De "
El accidente (Mosaico de familia)"
Ed. Mascaró, 2001

 

 

la desazón después el beso
en ese orden aparezco en el mundo
una madre es un piano triste
el primer accidente una madre adentro de otra madre

 

 

 

la rueda aplastó el amor
(ya no pregunto por mi accidente)
entre la cara y el suelo
flota lo perdido cuando nos besábamos
es región de la nada la boca contra la boca

 

 

 

me daba pena la vaca en el pupitre
no tenía dedos para la tiza
ni una voz sutil ni un moño
ningún vestido le entraba sólo
un guardapolvo blanco hecho a medida
la diferente la de anteojos la que concentra
en el submarino de sus ojos minados
la humareda de los niños en el aula

 

 

 

las mujeres de la familia nos parecemos
dos abuelas mi madre y yo
somos una de ojos mezclados
en mí derivamos
cada vez que alguna muere
me ensancho
soy
la tumba de todas

 

 

 
mi madre reunida en el adoquín
mi padre enredado en la velocidad de la luz
yo dentro de mi vestido
en el borde de la ruta
en el marco de la ventana
reviso
cuento las edades del rocío
jamás
repartiré mis propios hijos por el mundo

 

 

 

 

De “la carta de vermeer”
Ed. Alción, 2002

 
 

 “precicipios” (parte I)

 

hay una niña en la cebolla que amanece
y llora el sol
es indefensa
desmesuradamente opaca:
se me acorta el itinerario en cada
esquirla en la memoria

 

 

 

se ama ese vaivén esa síntesis
de pertenecer y no
a una casa a un animal a un accidente
se ama esa manera de huir
                                               dinamitarse el corpiño
recuperar añicos de pezones en la lluvia

 

 

 

esas mujeres que hunden sus ropas en los ojos soy yo
abrazo hijos
reflejados en las ventanas de vermeer
hay cansancio en la lechera
laúdes que el siglo ampara la cuerda rota
partos amasan el pan del día
fetos enlutados en la rueca del desteje

 

 

 

en la almendra demasiado triste de paul celan
la palabra circuncidada nombra
al inhabitable:
aceite seco en tanta mirada hermosa y destructiva
abarca dedos de manos cortadas
no tiene maternidad
el inhabitable
                           ni balanza
para pesar la tristeza de la almendra de paul celan
un número debajo de la nieve
                               las crines
                              de paul celan
                                                            en el alambrado

 a Marcos Rosenzvaig

 

 

 
 

no ignoro el precipicio del lenguaje donde reconstruyo
mi íntimo holocausto

 

 
 

tristeza de cuerpos infantiles en la palabra
no saben los padres:
entre la nieve y la teja la muerte
es un poeta umbilical
inacabado

 

 

 

la bicicleta azul prolonga mi vestido
pedaleo
las vueltas se repiten alrededor del nogal
ramaje y nueces derraman padres rotos
pedaleo
la mariposa atrapada en la rueda sangra el arco iris

 

 

 

hay hormigas en mi cocina evoco
a marianne moore
la poeta
han cavado entre los libros la tumba la seda del verbo
salieron en procesión degradando
adverbialmente el caos de mi alacena no han podido hacer
del azúcar
el sueño de un caballo
                                       a mí
me raptaron
                          me besan con dolor

 

 

 

la sintaxis familiar descansa en la
fragmentación del cuerpo:
                              la poesía infierno de mis partes así somos
                              las palabras

 

 

 

estoy sola cuando me abrigan
vas a morirte me dicen y el clave bien temperado
de bach se interpone
sobrevivo desde siempre a esta brújula rota

 

 

 

a cuatro manos me reciben mis abuelas
                                                                          pianísticamente
lloran
quién sos
me preguntan mientras bailan

 

 


 

no me reconocen
                                        retocan con sus labios mi sombrero
                                        o mi encrucijada
me relamen como gatas me preparan
para estos montes sin sentido ni pájaros

 

 

 

entre el sauce de juan ele y las seis llagas
de paul celan mi biografía apunta a la disolución
estigma debajo del estigma
las hojas derraman sobre la estrella al único poeta
agua del paraná refugio del judío y del solo
tanta pluma para una sola ciénaga

 

 
 

para comprender un girasol en la realidad
será indispensable
en adelante
recurrir
a van gogh:
                                          dice artaud
para una ventana y el sentido
de una carta bajo esa luz entre las manos abismars
e
en vermeer

 

 

 

él dice no son agujeros
son precipicios
los que desprecian a la muerte no se encaman
él transita mi pubis escenifica el grabado de otto dix
la guerra fundió la historia
juntos decimos
el presente es borde lo demás
precipicio

 

 

 

 “peligros” (parte II)

 

menta mi cuerpo no es caramelo sino granada
blanco sobre mí así me soñaste
sobre vos ahondo cuando duermo
allanamiento de fetos nos irrumpe
                                                               cuna de cuchillos
no fabrican más que dulces
y son fuego
desmesuras
balazos en la boca

 

 

 

cúmulo de bocas en racimo de adorada venganza
el capricho de los poderosos no es beso
es
perforarme en nombre del peligro para mejor
para vos mejor claman en mi incendi
o
                                                                            deshuesan
mi poema

 

 

 

la enfermedad está en el sueño
                                                      un hijo
en la quemadura tiembla el peligro de nacer
el avión se incrusta
                            mi vagina
                                                       pan de cuerpos
ya no tengo versos que corregir ni incendiar
matanza es humanidad sin límites

 

 

 

un desorden de viento
somos lluvia
                          mujeres desde misiles
los pechos
                          estallan
la boca del bebé: campo de vejación
piel
envoltorio de cardos
a qué renunciamos para no querernos tanto

 

 

 

en la púa quién no deja la cabeza
los niños toc
an acordeón
                                             desde su ahorque
el único murmullo el mismo tren
del cuarentaycinco hacia atrás todo vuelv
e
                                                                       i
nundación y dedos
cortados sobre la mesa peces clandestinos
se atreven al destripe
peligran
                  cavan
mi cuerpo deslechado

 

 

 
 

 De “variaciones en la niebla”
Ed. Alción (2005)

(fragmentos)

 

 

        debajo de la cama caballos destripan el polvo desnudan la niebla

 
 

 

 

 clava su mito (la lentitud de la niebla es agresiva) un animal empuja hacia un ritual de cucharas y de humo

 

 

 
 

 

en la niebla no nos perdíamos estábamos simplemente abiertos al roce de la montaña desesperaba la ropa en la caída

 

 

 
 

 

un día el dolor no pasó no había cama no había dónde saberse horizontal era algodón en el dibujo de la infancia rulo de oveja para descansar los dedos humo: no era un matiz apenas era beberse a sorbos la mirada

 

 
 

 

 

 sólo avanzo hacia mí dejándome animal tendido sobre la palabra

 

 
 

 

 

 en esta escena de mí contra mí voy de la niebla hacia la niebla

 

 

 
 

 

 hacia dónde si no hay qué futuro recordar qué devenir del pasado: este nudo de ovejas desordena el tiempo de mis ojos

 

 


 

 
en el fondo de la niebla donde es el crujir del barro y la liviandad ha perdido su pureza la niña pregunta cómo es que vamos a morir nosotros si nos vemos nos queremos jugamos al ciempiés pregunta: es el fin? como nadie hay para inquirirme quedo allí suspendida en la poesía

 

 

 
 

 

 no hay tiempos en la niebla oprime el verso libre o la elegía acongoja el desencuentro incomoda la serenidad de nuestras llagas

 

 

 

 
 

 

también amar en la niebla también la red de seres unidos a mí seres conforman mi cuerpo lo anteceden lo precipitan lo sostienen hunden el proceso vacilante oscilante indeciso mi cuerpo vaivén de tropas sacándome del camino

 

 

 
 

 

aquí peligro?: rociar la niebla con la palabra del poeta peligro: nacer de nuevo y con estos mismos ojos derrumbarme

 

 

 
 

 

 elijo la niebla entre descendencias posibles: una confusión de hules en territorio de cebras desbocadas: la belleza circular del estertor

 

 

 
 

 

en el centro de la hostilidad el amor a la muerte una dicha de pocos: lo negro dentro de esta madre o montaña busco desesperada la traición del contraste: un tren hacia la niebla vaciándome

 

 

 
 

 

pierdo porque no he sabido ser destello en la gran estación y en el borde de la mariposa descansar o morir

 

 

 
 

 

me demoran niños en la niebla soy mi propia trampa puedo desclavarlos del mito retornarlos a la suave disolución en el barro entre mis brazos los condeno a mí rememoro en la tristeza el canto de las dunas: así lloraban las ranas mi humanidad

 

 

 
 

 

si no llega es porque en el camino si uno se va no vuelve si va a la niebla no de la niebla si uno del viaje no vuelve descarrila uno en el camino cada vez

 

 


 


parece soñar pero es morir parece boca pero cicatriz vestido
pero violación reloj pero pérdida parece hijo pero tragedia
inundación pero ojo parecen zapatos: son muertos

 

 

 
 

 

 entro (entramos todos) trepo a la inmensidad de resistir es una abeja en la página el sentido de la niebla la puntuación a destiempo como recorrer el mundo a los saltos fragmentos repatriados esa mítica condena la incompletud

 

 

 
 

 

será la hora? el bostezo del camino donde me disipo de un resto inalcanzable ésta es la boca del tiempo: incesantemente el extravío resucita el devenir

 

 

 
 

 

será? no hay hora posible en la niebla no hay instante sino estallido la única espera la maldita eternidad de no saber

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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