
Bitácora
“Nací
por fin hermanos (mayo del
56)
en esta dulce amarga picante insípida tierra argentina
nací en Buenos Aires en Paso del Rey
nací en tantos lugares casi todos con agua”
Como
ven estoy parafraseando a César, el hijo de Baldomero, y acomodándolo a mi
realidad.
Paso del Rey, niñez privilegiada de tan viva. Un bosque de eucaliptos y
casoarinas, las ciruelas verdes del vecino, capturadas a las cuatro de la
tarde de un verano laxante. Y el Río, ese Reconquista alguna vez limpito,
marabunta de agua brava, lavándonos el barrio por la fuerza.
Hasta que decidí irme lejos.
Y ahí estaba yo en Gral. Roca “Río Negro y piedra”, sin saber que esa otra
agua, más nostálgica y desértica, iba a recobrar al poeta quinceañero, que
creía perdido.
Y hubo un centro de escritores muy querible, y pequeños recitales y
hermandad.
Corría 1991, cuando regresé a mis pagos pasorrelenses. Diez años patagónicos
habían dejado huella.
Era hora de poner manos a la obra en el oeste bonaerense, tan siestero y
abúlico, según mis nuevas e inmaculadas concepciones poéticas.
Fueron dos talleres literarios, los que me proporcionaron los ingresos
necesarios para continuar, y también el acicate para permanecer en Bs. As.
Uno en la ciudad de Moreno (¿Cuál era mi vaso?) y otro en Gral. Rodríguez
(Elementales Leches). Todavía siguen brindándome las satisfacciones de un
poeta comprometido (Con la poesía ¿con qué otra cosa podría ser?). Amén de
esto, Dios me ha premiado con dos libros y medio: El niño que jugaba a
ser rayo (El Francotirador, 1992), Violín en bolsa ( El
Francotirador, 1995) y el medio : Una novia para King Kong (Amaru,
2005), digo medio, porque todavía está en prensa, y la ansiedad, ustedes me
entienden, crece a dos antiácidos por página.
Es así nomás, el sino del poeta.
“A esta luz me dieron a esta luz me doy
y bueno soy argentino”