lo que te lleva colina abajo; no hay otra naci�n que tenga rodillas como la de los montenegrinos. Y en cuanto a los bosnios..." -�entonces escupi�!
Sin embargo, como los bosnios fueron reportados de hacer grandes cosas en la l�nea de marcha para el ej�rcito austr�aco, mi siguiente paso fue visitar las maniobras austr�acas y observarlas.
Es lo usual para un agregado militar ser enviado a observar tales maniobras, adem�s es el invitado del gobernador a su cargo. Pero en esa posici�n es muy dif�cil para �l ver detr�s de las escenas. S�lo se le muestra lo que quieren que vea. Mi deber era ir detr�s de las escenas tanto como fuera posible y obtener otros puntos de vista.
Por consiguiente, me agregu� a una escuadra de infanter�a con quien pas� un par de d�as y noches. Hab�a llegado a cierta ciudad y no pude encontrar ninguna habitaci�n donde pudiera dormir. Los hoteles estaban repletos, e incluso en las tiendas los hombres eran alojados para dormir sobre y bajo los mostradores, como tambi�n en cada desv�n y arcada en el lugar.
Finalmente, fui a la estaci�n y le pregunt� al jefe de estaci�n si pod�a dormir en alg�n carro de la v�a. Me inform� que todos estaban llenos con tropas, pero uno de los hombres que trabajaba en la v�a que ven�a de la caja de se�ales, a un corto trecho bajo la l�nea, se apiad� de m�, y me dijo que si quer�a pod�a ocupar su cabina, la cual compartir�a con su hermano, que era un cabo en su escuadra de hombres, y que tal vez encontrar�a espacio para acostarme ah�.
Yo gustosamente sub� los escalones dentro de la caja de se�ales, all� fui bienvenido por el cabo y sus hombres al compartir sus suministros, despu�s de una cena y una pl�tica me acost� entre ellos.
Fue interesante ver c�mo concienzudamente esta peque�a partida hac�a su trabajo. A cada hora durante la noche, el cabo sal�a e inspeccionaba a su centinela tal y como si estuviera en servicio activo; las patrullas eran frecuentes y se entregaban reportes, aunque ning�n oficial se acerc� al lugar.
Durante los siguientes dos d�as, tuvimos mucha experiencia de marcha y contramarcha, disparando y cargando; pero yendo a lo largo en la parte posterior de la inmensa masa de tropas uno pronto se daba cuenta del enorme despilfarro que hab�a al rezagarse y especialmente aquellos con los pies lastimados. Era tan com�n este caso que ven�an vagones a lo largo, recog�an a los lastimados de los pies y los llevaban de regreso a la v�a del tren, donde cada tarde un tren especial estaba al servicio para escoltarles de regreso a su guarnici�n.
Unos pocos que no eran incluidos en esta operaci�n en el campo eran recogidos dentro de sus hospitales de campo, as� los n�meros mostrados cada d�a al personal de General de los hombres hospitalizados por pies lastimados era muy peque�o comparado con el n�mero que eran puestos en acci�n por esa causa.
As�, mi amigo el montenegrino no hab�a escupido sin raz�n, y que los bosnios no eran m�s fuertes en sus pies que las otras nacionalidades en ese variado ej�rcito.
OFICIALES AUSTRIACOS
Yo ten�a una muy fuerte simpat�a por el ej�rcito austr�aco y sus oficiales. Ellos eran muy parecidos al nuestro, pero mucho m�s amateur tanto en su conocimiento como en sus m�todos de liderazgo, que era tan viejo como los cerros y propenso a cometer errores a cada oportunidad.
El �nico que parec�a darse cuenta era el anciano emperador en persona, cuando lleg� volando era muy parecido al Duque de Cambridge en su mejor �poca volando en lo peor de una tormenta.
El ej�rcito era comandado por archiduques, hombres de edad como regla, todos intensamente nerviosos sobre lo que el emperador podr�a pensar de ellos cuando llegara. Uno pod�a predecir cu�ndo iba a llegar por las plumas en sus cascos. Un archiduque se ver�a muy valiente con toda su pintura de guerra, pero si observaras la pluma verde sobre �l muy de cerca notar�as su temblar con un distinto estremecimiento cuando el Emperador estuviera en cualquier parte del �rea.
Sus anticuados m�todos y novatez parecen conducirlos a pagar un costo muy alto en la presente campa�a.
UN RETO INTERESANTE
Un nuevo m�todo para iluminar el campo de batalla de noche ha sido inventado en el continente. Una sustancia qu�mica ha sido manufacturada que permite al usuario encender una fuerte luz sobre un amplio espacio en cualquier momento.
El rumor dec�a que era tan poderosa como un reflector y pod�a llevarse en el bolsillo. Pero un gran secreto era observado tanto en su composici�n como en sus experimentos. En el mismo ej�rcito un nuevo tipo de globo de observaci�n se dec�a estar en proceso de equipamiento con algunos de los m�s actualizados aparatos.
Tambi�n se report� que, en adici�n a estas ayudas para un reconocimiento efectivo, un nuevo m�todo para cruzar los r�os por la caballer�a hab�a sido inventado mediante el cual cada hombre y caballo en una divisi�n de caballer�a pudiera cruzar los r�os sin dificultad o retraso.
Debido a las tendencias pol�ticas llevadas en Europa en ese tiempo hab�a la posibilidad que esos rumores hubieran sido corridos con toda intenci�n, como tantos otros, en vista de darle un prestigio moral al ej�rcito concerniente.
Se volvi� mi deber investigar tanto como fuera posible, qu� tanta verdad hab�a en �stos.
CAP�TULO 16
ENCUENTRO CON LA POLICIA
Era un pa�s muy dif�cil en donde poder trabajar, debido a los estrictos arreglos policiacos contra los esp�as de todo tipo y parec�a ser un reto imposible de averiguar lo que yo quer�a saber, porque uno pod�a estar seguro de ser observado en cada esquina. Como despu�s averig��, fue que a trav�s de esta multiplicidad de arreglos polic�acos uno pod�a avanzar mucho con relativa facilidad. Porque si uno iba con mucha audacia ser�a inmediatamente requerido por los observadores policiacos. Adem�s, los esp�as generalmente hacen su trabajo por ellos mismos y, en esta ocasi�n iba acompa�ado por mi hermano; esto nos facilit� las cosas para avanzar como un par de turistas interesados en el pa�s. Un hombre viajando solo est� mucho m�s expuesto a llamar la atenci�n y as� avanzar bajo sospecha.
Nuestra entrada al pa�s no fue juntos afortunadamente, porque mientras en el tren nos las arreglamos para entrar en problemas con el guardia acerca de una ventana que �l insist�a en cerrar mientras nosotros la quer�amos abierta, en el mismo vag�n iba con nosotros un caballero de cierto renombre en el pa�s, y en una conveniente distracci�n le hice un peque�o boseto. Acababa de completarla cuando un brazo sujet� m� hombro desde detr�s y, una foto fue tomada por el observador guardia del tren y sacada para ser usada corno evidencia en mi contra.
El guardia de un tren en este pa�s, debo decirlo, se clasifica como de la misma categor�a de un coronel en el ej�rcito, por lo tanto no es un hombre para ser tomado a la ligera. A nuestra llegada a la termina� encontramos un tipo de guardia de honor de gendarmes esper�ndonos en la plataforma, y fuimos puntualmente puestos en marcha hacia la oficina de la polic�a para explicar nuestro proceder en el tren por atrevernos a abrir la ventana cuando el guardia la quer�a cerrada y por dibujar caricaturas de un "noble" en el tren.
Nosotros no guardamos el secreto de nuestra identidad y le entregamos nuestras cartas al comisario de polic�a que, cuando las vio estaba violentamente enfurecido con nosotros, evidentemente decidiendo qu� castigo darnos antes de haber escuchado nuestro caso del todo. Pero cuando �l vio el nombre de mi hermano como un oficial en la guardia, pregunt�: "�quiere esto decir en la guardia de su majestad la Reina Victoria?". Cuando �l lo escuch� cambi� toda su conducta. Brinc� de su asiento y pidi�ndonos que nos sent�ramos explic� que todo hab�a sido una equivocaci�n. Evidentemente los guardias en su pa�s estaban en una muy alta estima. �l nos explic� que hab�a peque�as reglas irritantes en el ferrocarril que ten�an que ser forzosas pero, por supuesto, en nuestro caso nosotros no ser�amos limitados por tales peque�os estatutos, luego, con profusas disculpas, nos hizo una reverencia nos sac� de la oficina sin avergonzarnos.
�XITO CON EL GLOBO
Nosotros no lo pasamos mucho sin la verg�enza. Nuestra primera ansiedad era encontrar d�nde y c�mo ser�a posible ver parte de este equipo por el cual hab�amos venido al pa�s. Estaban tomando lugar unas maniobras como a cincuenta millas de distancia, y ah�, como turistas, fuimos sin demora. Nos instalarnos en una peque�a posada no muy lejos de la estaci�n del ferrocarril y los siguientes d�as hicimos inmensas caminatas, siguiendo a las tropas y observ�ndolas en su trabajo sobre cada �rea extendida del pa�s.
Al final de un d�a observamos un globo en el cielo, e hicimos el camino m�s corto hac�a �ste hasta que llegamos a su estaci�n. Cuando era arrastrado y anclado al suelo los hombres salieron del campamento para cenar y el globo fue dejado sin un alma para vigilarlo. No fue mucho despu�s que ambos estuvi�ramos dentro de la canasta tomando nota de todo en la forma de los instrumentos y el nombre de sus fabricantes, as� obtuvimos toda la informaci�n y fue posible salir antes de que los hombres regresaran.
C�MO ENTRAR A UN FUERTE
Nuestro siguiente paso era ver la maravillosa iluminaci�n para trabajo nocturno; en el transcurso de nuestras caminatas dimos con un gran fuerte desde el cual proyectores hab�an sido colocados la noche previa. Hab�a una gran barda que rodeaba al fuerte a una distancia de unas veinte yardas dispuesta de tal manera que nadie entrar�a a este c�rculo sin ser visto. Nosotros razonamos que una vez estando adentro cualquier centinela o detective habr�a naturalmente supuesto que se nos hab�a permitido estar ah�.
Intentamos la idea y funcion� espl�ndidamente. Caminamos tranquilamente a trav�s de campos, pasamos centinelas sin temor y no se nos cuestion� una sola vez. Una vez dentro de esta l�nea pudimos llegar directamente al fuerte; ah� nos paseamos como si el lugar nos perteneciese.
Hay una cierta cantidad de arte requerida en no hacerte aparecer como un extra�o en un lugar nuevo. En los menores detalles tales como el sombrero, botas y el nudo de la corbata es bueno el vestir aquellos comprados en el pa�s que est�s visitando, de otra manera tus art�culos de manufactura brit�nica son una atracci�n segura al polic�a observador. En los detalles de conducta te has de desenvolver como un nativo lo har�a estando acostumbrado a estar ah�.
Caminar dentro de un fuerte extra�o debe ser llevado a cabo de la misma forma como t� entrar�as en una ciudad extra�a, m�s o menos. T� caminas como si tuvieras prop�sito para llegar a una cierta parte de ella, como si pensaras que sabes el camino perfectamente, sin mostrar ning�n tipo de inter�s en lo que hay alrededor de ti. Si pasas frente a un oficial o un dignatario a quien ves que todos saludan, sal�dalo tambi�n, para no verte as� muy singular. Cuando desees observar algo en especial te pones a holgazanear leyendo un peri�dico o, en una ciudad, observando todo lo que desees ver en el reflejo de la ventana de una tienda. La pena por espionaje en este pa�s era de cinco a�os sin la opci�n de una multa, o incluso un juicio.
Habiendo caminado exitosamente de ida y de regreso -que es otra cosa- nos sentimos tan euf�ricos por nuestro �xito, que esperamos a que cayera la noche para intentarlo otra vez. �ste no era un trabajo f�cil. Como el lugar estaba rodeado por avanzadas era mucho m�s estrecha la vigilancia para un enemigo que iba a hacer una maniobra de ataque durante la noche. Manteniendo el sotavento de la posici�n general uno era capaz de deslizarse silenciosamente, oliendo el vientecillo, hasta que se pod�a juzgar d�nde hab�a una avanzada y d�nde hab�a suelo abierto, de esta manera, oliendo nuestro camino como lo hicimos, fuimos capaces de deslizarnos a trav�s y entre las avanzadas; as� ganamos el fuerte.
C�MO OBTUVIMOS LA LUZ SECRETA
Esto signific� pasar inadvertido el mayor tiempo posible y tuvimos �xito equitativamente bien. Gracias a la buena fortuna llegamos justo antes de que los experimentos con los cohetes de iluminaci�n comenzaran. La atenci�n de todos estaba centrada en esto y ninguno ten�a tiempo para notar u observar lo que hac�amos. Observamos los preparativos y tambi�n los resultados, as�, habiendo estudiado la rutina y, la geograf�a de la pr�ctica, est�bamos al final capaces de hacernos de alguno de los cohetes y de la composici�n de la iluminaci�n, con esto nosotros podr�amos eventualmente irnos. Sin demora alguna nos hicimos de nuestros tesoros y los entregamos a un agente confiable que los transfer�a de inmediato a Inglaterra.
C�MO CRUZAMOS EL GRAN RIO
Nuestro siguiente paso era observar c�mo cruzaba el r�o la caballer�a. De una informaci�n que recibimos nos presentamos en un punto del r�o poco antes de las diez de la ma�ana. El oficial agregado hab�a recibido la notificaci�n de que una brigada de caballer�a cruzar�a el r�o en este sitio a las 10 en punto y, como a las diez su tren especial deb�a llegar ah�.
Ah� est�bamos nosotros, afortunadamente, con media hora de anticipaci�n y vimos a toda la brigada bajar hac�a el r�o y enfilarse a trav�s de un vado, donde se mojaron los caballos por una extensi�n, pero no nadaron.
En el banco m�s lejano unos pocos hombres fueron dejados. �stos tan pronto pasaban -de hecho eran todos los hombres y caballos que pod�an nadar bien- y tan pronto el tren arribaba y los agregados desembarcaban sobre el banco, encontraban la mayor parte de la brigada ya arribada, mojada y al resto nadando en ese momento.
Por supuesto en sus reportes ellos afirmaban que hab�an visto a toda la brigada pasar a nado. Pero esto es muy com�n en los reportes donde le esparcen historias que no son estrictamente verdaderas.
CAP�TULO 17
CAPTURADO AL FIN
Alentados por nuestro �xito en introducirnos a los fuertes de d�a y de noche, nosotros continuamos el experimento por muchas noches sucesivas, observando las pr�cticas posteriores con reflectores, star shells (N. del T.: no pude encontrar su traducci�n) y cohetes luminosos. Nosotros hab�amos colectado, sin embargo, toda la informaci�n que era necesaria y no hab�a necesidad de regresar. Pero nos llegaron noticias de que habr�a una demostraci�n final para el Emperador en persona, y no pude resistir la tentaci�n de regresar una vez m�s al fuerte; como lo esperaba iba a tomar lugar una gran demostraci�n pirot�cnica para esta ocasi�n.
Llegu� a buen tiempo antes de la llegada del Emperador y tom� mi posici�n como era usual. Mi hermano permaneci� afuera para ver el efecto de las luces desde el punto de vista del atacante. Adentro, sin embargo, nada era igual que en ocasiones previas. Hab�a un gran n�mero de oficiales reunidos ah� y un gran n�mero de polic�as para mi gusto. Yo, por lo tanto, me arrepent� de mis intenciones y tom� el camino de vuelta.
Entonces al ir caminando de regreso por el camino en la oscuridad, vi las luces del s�quito del Emperador que ven�an hacia m�. Tan pronto me pas� el primer carro hice la peor cosa en el mundo que pudiera haber hecho en ese momento: volte� mi cabeza para evitar ser reconocido al darme la luz de las l�mparas. Mi acci�n hizo que los ocupantes del primer carro sospecharan. Ellos eran algunos miembros del grupo de oficiales del Emperador.
En un momento detuvieron el carro, corrieron hac�a m�, y con apenas una palabra, me prendieron y empujaron dentro del carro con ellos y me condujeron de vuelta al fuerte. Me preguntaron unas cuantas cosas como qui�n era y porqu� estaba all�, al llegar al fuerte fui entregado a otros oficiales y se me pregunt� de nuevo por mis asuntos. Yo s�lo pude decir que era ingles que hab�a estado observando las maniobras como un espectador y que estaba ansioso de encontrar mi camino a la estaci�n (que estaba como a diez millas). Esto era totalmente cierto, pero no lo suficientemente bueno para ellos, e inmediatamente me metieron dentro de un carro y me enviaron de regreso a cargo de un oficial a la estaci�n, con el objetivo de entregarme a la polic�a y, llevarme a la capital.
Fue en los d�as de mi aprendizaje, y yo fui excesivamente tonto al tomar algunas notas que, aunque indescifrables, quiz�s podr�an haber sido usadas como evidencia en mi contra. Por consiguiente, tan pronto como estuvimos en camino hice mi trabajo rompiendo en peque�os pedazos aquellas notas y tir�ndolas por la ventana del carro cuando mi guardi�n ve�a a otra parte. Cuando llegamos a la estaci�n hab�a poco tiempo para esperar, pregunt� si pod�a ir a la posada y recoger mis pertenencias. El permiso me fue concedido y fui llevado bajo el cuidado de un oficial de polic�a.
Precipitadamente empaqu� mi maleta y el buen oficial se empe�� en ayudarme, empacando cualquier cosa que pudiera ver en el cuarto y meti�ndolas con mis cosas. Desgraciadamente �l guard� las cosas de mi hermano tambi�n; as� cuando se dio la vuelta las empuj� debajo de su cama porque no quer�a que se supiera que �l estaba tambi�n all�.
Habiendo finalmente llenado mi ba�l de viaje, mi siguiente preocupaci�n era dejar una advertencia para que no fuera atrapado. As� que mientras aparentemente le pagaba la cuenta al casero, que hab�a sido llamado por el polic�a, escrib� una nota de advertencia en un pedazo de papel, que met� a la fuerza en el candil, donde mi hermano no pudiera fallar en encontrarla cuando regresara despu�s a casa. As� fui hacia la estaci�n, llevado de regreso a la capital por un oficial del H�sar de agradable temperamento. Con todos los buenos sentimientos y la verdadera hospitalidad de su clase, insisti� en comprar media docena de botellas de cerveza para mi consumo -como era un Ingl�s- y me ayud� con la prueba rigurosa durante las primeras horas de la ma�ana.
Al llegar a la capital fui puesto en un hotel, se me quit� el pasaporte y se me dijo que deb�a permanecer ah� hasta que se me mandara llamar. Mientras tanto pod�a recorrer los alrededores de la ciudad, pero no alejarme sin permiso. Muy pronto descubr� que estaba siendo observado por un detective ex profeso, entonces conoc� a un esp�a extranjero que actuaba como mesero en el hotel. �l estaba bien informado de la alta pol�tica, al igual que de asuntos militares, que adivin� que deb�a ser un oficial del cuerpo de inteligencia; �l fue para conmigo de lo m�s amable y de mucha ayuda en mi predicamento.
�l me se�al� qui�n era el detective en el personal del hotel y me inform� que su deber era s�lo observarme, para averiguar cu�les eran mis movimientos a diario y reportarlos por tel�fono, al oficial en jefe de la polic�a. �l me aconsej� en informar al conserje antes de salir cada d�a, dejando saber as� a los detectives cu�les eran mis planes, ellos entonces telefonear�an a la polic�a, quien tendr�a sus propios detectives observ�ndome mientras estaba fuera.
CAP�TULO 18
EL ESCAPE
En poco tiempo mi hermano se me uni� desde el �rea de maniobras, pero al hacer eso �l se puso bajo observaci�n y bajo sospecha, �ramos pr�cticamente un par de prisioneros. Era tal este caso que unos d�as despu�s recibimos una visita, a la hora del almuerzo, de un amigo en buena posici�n que tambi�n estaba en contacto con la polic�a. �l nos aconsej� que el mejor camino que pod�amos tomar era el escapar del pa�s mientras fuera posible; �l se encargar�a de hacer los arreglos por nosotros. La idea era deslizarnos a un puerto donde podr�amos abordar un vapor brit�nico como si fu�ramos dos m�s de la tripulaci�n y as� salir del pa�s.
�sa era la escena. Pero la dificultad era c�mo llevarla a cabo. Se encontr� un barco cuyo capit�n estaba dispuesto a recibirnos una vez que pudi�ramos llegar a �l sin ser observados. Con la ayuda de nuestro amistoso mesero, dejamos al detective en el hotel dando a entender que est�bamos cansados de estar bajo sospecha y que audazmente ir�amos a tomar el tren y dejar el pa�s.
A las diez un taxi iba a venir por nosotros y nuestro equipaje para llevamos a la estaci�n. Nadie podr�a interferimos porque �ramos ingleses libres y no est�bamos sujetos a las reglas de ning�n hombre. El Embajador y todo el resto de los poderes deb�an o�r acerca de ello. Esto era para la informaci�n del detective, �l simplemente lo telefonear�a a la oficina de polic�a en la estaci�n del tren, donde deb�amos ser arrestados en el momento de nuestra partida.
Entramos en nuestro taxi y conducimos por las calles hac�a la estaci�n hasta estar fuera de vista del hotel. Entonces le dijimos al conductor que quer�amos ir a otra estaci�n. Este curso involucraba ir al r�o y tomar el ferry. Fue un rato de mucha ansiedad. �Habr�amos sido descubiertos?, �estar�amos perdidos?, �estar�amos siendo seguidos?
Estas preguntas se responder�an por s� mismas conforme progres�ramos con nuestra maquinaci�n. La respuesta, cuando llegara, significar�a much�simo para nosotros: �triunfo o cinco a�os en prisi�n!; as� que ten�amos todo para estar ansiosos. De alguna manera, no nos preocup�bamos mucho acerca de las consecuencias sino del presente, c�mo evadir la persecuci�n y la recaptura.
Al llegar al ferry le pagamos al taxista y nos fuimos hacia el muelle. Aqu� encontramos un bote que ya estaba preparado, nos alejamos hacia el barco, que estaba esperando bajo la niebla en medio del r�o para arrancar al momento en que lo abord�ramos.
En este momento supremo tuvo mi hermano la temeridad de discutir con el barquero sobre el precio, le exig� que le diera al hombre el doble de lo que ped�a, s�lo por ser libre, pero mi hermano estaba tranquilo y por esta vez �estaba en lo cierto! Su acci�n de negociar el precio pudo quitar toda sospecha que pudiera tener hacia nosotros y al final llegamos a salvo a bordo y nos alejamos.
Tales son algunas de las menores experiencias que, aunque no sean muy sensacionales en s�, son parte del trabajo diario de un "agente de inteligencia" (alias un esp�a), y mientras ellos tienden a relevar tal trabajo de toda sospecha de monoton�a, suman, como regla, ese toque de romance y excitaci�n que hace del espionaje el fascinante deporte que es.
Cuando uno reconoce tambi�n que podr�a tener resultados invaluables para el propio pa�s en tiempo de guerra, uno siente que aunque si bien es a un tiempo gastar abundantemente un gozo, no significa que es tiempo desperdiciado; y si bien el "agente" es capturado, puede "pasar" sin honores y desconocido, �l sabe en su coraz�n que ha luchado tan valientemente por su pa�s como sus camaradas que cayeron en la batalla.