
Poesía /Autores
El gusto es mío:
-¿Cuáles cree que son sus mayores defectos?- me pregunta la homeópata
hahnemanniana, tratando de descubrir algún vestigio de la “pena enfermedad”
de que hablaba Juancito Gelman
-Si yo lo supiera, estaría sano doctora- le digo.
Escribo esta pequeña y reciente crónica, pensando en lo difícil que es
hablar de uno.
¿A qué magia acudir que, deslizándome unos grados apenas del camino poético
al discursivo, me permita decir algo de lo que creo ser o significar para mí
mismo y para los demás?
Constantemente repito una frase acuñada hace tiempo, en los albores de mis
talleres literarios: “Sé que les cuesta leer en voz alta por primera vez.
Acaso leer la propia poesía, sea como un strip-tease en el Columbia, con
absoluta ingravidez, y un público que imaginamos ávido por descubrir
nuestros recovecos más oscuros y desde todos los ángulos”
Y es que este idioma dentro del idioma, que nos desvela (nos saca velo a
velo) hasta dejarnos como mamá nos trajo al mundo, es quizás la mejor manera
de decir algo de nosotros mismos.
Es probable que admire mucho más a Homero que a Demóstenes, así como, me
maravillo no obstante, de aquellos poetas capaces de expresar superlativos
discursos, aún con varias piedras en la boca.
Eso sí, me es sumamente sencillo reconocer las primeras trazas de mi
impronta literaria, en un exótico cóctel adolescente.
Lamento no poder incluir a mis profesores de literatura como quisiera. Es
que me anclaban a un pasado condenadamente eterno.
Diría que Linterna Verde habló con Ray Bradbury, que habló con el flaco
Spinetta, que habló con Artaud, que me susurró al oído –pibe de esto y de
aquello también se hace poesía- y así fue. Cuánta razón tenía Stephen
Spender al decir que “la técnica de que un poeta necesita, es la más
adecuada a la experiencia de la vida de él, y sólo él, puede expresarla en
poesía”.
Al margen de esto, debo reconocer que me sorprende el hecho de que Oliverio
se haya distanciado de Borges El Magno, por haberlo llamado Peter Pan. Para
mí sería un genuino motivo de orgullo, si cabe esta palabra.
Giovani Raboni, poeta milanés dice: “La poesía es el lugar donde nada se
agota, sino todo se verifica, ideas, sentimientos, elecciones.”
El lugar donde nada se agota ¿El país de nunca jamás? ¿Qué tiene de malo
“tratar de crecer y no de sentar cabeza”? No me incomoda parecer Peter Pan,
no me ofende en absoluto. Quizás por eso me anime a desnudar algo de este
espíritu ¿inmaduro? a los ojos de ustedes.
Quizás por eso me anime a hacerlo con la ingravidez como cómplice, y
asemejarme así un poquito al denostado por Borges. A ese ser volador que
tantos poetas-garfio envidiaron, al ver crecer sus cuerpos día a día, y
perder al niño para siempre.
Después de todo ¿no es desnudo edénico, el estado original del hombre? ¿No
lo es la poesía?