
Libro 1: Algo de la historia de esta historia
las puertas de la memoria
bestia erótica inclemente de incendiarios ojos insomnes
la memoria empolla huevos entre la carne y el hueso
engendra animalitos ardientes
indómitos mensajeros de palabras clausuradas
despoja delirios
exorciza pasadizos habituados a fantasmas
geografía incunable en el alma de la gente
empedernido lugar insumiso
mariposa con vocación de monarca
ala al sur
la memoria engarza sueños
infiltra cajones
perturba la pasión por lapidar calvarios
cada tanto concede alguna imagen
una plaza de indios rebalsada
la quimera de una nuca
polvo flotando en los mares del norte
gestos queridos de yeso
hojas desparramadas de un almanaque invisible
la memoria asalta en las curvas de la noche
deja sin imperio a los pájaros carniceros
es la sombra de los hombres
el preludio de sus pechos liberados
la razón de sus océanos
algo de la historia de esta historia
algo de la historia de esta historia
de todos de nosotros
no es de mí
hay un pueblo de lágrimas
que no cayeron de mis ojos
un alerta en los techos de la gente
que no pinchó mi espalda por las noches
manos que no fueron mías sostuvieron paredes
riñones amoratados calentaron caños en cada madrugada
mientras talones de a miles dejaban su huella como toda despedida
mártires de las diez de la mañana
tristes como mudanza
acurrucados contra la almohada
oyeron ocho años de bisagras arrancadas a patadas
perdiendo los pedazos
mordiéndose los ojos
aguantando en el fondo de la casa
y salieron
flautistas de puro coraje
se ahuyentaron las ratas
con sus flautas al viento por la calle
plantando banderas
como pueblos avanzando desde adentro de los patios
tomando por asalto los bares y los cines
como varones los trenes
enarbolados de gente
avanzando hacia el medio de las plazas
y las plazas como hembras
pariendo muchachadas a puro desafío
alumbrando a los vampiros en mitad de la noche
Juanes Domingo la Negra
a todos aquellos que resistieron y venciendo el miedo
no cerraron sus puertas a la solidaridad con los demás perseguidos
cuando llueve en buenos aires
el agua gotea aceitosa entre dientes carcomidos
escurre desesperanzas
sobre el alma que nos resta cuando llueve en buenos aires
y nos deja las costillas
blancas porosas crujientes
como si hubieran estado en un tachito con ácido
lluvia que no refugia me salpica por la cara
cuando un recuerdo me llega de otra lluvia en buenos aires
viejas vecinas las casas
se escondían
se enterraban con cerraduras y ojos
tanta gente ¿no sabia?
ventanas detrás ¿no escuchaban?
dedos y uñas cavando pedacitos de revoque
a golpes por escaleras botas riñones camperas
y otra gente de esa gente
Juanes Domingo la Negra a riesgo de muerte mil veces
se pararon escucharon se partieron
los tres del miedo y no importa
desdentados picaportes
puertas abiertas sus manos
sostuvieron en silencio
se comieron dos mil llaves
caminaron direcciones
aviso traslado habeas corpus
hasta que un golpe de astillas contra su cama de insomnes
Juanes Domingo la Negra
también uñas por las puertas
casas de espalda esa noche
silencio al filo los gritos
cuando garganta escapando
de arrastre sogas al hombro
no esquivaron empedrados
el rebote retumbando
al río de ojos marrones
donde fueron a morir
sangre andando todavía
Juanes Domingo la Negra
lluvias nuestras
buenos aires
Libro 2: Paisajes alentadores y otras yerbas
escena matinal
tenía la muñeca quebrada
parecía una araña dada vuelta su mano partida
un raro insecto caído en la cuneta
las costillas calientes
abiertas varas desflecadas
aleteaban entre pedacitos de pulmón
impúdica ostentación la de su estirpe
se jugó a cara o pan en esa esquina
apuró su brazo flaco cargando aquel bufoso
pero no iba a ser su día
ni su pan
ni su cielo en la rayuela
fue eso sí
una parábola
una cabriola
un saco de huesos rebotando a las diez de la mañana
suerte perra
esa luna rechiflada que lo venía trampeando
lo vendió su temblequeo
lo remató una corte de tabas todas cargadas
le galoparon las venas agolpadas en el cuello
le tembló un párpado negro el aguante de los ojos
enhorquetó sus patitas
se hizo de yeso en la piedra
murió por última vez
ella
ella tenía eso de regalar pequeños corazones en constitución
algunos de latas de cerveza
los más de pedacitos de vidrio
no era un juego cuando mezcló con ellos su corazoncito de oveja
los dejó en una latita al costado de las vías
donde bajan a dormir los cara de mono de la plaza
se descalzó en la nueve de julio
en el obelisco se quitó un pulmón
con un cortaplumas prestado separó cada vértebra
y el órgano brotó como una rara artesanía
en el café la paz se peló por la tristeza de las luces
se lamentó de no tener otro corazón para un hombre que no sentía nada
en el abasto vio un tetrabrik de ojos negros
la estremeció una mujer gorda aunque no se hablaron
en el mercado de flores ofreció sus riñones
como se dieron cuenta
un albañil le pidió una pierna
y una prostituta dijo que no tenía cintura
en el subte regaló los dedos de la mano
a los chicos de las estampitas
a los tragafuegos dormidos
a la que tenía suerte y vendía biromes de a cinco por un peso
en el bajo se cortó las nalgas
contentos
los abrepuertas cenaron como ciudadanos
colgada de un taxi llegó a puerto madero
allí no pudo dar nada
la echaron los sabuesos
cuando le mancaron su llamador de ángeles
a los changarines les dejó sus costillas para el desayuno
la llevaron en un camión de ganado hasta el riachuelo
la empujó alguien que se hizo amigo
cuando ella le envolvió su garganta para el puchero
catacumbas porteñas
catacumba de porteños desalojados del cielo
retumbe contra los ojos salvados de zancadilla
contraluz en blanco y negro
crenchas con vinchas que agotadas de sudor
hojas humo tiernos brotes doblegando los rincones
altiva belleza de reyes macheteadores de a peso
estalactitas de hierro sueños goteando en los techos
mapa de tinta en las pieles
caverna de manos blancas en la noche de cemento
soportando
día por día los días
que se oye desde el fondo
un solo eructo por todos
ajo en las mesas vacías
mandíbulas desdentadas
panza aguante piernas gordas
las de ellas
superhembras magulladas
por los hijos desde abajo por los hombres desde siempre
triste la boca en esquina
hombres
paralelos a otros hombres
manos que vieron su achique
media mañana en la plaza
pinceles de a mil sin paredes
escaleras que chorrean de luna hasta la azotea
caras ventana a ventana
humille a la intimidad
cuerpos de hueso en la cama
péndulo sordo que invade crujiendo toda la casa
babilonia impresionante
garantido apocalipsis
como elefante la mole agachada por encima de las luces
tiempo descuento la noche
de impacto directo la mira
hacia adentro de la cueva cuando de a dos
confundidos se besaron los pendejos descreyendo en catacumbas
falta envido veintidós
se ensartaron una flor de cristal entre los cuellos
Libro 3: Buenos Aires 2002
un sueño desvelado
hoy tuve un sueño
una ola de bosta invadía las calles
el puerto vomitaba cadenas con restos de pelo motudo
del río subían copones de oro con lágrimas de alteza charrúa
huesos de pampa enjaulados flotaban a la deriva
jeringas llenas de algas y frascos de pentotal amarraban en la costanera
reventaban sótanos debajo de las autopistas
como tumbas después de cierto tiempo
lloraban muchachas polacas en burdeles tapiados
y los cuerpos de los negros se hacían charque en las cunetas
había un avión suspendido en la plaza de mayo
y gente tirada entre los canteros
la jabonería de lugano
espantaba por el olor de sus jugos calientes
desde el basural
una humedad espesa de hollín y pólvora asediaba nuestras cúpulas
los trenes ingleses traían ofrendas del sur a las puertas del congreso
una música de ópera acunaba al gran teatro
y hermosas mujeres cubrían sus chancros con estolas de armiño
teníamos al naciente inquisiciones y bulas papales
tanques de guerra como horizonte al poniente
y el idioma de la tierra vagando entre nuestros muertos
pero sin embargo era sólo eso
un sueño desvelado
fantasmas viajando con nosotros
o lo cotidiano como la historia que llevamos dentro
Lo que me pasa
de noche
cuando el silencio es más grande que mi casa
deambulan saltimbanquis alrededor de la mesa
por la escalera chorrea algo tibio
perfumado como la madreselva del patio
pero espantoso
las paredes deforman el espacio
y ese aroma desciende hacia los sótanos
la luna no atraviesa mi ventana
cuando el silencio es más grande que mi casa
y los cerrojos de la puerta crujen
desearían ceder pero temen
las rejillas albergan movedizos ojos oscuros
y las ventanas vibran sospechosamente
entonces
no encuentro un escondite adecuado para esta evidencia
me mira la casa aunque cierre las puertas
estoy hablando de lo que me pasa
del hambre de la gente estoy hablando
la fisura
finalmente
tranquiliza el ministerio de bienestar social y sus hoteles
los programas de alfabetización
la copa de leche
y aunque cenar desperdicios sea un paisaje urbano
molesta
el carrito de los cartoneros atravesando la calle
la promiscuidad de los sin techo
tiene mal olor
el guiso de los comedores
el algodón en la basura después del tercer día
el tren que viene del oeste
la escupida sin dientes de los pobres
irritan
las torpes empleadas cama adentro
las patéticas maestras con un poco de hambre
los empleados de los bancos
los taxistas que no conocen salguero
incómoda
el gentío incesante de los desocupados
la desfachatez de las piqueteras
la poca resignación de algunos viejos
intranquiliza
la gomera al cuello y las zapatillas rotas
el obcecado volver sobre la plaza
la testaruda insolencia de los jóvenes
la memoria roquera por los muros
la falta de escarmiento
es la zanja salpicando la que molesta
la fisura fisurando la casa
la rendija
el hueco
los intersticios
cualquier agujero por donde pase la gente
Libro 4: De amores
no te acerques
no te acerques que te desvaneces
líbrame de tu desaparición
si intentaras acercarte
estallarías
tengo enganchado un fuego entre las manos
me rodean mandíbulas inquietas
ansiosas de cerrarte el camino si te querés acercar
mantenete a la distancia,
esquivame otra lágrima cuando te vaya a devorar
soy un monstruo malherido
me borraron horizontes
me clausuraron el alba
se comieron a mis hijos
y no me dejan morir
soy un peligro incesante
necesito una memoria para no ser inmortal
si lograras acercarte no tendría piedad
bebería hasta el último rincón de tu sustancia
en busca de un recuerdo
de una historia
de una única imagen
que permita encontrar la razón de esta sentencia
el hombre de los cántaros
había un hombre
que le brotaban cántaros de las manos
una noche me dio uno oscuro con vino tinto
que había perdido la boca
y cuando más me dolía
me acercó un cántaro que brillaba como plata
pequeño como taza
que me dejaba beber del lugar que yo podía
una vez se puso negro
fue un cántaro que tenía de agua las paredes
y por más que lo intenté se evaporaba en mi boca
yo vi llorar a ese hombre
por bocas que no tenían sed
secas como socavones /
arenaron sus manos que se hicieron como fosas
y mis pájaros por siempre junto a sus cántaros rotos
Libro 5: Herencia de una madre no nata
hoy levanté la casa de mis viejos
hoy levanté la casa de mis viejos
los sillones y las sábanas bordadas
la mesa del comedor
puse las ollas y los vasos en una caja de cartón
y descolgué los cuadros
había grasa chorreando detrás de la cocina
y en la heladera
un limón arrugado con hongos azules en sus pliegues
ajos secos sobre el mármol
el banco forrado con hule
tenía chinches salidas en uno de sus costados
las manchas de humedad
se hicieron importantes cuando corrí el televisor
y las maderas del piso crujieron extrañando el peso de las sillas
levanté el colchón
como desvistiendo sus cuerpos
impúdica
espié las flores del cotín con aureolas coloradas
levanté la casa de mis viejos
y me quedé sin techo
juan y josé
solían estar colgados en los alambrados
o tirados en la arena
estaqueados a sus cruces
solían tomar vino tinto
hasta ponerse negros
más negros que el fondo del vaso a la mañana siguiente
carajo ¿no entienden que me dejaron sola?
en un paisaje de malvones secos
las bocas abiertas suelen derramar culebras
tu boca cerrada papá me mordió el cuello
me arrancó los pezones
y te fuiste vacío de palabras
sólo sonidos
como ballenas en el fondo del mar
inexplicables como el líquido grasoso de juan aquella madrugada
quedé naufraga ante esa nave que persigue mi nuca
manca frente a sus corazones y el mío
veo una luz en este techo de yeso
traza que me hunde en la panza de mi madre
de esa mujer desquerida
de esa mujer que no pudo nacer no pudo
no fue parida en ninguna madrugada
fue no deseo
deseo de una no mujer desearon mis abuelos
maldito viejo treintañero
te pudriste por suerte en una zanja
vomitando tus pulmones como sapos
tocabas el violín en las esquinas
violinaste a mi vieja en un orfanato
y me clavaste a su mirada para siempre
¿qué cosa soy? como salida de un vientre no nacido
de un vino negro secado en el fondo de un vaso malparido
y encima no puedo cruzar estos campos llenos de bocas
estos pozos satánicos sometidos al silencio
no puedo acostarme a mirar las estrellas
no es mío el zumbido de mi alma
crujen en ella el deseo de mi madre de nacer
los ojos secos de la gitana vieja
¿y nosotros juan?
sabíamos de las alas corroídas
y sin embargo saltamos
Libro 6: Las Marías son ellas
que la música y mi abuela
que la música
y mi abuela tamboreando en mi cintura
de barriga de becerros retumbando contra el cielo
de guitarras
de olivos y de incienso el aire
que de gitana vengo
que esa noche de מולש (shalom) en la plaza de mosaicos
no hubo paz
sino dos ranas oberas en el cuello del chacal
lobo de ojos colorados apadrinando su cría
supo de un barco cruzando el mediterráneo
de un asrail subyugado por una luna y su estrella
melancolía de רומא (emir) y la bruja nazarena
que se vieron esa noche por una vez en la vida
trigueña frente de niño como de rey alhajada
desparpajo de ese amor
talismán contra la muerte del príncipe que se enteró
que tenía un tercer ojo
caudillo que vio ángeles aleteando por mi espalda
que él me supo nómada de la tierra al cielo
y como es príncipe tiene miedo
y me aloja en su casa de la media luna
que no me quiero ir al cielo todavía
que me deshago de amor por רומא (emir)
que cronos me niega el permiso
y sigue el cometa su estrella
se hunde caaba en la arena
cábala de san pedro telmo
papiro juramental de otro encuentro
se fue la nazarena trágica se quedó el príncipe en la tierra
dejó de retumbar la plaza
se marcharon los gitanos
se acabaron las estrellas
María
vuela poema y cae cabriola
apiña mariposas si brilla latitas
abochorna teclados afinando la lluvia
esboza graffitis cuando el sol entreteje
deglute mandarinas porque es de mañana
suele melancolía su ventana y la calle
de patios queda la soledad de su mano
atesora vidrieras si escapa fotografías
se loca la calle de su cuarto solo
huidiza perfiles
rezonga cordones y desanda diarios
persigue rincones asiesta las sombras
avergüenza toldos por piernas quebradas
se avieja la espalda y escapa la noche
un trajín de excusas lo demás y olvido
se achifla delirios si llena su luna
amucha de flaca su alma cansada
esperanza luces
trampea colores cuando ya era tarde
fracasó poemas su estribo en el bondi
la esquina su rojo ni telón caído
rodó marioneta su alma y las piedras
maría tenía de loca la danza
y de la danza el vuelo
las mujeres de la plaza
a eso de las seis de la tarde
las mujeres de la plaza
se arriman a los atrios y beben agua con la cabeza gacha
no importa cómo se llamen
ni de que rancho vecindad o hacienda
desde que herida azote o sacudida
con que velo huipil reboso o sayo
te imaginan cordera
te sospechan sumisa por la curva de tu manto
pero yo te recuerdo erotizando hasta a las piedras
con esa herética barriga al descubierto
pariendo contra el muro a contracara de los sacerdotes
mujer de anchas caderas
te vi gozando al final del cementerio
allá donde sepultan a putas y suicidas
a contrapelo de todo lo pactado
te vi pariendo parada como bestia
a contrapelo de todo lo esperado
pariste a quien plagió su propia desventura entre tus piernas
no al príncipe aquel
al que estafó dos mil veces
mascullando una coartada al tercer día
si no a la nombrada como ausencia
y entonces mujer
te plantaste delante de aquel hombre
y pensando en nosotros lo enterraste
lo hundiste hasta el medio de la tierra
te vi lavar la sangre coagulada
despejar de surcos la ladera del monte
te vi borrar las huellas de los clavos
en lo alto quedó inserta tu otra desventura
el saco azul de tu placenta
porque no fue otra que ella
repudiada
izada a tu semejanza
la que a puro orgasmo desafiante firmó su sentencia
y no pronunció ni una sola palabra
habló con su cuerpo
hija de mujer esta otra
la que suele deambular
a eso de las seis de la tarde
sujetada a su cruz
dando vueltas por la plaza
Libro 7: Y como si esto fuera poco
La Jesucristo
a esa mujer no hay taba que la pueda
no hay mella que le ahueque el sobaco
ni ventana que aguante cuando ella no asoma
no mató a sus viejos ni se acostó con su hermano
no hubo moneda afanada que le acercara una cena
y se arrancó la esperanza cuando perdió las entrañas
tiene la voz desvencijada de tanto putearlo a él
no hay látigo que le caiga ni moneda que le hurgue los pechos
no hay templo que la santigüe
ni muelle que no se achique cuando ella implora en voz baja
a esa mujer la muerte le llegó como sudestada
de sopetón y en la espalda
bajándose una ginebra mientras abría el aguante
no dejó rastro ni escuela
sólo esos gallos cantando cuando saltó sobre el cielo
está echada a la diestra de él
y al tercer día no renació por el bajo
no nos desea su reino
ni la puta madre que la parió en balbanera
La apasionada historia de diecisiete mujeres de las que una sola tuvo
suerte
Mientras barría la sala
Soledad se lamentaba por Clara
que pelaba papas y se quejaba por Angustias
que estaba triste por Dolores
que al ritmo de sus pasos en el fregadero
sentía piedad por doña Asunta
que se afligía por Remeditos
siempre llorando por mama Virginia
que andaba desconsolada por Cristina
muy amargada
que bordaba carpetas en punto cruz
mientras se atormentaba por Próspera
que llorisqueaba entre los sartenes
entristecida por doña Pura
que no encontraba consuelo mientras planchaba camisas
pensando en Rosarito la solterona
cayendo entre los malvones de tanto desvanecerse
apesadumbrada por el recuerdo de Suspirito
abatida mientras cosía las blancas telas de las cortinas
para ocultar la afligida cara de Santina
que no dejaba de hacer escalas en el piano de María
que no podía tocar para Elisa
por la compasión que sentía por Marieta
que no dejaba de gimotear lavando los vidrios de la ventana
y suspirar por Ángeles
que plañía todas las tardes limpiando lentejas
porque no olvidó la vida de Magdalena
que no quiso llorar más
y agarró el banquito recién lavado
y se paró en puntitas de pie
por que la viga era alta
y quedó bailando un minué
como su bisabuela.
Libro 8: Historias de mujeres
Mujeres que nacen con mujeres amarradas a la espalda
Mi carne nació de huesos sepultados
en el vientre de un toro malherido
a la luz del fuego y entre pinos desgarbados mi carne nació
con una fiera entre sus hebras
entre pinos como patas de gigantes enterradas
nació mi carne con muchas pieles cosidas
y ella amarrada a mi espalda
Vieja hembra con madriguera en el fuego
tiene el pelo como caballo
los ojos como centellas
y el olor inconfundible de las mujeres alzadas
carga en su espalda una hechicera con olor a humo
y envolturas de durazno como pieles en sus pies
Las mujeres que nacemos con mujeres amarradas a la espalda
caminamos como lobos cuando no hay luna en la playa
ahí donde el agua muere roncando sobre la arena
Tenemos pasión por el mar sin luna
cuando el viento es un ahogo de cuchillo entre los dientes
y cuando hay luna en la playa
las mujeres que tenemos amarradas en la espalda
bailan como hace mil años
cuando hacía mil años bailaban bajo la luna en la playa
Mujeres que cantan cuando llega la noche
Las mujeres que cantan cuando llega la noche
llevan mujeres gimiendo en el medio de su vientre
como cantaban al fuego camino a las santas piras
las mujeres que tenían culebras entre los dientes
Sabias como las brujas
mansas como mansas hechiceras
las mujeres que lloran en las entrañas
de las mujeres que cantan cuando llega la noche
lloran tangos orilleros
lamentos hurgando el aire hasta dejarlo viscoso
tambores tronando bajo debajo de la ciudad
Ella tiene esas mujeres andándole por el cuerpo
cuando canta como orando sola entre todos nosotros
Cuando canta como orando
yo estoy sola
atrapada a su garganta
hechizada a las tormentas que sólo algunas mujeres
Cuando canta lo que lloramos nosotras
es un claroscuro su perfil contra las sombras
su cadera
parche bajo el golpe de otras manos
y la línea de su espalda
cruz
cadencia gitana vieja
Como ella
las mujeres que cantan con mujeres en su vientre
saben que no es sólo el canto
como también lo sabían
las mujeres que cantaban desde el vientre a las mujeres
Libro 9: A vos
Juegos 1
Justo cuando querías encanutar la galera
saltaron pajaritos como ratones flacos
y se llenó tu casa de bichos angustiados
Cansados del rico y de la aguja
descreídos de tu amor por los chicos
desengañados de las columnas de mármol
y de amenazas sobre coger por el culo
Te sacaste el quini en un kiosco de morón
y cargaron a tu cuenta
multitudes de monos cayendo en la ranura
Tus espirales de humo no alcanzaron
es muy débil su traza para este pie que quedó sin manos
Nos echaste a rodar y te quedaste mirando
nosotros tenemos el fuego y las sombras
vos truqueaste con tahúres
y te comiste un falta envido
ahora estás perdido
con miedo de que los dados perforen tu cabeza
y sin un resto de audacia para volver a tirar
nosotros estamos acá
furiosos y lastimados
con vértigo en la barriga y las piernas entreveradas
para hundirnos como racimos
sin nada que perder
Juegos 2
No sé qué hago acá
qué lamentable papel de margarita
maquillada como afiche
en chancletas y arremangada
mirando la hora como si pudiera ser tarde
Nací cuando ya era tarde
desteñida longipietra al decir de mi vieja
longipietra como botella vacía
flotando en lo zángano de mi alma
esa minúscula rendija en mi mundo joven
¿te acordás?
humano de carne y hueso
humano de culpas y escarmientos
humano de avasallar lo que no te pervertía
un sudor humano de vos que mojara tu entrepierna
que no tuvieras retaguardia ni trasero
que tu viejo fuera como el mío
de carne y hueso pretendía
¿te acordás?
cuando me alcé sin raíces y sin sombra
en medio de objetos de yeso hacia el confín de tu cielo
y vos?
un descarnado muñeco
intrascendente luz filtrando aquella claraboya
cuando un maniquí a tu semejanza
lastimó mi cuerpo con esas manos de no tocar
y asoló mi alma con los ojos que nunca te animaste
¿sabés?
a vos te inventamos nosotros
te parimos después del trueno
te fingimos
por la bestialidad de nuestros cuerpos
por la cruel manera de merodear el cielo
para salvarnos del colmillo de nuestro padre
fuimos nosotros
antes de la batalla
aterrados al borde de la cama
conjurando búfalos al vibrar de las tripas
parados en retiro a las siete de la tarde
bajando a los socavones
porque antes no existías
antes que ella cantando madam baterflai
antes que leonardo o el polaco
antes que las sombras del fuego no existías
antes del tren del oeste
con el humille nuestro de cada día
con los culos y los sobacos y los codos
¿acaso sabés lo que vino después de la cruz?
el deseo de retozar tirado a las brazas
las uñas de las ratas subiendo al pescuezo de las brujas
la contorción de los tendones por el relámpago y el hierro
acá en la tierra tu cadáver huele a podrido
los océanos se arrojan sobre la tortuga cuando un solo niño
nada de vos cuando es la carne la que escarba
y la libertad de dar a luz a un muerto es sólo un pasatiempo
¿sabés?
la fruta de tu huerto no se clavó en mi boca
tenía el dado en la zurda y vos no lo sabías
Decime
¿tuviste miedo?
¿quisiste acogotar a los gallos?
¿mentiste?
¿apuraste el paso?
¿envidiaste a josé?
¿blasfemaste a tu viejo?
¿eras buen carpintero?
¿te dolieron las rodillas?
¿tuviste frío en la noche?
¿qué te dijo barrabás?
¿dudaste?
¿te tiraban piedras?
¿te arrepentiste?
¿pudiste olvidar a judas?
¿qué gritaban los judíos?
¿te dolió el puntazo?
¿maría no pudo hacer nada?
¿estaban borrachos los romanos?
¿sudabas mucho?
¿te hubiera salvado pilatos?
¿estaba abierto el mercado cuando cargabas la cruz?
¿nos tenés bronca?
¿pactaste con lucifer?
¿tenías mucha sed?
¿tuviste frío en la noche palestina?
¿lo harías otra vez?
¿estás sentado a la diestra de tu padre?
o se comieron los cuervos
lo que quedó de tu carne
